Camino de Albany.--Fábrica de Remington.--Albany.
A las nueve de la mañana se anunció el lujosísimo tren de Albany,
y hétenos en marcha, confundiéndose el rumor de los wagones y el
estruendo del Niágara, con los gritos de la locomotora que parecian
vitorear la gran maravilla de Dios.
Corriendo iba nuestro tren, cuando Gomez del Palacio y Lancaster le
alcanzaron, no sin grave riesgo, dando muestras de rara agilidad.
Yo, en circunstancia tan crítica, me habria quedado sembrado en el
suelo como una papa.
Aunque me dijeron que íbamos á pasar por Rochester, Siracusa y Palmira,
que son poblaciones interesantes, yo me instalé en el cuarto de fumar,
que estaba solitario, subí los piés en el asiento, hice atril de mis
muslos, coloqué mi cartera, requerí la punta de mi lápiz y escribí lo
que voy á copiar literalmente: