Y yo tambien.

(_Ap._ El tal huésped es el diablo.) _(Escóndese.)_

CIPRIAN.

Ya se fueron.

DEMONIO.

_(Ap.)_ Poco importa

Que Clarin se haya quedado.

ESCENA XIX.

CIPRIANO, EL DEMONIO; CLARIN, _escondido_.

CIPRIAN.

¿Qué quieres ahora?

DEMONIO.

Esa puerta

Cierra.

CIPRIAN.

Ya solos estamos.

DEMONIO.

Por gozar á esta mujer

Aquí dijeron tus labios

Que darás el alma.

CIPRIAN.

Sí.

DEMONIO.

Pues yo te acepto el contrato.

CIPRIAN.

¿Qué dices?

DEMONIO.

Que yo le acepto.

CIPRIAN.

¿Cómo?

DEMONIO.

Como puedo tanto,

Que te enseñaré una ciencia

Con que podrás á tu mando

Traer la mujer que adoras;

Que yo, aunque tan docto y sabio,

Traerla para otro no puedo.

Las escrituras hagamos

Ante nosotros dos mismos.

CIPRIAN.

¿Quieres con nuevos agravios

Dilatar las penas mias?

Lo que ofrecí está en mi mano,

Pero lo que tú me ofreces

No está en la tuya, pues hallo

Que sobre el libre albedrío

Ni hay conjuros ni hay encantos.

DEMONIO.

Hazme la cédula tú

Con tal condicion.

CLARIN.

_(Ap. al paño.)_ ¡Mal año!

Segun lo que ahora he visto,

No es muy bobo aqueste diablo.

¡Yo darle cédula! Aunque

Se me estuvieran mis cuartos

Sin alquilar veinte siglos,

No la hiciera.

CIPRIAN.

Los engaños

Son para alegres amigos,

No para desconfiados.

DEMONIO.

Quiero darte en testimonio

De lo que yo puedo y valgo,

Algun indicio, aunque sea

De mi poder breve rasgo.

¿Qué ves desta galería?

CIPRIAN.

Mucho cielo y mucho prado,

Un bosque, un arroyo, un monte.

DEMONIO.

¿Qué es lo que más te ha agradado?

CIPRIAN.

El monte, porque es, en fin,

De la que adoro retrato.

DEMONIO.

Soberbio competidor

De la estacion de los años,

Que te coronas de nubes,

Por bruto rey de los campos,

Deja el suelo, mide el viento:

Mira que soy quien te llamo.

Y mira tú si á una dama

Traerás, si yo á un monte traigo.

_(Múdase un monte de una parte á otra en el fondo del teatro.)_

CIPRIAN.

¡No ví más confuso asombro!

¡No ví prodigio más raro!

CLARIN.

_(Ap.)_ Con el espanto y el miedo

Estoy dos veces temblando.

CIPRIAN.

Pájaro que al viento vuelas,

Siendo tus plumas tus ramos;

Bajel que en el viento sulcas,

Siendo jarcias tus penachos,

Vuélvete á tu centro, y deja

La admiracion y el espanto.

_(Vuélvese el monte á su lugar primero.)_

DEMONIO.

Si esta no es prueba bastante,

Pronuncien otra mis labios.

¿Quieres ver esa mujer

Que adoras?

CIPRIAN.

Sí.

DEMONIO.

Pues rasgando

Las duras entrañas, tú,

Monstruo de elementos cuatro,

Manifiesta la hermosura

Que en tu oscuro centro guardo.

_(Abrese un peñasco, y aparece Justina durmiendo.)_

¿Es aquella la que adoras?

CIPRIAN.

Aquella es la que idolatro.

DEMONIO.

Mira si dártela puedo,

Pues donde quiera la traigo.

CIPRIAN.

Divino imposible mio,

Hoy serán centro tus brazos

De mi amor, bebiendo el sol

Luz á luz y rayo á rayo.

DEMONIO.

Detente, que hasta que firmes

La palabra que me has dado,

No puedes tocarla.

_(Quiere llegar, y ciérrase el peñasco.)_

CIPRIAN.

