Visitas á la Sra. Townsed.--Situacion política descrita
por Lancaster Jhones.--Dos incendios.--Viaje de
Alcalde.--Despedidas.--Salida de Orleans.
Nuestra partida de Orleans se anunció al fin, á pesar de que, aunque
avanzada la estacion, no se alteraba, como nos habian dicho, el estado
sanitario.
Sobre salubridad quisiera tener presentes las conversaciones todas
del Dr. Havá, quien conociendo México, hacia observaciones llenas de
exactitud, y extraordinariamente benéficas.
--Orleans, me decia, está en condiciones mucho más desfavorables que
México, y la prevision de las autoridades y su cuidado han disminuido
en mucho los horrores del vómito y otras enfermedades.
Me hablaba, y me llevó á la fábrica de unos carros de los que pendia
una trompa de _gutta perca_, la que aplicada á un depósito cualquiera
de fango ó inmundicia, produce la absorcion muy violentamente, sin que
se perciba mal olor ninguno.
Este sistema aplicado á nuestras atarjeas, produciria el ahorro anual
de millares de vidas, que mueren envenenadas año por año por la limpia.
Mostróme unos cilindros con una grilla, que colocados en caños
subterráneos y encendiéndose en ellos astillas ú otros combustibles,
producen la purificacion de la atmósfera.
Las letrinas de codo, las rejillas colocadas en el interior de éstas
y la aplicacion de desinfectantes, han sido objeto de su estudio
especial, y cada una de esas mejoras la presenta, barata, practicable y
adecuada á las necesidades de México. A mí me parece increible que no
se hagan tentativas para plantear cualquiera de los sistemas del Dr.
Havá.
En México hay personas que conocen esas máquinas y que encarecen sus
excelencias, como Roa Bárcena, Mancera y otros: hay sabios dedicados á
estudios higiénicos como el Dr. José María Reyes, Gumesindo Mendoza,
Liceaga, Galan, Romero y otros muchos, porque en México los estudios
médicos son concienzudos y brillantes, como en ningun otro punto de
América.
¿Por qué el Consejo de Salubridad no ha emprendido un estudio sério
sobre esta materia? ¿por qué la mejora de la salud y las garantías
de la vida no ocupan el primer lugar entre todas las mejoras? ¿por
qué presenciamos impasibles la muerte de cinco ó seis mil personas
anualmente, sacrificadas á la apatía, al abandono y á la ignorancia?
¿Por qué no hacemos que se juzguen como reos á esos funcionarios,
rastreros y aduladores en las elecciones y las fiestas cívicas, y á
los que no se debe un puño de cal en una cloaca que propaga el tifo y
derrama la muerte y el espanto por todas partes?
* * * * *
Mis frecuentes visitas á la Sra. Townsed fueron para mí motivos de
solaz y de instruccion.
Si la eminente, poetisa brilla por la excelencia de su númen y por una
feliz alianza de grandeza, de concepciones y de sensibilidad exquisita,
en el interior doméstico es la noble matrona, la tierna madre de
familia y la mujer modesta y sencilla, encanto de cuantos somos sus
amigos.
Xarifa, que es el nombre de la Sra. Townsed en la república de las
letras, se distingue por su flexibilidad de entonacion y por un tinte
de melancolía con que reviste sus obras, que mucho agradan.
Es vasta, sólida y variada la instruccion de Xarifa, y su modestia es
tal, que muchas personas que la tratan de cerca, la estiman ante todo
como excelente madre de familia.
Tiene Xarifa tres hijas hermosísimas, y que balancean la flor de sus
años tempranos en las auras de las gracias.
Cora es alegre y tierna como una mexicana; otra de las jóvenes se
desprende gozosa de los brazos de la niñez, y no dora de lleno el sol
de la juventud la frente de la niña; y otra, jóven, tímida, delicada
como una sensitiva, que deshoja con sus labios de carmin palabras
españolas, y hacen contraste su seriedad y su voz que ahueca cuando
habla español, con la belleza ingénua de su fisonomía y con sus grandes
ojos negros.
La familia Townsed era especialmente afecta á Gomez del Palacio, que es
cumplido caballero en su trato con señoras, y cuya conversacion fácil y
oportuna es verdaderamente encantadora.
Es la casa de Xarifa centro de reunion escogida de personas de alto
mérito, y ella sola bastaria para dar muy alta idea de la buena
sociedad de Nueva-Orleans.
