GUILLERMO PRIETO.

Al alzar mi lápiz de la cartera, desperté como de un sueño: mis amigos

me hacian la guardia fuera del _smokin_; pero Pancho, prefirió que no

almorzase á que dejara sin concluir los anteriores versitos: estábamos

al frente de una poblacion, pregunté su nombre y me dijeron que no era

un pueblo como me pareció por su aspecto, sino la famosa fábrica de

armas del conocido Remington....

Poco ántes habiamos pasado frente á _Siracusa_, famosa por sus fábricas

de sal. Las operaciones de las salinas se hacen por medio del vapor y

el comercio es muy considerable.

En Siracusa hay un excelente hotel, un buen teatro y un hospital,

costeado por Remington, para cuya fundacion, que lleva su nombre, dió

doscientos mil pesos.

Frente de Utica pasamos tambien: es un pueblo de tantos como hay en el

camino, que tiene setenta mil habitantes, lindos edificios, frondosas

arboledas y amplias calzadas.

La fábrica de armas de Remington, de universal reputacion, está

situada en Ilion, condado de Herkirner, y gira bajo la razon social de

"Remington é Hijos."

En medio de un terreno accidentado, lleno de árboles, sementeras y

casitas pintorescas, se forma un círculo imperfecto de pequeñas y

verdes colinas, y en su centro se encuentra la fábrica; mejor dicho,

se encuentra la negociacion de catorce ó diez y seis edificios de

diferentes dimensiones, formando cuadros con sus techos en desvan, sus

chimeneas en alto arrojando humo, y la monótona uniformidad de ventanas

con persianas perfectamente iguales.

Contigua á los edificios de la negociacion y unida á ella por amplísima

y sombría calzada, está la poblacion, que cuenta de ocho á nueve mil

habitantes.

La fábrica es no solo de grande y merecido renombre, por la excelencia

de sus armas, por su riqueza y por las activas relaciones que mantiene

con las principales naciones del mundo, sino por el sistema económico

que sigue y puede servir de modelo para el mantenimiento de la buena

armonía entre el capitalista y el trabajador.

El trabajo por participacion se sigue con grande escrupulosidad, y el

resultado es que no hay un solo individuo que no tenga interes en la

prosperidad creciente de la negociacion.

Los Sres. Remington é Hijos son propietarios de edificios y maquinaria;

pero el trabajo se hace por contratos con los representantes de los

grupos ó secciones en que se dividen.

Cada contratista, de los que hay más de treinta, asume la

responsabilidad de su obra y busca operarios á propósito para su

desempeño, discutiendo el precio y en el precio entrando el cálculo del

interes recíproco.

El sistema expuesto está ligado con el de la subdivision del trabajo.

Cada una de las piezas de que se compone una arma, se fabrica en

oficina separada, dándose lugar á su celeridad y perfeccionamiento.

Se calcula que se invierten treinta y tres dias en las ochenta y tres

distintas operaciones necesarias para concluir un fusil Remington,

desde el cilindro de acero fundido, hasta que llega á manos del

ensamblador, convertido en brillante tubo, calibre 50, para entregar á

México por ejemplo.

El tren que nos conducia hizo parada, como todos los que por allí

atraviesan, porque así lo exige el tráfico de la fábrica, y entró á

nuestro carruaje un jóven á quien yo habia conocido y tratado en México

en la casa de D. José María Sanchez.

Es José María Sanchez, hermano de D. Delfin, enlazado con la

distinguidísima familia del Sr. Juarez.

Entró como dependiente en la casa de Remington, y á fuerza de

inteligencia y trabajo logró un rango superior en la negociacion,

viniendo á México en calidad de su apoderado y haciéndose en esta

plaza, por su finura, formalidad y honradez, de generales simpatías.

El jóven transeunte á que me refiero es amantísimo de México, para

mí la primera de todas las recomendaciones: agobiélo á preguntas,

charlamos y remojamos la palabra como debe hacerlo la gente que se

respeta.

Aprovechando el tiempo y el corto descanso del tren, desde la

plataforma le señalaba los edificios que más llamaban mi atencion,

pidiéndole explicaciones.

--¿Y ese edificio, el más grande de todos, que tiene cinco pisos, y

como que se aisla adelantándose á los otros?

--Esa es fábrica de instrumentos de agricultura, en que se fabrican

máquinas baratísimas de las más recientes invenciones, y se expenden

palas, picos, arados, hoces, rastrillos y cuanto puede necesitar la

finca de campo mejor montada.

--Más acá estoy viendo otro edificio muy aislado, de tres pisos.

--En efecto: esa es la fábrica de cartuchos.