Espera,

Parda nube del más claro

Sol que amaneció á mis dichas.—

Mas con el viento me abrazo.—

Ya creo tus ciencias, ya

Confieso que soy tu esclavo.

¿Qué quieres que haga por tí?

¿Qué me pides?

DEMONIO.

Por resguardo

Una cédula firmada

Con tu sangre y de tu mano.

CLARIN.

_(Ap.)_ El alma le diera yo,

Por no haberme aquí quedado.

CIPRIAN.

Pluma será este puñal,

Papel este lienzo blanco,

Y tinta para escribirlo

La sangre es ya de mis brazos.

_(Escribe con la daga en un lienzo, habiéndose sacado sangre de un

brazo.)_

(_Ap._ ¡Qué hielo! ¡qué horror! ¡qué asombro!)

Digo yo el gran Ciprïano,

Que daré el alma inmortal

(¡Qué frenesí! ¡qué letargo!)

A quien me enseñare ciencias

(¡Qué confusiones! ¡qué espantos!)

Con que pueda atraer á mí

A Justina, dueño ingrato:

Y lo firmé de mi nombre.

DEMONIO.

(_Ap._ Ya se rindió á mis engaños

El homenaje valiente,

Donde estaban tremolando

El discurso y la razon.)

¿Has escrito?

CIPRIAN.

Sí, y firmado.

DEMONIO.

Pues tuyo es el sol que adoras.

CIPRIAN.

Tuya por eternos años

Es el alma que te ofrezco.

DEMONIO.

Alma con alma te pago,

Pues por la tuya te doy

La de Justina.

CIPRIAN.

¿Qué tanto

Término para enseñarme

La magia tomas?

DEMONIO.

Un año,

Con condicion...

CIPRIAN.

Nada temas.

DEMONIO.

Que en una cueva encerrados,

Sin estudiar otra cosa,

Hemos de vivir entrambos,

Sirviéndonos solamente

A los dos este criado, _(Saca á Clarin.)_

Que curioso se quedó,

Pues con nosotros llevando

Su persona, este secreto

Desta suerte aseguramos.

CLARIN.

_(Ap.)_ ¡Oh nunca yo me quedara!

¿Que habiendo vecinos tantos

Que acechen, no haya demonio

Que venga al punto á llevarlos?

CIPRIAN.

Está bien. Dos dichas juntas

Ingenio y amor lograron,

Pues Justina será mia,

Y yo vendré á ser espanto

Del mundo con nuevas ciencias.

DEMONIO.

No salió mi intento vano.

CLARIN.

El mio sí.

DEMONIO.

Ven con nosotros.

(_Ap._ Ya vencí el mayor contrario.)

CIPRIAN.

Dichosos sereis, deseos,

Si tal posesion alcanzo.

DEMONIO.

(_Ap._ No ha de sosegar mi envidia

Hasta que los gane á entrambos.)

Vamos, y de aqueste monte

En lo oculto y lo intrincado

Oirás la primer licion

Hoy de la mágica.

CIPRIAN.

Vamos,

Que con tal maestro mi ingenio,

Mi amor con dueño tan alto,

Eterno será en el mundo

El mágico Ciprïano.

JORNADA TERCERA.

_Bosque. En el fondo una gruta._

ESCENA PRIMERA.

CIPRIANO.

Ingrata beldad mia,

Llegó el feliz, llegó el dichoso dia,

Línea de mi esperanza,

Término de mi amor y tu mudanza,

Pues hoy será el postrero

En que triunfar de tu desden espero.

Este monte elevado

En sí mismo al alcázar estrellado,

Y aquesta cueva oscura,

De dos vivos funesta sepultura,

Escuela ruda han sido

Donde la docta mágica he aprendido,

En que tanto me muestro,

Que puedo dar leccion á mi maestro.

Y viendo ya que hoy una vuelta entera

Cumple el sol de una esfera en otra esfera,

A examinar de mis prisiones salgo

Con la luz lo que puedo y lo que valgo.