Los jóvenes se rodean del piano, cantan y conversan alegres; la señora
mantiene en todas partes el buen humor, y los amigos de Mr. Townsed
charlan de negocios y de lo que les ocurre, aislándose ó tomando parte
en la conversacion general.
Hace pocos años fué nombrado Mr. Townsed, en union de Mr. Colon y otros
caballeros de parte del comercio de Orleans, para estudiar nuestras
relaciones mercantiles y procurar su fomento. Yo he leido varios de
esos informes que me parecen de alto mérito, y de los que un hombre
como el Sr. Romero, ministro de Hacienda, podria sacar mucho partido.
Además de los excelentes amigos que he mencionado, debo curiosas
noticias á mi amado M. Palmer, inglés lleno de nobleza y de saber,
director de uno de los bancos más acreditados.
Todas esas noticias, todos esos datos que yo recogia como al vuelo,
y por decirlo así, desde la ventanilla de mi wagon viajero, merecen
sérias reflexiones, estudios constantes; convertir en armónicos
nuestros intereses con todo el mundo, utilizar nuestros cónsules,
economizar chismes diplomáticos, abrir competencia de garantías y
goces en nuestro suelo al emigrante y hacer de las tarifas pactos de
alianza, como lo supieron hacer en 1860 la Francia y la Inglaterra,
teniendo intereses más encontrados y preocupaciones más arraigadas que
nosotros y los Estados-Unidos.
Me solazaba de estas visitas, que eran para mí sérias ocupaciones,
con mis correrías por el mercado, las _Matinés_, que convierten la
calle del Canal en un Olimpo de deidades, y en donde se exponen con
trages domingueros, el tipo frances, airoso y seductor; la cuarterona
esbelta y subversiva; la americana, régia y soberbia, y la negrilla
zandunguera, con su gorro lleno de flores, su sombrilla y sus guantes
como cualquiera catrina.
Otras veces, con la adorable familia de Julia, emprendia el viaje á uno
de esos _pic-nic_ de extramuros que realmente me deleitaban.
Un campo raso cubierto de césped, donde juegan y saltan parvadas de
preciosos niños, un gran tablado con su barandal y en uno de sus
extremos una buena orquesta, en que menudean pistones y trompetas de
todas hechuras, una cantina en que se sirve nieve, aguas frescas,
cerveza y licores: hé ahí todo el aparato escénico para los bailes al
aire libre, más alegres y más animados del mundo.
El estudiante, el artesano, el tendero, el elegante, el juez y el
calesero, se confunden y se revuelven con multitud de viajeros á
quienes da nacionalidad el placer, y tienden sus brazos las bellas para
embarcarlos en un wals vertiginoso, ó en una cuadrilla circunspecta;
y como existe el hábito del respeto mútuo, no se conocen las riñas, y
se verifican milagros de confraternidad, superiores á los que podrian
ordenar las leyes más sábias y meditadas.
¡Qué desgarbo y _sans façon_ de aquel yankee! qué zandunga de aquel
habanero maldito! qué aire de perdonavidas de aquel tendero de la
tierra de María Santísima! qué tenacidad, y qué furia, y qué aguante de
aquella pareja de alemanes!
Los chicos aturden con sus gritos; el clamoreo de la orquesta envía
sus ecos á gran distancia; de los montes van descendiendo las sombras;
en el confin del cuadro se balancean mil buques como meciéndose en las
caudalosas aguas del Mississippí.
Mis horas de permanencia en el _Bording_, las empleaba con mis
compañeros, ya obligando al condescendiente Jorge Hameken á que me
buscase libros y tocase el piano, que como ya he dicho, lo pulsa con
maestría, quitándole de su tresillo y de su ajedrez, para el que tiene
constancia inverosímil; á Rocha le forzaba á que me hablase de sus
viajes y me contara cuentos, porque lo hace muy bien, arrebatándole
de las manos sus mapas y sus libros militares, que estudiaba
constantemente; ya, por fin, poniendo á discusion mis dudas sobre
las instituciones americanas y las cuestiones sociales, abandonando
Iglesias sus lecturas filosóficas que duraban ocho y nueve horas
diarias, Gomez del Palacio sus estudios de los clásicos griegos y
latinos, y Lancaster y Alcalde sus apuntaciones políticas.
En una de las veces que entraba al cuarto de Lancaster, siempre en
mucho arreglo y recibiendo como de cumplimiento á sus amigos, siendo
el más dulce y el más tierno, en medio de una sequedad y concentracion
que parecen afectadas, le encontré, contra su costumbre, hecho un
predicador, imponiendo á un mexicano amigo, de la cuestion americana;
y aunque ya se ha tocado esta materia, creo que la corrobora la
conversacion de mi querido Alfonso, que yo copié con cuanta exactitud
me fué posible.
[Ilustración:
_LIT. H. IRIARTE, MEXICO._
Correo y Aduana.
N. ORLEANS.]
Aunque sea de prestado, déjenme poner bonito este capítulo. Algo se me
ha de perdonar. Habla Lancaster:
"Desde que concluyó la guerra de separacion, el Norte no
ha cesado de hacer sentir sobre el Sur todo el peso de la
derrota, no habiendo ejemplo alguno de guerra civil, en que
haya sido mayor el abuso de la victoria.
"Algun tiempo despues de la caida de Richmond, los campos
talados habian cubiértose otra vez de sementeras, y las
ciudades y aldeas destruidas, estaban reemplazadas con nuevas
construcciones. Pero las libertades políticas y mercantiles
de los Estados rebeldes no alcanzaron amnistía como los
prisioneros hechos en el combate. Estos volvieron pronto á sus
hogares, aquellas tardaron mucho en volver.
"El gobierno de Washington, despues de su triunfo y del
restablecimiento de la Union Americana, puso los destinos de
esos Estados en manos de los enemigos más tremendos de la
causa separatista, á los cuales se permitia, ó por lo ménos se
disimulaba todo abuso de poder que tuviese por objeto abatir
más á los vencidos. Los gobernadores que les eran impuestos,
á semejanza de los que la república romana enviaba á las
provincias sojuzgadas, solicitaban y obtenian estos empleos
como una recompensa de sus servicios prestados durante la
guerra, como la parte del botin á que se creian con derecho
indisputable, y como un medio _lícito_ de enriquecerse.
"Los surianos llamaban _sacos de viaje_ á estos gobernadores,
á los jefes de los acantonamientos militares y á los demás
agentes federales, de cuya tiranía y codicia fueron víctimas
indefensas. Hé aquí la significacion maliciosa de ese apodo:
Esos empleados eran generalmente hombres sin moralidad, sin
fortuna, ni medio honesto de adquirirla, y se ponian en camino
para tomar posesion de su encargo, sin llevar consigo mas
que lo encapillado, una _segunda_ camisa y un _descabalado_
calcetin en su maleta, cuando ésta no estaba enteramente
vacía; y siempre volvian al Norte con el saco _lleno_. A
propósito de esto, en Orleans se refieren varias anécdotas de
un general _yankee_, que fué, á la terminacion de la guerra,
uno de los primeros procónsules de la Luisiana.
"Este general, al dejar el hotel en que se alojó, se llevó
todas las cucharas de plata que habia para el servicio
de los pasajeros; y tanto se habló de esta ocurrencia en
los periódicos, y tantos epígramas se hicieron sobre este
tema, que el _yankee_ llegó á ponerse de un humor negro é
intratable, el cual solo se disipaba un poco el dia en que él
podia robarse alguna otra cosa. Nadie se atrevia á pronunciar
la palabra _cuchara_ en su presencia, porque era como mentar
la soga en casa del ahorcado.
"A un médico que le prescribió _cucharadas_ de qué sé yo qué
específico, trató de darle de bastonazos, sospechando que el
_récipe_ era una _pulla_, y el facultativo tuvo que cambiar
esta fórmula por la de píldoras.
"Un dia el general invitó á almorzar á varios amigos suyos
en una fonda, y á la hora de los postres quiso hablar
reservadamente con ellos sobre negocios políticos. En
consecuencia, ordenó al criado que les servia, que les dejase
solos; pero el criado no obedeció, permaneciendo cerca de la
mesa.
--"¿No ha oido vd. la órden de retirarse? le preguntó el
general con enojo.
--"Sí, señor; pero no puedo hacerlo.
--"¿Por qué?