El primer piso está destinado á cortar el metal en ruedas como pesos,

segun el calibre del cartucho.

El segundo piso contiene la maquinaria por donde se estira el metal,

que pasa por seis operaciones ántes de poder recibir la bala.

El tercer piso es el de primor: es un paraíso que alberga á la

coleccion de muchachas más lindas que puede vd. imaginar: trescientas

de estas criaturas están exclusivamente destinadas á poner la pólvora

en el tubito metálico y colocar el fulminante, operaciones curiosas que

requieren, así como el engrase, mucha delicadeza.

Está aislado el edificio, porque es un gran depósito de pólvora rodeado

de las más previsoras precauciones. En ese edificio ha llegado á

construirse hasta un millon de cartuchos por dia.

Contiguo á ese edificio está el de esas maravillosas máquinas de

escribir, de las que se han visto varias en México y de las que aquí se

sirve todo el mundo con la mayor comodidad.

Escribe uno como quien toca un piano, y puede soltar pliegos y pliegos

como por vapor, cuando está diestro, y sin experimentar cansancio; es

como la máquina de coser para las mujeres: los hilvanadores de letras,

harán tambien á centavo la vara de escritura, andando los tiempos.

--El grupo de edificios que se ve detrás, sí parece unido, observé á mi

guía.

-Sí, señor; están unidos por puentes y se recorren todos sin tocar en

tierra.

Al frente tiene vd. el despacho de Remington, viejo de fisonomía un

tanto áspera, pero lleno de generosidad, sincero, franco y deseoso como

pocos de hacer el bien.

La historia de los Remington es curiosa.

Hace algunos años, esto se encontraba muy poco poblado: en un rincon

de esas llanuras, ahora cubiertas de fincas, arboledas y sembrados,

entónces casi desiertas, habia un humilde rancho; en ese rancho

trabajaba como oscuro campesino Eliphalet Remington, fundador de la

actual casa.

Un dia el jóven Eliphalet, con la petulancia de un chico de ménos de

quince años, pidió dinero á su padre para comprarse una escopeta.

¡Bonito el viejo para andar gastando en armamento! Por supuesto que

el chico no vió un solo centavo del bolsillo paterno para cumplir su

antojo.

Pero tratábase de un hijo del Norte, y si han puesto en su pabellon las

estrellas, es para cogerlas con la mano. La negativa irritó al mancebo,

á quien preocupó, sin descanso, la idea de la escopeta.

Entre los viejos enseres del rancho habia una fragua que en total

abandono esperaba su ruina completa.

Eliphalet se dedicó á reparar la ruina; puso en corriente la hornilla,

limpió el cañon de la chimenea, recorrió el fuelle, y la fragua quedó

servible.

Con la misma diligencia de la reparacion, colectó fragmentos de fierro,

los fundió, templó, pulió, y á poco tenia en sus manos un cañon que

satisfizo su ambicion.

Faltaban la llave y la caja: emprendió, en cuanto pudo, un viajecillo á

Utica, donde se conchavó con un armero, quien completó su obra, y cantó

victoria el muchacho tenaz, fabricante de cañones.

El armero que proveyó de caja á Eliphalet, era hombre de conciencia; le

elogió su trabajo, y el chico dijo: "Haré más cañones, puesto que me

salen bien." Acreditóse la mercancía, la demanda de los cañones crecia

y le dejaba utilidad.... _goahed_, adelante! y la fragua se acompañó de

otra, y en dos edificios flamantes se construian llaves y cajas.

Tal fué la primitiva fábrica de Remington en la cabeza de la cañada,

donde permaneció nueve años, extendiendo por todas partes su

reputacion. (De 1816 á 1825.)

En 1825 compró Remington el terreno en que hoy está la fábrica y tiene

el nombre de Ilion. En 1835, Eliphalet era rico fabricante y tomó parte

en las contratas que la casa de Sprienfield y C.ª tenia con el gobierno

de los Estados-Unidos.

Entónces la fábrica tomó mayores proporciones, y Eliphalet asoció á dos

de sus hijos mayores de edad, á sus trabajos.

Con uno de los hijos de Remington se repitió la anécdota del pedido

de una escopeta; pero Remington el capitalista, no era el labriego su

abuelo; dióle el cañon de la escopeta al chico para que él fabricase

la llave y la caja. El testarudo retoño del enérgico Eliphalet se dió

tales trazas, que produjo al fin el fusil Remington, sin rival en el

mundo, y fuente de la riqueza de la familia y del hermoso pueblecito de

Ilion.

Vd. perdone mis divagaciones. Quedamos en la puerta del despacho.