Hermosos cielos puros,

Atended á mis mágicos conjuros;

Blandos aires veloces,

Parad al sabio estruendo de mis voces;

Gran peñasco violento,

Estremécete al ruido de mi acento;

Duros troncos vestidos,

Asombráos al horror de mis gemidos;

Floridas plantas bellas,

Al eco os asustad de mis querellas;

Dulces sonoras aves,

La accion temed de mis prodigios graves;

Bárbaras, crueles fieras,

Mirad las señas de mi afan primeras,

Porque ciegos, turbados,

Suspendidos, confusos, asustados,

Cielos, aires, peñascos, troncos, plantas,

Fieras y aves, esteis de ciencias tantas;

Que no ha de ser en vano

El estudio infernal de Ciprïano.

ESCENA II.

EL DEMONIO.—CIPRIANO.

DEMONIO.

Cipriano.

CIPRIAN.

¡Oh sabio maestro mio!

DEMONIO.

¿A qué, usando otra vez de tu albedrío,

Más que de mi preceto,

Con qué fin, por qué causa, y á qué efeto,

Osado ó ignorante,

Sales á ver del sol la faz brillante?

CIPRIAN.

Viendo que ya yo puedo

Al infierno poner asombro y miedo,

Pues con tanto cuidado

La mágica he estudiado,

Que áun tú mismo no puedes

Decir, si es que me igualas, que me excedes;

Viendo que ya no hay parte

Della, que con fatiga, estudio y arte

Yo no la haya alcanzado,

Pues la nigromancia he penetrado,

Cuyas líneas oscuras

Me abrirán las funestas sepulturas,

Haciendo que su centro

Aborte los cadáveres, que dentro

Tiranamente encierra

La avarienta codicia de la tierra,

Respondiendo por puntos

A mis voces los pálidos difuntos;

Y viendo, en fin, cumplida

La edad del sol que fué plazo á mi vida,

Pues corriendo veloz á su discurso,

Con el rápido curso,

Los cielos cada dia,

Retrocediendo siempre á la porfía

Del natural, en que se juzga extraño,

El término fatal cumple hoy del año;

Lograr mis ánsias quiero,

Atrayendo á mi voz el bien que espero.

Hoy la rara, hoy la bella, hoy la divina,

Hoy la hermosa Justina,

En repetidos lazos

Llamada de mi amor, vendrá á mis brazos;

Que permitir no creo

De dilacion un punto á mi deseo.

DEMONIO.

Ni yo que le permitas

Quiero, si es este el fin que solicitas.

Con caracteres mudos

La tierra línea pues, y con agudos

Conjuros hiere el viento,

A tu esperanza y á tu amor atento.

CIPRIAN.

Pues allí me retiro,

Donde verás que cielo y tierra admiro.

_(Vase.)_

DEMONIO.

Y yo te doy licencia,

Porque sé de tu ciencia y de mi ciencia

Que el infierno inclemente,

A tus invocaciones obediente,

Podrá por mí entregarte

A la hermosa Justina en esta parte;

Que aunque el gran poder mio

No puede hacer vasallo un albedrío,

Puede representalle

Tan extraños deleites, que se halle

Empeñado á buscarlos,

Y inclinarlos podré, si no forzarlos.

ESCENA III.

CLARIN.—EL DEMONIO.

CLARIN.

Ingrata deidad mia,

No Livia ardiente, sino Livia fria,

Llegó el plazo en que espero

Alcanzar si tu amor es verdadero;

Pues ya sé lo que basta

Para ver si eres casta, ó haces casta;

Que con tanto cuidado

Aquí la ciencia mágica he estudiado,

Que por ella he de ver (¡ay de mí triste!)

Si con Moscon acaso me ofendiste.

Aguados cielos (ya otro dijo puros),

Atended á mis lóbregos conjuros:

Montes...

DEMONIO.

Clarin, ¿qué es eso?

CLARIN.

¡Oh sabio maestro!

Por la concomitancia estoy tan diestro

En la magia, que quiero ver por ella

Si Livia, tan ingrata como bella,

Comete alguna vez superchería

En la fatal estancia de mi dia.

DEMONIO.

Deja aquesas locuras,

Y en lo intrincado desas peñas duras

Asiste á tu señor, para que veas

(Si tanta admiracion lograr deseas)

El fin de su cuidado;

Que solo quiero estar.

CLARIN.

Yo acompañado.

Y si no he merecido

Haber las ciencias tuyas aprendido,

Porque, en fin, no te he hecho

Cédula con la sangre de mi pecho,

En este lienzo ahora _(Saca un lienzo sucio.)_

(Nunca le trae más limpio quien bien llora)

La haré, para que más te escandalices,

Dándome un mojicon en las narices;

Que no será embarazo

Salir de las narices ú del brazo.

_(Escribe en el lienzo con el dedo, habiéndose hecho sangre.)_

Digo yo, el gran Clarin, que si merezco

Ver á Livia cruel, que al diablo ofrezco...

DEMONIO.

Ya digo que me dejes,

Y que con tu señor de mí te alejes.

CLARIN.

Yo lo haré: no te alteres.

Pues que tomar mi cédula no quieres

Cuando darla procuro,

Sin duda que me tienes por seguro. _(Vase.)_

ESCENA IV.

EL DEMONIO.

Ea, infernal abismo,

Desesperado imperio de tí mismo,

De tu prision ingrata

Tus lascivos espíritus desata,

Amenazando ruina

Al vírgen edificio de Justina.

De mil torpes fantasmas que en el viento

Su casto pensamiento

Hoy se forme, su honesta fantasía

Se llene; y con dulcísima armonía

Todo provoque amores,

Los pájaros, las plantas y las flores.

Nada miren sus ojos,

Que no sean de amor dulces despojos;

Nada oigan sus oidos,

Que no sean de amor tiernos gemidos;

Porque sin que defensa en su fe tenga,

Hoy á buscar á Ciprïano venga,

De su ciencia invocada,

Y de mi ciego espíritu guiada.

Empezad, que yo en tanto

Callaré, porque empiece vuestro canto.

_(Vase.)_

ESCENA V.

JUSTINA; MÚSICA, _dentro_.

_(Cantan dentro.)_

UNA VOZ.

_¿Cuál es la gloria mayor_

_Desta vida?_

CORO.

_Amor, amor._

UNA VOZ.

_No hay sujeto en que no imprima_

_El fuego de amor su llama,_

_Pues vive más donde ama_

_El hombre, que donde anima._

_Amor solamente estima_

_Cuanto tener vida sabe,_

_El tronco, la flor y el ave:_

_Luego es la gloria mayor_

_De esta vida..._

CORO.

_Amor, amor._

JUSTINA.

_(Asombrada y inquieta.)_

Pesada imaginacion,

Al parecer lisonjera,

¿Cuándo te he dado ocasion

Para que desta manera

Aflijas mi corazon?

¿Cuál es la causa, en rigor,

Deste fuego, deste ardor,

Que en mí por instantes creces?

¿Qué dolor el que padece

Mi sentido?

CORO.

_(Dentro.)_ _Amor, Amor._

JUSTINA.

_(Sosegándose.)_ Aquel ruiseñor amante

Es quien respuesta me da,

Enamorando constante

A su consorte, que está

Un ramo más adelante.

Calla, ruiseñor; no aquí

Imaginar me hagas ya,

Por las quejas que te oí,

Cómo un hombre sentirá,

Si siente un pájaro así.

Mas no: una vid fué lasciva,

Que buscando fugitiva

Va el tronco donde se enlace,

Siendo el verdor con que abrace

El peso con que derriba.

No así con verdes abrazos

Me hagas pensar en quien amas,

Vid; que dudaré en tus lazos,

Si así abrazan unas ramas,

Cómo enraman unos brazos.

Y si no es la vid, será

Aquel girasol, que está

Viendo cara á cara al sol,

Tras cuyo hermoso arrebol

Siempre moviéndose va.

No sigas, no, tus enojos,

Flor, con marchitos despojos;

Que pensarán mis congojas,

Si así lloran unas hojas,

Como lloran unos ojos,

Cesa, amante ruiseñor;

Desúnete, vid frondosa;

Párate, inconstante flor,

U decid, ¿qué venenosa

Fuerza usais?

CORO.

_(Dentro.)_ _Amor, Amor._

JUSTINA.

¡Amor! ¿A quién le he tenido

Yo jamás? Objeto es vano;

Pues siempre despojo han sido

De mi desden y mi olvido

Lelio, Floro y Ciprïano.

