Las repúblicas hispano-americanas, á causa de las guerras de

independencia y á causa también de una política de incuria con la

Metrópoli, tienen poca simpatía por España y desconocen los lazos de

cercano parentesco que las ligan con la civilización española. Por otra

parte, las ideas revolucionarias y metafísicas que penetraron en

nuestros países después de la Independencia, nos alejaron más todavía de

España y colocándonos exclusivamente en un punto de vista material, nos

condujeron á la ciega admiración de la sociedad anglo-americana que no

considera al hombre sino como una máquina de producción.

Afortunadamente, comienza á variar la opinión y una vigorosa tendencia á

la integración de todos los elementos que constituyen la gran familia

española en el Viejo y en el Nuevo Continente, domina ya los cerebros

pensadores de los iberos é ibero-americanos. Sin embargo, desconocemos á

tal grado la civilización española, que hemos creido obra útil esbozarla

al mismo tiempo que la anglo-americana para que se comparen. Importa

saber de donde venimos, cuáles son nuestras cualidades y cuáles nuestros

defectos para que sepamos conducirnos en el camino que sigamos,

aprovechando todos los elementos que poseemos.

España entró á la corriente progresiva de la Humanidad por la conquista

romana, y su incorporación al pueblo conquistador por excelencia fué tan

completa, que en poco tiempo se apropiaron los españoles las costumbres,

la legislación y la lengua romanas. Mi venerable Director Pierre

Laffitte, en su ya citado estudio sobre la civilización militar, se

expresa de los Españoles así: «......fueron sin duda alguna los que más

pronto y de modo más completo se convirtieron en romanos. Fueron el

primer pueblo subyugado por Roma fuera de Italia, y desde el tiempo de

Sertorio enviaban á sus hijos á las escuelas romanas y se esforzaban por

imitar á sus vencedores en el traje, en los usos y en el habla. Hacia la

mitad del primer siglo, aparecen por todas partes y quieren reemplazar

las viejas y agotadas razas romana é italiana. El filósofo y el poeta de

la época son cordobeses: Séneca y Lucano. Al rededor de ellos figuran

toda una multitud de literatos y sabios del mismo país; los dos hermanos

de Séneca, Sextilio Hena, Estatirio Victor, Moderado Columela, Turanio

Gracilio y el geógrafo Pomponio Mela; y más tarde Quintiliano, Marcial y

Eneas Floro. Pronto se convierte en poca cosa el hecho de brillar en las

artes secundarias, para los ciudadanos originarios de Tarraconense y

Bética; se ejercitan igualmente en el arte supremo, el que consiste en

gobernar. Entonces, á los emperadores romanos de la familia de César y á

los emperadores romanos de la familia Flavia, se suceden una serie de

emperadores cuyo acento español provoca la risa cuando hablan en el

Senado, pero cuyo genio y bondad son al mismo tiempo el honor y las

delicias del género humano. El primero, grande igualmente como

administrador y como capitán, merece que después de su muerte se desee á

cada nuevo emperador que sea más feliz que Augusto y _mejor que

Trajano_. El segundo, Adriano, emplea quince años de su reinado en

recorrer sus Estados, cubre el país con caminos, canales, acueductos,

templos, escuelas, circos, fortifica las ciudades, administra justicia,

reforma y unifica la legislación y se inicia en todas partes en las

costumbres y en las religiones. El tercero, amigo del reposo,

proporciona al mundo los veintitrés años más tranquilos y más dulces de

que se tiene noticia y recibe los títulos de padre de los hombres y de

multiplicador de los ciudadanos. Con Marco-Aurelio, en fin, la filosofía

sube al trono y gobierna á la Humanidad.» España forma, pues, parte

integrante del principal núcleo civilizador por su asimilación perfecta

de todas las manifestaciones de la vida civilizada romana. Aqui llamamos

la atención de nuestros lectores sobre una teoría que proclama como

regla para juzgar de la superioridad de una civilización, el examen de

los caracteres fisiológicos de los individuos; esta falsa teoría

desconoce por completo la influencia sucesiva de unas generaciones sobre

las siguientes. La superioridad de una civilización consiste en la suma

de influencias que ha ejercido y no en su adelanto presente en cualquier

época que se le considere.