Entrese vd. de rondon y verá una gran sala tapizada de estantes,

en donde hay armas de todos los tiempos y de todas las naciones,

conservadas con delicado primor.

Pared de por medio del despacho, está la oficina del tesorero, que

tiene en movimiento algunos millones de pesos.

A la vista del jefe de ese departamento, se ven como cuarenta tenedores

de libros, de cada una de las secciones de las fábricas, y uno que los

comprende á todos, como si dijéramos, encargado de la formacion, dia

por dia, de la cuenta general.

Abandona vd. esa elegante oficina, pasa unos puentes, y el ruido, la

llama y hombres como demonios, aturdiendo con sus martillazos en el

yunque, le advierten que está bajo el dominio de Vulcano.

Cuarenta hornos despiden llamas y chispas en aquel lugar, que sorprende

por su actividad y por su aspecto fantástico. Desde el tejo que

envía Inglaterra, hasta el tubo reluciente que se coloca marcado en

la caja, se ve en aquellas fraguas, pudiéndose seguir sus curiosas

trasformaciones.

En otro edificio de tres pisos se trabajan percutores y martillos.

En otro, muelles reales; en el salon de junto se pulimenta.

En otro edificio se arman los fusiles.

Por último, la carpintería no es un taller, sino un palacio en que se

ostentan los adelantos más recientes y costosos.

Por cientos de miles se cuentan las armas fabricadas para todas las

naciones. Oiga vd. lo que recuerdo:

España 500,000

Egipto 250,000

Francia 300,000

Muchos miles las repúblicas americanas, entre las que figura México con

40,000.

El capital invertido en edificios y maquinaria se calcula en cinco

millones de pesos, sin que entre en esto el capital circulante, ni me

sea fácil calcular el movimiento de caudales.

Siento que no pueda vd. ver el pueblo nacido de la fábrica, en que se

gozan los beneficios de la civilizacion, y la casa del Sr. Remington,

que á todo el mundo dispensa una hospitalidad generosa, y á quien mucho

aman por sus relevantes virtudes.

Vdes. para sus instrumentos de agricultura podian haber aprovechado

esas relaciones, tanto más, cuanto que Pepe Sanchez conoce á México y

es el apoderado solícito de Remington.

--Pero como no tiene casa abierta....

--¿Cómo no? Calle de Plateros núm. 4....

--Yo creí que solo se trataba de máquinas de coser, y de que las

despacha una jóven lindísima y muy apreciable.

--Eso le trabucó á vd. las ideas.

--Bien puede ser....

Poco despues de haber oscurecido, llegamos á la estacion de Albany,

gran capital del Estado de Nueva-York.

Era sábado, es decir, dia de gran movimiento: los guías que nos

secuestraron, apoderándose de nuestros equipajes, nos dijeron que eran

innecesarios los carruajes, puesto que el hotel á que íbamos á parar,

estaba á unos cuantos pasos de distancia. Pero esto lo dijeron haciendo

líos, cargando maletas y penetrando como caballos desbocados entre un

mar de gente que nos empujaba, nos hacia variar camino y nos amagaba

con dejarnos á la ventura, flotando entre la multitud: tiendas, luces,

carruajes, todo formaba torbellinos y nos envolvia, con especialidad á

mí, bobo y distraido por demás.

El trayecto de la estacion al hotel me pareció interminable: empujones,

magullones, codazos, rizas y extrañezas acompañaron aquella procesion

de fardos, que cayeron al fin en el renombrado Hotel del Globo, cuya

muestra es un farol esférico de vidrios encarnados.

A la entrada del hotel tuvimos la fortuna de encontrar á D. Andrés

Cupia, muy conocido en México como empresario del extinguido Circo de

Chiarini.

Este caballero, atento y servicial, facilitó los arreglos de

instalacion, y hétenos descansando en nuestros aposentos.

Aunque el hambre me hacia insinuaciones urgentes, la quietud

imperturbable del comedor me impuso respeto.

Busqué la cantina y el despacho: tenia más bien aspecto de sacristía,

por lo mústio de la gente y la frialdad dominante en cuanto me rodeaba.

El Globo, si mal no recuerdo, está en la calle de la Perla, calle en

ese momento invadida por un gran gentío; las damas con sus túnicos

largos y sus gorritos; los caballeros con el sorbete bajo de copa y

ancho de ala, chalecos blancos, holgados sobretodos de alas volantes,

grandes cadenas de acero y zapato bajo con hebilla, con cierto aire

pretensioso y grotesco, que no habia visto en otra parte.

Entré en un _bar-room_ mugroso y ahumado, con sus antepuertas de

alambre, situado en el subterráneo ó _bassement_ del hotel.