¿A Lelio no desprecié?

¿A Floro no aborrecí?

Y á Cipriano ¿no traté

_(Párase al nombrar á Cipriano, y desde allí habla inquieta otra vez.)_

Con tal rigor, que de mí

Aborrecido, se fué

Donde dél no se ha sabido?

Mas (¡ay de mí!) ya yo creo

Que esta debe de haber sido

La ocasion con que ha podido

Atreverse mi deseo;

Pues desde que pronuncié

Que vive ausente por mí,

No sé (¡ay infeliz!), no sé

Qué pena es la que sentí.

_(Sosiégase otra vez.)_

Mas piedad sin duda fué

De ver que por mí olvidado

Viva un hombre, que se vió

De todos tan celebrado;

Y que á sus olvidos yo

Tanta ocasion haya dado.

_(Vuelve á inquietarse.)_

Pero si fuera piedad,

La misma piedad tuviera

De Lelio y Floro, en verdad;

Pues en una prision fiera

Por mí están sin libertad. _(Sosiégase.)_

Mas, ¡ay discursos! parad:

Si basta ser piedad sola,

No acompañeis la piedad;

Que os alargais de manera

Que no sé (¡ay de mí!), no sé

Si ahora á buscarle fuera,

Si adonde él está supiera.

ESCENA VI.

EL DEMONIO.—JUSTINA.

DEMONIO.

Ven, que yo te lo diré.

JUSTINA.

¿Quién eres tú, que has entrado

Hasta este retrete mio,

Estando todo cerrado?

¿Eres monstruo que ha formado

Mi confuso desvarío?

DEMONIO.

No soy sino quien, movido

Dese afecto que tirano

Te ha postrado y te ha vencido,

Hoy llevarte ha prometido

Adonde está Ciprïano.

JUSTINA.

Pues no lograrás tu intento;

Que esta pena, esta pasion

Que afligió mi pensamiento,

Llevó la imaginacion,

Pero no el consentimiento.

DEMONIO.

En haberlo imaginado,

Hecho tienes la mitad:

Pues ya el pecado es pecado

No pares la voluntad,

El medio camino andado.

JUSTINA.

Desconfiarme es en vano,

Aunque pensé; que aunque es llano

Que el pensar es empezar,

No está en mi mano el pensar,

Y está el obrar en mi mano.

Para haberte de seguir,

El pié tengo de mover,

Y esto puedo resistir,

Porque una cosa es hacer

Y otra cosa es discurrir.

DEMONIO.

Si una ciencia peregrina

En tí su poder esfuerza,

¿Cómo has de vencer, Justina,

Si inclina con tanta fuerza,

Que fuerza al paso que inclina?

JUSTINA.

Sabiéndome yo ayudar

Del libre albedrío mio.

DEMONIO.

Forzarále mi pesar.

JUSTINA.

No fuera libre albedrío

Si se dejara forzar.

DEMONIO.

Ven donde un gusto te espera.

_(Tira de ella, y no puede moverla.)_

JUSTINA.

Es muy costoso ese gusto.

DEMONIO.

Es una paz lisonjera.

JUSTINA.

Es un cautiverio injusto.

DEMONIO.

Es dicha.

JUSTINA.

Es desdicha fiera.

DEMONIO.

¿Cómo te has de defender,

_(Tira con más fuerza.)_

Si te arrastra mi poder?

JUSTINA.

Mi defensa en Dios consiste.

DEMONIO.

Venciste, mujer, venciste _(Suéltala.)_

Con no dejarte vencer.

Mas ya que desta manera

De Dios estás defendida,

Mi pena, mi rabia fiera

Sabrá llevarte fingida,

Pues no puede verdadera.

Un espíritu verás,

Para este efecto no más,

Que de tu forma se informa,

Y en la fantástica forma

Disfamada vivirás.

Lograr dos triunfos espero,

De tu virtud ofendido:

Deshonrarte es el primero,

Y hacer de un gusto fingido

Un delito verdadero. _(Vase.)_

ESCENA VII.

JUSTINA.

Desa ofensa al cielo apelo,

Porque desvanezca el cielo

La apariencia de mi fama,

Bien como al aire la llama,

Bien como la flor al hielo.