--"Porque soy responsable de la vajilla. Los hombres
encargados de reorganizar y conservar la administracion de los
Estados separatistas, fueron--aunque con varias y honrosas
excepciones--dignos ejecutores de los designios de depresion
y nulificacion que han dominado en la política del Norte
respecto del Sur. Se atacó al comercio y la produccion de esos
Estados, en sus principales fuentes, por medio de medidas
administrativas que les han hecho de mucho peor condicion
que las del resto de la poderosa y floreciente república
americana; y una decadencia lenta y progresiva de todos los
elementos de la riqueza pública, vino profundizando más cada
dia las huellas de los vencedores, á la vez que el encono y
resentimiento de los vencidos.
"Esa política abre campo á consideraciones importantes.
¿Cuáles eran las ideas que les inspiraba y el objeto á que se
dirigia?
"Debe advertirse, ante todo, que el término que tuvo la guerra
civil, implicó no solo el triunfo de los altos principios
nacionales y humanitarios de la conservacion de la unidad
americana y de la emancipacion de los esclavos, sino tambien
el triunfo y la preponderancia definitiva de los intereses
del partido republicano, sobre los del partido demócrata, que
se habian estado disputando entre si con vária suerte los
destinos del país. El segundo ha tenido siempre en el Sur
hondas raíces y sus mejores elementos, y la afirmacion del
primero en el poder, consistia en impedir que los Estados
rebeldes recobrasen su antigua prosperidad. A este propósito
se asociaba el temor, que aun no desaparece, de que se levante
de nuevo la terrible idea separatista, robustecida por el
espíritu de la venganza.
"Examinada la cuestion bajo este punto de vista, se comprende
y se puede políticamente justificar el sistema depresor que
el Norte adoptó en sus relaciones de todo género con el Sur.
Pero la reaccion era natural é inevitable, y se vino operando
de un modo incesante, hasta llegar al extremo de amenazar hoy
al partido republicano con una próxima é indefectible derrota
en el campo electoral, derrota que ya se habria consumado en
las últimas elecciones presidenciales, á no haber intervenido
el fraude, para evitar que se computasen todos los votos que
obtuvo el candidato demócrata. El fraude produjo en esta
vez la usurpacion _legal_ y _consentida por el país_, del
poder ejecutivo; pero fué impotente para hacer preponderar
en la cámara de representantes los intereses del partido
republicano, que se encuentra en ellos en minoría.
"El actual presidente, Mr. Hayes, se ha visto por esto en la
necesidad de apelar á las transacciones con sus adversarios,
para mantener la armonía entre los poderes, y librarse de
una acusacion que le haria descender de su puesto ántes de
tiempo; mas, inclusive él mismo, apénas hay ahora en aquella
república quien no esté cierto de que el futuro presidente
será demócrata.
"Los Estados del Sur se han ido emancipando uno tras otro de
la tutela del Norte; y en Orleans, principal poblacion de
la Luisiana, vimos nosotros romperse el último eslabon de
esa cadena política. Verificáronse allí, al propio tiempo,
las elecciones federales y las locales, bajo los auspicios
de un gobernador republicano, que recibia y ejecutaba las
instrucciones de la convencion de su partido, las cuales no
eran otras, que hacer triunfar la candidatura de Mr. Hayes
para la presidencia, y la de Mr. Packard para el gobierno del
Estado.
"Difícil era la empresa, pues siendo demócratas un 75 por
ciento de los habitantes, y hallándose alentados por el
ejemplo de otras localidades, resueltos á acabar con la
preponderancia _oficial_ de los hombres del Norte, se iba
á dar el espectáculo más escandaloso de una lucha abierta
entre el poder y la opinion pública. El poder, apoyado por
la fuerza federal, aceptó y sostuvo esta lucha, empleando
todos los recursos de que disponia y todos los artificios
maliciosos que la _chicana_ electoral podia sugerir; y como
todos sus esfuerzos se estrellasen contra la voluntad popular,
enérgica y casi unánimamente expresada en favor de Mr. Tilden
y de Mr. Nicholls, candidatos demócratas, el primero para la
presidencia de la república, y el segundo para el gobierno de
la Luisiana, se apeló entónces al medio de suplantar votos, y
falsificar expedientes electorales.
"De allí resultó una eleccion doble, tanto federal como local.