Crucé á la acera de enfrente, donde me vieron la pinta de extranjero

en un _restaurant_ de apariencia elegante, unos criados ceremoniosos y

pedantes: me cobraron dos pesos por dos piltrafas perdidas en un bosque

de perejil, unos truscos de mantequilla, y un café abominable.

Volvíme á la estancia, bien lóbrega por cierto, del Hotel del Globo.

Allí me encontré en la mesilla de noche una gran Biblia, y en la pared,

en que se hace de un huésped un _kuakero_, un reglamento como para un

fraile meditabundo y austero; advirtiéndose que en aquel hotel á nadie

se servian, ni se permitia el uso de los licores, porque era un hotel

de temperancia.

Fiebre tenia yo de verme sujeto á tanta gazmoñería y tanta regla

conventual; jamás la tiesura y las pretensiones cortesanas me cayeron

más en desgracia.

Estaba realmente desesperado.

Para ahuyentar en lo posible mi mal humor, abrí mi guía y copié:

"ALBANY.--Capital del Estado de Nueva-York, situada á la

orilla occidental del rio Hudson, 80,000 habitantes.

"Fundaron la ciudad los alemanes en 1614, un poco más abajo

de donde se encuentra la ciudad actual, donde se construyó

el Fuerte Orange en 1623. Este fué el primer establecimiento

europeo, en los trece Estados originales que formaron la Union.

"La ciudad fué conocida con los nombres de Veaberwyk y de

Williams Tadt, ántes que recibiese su nombre actual en honor

del duque de York y Albany, despues Jacobo II.

"En 1664 cayó en poder de los ingleses: en 1798, se declaró

capital del Estado."

Por otros datos que pude procurarme, vine en conocimiento que la

importancia comercial de Albany es muy secundaria en el Estado de

Nueva-York. Debe la importancia que tiene á su posicion sobre el Hudson

y sobre los canales Erie y Champlain. Se comunica con el lago Ontario,

y por consiguiente con el Mississippí, Missouri y San Lorenzo.

Líneas directas de ferrocarril ponen á Albany en comunicacion constante

con Boston, Búffalo y Nueva-York, circunstancias que harán que acrezca

su comercio. Los artículos principales de éste, son: maderas de

construccion, harinas, lanas y varias manufacturas, entre las cuales la

del tabaco tiene grande importancia.

Copiando, copiando, y entre si sigo, y si cierro los ojos, y entre si

escribo ó si borro, me quedé dormido.

Al despertar, me sorprendió muy agradablemente el toque de las

campanas: primero me pareció, y despues me persuadí, que tocaban

sonatas con bastante perfeccion.

Asoméme á la ventana de mi cuarto; la ciudad estaba de todo punto

desierta; el silencio dominaba desde los altos edificios, uniformes,

austeros y monótonos como todos los de los Estados-Unidos.

Las líneas de vapores y los trenes estaban suspendidos.

Era mucho eso de comulgarse veinticuatro horas en la ciudad desierta y

en un hotel obligado á claustro de temperancia.

Reinaba en el hotel un silencio sepulcral, entristecian sus angostos

claustros y sus cuartitos como celdas.

Sonó la campana lúgubre del comedor. A la entrada de éste se nos

presentó un maestro de ceremonias de peinado pretensioso, gran furia,

abultados bucles, frac, y corbata blanca, con la servilleta blanca

bajo el brazo, que nos señaló, conforme graduaba nuestra categoría,

los asientos que debiamos ocupar, extendiendo el brazo con majestad

impertinente y pedantesca.

Como movidos por un resorte, los de la pequeña colonia mexicana le

hicimos una seña de renuencia, y nos instalamos todos reunidos,

provocando el primer desazon al gendarme aquel tan ceremonioso.

Para el servicio de las mesas habia una excelente coleccion de

muchachas de tinte devoto y timorato, pero por lo mismo de cierta

atraccion no del todo despreciable en aquellas alturas monacales.

Una amiga de esas _ladies_ servidoras, M. Emma, fué objeto de mi

especial solicitud: era alta, desembarazada, atenta, sabia frances, y

detractando al maestro de ceremonias, mi maledicencia abrió el camino

de las simpatías á la colonia mexicana; pero á pesar de sus generosos

esfuerzos, la comida americana en su último grado de perfeccion, tan

insoportable para nuestros estómagos, en su degeneracion en aquella

casa era otra cosa; era la fantasmagoría, la impostura de los manjares,

la suplantacion de las formas, la calumnia de la alimentacion.

[Ilustración: VIAJE DE FIDEL.

_LIT. H. IRIARTE, MEXICO._

Viaje a los Estados Unidos, Tomo II · 第 63 / 94 题