No podrás... Mas ¡ay de mí!

¿Á quien estas voces doy?

¿No estaba ahora un hombre aquí?

Sí. Mas no: yo sola estoy:

No. Mas sí, pues yo le ví.

¿Por dónde se fué tan presto?

¿Si le engendró mi temor?

Mi peligro es manifiesto.—

¡Lisandro, padre, señor! _(A voces.)_

¡Livia!

ESCENA VIII.

LISANDRO Y LIVIA, _cada uno por su puerta_.—JUSTINA.

LISAND.

¿Qué es esto?

LIVIA.

¿Qué es esto?

JUSTINA.

¿Visteis un hombre (¡ay de mí!)

Que ahora salió de aquí?

Mal mis desdichas resisto.

LISAND.

¡Hombre aquí!

JUSTINA.

¿No le habeis visto?

LIVIA.

No, señora.

JUSTINA.

Pues yo sí.

LISAND.

¿Cómo puede ser, si ha estado

Todo este cuarto cerrado?

LIVIA.

_(Ap.)_ Sin duda que á Moscon vió,

Que tengo encerrado yo

En mi aposento.

LISAND.

Formado

Cuerpo de tu fantasía

El hombre debió de ser;

Que tu gran melancolía

Le supo formar y hacer

De los átomos del dia.

LIVIA.

Mi señor tiene razon.

JUSTINA.

No ha sido (¡ay de mí!) ilusion,

Y mayor daño sospecho,

Porque á pedazos del pecho

Me arrancan el corazon.

Algun hechizo mortal

Se está haciendo contra mí,

Y fuera el conjuro tal,

Que á no haber Dios, desde aquí

Me dejara ir tras mi mal.

Mas él me ha de defender,

Y no sólo del poder

Desta tirana violencia;

Pero mi humilde inocencia

No ha de dejar padecer.—

Livia, el manto, porque en tanto

_(Vase Livia.)_

Que padezco estos extremos,

Tengo de ir al templo santo,

Que tan secreto tenemos

Los fieles.

_(Sale Livia con el manto, y pónesele á Justina.)_

LIVIA.

Aquí está el manto.

JUSTINA.

En él tengo de templar

Este fuego que me abrasa.

LISAND.

Yo te quiero acompañar.

LIVIA.

_(Ap.)_ Y yo volveré á alentar

En echándolos de casa.

JUSTINA.

Pues voy á ampararme así,

Cielos, de vuestro favor,

Confío...

LISAND.

Vamos de aquí.

JUSTINA.

Vuestra es la causa, Señor.

Volved por vos, y por mí.

_(Vanse Justina y Lisandro.)_

ESCENA IX.

MOSCON.—LIVIA.

MOSCON.

¿Fuéronse ya?

LIVIA.

Ya se fueron.

MOSCON.

¡Con qué susto me tuvieron!

LIVIA.

¿Es posible que salieras

Del aposento, y vinieras

Donde sus ojos te vieron?

MOSCON.

¡Vive Dios, que no he salido

Un instante, Livia mia,

De donde estuve escondido!

LIVIA.

Pues ¿quién el hombre sería?

MOSCON.

El mismo diablo habrá sido.

¿Qué sé yo? No muestres ya

Por eso, mi bien, enfado.

LIVIA.

No es por eso. _(Suspira.)_

MOSCON.

¿Qué será?

LIVIA.

¿Qué pregunta, si há que está

Un dia entero encerrado

Conmigo? ¿No echa de ver _(Llora.)_

Que habrá tambien menester

El otro, su confidente,

Que llore hoy tenerle ausente,

Pues no lloré en todo ayer?

¿Hase de pensar de mí

Que mujer tan fácil fuí,

Que en medio año de ausencia,

Falté á la correspondencia

Que al ser quien soy ofrecí?

MOSCON.

¿Qué es medio año? Un año entero

Há ya que pudo faltar.

LIVIA.

Es engaño, pues infiero

Que yo no debo contar

Los dias que no le quiero.

Y si de un año (¡ay de mí!) _(Llora.)_

Te dí la mitad á tí,

Fuera injuria muy cruel

Contárselo todo á él.

MOSCON.

Cuando yo, ingrata, creí

Que fuera tu voluntad

Toda mia, ¡con piedad

Haces cuentas!...

LIVIA.

Sí, Moscon,

Porque en fin, cuenta y razon

Conservan toda amistad.

MOSCON.

Pues que tu constancia es tal,

Adios, Livia, hasta mañana.

Sólo te ruega mi mal

Que pues eres su terciana,

No seas su sincopal.

LIVIA.

Ya tú ves que no hay en mí

Malicia alguna.

MOSCON.

Es así.

LIVIA.

En todo hoy no me has de ver;

Mas no sea menester

Enviar mañana por tí. _(Vanse.)_

* * * * *

_Bosque._

ESCENA X.

CIPRIANO, _como asombrado_; CLARIN, _acechando, tras él_.

CIPRIAN.

Sin duda se han rebelado

En los imperios cerúleos

Las tropas de las estrellas,

Pues me niegan sus influjos.

Comunidades ha hecho

Todo el abismo profundo,

Pues la obediencia no rinde

Que me debe por tributo.

Una y mil veces el viento

Estremezco á mis conjuros,

Y una y mil veces la tierra

Con mis caracteres sulco,

Sin que me ofrezca á mis ojos

El humano sol que busco,

El cielo humano que espero

En mis brazos.

CLARIN.

Eso ¿es mucho?

Pues una y mil veces yo

Hago en la tierra dibujos,

Una y mil veces el viento

A puras voces aturdo,

Y tampoco viene Livia.

CIPRIAN.

Esta vez sola presumo

Volver á invocarla.—Escucha,

Bella Justina...

ESCENA XI.

_Aparece una_ FIGURA _fantástica de Justina_.—CIPRIANO, CLARIN.

FIGURA.

Ya escucho;

Que forzada de tus voces,

Aquestos montes discurro.

¿Qué me quieres? ¿Qué me quieres,

Ciprïano?

CIPRIAN.

¡Estoy confuso!

FIGURA.

Y pues que ya...

CIPRIAN.

¡Estoy absorto!

FIGURA.

He venido...

CIPRIAN.

¿Qué me turbo?

FIGURA.

De la suerte...

CIPRIAN.

¿Qué me espanto?

FIGURA.

Que me halló el amor...

CIPRIAN.

¿Qué dudo?

FIGURA.

Donde me llamas...

CIPRIAN.

¿Qué temo?

FIGURA.

Y así con la fuerza cumplo

Del encanto, á lo intrincado

Del monte tu vista huyo.

_(Cúbrese el rostro con el manto, y vase.)_

CIPRIAN.

Espera, aguarda, Justina.

Mas ¿qué me asombro y discurro?

Seguiréla, y este monte,

Donde mi ciencia la trujo,

Teatro será frondoso

Ya que no tálamo rudo,

Del más prodigioso amor

Que ha visto el cielo. _(Vase.)_

ESCENA XII.

CLARIN.

Abernuncio

De mujer que viene á ser

Novia, y viene oliendo á humo.

Pero debió de cogerla

Del encanto lo absoluto

Soplando alguna colada,

O cociendo algun menudo.

Mas no: ¡en cocina y con manto!

De otra suerte la disculpo.

Sin duda debe de ser

(Ahora he dado en el punto;

Que una honrada nunca huele

Mejor) cogida de susto.

Ya la ha alcanzado, y con ella,

De aqueste valle en lo inculto

Luchando á brazos enteros

(Que á brazos partidos, juzgo

Que hiciera mal en luchar

El amante más forzudo),

A este mismo sitio vuelven.

Desde aquí acechar procuro;

Que deseo saber cómo

Se hace una fuerza en el mundo.

ESCENA XIII.

CIPRIANO, _trayendo abrazada á la_ FIGURA _fantástica de Justina_.

Ya, bellísima Justina,

En este sitio, que oculto,

Ni el sol le penetra á rayos,

Ni á soplos el aire puro,

Ya es trofeo tu belleza

De mis mágicos estudios;

Que por conseguirte, nada

Temo, nada dificulto.

El alma, Justina bella,

Me cuestas; pero ya juzgo,

Siendo tan grande el empleo,

Que no ha sido el precio mucho.

Corre á la deidad el velo:

No entre pardos, ni entre oscuros

Celajes se esconda el sol;

Sus rayos ostente rubios.

_(Descúbrela, y ve un esqueleto.)_

Mas ¡ay infeliz! ¿qué veo?

¡Un yerto cadáver mudo

Entre sus brazos me espera!

¿Quién en un instante pudo

En facciones desmayadas

De lo pálido y caduco,

Desvanecer los primores

De lo rojo y lo purpúreo?

ESQUEL.

Así, Ciprïano, son

Todas las glorias del mundo.

_(Desaparece: sale Clarin huyendo, y se abraza con él Cipriano.)_

ESCENA XIV.

CLARIN.—CIPRIANO.

CLARIN.

Si álguien ha menester miedo,

Yo tengo un poco y un mucho.

CIPRIAN.

Espera, fúnebre sombra.

Ya con otro fin te busco.

CLARIN.

Pues yo soy fúnebre cuerpo.

¿No echas de verlo en el bulto?

CIPRIAN.

¿Quién eres?

CLARIN.

Yo estoy de suerte,

Que áun quién soy creo que dudo.

CIPRIAN.

¿Viste en lo raro del viento,

Ó del centro en lo profundo,

Yerto un cadáver, dejando

En señas de polvo y humo

Desvanecida la pompa

Que llena de adornos trujo?

CLARIN.

¿Ahora sabes que estoy

Sujeto á los infortunios

De acechador?

CIPRIAN.

¿Qué se hizo?

CLARIN.

Deshízose luego al punto.

CIPRIAN.

Busquémosle.

CLARIN.

No busquemos.

CIPRIAN.

Sus desengaños procuro.

CLARIN.

Yo no, señor.

ESCENA XV.

EL DEMONIO.—CIPRIANO, CLARIN.

DEMONIO.

_(Ap.)_ ¡Justos cielos!

Si juntas un tiempo tuvo

Mi sér la ciencia y la gracia

Cuando fuí espíritu puro,

La gracia sola perdí,

La ciencia no. ¿Cómo injustos,

Si esto es así, de mis ciencias

Aun no me dejais el uso?

CIPRIAN.

¡Lucero, sabio maestro! _(Sin verle.)_

CLARIN.

No le llames; que presumo

Que venga en otro cadáver.

DEMONIO.

¿Qué me quieres?

CIPRIAN.

Que del mucho

Horror que padezco absorto,

Rescates hoy mi discurso.

CLARIN.

Yo, que no quiero rescates,

Por este lado me escurro. _(Vase.)_

ESCENA XVI.

CIPRIANO, EL DEMONIO.

CIPRIAN.

Apénas sobre la tierra

Herida, acentos pronuncio,

Cuando en la accion que allá estaba

Justina, divino asunto

De mi amor y mi deseo...

Pero ¿para qué procuro

Contarte lo que ya sabes?

Vino, abracéla, y al punto

Que la descubro (¡ay de mí!),

En su belleza descubro

Un esqueleto, una estatua,

Una imágen, un trasunto

De la muerte, que en distintas

Voces me dijo (¡oh qué susto!):

«Así, Ciprïano, son

Todas las glorias del mundo.»

Decir que en la magia tuya,

Por mí ejecutada, estuvo

El engaño, no es posible;

Porque yo, punto por punto

La obré, sin que errar pudiese

De sus caracteres mudos

Una línea, ni una voz

De sus mortales conjuros.

Luego tú me has engañado

Cuando yo los ejecuto,

Pues solo fantasmas hallo

Adonde hermosuras busco.

DEMONIO.

Ciprïano, ni hubo en tí

Defecto, ni en mí le hubo:

En tí, supuesto que obraste

El encanto con agudo

Ingenio; en mí, pues el mio

Te enseñó en él cuanto supo.

El asombro que has tocado,

Más superior causa tuvo.

Mas no importará; que yo,

Que tu descanso procuro,

Te haré dueño de Justina

Por otros medios más justos.

CIPRIAN.

Teatro selecto, tomo 1 de 4 · 第 14 / 19 段