Dobles expedientes se mandaron al escritorio de Washington,
uno por el pueblo y otro por el gobierno de la Luisiana,
conteniendo uno los sufragios verdaderos favorables á Tilden,
y el otro los sufragios supuestos en favor de Hayes. A la vez,
ambos partidos declararon legítimamente electo gobernador á
su respectivo candidato. Instaláronse, pues, en Orleans dos
administraciones, la de Nicholls y la de Packard; pero era
tal la debilidad de este último, que tuvo que mantenerse
encerrado en su casa oficial, custodiada á todas horas por
centenares de policías que la cercaban, y por un regimiento de
tropas federales, guardando las puertas y las azoteas, para
impedir que el pueblo, en un arranque de mal humor, colgase
de los balcones al último vástago de la dinastía de los
_carpet-vags_ (sacos de viaje).
"Era espectáculo digno de verse la multitud desarrapada y
hambrienta, compuesta de empleados y de pretendientes de
empleos, que como abejas en derredor del panal, circulaban por
las calles adyacentes al _palacio_ de Packard. En su mayor
parte, los amigos de éste eran negros, en cuyo semblante se
veia el sello de la estupidez, de la miseria, de la tristeza y
de algo como la conciencia de que la causa de su jefe estaba
perdida.
"Lo contrario acontecia respecto de Nicholls: lo más florido
y granado de la sociedad neorlina formaba su apoyo; y una
guardia nacional de más de 30,000 hombres, enteramente
voluntarios, se organizó para sostenerle, costeando ellos de
su peculio sus armas, equipo, etc.
"Todas las contribuciones eran enteradas en la tesorería
establecida por Nicholls; y para que funcionase su gobierno
con perfecta regularidad, solo le faltaba en un principio la
mayoría de la legislatura, que como resto de la administracion
anterior, reconocia la _legalidad_ de Packard; pero al último,
varios miembros de ese cuerpo abandonaron sus filas, pasándose
con todo y bagajes al enemigo, en medio de la rechifla de unos
y otros.
"Tan solamente el habitual amor á la paz, que en los
Estados-Unidos se estima como la base primera é indispensable
del bienestar de todos y cada uno de los individuos,
inclusive los _politicians_ (políticos ó _politicastros_); y
tan solamente la esperanza de que, llegando á preponderar en
Washington los demócratas, se reconocieran y respetaran, al
fin, los derechos del pueblo de la Luisiana, pudieron salvar
entónces á Orleans de un sangriento choque, en el cual, á
no dudarlo, la tropa federal habria sido aniquilada en unas
cuantas horas.
"Los discursos pronunciados en los _meetings_ que se reunian
al aire libre, los razonamientos de la prensa y los medios de
representacion legítima, fueron las únicas armas esgrimidas
contra el poder usurpador. Ni un solo _muera_, ni un insulto,
ni el más pequeño desórden se mezclaban á aquellas imponentes
manifestaciones, que concluian, casi siempre, por la adopcion
de medidas pacíficas en pró de los ultrajados fueros de la
libertad y de la justicia.
"Los artesanos, los banqueros y los comerciantes se reunian
por gremios, para formular protestas contra la suplantacion
del sufragio popular, elevadas á los poderes de la Union,
en términos enérgicos al par que decorosos. Y en todos esos
documentos, una cosa nada más se solicitaba del Ejecutivo
federal: que hiciera salir su fuerza de Orleans; que dejara al
pueblo en libertad para resolver la cuestion por sus propios
medios.
"Veamos, entretanto, lo que ocurria en Washington. Se hace
el escrutinio de votos para presidente de la república; y en
los expedientes electorales forjados por las autoridades de
la Luisiana y de la Carolina del Sur, aparece la candidatura
de Hayes favorecida por un gran número de sufragios, miéntras
que los expedientes verdaderos de los mismos Estados, arrojan
una gran mayoría en favor de Tilden. No es posible computar
unos y otros en el escrutinio: hay que decidir préviamente
cuáles son los legítimos; y siendo este el primer caso de
esa naturaleza, y no estando prevista la dificultad ni por
la constitucion ni por los estatutos electorales, la cámara
se resuelve á crear un recurso _ad hoc_, un recurso extraño
á las leyes y prácticas de la república: una comision de
arbitraje, compuesta de quince individuos, siete de ellos
caracterizados como pertenecientes al partido demócrata, y
los otros siete como republicanos, y el décimoquinto como
merecedor de la confianza de ambos partidos. Este último fué
llamado por la prensa festiva, _el fabricante de presidentes_
(_Presidents-macker_).
"Con solo desechar los votos que suplantó Packard en favor de
Hayes, la eleccion de éste naufraga; triunfa Tilden, y con él
los demócratas, y con los demócratas el Sur. Pero por el voto
del décimoquinto miembro de la comision árbitra, se declaran
legítimos esos votos y los que remitió el círculo republicano
de la Carolina. Un hombre decide así de los destinos de
los Estados-Unidos, sin que tenga para ello facultades
constitucionales; y sin embargo, los vencidos se someten, y
el pueblo americano entero reconoce la autoridad del electo,
sin perjuicio de que algunos oradores de club se enfurezcan y
se desgañiten, y de que algunos periódicos graben el retrato
de Hayes á la cabeza de su primer columna, con la palabra
_fraude_ escrita sobre la frente.
"¿Puede darse mejor bandera para una revolucion? Sin duda que
no; y á pesar de esto, el derecho, la conciencia de la mayoría
de los votantes y las instituciones mismas, son sacrificadas
temporalmente en aras de la paz. Se ha preferido que este
paréntesis en la tradicion constitucional, lo llene el fraude
y no la sangre. Pero el partido demócrata llegó ya hasta las
gradas del Capitolio, y allí se sienta tranquilo á esperar por
cuatro años la hora de subir á la cúspide, y clavar en ella su
enseña victoriosa....
"En último análisis, Packard ha hecho presidente á Hayes.
¿Qué debe esperarse? Una proteccion decidida é ilimitada
de éste para aquel, puesto que los une el doble lazo de la
comunion política y de la igualdad de _títulos legales_.
Es el contrato _aleatorio_ que con frecuencia hemos visto
celebrarse y cumplirse entre los gobernadores de nuestros
Estados y el presidente: "_te enviaremos todos_ los sufragios
que necesites, y enviaremos tambien á las cámaras una recua
de diputados _mansos_; pero en cambio préstanos tus bayonetas
para sostenernos."
"Y no obstante, el pueblo de la Luisiana continúa esperando
é insistiendo en que se retire la fuerza federal, hasta que
un dia lo logra; y tras del último soldado de la Federacion
que sale de Orleans, marcha Packard, con la cabeza inclinada
sobre el pecho, y con su _saco de viaje_ vacío...... aquella
poblacion tan circunspecta durante la lucha como despues del
triunfo, aguarda generosa hasta que deje de oirse el ruido de
los tambores y pífanos de los regimientos que se alejan, para
entregarse en brazos de la libertad, á todas las expansiones
de un noble orgullo y de un inmenso júbilo!
"Tal fué el término de aquel conflicto. Los republicanos, en
su despecho, acusaron á Hayes de ingrato. No sé hasta dónde
pueda ser justo este cargo; pero debe decirse en obsequio
de la verdad, que la situacion era ya insostenible, y que
el presidente no podia, sin exponerse á perder su puesto,
continuar manteniendo á Packard en el suyo. Más aún; á aquel
le ha sido preciso, para ganarse la mayoría parlamentaria, ó
neutralizar por lo ménos su hostilidad, adoptar un sistema
de transacciones con el partido demócrata, segun lo he
dicho ya, y el cual no se reduce solo á abrir camino en la
administracion federal á algunas de las aspiraciones de ese
partido, y á modificar sus relaciones entre los poderes
generales y los Estados del Sur, sino que afecta tambien á la
política exterior."
Solia interrumpir la monotonía de nuestra vida en la casa de Mad.
Belloc, la llegada de viajeros, algunos de ellos mexicanos, y las
visitas de nuestros amigos.
Entre los primeros, nos fué muy agradable la permanencia en nuestra
morada de Enrique Mejía, caballeroso y servicial como todos le conocen,
y su señora, americana, hija de una distinguida familia, y que tiene
por México verdadera pasion.
Dos de las Sritas. Juarez y Benito, se alojaron en nuestro _Bording_,
y yo tuve las satisfacciones consiguientes al trato de personas cuyas
virtudes y finura he admirado siempre, y á quienes amo tiernamente por
verlas dignas de su heróico padre.
Entre las visitas nos favoreció Jorge la Serna, hombre á quien
sus padecimientos tenian en grande extremo de postracion; pero
conservando entre las ruinas de su salud el tipo generoso, simpático é
inteligentísimo, á quien habia visto en mis tempranos años como gala y
ornamento de la buena sociedad veracruzana.
