16 de febrero.

La abuela va con frecuencia a casa de la Ribert, el padre Tomás viene a

la nuestra, Genoveva aparece y desaparece y me envía amables sonrisas, y

Celestina afecta cierto aire de discreción... Con tal de que no piensen

otra vez en casarme... ¡Oh! no, no estoy para entrevistas...

No he podido menos de dar parte a Francisca de mis temores, y me ha

animado a la resistencia.

--El amor es siempre contrariado por la familia--observó, dándose

importancia.

--¿Crees eso?

--Sí. Hay que tener energía y no dejarte influir...

--Pero...

--Si cedes, todo está perdido.

--No cedo--respondí;--pero, en fin, Francisca, yo no conozco al señor

Baltet...

--Que no le conoces... ¿Y la famosa carta?...

--Es verdad; existe la carta.

--Una carta como esa, basta para inflamar un corazón...

--Un corazón inflamable--rectifiqué,--pero no uno como el tuyo.

--No se trata de mí--respondió Francisca.--sabes que yo no represento

más que los papeles de coqueta, mientras que tú eres una enamorada de

nacimiento...

--¿Verdad?...

--Sí, cuando yo te lo digo...

¡Buena y querida Francisca!... Qué suerte tiene de saber tanto... Hemos

discutido juntas el santo a quien hay que rezar para conseguir que el

señor Baltet llegue a conocerme. Yo me inclinaba a San Antonio, pero

Francisca no es de mi opinión y me encomienda a Santa Magdalena. Me ha

traído el librito del padre Lacordaire para excitar mi confianza en la

querida santa.

Las Solteronas · 第 38 / 50 题