Después de la caída del imperio romano, España formó parte del vasto

sistema occidental dirigido por el catolicismo y constituido por la

feudalidad. En este concierto occidental, España desempeñó un gran papel

y adquirió el renombre de nacionalidad original, enérgica y dotada de

grandes cualidades sociales y morales. La situación geográfica de

España y la memorable lucha de ocho siglos que sostuvieron sus hijos

para recobrar de los moros el suelo de su patria, contribuyeron á formar

de ella una poderosa nacionalidad. Las dificultades y vicisitudes de esa

lucha y su duración varias veces secular, dieron al carácter español

energía y perseverancia indomable, cualidades que salvaron á España de

la infame invasión de Bonaparte. Además de esas cualidades que

adquirieron los Españoles en la lucha contra los moros, robustecieron su

fe y crearon una verdadera fraternidad entre todas las clases, logrando

que el sentimiento de la dignidad humana se extendiese á toda la

sociedad.

Al mismo tiempo que el pueblo español sentía la importancia capital de

su papel en los combates contra los árabes, crecía á sus propios ojos en

valor y en dignidad. Orgulloso y respetuoso á la vez, destruyó antes que

otros, todos los restos de la antigua esclavitud. «La necesidad de

mantener en movimiento una población numerosa y armada, dice el juicioso

historiador inglés Hallam, daba á las clases inferiores un carácter de

libertad personal y un conjunto de privilegios de que apenas se tenía

idea en las otras monarquias en una época tan atrasada. La condición de

los campesinos privados del ejercicio de los derechos civiles, no ha

existido nunca en los Estados hispano-góticos. Declararé, sin embargo,

que no era totalmente desconocida en el reino de Aragón, cuyas

instituciones se habian modelado sobre el feudalismo. Siendo una verdad

que nada contribuye tanto á borrar las distinciones arbitrarias de las

categorías, como la participación en una calamidad común, cada uno de

aquellos hombres que habian sobrevivido al gran naufragio de la libertad

y de la religión, en las montañas de Asturias, se rodeó de cierta

dignidad que lo ennobleció á sus propios ojos y á los de sus

conciudadanos. Es de presumir, que este sentimiento, transmitido á la

posteridad, haya producido insensiblemente, por su influencia sobre el

carácter nacional, las maneras distinguidas que los viajeros observan

en el campesino castellano.» (Hallam, _Europa en la Edad Media_.

Traducción francesa, tomo I pág. 324).

Hay un carácter de la civilización española que aunque existe en los

otros pueblos europeos, presenta en España mayor intensidad y extensión.

Nos referimos al perfeccionamiento de la familia por medio de la

elevación de la mujer en dignidad, en pureza y en ternura, y por su

mayor influencia sobre el hombre y la sociedad. La poesía española en

sus principales producciones, romances, novelas y dramas, se ha

consagrado casi exclusivamente á pintar é idealizar los diferentes

cuadros de la vida doméstica, y en todas las producciones literarias de

España resplandece el amor y el culto á la mujer con el fuego y

entusiasmo y los sentimientos caballerescos propios de los meridionales.

Abundante y original tenía que ser la literatura española como

consecuencia de un estado social bien caracterizado y ninguna otra

literatura moderna nos ha dejado una pintura más viva y más completa de

las costumbres, de las creencias y de los sentimientos de un pueblo, que

la que nos legaron los españoles. Desde los griegos hasta nuestros días

sólo en España se ha realizado la condición esencial de las grandes

producciones estéticas, la concordancia de sentimientos é ideas entre el

poeta y el público. La maravillosa composición de Cervantes, la luminosa

constelación de autores dramáticos españoles y los incomparables

romanceros de España son suficientes para engrandecer á un pueblo.

Por su pasado y por un conjunto de fatales circunstancias políticas,

España fué destinada á ser el centro de la resistencia católica, tan

necesaria para evitar el triunfo universal del protestantismo que habría

retardado la emancipación final del Occidente, y soportó un régimen de

opresión que pesa todavía sobre su desarrollo intelectual. El teologismo

manifestó libremente en España su oposición á todo movimiento de la

actividad pacífica y acabó por matar la industria española cuya

decadencia se inició con las salvajes medidas tomadas contra los Judíos

y los Arabes. Esta acción paralizadora y retrógrada, ejerció una

influencia tanto mayor cuanto que la concentración política excesiva que

reinaba en España, ponía todo en las manos de un gobierno todo-poderoso

é íntimamente ligado con la Iglesia católica. Los espíritus activos

españoles que hubiesen podido contener este movimiento retrógrado,

hallaban la compensación en las colonias, partían para el Nuevo Mundo,

«de manera que no es dudoso, como lo dice Augusto Comte, que para esta

enérgica nación, la expansión colonial contribuyó á retardar gravemente

la evolución fundamental.» El gran número de espíritus selectos de

España que figuran en nuestra historia colonial, pone de relieve el

abandono de la sociedad española al teologismo retrógrado. Las

condiciones que acabamos de esbozar, fueron las que detuvieron á España

en su marcha progresiva.

El catolicismo no es en España una potencia tan absoluta como se le

cree, y el viajero encuentra, si trata á la sociedad española, un número

considerable de espíritus emancipados aun en el seno de los proletarios.

Lo que si creemos innegable es que ninguna doctrina moderna ha logrado

despertar simpatías en la masa del pueblo español.

España se ha quedado atrás sin contribuir sensiblemente al desarrollo

científico, filosófico é industrial de los últimos tres siglos. En

cambio, el soplo devastador del excepticismo religioso y del egoísmo

industrial no ha secado los corazones españoles y éstos han conservado

en toda su pureza las nobles cualidades adquiridas en los siglos

anteriores. Poseen los españoles en mayor grado que otros pueblos, el

sentimiento de la dignidad humana, fundamento esencial de la moralidad;

combinan con un poderoso espíritu de nacionalidad, un gran sentimiento

de fraternidad universal que se observa en todo el país y en todas las

clases sociales. En España es en donde los servidores de las familias se

consideran como verdaderos miembros de ellas. La encantadora y profunda

sociabilidad de los españoles, sus maneras amables y distinguidas, las

reconocen cuantos han tenido ocasión de tratar con ellos. Su corazón no

está empedernido por el desenfrenado industrialismo de la época y está

lleno de afectos generosos. En España encuentran los europeos el mejor

tipo femenino, el que auna en maravillosa combinacion la belleza y la

ternura, el valor y el entusiasmo, que dan á la mujer española un

encumbrado lugar que se afirma por el hecho de conservar su

indispensable influencia doméstica y social.

Escuchemos al historiador inglés Thomas Buckle, que puede reputarse como

enemigo de los Españoles, por su profundo odio contra el catolicismo y

todo lo católico. Dice lo siguiente: «El valor del pueblo Español no se

ha puesto nunca en duda, y el puntilloso honor del hidalgo Español es

proverbial en el mundo entero. En cuanto á la nación en general, los

mejores observadores declaran que los Españoles son nobles, generosos,

francos, íntegros, amigos sinceros y serviciales, afectuosos en todas

las relaciones privadas de la vida, caritativos y humanos. Su sinceridad

en materias religiosas es incontestable. Son además eminentemente

sobrios, y su frugalidad es bien conocida. La probidad comercial

española es proverbial y resplandece en todas sus relaciones

mercantiles. Seguramente, si se considera en masa, no hay pueblo más

humano que los Españoles, ni pueblo cuyos sentimientos hacia sus

semejantes sean más benévolos. Desde este punto de vista, los Españoles

están probablemente más bien por encima que debajo de las otras

naciones.»

En resumen, excelentes disposiciones morales en el conjunto de la

población y un atraso indiscutible en el desarrollo intelectual é

industrial, pero no absoluto y menor que el de otros países,

caracterizan actualmente á España.

Para nosotros, positivistas de la escuela de Augusto Comte, el progreso

moral, es decir, el predominio del altruismo sobre el egoísmo, debe

considerarse en primer término al apreciar el grado de perfeccionamiento

alcanzado por una civilización. Sostenemos con el Maestro que,

_consistiendo en el fondo nuestra evolución en desarrollar nuestra

unidad, es preciso tratar como abortados, ó considerar como puramente

preparatorios, todos los progresos de la inteligencia y de la actividad

que no influyen en nada sobre el sentimiento, origen exclusivo de la

susodicha unidad_.

El individualismo y el egoísmo han alcanzado proporciones colosales

entre los anglo-americanos y casi han llegado éstos á idealizar al

hombre que posee grandes riquezas, aun cuando las haya adquirido

engañando á sus semejantes.

* * * * *

Llegamos al término de nuestro ensayo y esperamos que se nos juzgará por

las sentencias que encabezan este trabajo. Salvo el plan de estas

reflexiones, nada es nuestro, todo es de nuestros Maestros Augusto

Comte, Pierre Laffitte y sus discípulos que nos son conocidos. Para los

positivistas de la escuela de Comte, nada extrañas serán nuestras

conclusiones, para otras personas tal vez lo sean; decimos tal vez,

porque tenemos confianza en nuestro método y lo juzgamos capaz de

convencer, aun cuando no nos forjamos ilusiones sobre los resultados á

que conduce, manejado por cerebros inexpertos. Si la verdad no ilumina

nuestras afirmaciones, no se culpe al método positivo, sino al que no ha

sabido manejarlo.

Como positivistas, somos enemigos por principio de las _colonias_ y

creemos firmemente con Augusto Comte, Pierre Laffitte, Herbert Spencer y

otros, que España prosperará más desde el día en que pierda por completo

las posesiones que le quedan. En cambio, afirmamos que los _yankees_

caminarán á su ruina si se dedican á colonizadores.

Creemos sinceramente en la futura grandeza de España; las virtudes del

pueblo Español salvarán y engrandecerán á la patria de Calderón y de

Cervantes. Los Españoles cuentan con el progreso más precioso y más

difícil de obtener, el progreso moral, y rápidamente podrán apropiarse

los progresos científicos é industriales de los otros países; mientras

que los anglo-americanos, con grandes dificultades llegarán á adquirir

los hábitos sociales y morales que se necesitan para alcanzar plenamente

el régimen pacífico hacia el cual marcha la Humanidad. Nuestra fe en el

futuro engrandecimiento de España fue engendrada por las profundas

palabras de nuestro gran Maestro, que hoy repetimos con él enérgicamente

y con verdadera convicción: _Comparándose á las naciones protestantes,

la nación Española está autorizada á proclamar su superioridad moral y

social, de ningún modo neutralizada por su inferioridad teórica y

práctica._

México, 23 Dante 110.--Tomás de Kempis.--Agosto 7 de 1898.

Agustín Aragón,

5ª de Carpio 2817.

Nacido en Jonacatepec (Estado de Morelos)

el 28 de Agosto de 1870.

* * * * *

Nota del transcriptor:

La ortografía y la acentuación de algunas palabras pueden variar de los

convenios modernos.

El texto original es inconsistente en su uso de la marca ¡, me he

mantenido en la inconsistencia.

He añadido la apertura de las comillas para algunos párrafos de citas

con varios párrafos para mayor claridad.

Anglo-american*, hispano-american* y latino-american* son a veces

guiones en el texto, ya veces no. He escrito con guión todas las

ocurrencias.

He corregido errores de la impresora de la siguiente:

pacfiícos -> pacíficos: “... cuando los medios pacíficos ...”

haráa -> harán: “Al reproche y no á la gratitud, se harán ...”

com- -> como: “... como diría un inglés, y la que juzga con relación

á otros actos.”

iglos -> siglos: “... en los tres siglos de dominación ...”

sou -> son: “... son los principios guías de los gobiernos.”

nueva -> Nueva: “... mientras que de Nueva Zelanda vienen protestas ...”

soldades -> soldados: “... el sacrificio de la vida de los soldados ...”

inñtil -> inútil: “Es inútil recordar lo que hacían los Españoles ...”

in ame -> infame: “... el infame comercio del opio ...”

a -> así: “No han obrado así los otros pueblos modernos conquistadores ...”

ss -> los: “... el espíritu puramente práctico de los yankees ...”

basileños -> brasileños: “... los brasileños son capaces de defender ...”

gentilles -> gentiles: “... no envian misioneros á convertir á los gentiles ...”

en -> un: “... un eminente consejero de dos Presidentes ...”

España y los Estados Unidos de Norte América · 第 4 / 4 段