Una noche me presentó Joaquin Alcalde, que era incansable en bondades
para conmigo, á un caballero jóven y garrido, pero taciturno y de
palabra breve y apasionada.
El Sr. G***, rico negociante español establecido en las cercanías de
Orleans, habia presenciado el terrible incendio de Southern-Hotel, en
San Luis Missouri, acaecido el 11 de Abril, y que tenia consternada á
toda la Luisiana.
El Southern-Hotel es el mismo en que estuvimos á nuestro paso por
Missouri, y ya recordarán nuestros lectores sus seis pisos, sus salones
régios, el pavimiento de mármol, la techumbre y cúpula de cristales
de su patio, y el conjunto que justificaba su costo de un millon
quinientos mil pesos, inclusives doscientos mil pesos, precio de los
muebles.
Alcalde quiso que un testigo presencial me refiriese aquella
catástrofe, por ser algo de característicos los grandes incendios en
los Estados-Unidos.
Endilgando Alcalde con la mayor habilidad la conversacion, logró que M.
G*** nos refiriese el incendio del hotel, en los siguientes términos:
"Serian las dos de la mañana cuando el incendio estalló:
hizo una erupcion en los pisos interiores y bodegas, y subió
en columna irresistible al techo, desprendiéndose de ella
corrientes de llama que invadieron corredores y escaleras,
envolviéndolo todo en humo espesísimo que nos asfixiaba.
"La poblacion del hotel podria llegar á mil personas, y como
si todas no hubieran tenido más que un solo acento, se elevó
un espantoso alarido, que fué como el grito de lucha con la
muerte.
"La densidad del humo apagó el gas, no partiéndose aquella
tiniebla sino por una que otra ráfaga de llama que
atravesaba zumbando y arrollando cuanto encontraba á su paso,
descubriendo hombres, mujeres, niños y ancianos, corriendo sin
objeto y cayendo y levantándose de nuevo entre las llamas, en
espantosa confusion.
"Muchos de los habitantes de los pisos primero y segundo, se
salvaron sin dificultad, saltando medio desnudos en el fuego.
Pero desde el tercer piso, las hileras de cuartos estaban
totalmente interceptadas, y no quedaba más medio de salvacion
que las ventanas que daban á la calle.
"Aunque la llegada de los bomberos fué instantes despues que
estalló el incendio, éste hizo rapidísimos progresos; las
corrientes de fuego se precipitaban de uno en otro piso, como
cataratas inmensas; corrian, trepaban á las alturas, enlazaban
artesones y cornisas, y como que se despeñaban con ellas al
abismo, envolviendo siempre algunas víctimas.
"Entónces, al espanto sucedió la demencia: muchos se lanzaban
á la ventura en aquel mar inmenso de revueltas llamas, y sus
cuerpos, achicharrados, quedaban balanceándose de alguna barra
de fierro, en actitudes diabólicas.
"Los otros, para abreviar su agonía, se arrojaban de los pisos
superiores á matarse: algunos quedaron con restos de vida,
pero despedazándose y nadando en lagos de sangre.
"Pero la generalidad se precipitó á las ventanas, esperando
auxilio de fuera, envueltos en humo, entre ráfagas de llama:
se presentaban escenas horribles.
"Dos esposos jóvenes, estrechándose y pidiendo socorro.... una
madre cubriendo á sus hijos con su cuerpo.... un anciano con
las manos levantadas al cielo......
"El caer fracciones de muro, los gritos, los ayes de los
moribundos, los alaridos de las madres, el llorar de los
niños, la súplica, la blasfemia, todo lo que tiene el dolor
de más desgarrador, imperaba allí.
"Los bomberos ponian sus escalas, pero eran insuficientes;
unos se colgaban y se estrellaban el cráneo; los otros
arrojaban cordeles, que no llegaban, ó si llegaban, se
emprendian descensos riesgosísimos de los que sin embargo
salvaron algunos.
"La distinguida actriz Katty-Clarton, que ya habia salvado
de otros atroces incendios, tuvo bastante sangre fria, ántes
que se hubieran destruido las escaleras, para empapar en agua
varias toallas y sábanas, envolverse en ellas, precipitarse
en las llamas, correr, rodar y llegar á la calle ardiendo y
maltratada, pero sin lesion alguna.
"Otro individuo desgarró las sábanas, hizo con ellas
fuertísimas cuerdas; se descolgó por aquellas alturas de
cuarenta varas; pero tocó la extremidad de sus cuerdas....
y aun estaba como á sesenta piés sobre el abismo.... hizo
esfuerzos inauditos, no habia modo de ascender, el hilo que le
sostenia comenzaba á quemarse, sus brazos se rendian; convulso
y retorciéndose al cabo de la cuerda, se persuadió sin duda
de su muerte inevitable.... hizo un esfuerzo supremo, despues
echó hácia atrás la cabeza con gesto horrible.... y se soltó,
despedazándose sobre las piedras....
"El dia que lucia en los cielos no se atrevió á penetrar
en aquel teatro de horrores, donde, de entre montones de
escombros y cenizas, estuvieron extrayendo varios dias
multitud de cadáveres."
Formalizóse al fin la partida de Alcalde, de mi compañero, de uno de
los que habia tenido para conmigo las finezas de amigo, la ternura de
hijo y la abnegacion de favorecedor. Una comision nuestra, que para él
era costoso sacrificio, le urgió á tocar en la Habana pasando despues á
México.
Lancaster, como siempre que lo asalta el _spleen_, se encerró en su
cuarto; Gomez del Palacio y yo acompañamos á nuestro amigo al vapor,
que salia á las ocho de la noche.
Nosotros tres íbamos con frecuencia á la _Levée_, es decir, á aquel
mismo lugar á recibir ó despedirnos de nuestros amigos de México.
Esa noche el muelle estaba silencioso, los navíos parecian dormidos
sobre las aguas; del lado opuesto del rio se veian los farolillos de
algunas embarcaciones y se oian los cantos lejanos de los marineros
despiertos.
Al principio, la conversacion era animada; despues, habia grandes ratos
de silencio; los marineros acomodaban los equipajes; en las sombras
habia grupos de viajeros, de cuyos grupos salian sollozos y palabras
entrecortadas.
Al fin se dió el primer toque de marcha: subimos sobre cubierta con
Alcalde y le dejamos instalado....
A poco, el vapor comenzó á andar y nosotros le vimos perderse,
volviéndonos en silencio profundo á nuestra habitacion.
A los pocos dias de la partida de Alcalde, se anunció nuestra marcha
para Nueva-York; pero dando un ligero rodeo para ver el Niágara.
De contadas personas tuve que despedirme en Orleans; pero esas
personas son inolvidables para mí, y tienen lugar privilegiado en mi
cariño.
La familia Townsed me dió cartas expresivas para Nueva-York y mostró
profundo sentimiento por mi partida.
A Quintero le sorprendí acabado de levantar. Estaban sus roperos
abiertos, sus útiles de aseo de fatiga, el libro acabado de cerrar
sobre del _buró_, y él escurriendo agua.
--Chico.... quédate conmigo, fueron sus primeras palabras: adivinaba el
triste objeto de mi visita.
--Ya sabes que no es posible.
--Mira: te dejo para tí solo estas dos piezas. Ahora, ven por
aquí:--abrió uno de los cajones de su ropero.--Este pico que ves aquí
(mostrándome dinero), no me sirve para maldita la cosa; yo te formaré
una mesadilla para que no necesites de nadie: te paseas, escribes, y
cuando quieras, me llamas y paseamos, y de cuando en cuando me lees
esos tus versos, que ya ves cómo me encantan....
Ya se supondrá cuánto me habian conmovido aquellas palabras tan llenas
de generosidad y de ternura.
En la casa de Federico Miranda se hizo el duelo de familia, se
suspendieron los trabajos en cuanto se formalizó mi partida; Julia,
adorable de bondad y señorío, llevaba á sus niños á la iglesia á que
rogasen á Dios por su amigo _Fidel_.
Las señoras hablaban á sus conocimientos de mi ausencia, como de la
pérdida de un hermano querido: querian que todos participaran de su
duelo.
La niña enferma mostró deseos vivísimos de que le leyera algunos de mis
versos; yo la complací: reuniéronse en su casa varios habaneros amigos,
y en plena tertulia, dí lectura á la siguiente leyenda, que vió la luz
en casa de Mad. Belloc, y que he elegido para que cierre mis recuerdos
de Orleans: