IX

Paseos.--El Hipódromo.--Escenas

nocturnas.--Alcalde.--Chascos.--Noches.--Clay.--Un

casamiento.--Leyenda de amores.

¡Fuera la murria, caballero! Alístese vd., vamos á pasear el boa por

esos mundos! Tales eran las exclamaciones de Joaquin cuando me veia con

_el tonto encima_, porque existe la piedad de la palabra y es frescor y

alivio para el alma la manifestacion de interes por nuestras penas....

Gomez del Palacio y Lancaster aplaudian.... tomaba mi sombrero, me iba

á acabar de vestir en la calle, y á paseo.... tomábamos un carrito, y

á _wagonear_, verbo de mi uso privado para designar los viajes ó el

ejercicio en wagon.

Así recorrimos los jardines, así paseamos bajo las frescas arboledas de

Carrondelet.

Allí donde habia una diversion, nos deteniamos.

En una de esas excursiones, concurrimos al Hipódromo, lugar

desmantelado al que se penetra por un _bar-room_ donde todo es

algazara: el incompetente tablado tendrá cabida para quinientas

personas; hombres y señoras estaban en las gradas, adonde tenia aucion

de sentarse el que pagaba dos pesos á la entrada, y lo demás del

concurso disfrutaba de las caricias de Febo, capaces de achicharrar una

losa de mármol.... Vimos carreras como en San Francisco, pero de mucha

ménos importancia.

En las tardes prolongábamos nuestra sobremesa, disfrutando yo realmente

con la interesante conversacion de mis compañeros.

Alcalde narra de un modo admirable, gesticula, se apasiona, y en medio

de su tempestuosa exaltacion, es no solo modesto sino humilde, posee la

preciosa facultad de admirar el ajeno mérito, y confiesa sus errores

con lisura y sin reticencias.

Lancaster es sólido en sus raciocinios, sostiene sus ideas con firmeza,

muestra su saber sin pedantería y sabe escuchar, lo que es cualidad más

estimable de lo que á primera vista parece; ántes que todo, cuida de no

herir en lo más leve á su adversario; jamás llega en sus discusiones á

la porfía, y sus tendencias conciliadoras y su mesura le hacen parecer

poco franco; pero es en realidad porque desea que se tenga con él el

respeto que él dispensa á los demás.

Francisco Gomez del Palacio es seco y concentrado: habla poco, no

disputa jamás; pero cuando es incontenible para él una opinion,

estalla, se apasiona y se desborda en arranques de espontánea y

poderosa elocuencia: de selecta instruccion, de versacion constante en

griegos y latinos, de grande imaginacion y palabra fácil y brillante,

Gomez en el trato es dulce, condescendiente y servicial.

De Iglesias no hablo, porque podrian parecer muy parciales mis

consideraciones.

La diversidad de nuestros caractéres convertia en interesantes nuestras

pláticas, de que yo me aprovechaba sacando lecciones y teniendo motivo

de admirar á los que me honraban con su amistad.

A prima noche, dos ó tres de nosotros nos dirigiamos al correo, donde

con puntualidad extraordinaria se avisa dia por dia las entradas y

salidas de buques, los pasajeros que arriban al puerto y donde se

adquieren las noticias importantes de todo el globo.

Muy frecuentemente mis excursiones eran con Alcalde, quien se

endiosaba, se desmorecia con los charlatanes que con grande aparato

proclamaban sus mercancías.

En la calle del Canal, y al pié de la estatua de Clay, se fijaba uno

con su mesilla al frente, sus grandes hachones á los lados y á cierta

distancia un pizarron enorme.

Encarecia el vendedor un librito de aritmética de su invencion y

aplicable á las más complicadas operaciones mercantiles.

Planteaba su operacion pintando grandes números, despues exponia su

método comparándolo con otros: aquello era una maravilla. Se entablaban

diálogos, habia aplausos, se codeaba la gente, se decian chistes y se

desenlazaba el _spich_ con la realizacion de los cuadernos.

Alcalde se escurria entre la gente, aparecia sobre los hombros de los

espectadores, me llevaba á remolque.... declaramos el método admirable

y nunca pudimos sumar tres cantidades por el método americano.

El otro embaucador era más diestro: de un banco y un barril vacío habia

hecho su tribuna; cuando llegamos á verlo, se engullia copos de algodon

como si fueran anises; pero en número tal, de haber relleno para un

colchon camero. Hablaba de todo aquel hombre: decia que las medallas

que llevaba al pecho eran de todos los soberanos del mundo; Alcalde,

que se habia escurrido casi debajo del barril, descubrió que una de

esas supuestas medallas, era un peso falso de México.

Despues de citas de Griegos y Romanos, de despabilar sistemas

filosóficos y de hablar contra los gobernantes en sátiras tremendas y

algunas llenas de chiste, pasaba á tratar de su invento.

Este consistia en la aplicacion de una agua, imitacion de la de las

vertientes superiores del Eufrates, que extendida con una esponja

recogida en Ceylan, en el lago de los cocodrilos de fisonomía humana,

en cualquier objeto de lana, algodon, lino, seda, pelo, etc., etc.,

se le restituia toda su pureza.... diciendo esto se aparecia sobre

las mil cabezas que rodeaban al orador, un vaso de agua cristalina y

una bandeja de porcelana.... Salia entónces de su bolsillo, en una

botellita, el agua del Eufrates y con ella la esponja de Ceylan.

La gente aplaudia entusiasmada, Alcalde no perdia un solo movimiento

de aquel Robert Macaire americano, que soltaba chistes á diestra y

siniestra y tenia encadenado de sus labios á su auditorio.

Chaparro, rubicundo, chato, de ojos muy grandes y retozones, la blanca

corbata desanudada, el chaleco abierto de par en par, un tropel de

cabellos invadiendo su angosta frente.... su pañuelo blanco metido á

medias en la pretina del pantalon.... Ese era el hombre de la agua del

Eufrates.

Dispuesto el aparato, pidió á uno de los circunstantes un sombrero, que

se habria repudiado en cualquier figon como trapo de cocina; mostraba

el sombrero, con el blanco perdido entre la suciedad, vetas y bordes de

inmundicia....

--Aquí tienen vdes. el sombrero consagrado con el sudor del obrero......

--Hurra! hip! hurra! bramaba la multitud.

--¿Quitarás á tu familia su pan para un nuevo sombrero?

--_Not at oll_ (de ninguna manera).

--¿Qué hacer?

--La misma agua que quita todos los pecados del mundo (¿?) va á quitar

estas manchas. Llora el aseo sus lágrimas sobre la impureza....

Y cayeron unas gotas en la ala del sombrero; despues se vertió agua

natural, despues más lágrimas.... la esponja que se pasaba por el

sombrero lloraba á los apretones del yankee.... raudales de fango....

una aurora de limpieza apuntó en el sombrero.... despues aquel sombrero

estaba como acabado de sacar de la sombrerería.... aquello produjo el

frenesí.... Alcalde y yo compramos una docena de pomos del Eufrates con

sus respectivas esponjas....

Al siguiente dia, y sin que nadie lo advirtiese, hicimos colecta con

todos los sombreros de los negros de la casa, y procedimos Alcalde

y yo á poner en planta nuestra sublime adquisicion.... Aquello fué

espantoso: unos sombreros se fruncieron como hongos y jamás volvieron

á su forma; otros, como que se quemaron, despidiendo un hedor

intolerable, y otros, quedaron con unas vetas representando todos los

colores del íris.... Estábamos espantados de los efectos del agua del

Eufrates.... y algo nos costó aquietar á los negros.... que decian

riendo á carcajadas: _very well fine wotter_ (muy buena, el agua

fina....)

* * * * *

Interrumpiendo la monotonía de nuestras noches, fuimos invitados á la

iglesia parroquial, al casamiento de una linda cubana con un jóven

frances de una familia trabajadora y honrada.

La ceremonia se verificó á las siete de la noche, abiertas de par en

par las puertas, y cuidando un personaje jocosério de casacon militar,

sombrero de tres picos y desmesurado baston de grueso puño, á usanza de

nuestros tambores mayores, á quien llamaban el Suizo.

La ceremonia se verificó conforme al rito católico: la novia vestia

de encajes, con su velo blanco y su corona de azahares: desde la

sacristía hasta la puerta de la iglesia formaron valla compacta amigos

y curiosos, diciendo palabras lisonjeras á los novios á su tránsito, y

haciendo votos por su felicidad.

Salimos de la iglesia y nos dirigimos á la calle Dumain, á la casa de

la madrina, en que repicaba de contento el bodorrio.

El salon de la casa es extenso y estaba perfectamente iluminado;

grandes sofaes, espejos colosales, soberbias alfombras, y sobre todos

los adornos, los constitutivos de toda fiesta magnífica: luz, flores y

mujeres.

La concurrencia era numerosa, la música alegraba los ánimos y disponia

al placer.

Formábase la tertulia de cubanos y franceses casi en su totalidad, con

una que otra excepcion.

En el corredor ó pasadizo interior que conduce de la calle á un

pequeño, pero aseado y alegre patio, se tendieron asientos: en el patio

se figuró un bonito salon de refresco y se hacia servicio abundante y

perpétuo de licores exquisitos, helados, pasteles, _sandwichs_, carnes

frias y cuanto podria contentar al más exigente gastrónomo.

Reinaban la finura y la confianza; multitud de niños elegantemente

vestidos, corrian en todas direcciones, caracoleando entre las parejas

de baile, bailando en la antesala y armando gresca en el patio, cuando

tocaban al asalto de dulces y bizcochos.

Merced á las bondades inagotables de Quintero, nosotros, Alcalde y yo,

fuimos amigos considerados de aquella reunion selecta; hablábamos con

las señoras en el salon, conversábamos con los viejos retraidos al

pasadizo y bebiamos con la gente de buen humor, declarada en sesion

permanente en el departamento del ambigú.

Encargadas del servicio interior habria hasta una docena de mulatillas,

que así, vistas de soslayo y con toda la circunspeccion de los años y

de la buena crianza, me parecieron deliciosas.

Pechos levantados, cinturas breves, ojos _mordelones_ y un cútis

sonrosado, verdaderamente fino y agradable. Se mueven como si álguien

les hiciera cosquillas, y nadie se mete con ellas; ríen y ven

picarescas hasta á las personas mayores y de respeto; en una palabra,

son la encarnacion preciosa de la danza habanera, con todos sus

requiebros y campanitas.

Un tanto apartados de la mesa del ambigú, despabilados y contentos,

estaban algunos viejos chanceros, sazonando sendos tragos con añejos,

pero sabrosos recuerdos. Ya prodigaban sus cariños á los chicos, ya

decian sus flores á las lindas mozas.... ya hacian, _sotovoche_,

alusiones picarescas, pasando revista á las inquietas mulatillas....

Por supuesto que entre los viejos tuve mi lugar preferente, miéntras

Alcalde persuadia en la sala á una lindísima viudita.... que no era

verdad que hubiese sido casada, puesto que un solo mes vivió unida á su

esposo. Toda la chicana forense habia comprometido Joaquin en aquella

discusion, encanto de la viudita.

Graves autores de la Iglesia decian de Santa Teresa, añadió el letrado,

que á la santa repugnaba tanto el vino.... que una sola vez que bebió,

bebió tan poco.... que no bebió.... Vd. fué casada tan poco tiempo, que

no fué casada.... y lo probaria en un claustro de doctores....

Los viejos hablaban de los matrimonios americanos y á la usanza

americana, y uno de ellos contó, entre trago y trago, la siguiente

anécdota:

"Hace más de veinticinco años arribó á este puerto, procedente

de México, un M. Courtier, frances ó descendiente de frances,

segun su aspecto y su perfecta pronunciacion del español.

"Vivo, caballeroso, formal en sus tratos y entendido, se

dedicó á los negocios é hizo una pequeña fortuna.

"Los negocios á lo que parece no ocupaban todo su tiempo y se

dió traza para matar el fastidio, en las horas de descanso,

en union de una francecita dulce como el almíbar y graciosa

como una paloma enamorada.

[Ilustración:

_LIT. H. IRIARTE. MEXICO_

Hotel de S. Cárlos.

N. Orleans.]

"El caballero Courtier se vió obligado á separarse de Orleans;

y como cierta clase de compromisos se hacen y se deshacen por

estos mundos con la mayor facilidad, los chicos no volvieron á

verse.

"Mlle. Malville fué envuelta en los trastornos del Sur y

atacada de una cruel enfermedad: dejó al morir, á la hija que

llevaba su nombre, á cargo de una familia que le dió el suyo,

y fué conocida con el nombre de la Srita. Chertois, educándose

á la usanza americana y dando lecciones de piano y de frances

en aquel barrio.

"Entre tanto, M. Courtier, maltratado de la fortuna, se hundió

en una finca del Canadá, con su verdadero nombre mexicano, que

era Navarrete, y como si se lo hubiera tragado la tierra.

"Era el hombre bonachon, de excelente humor, filósofo como

viejo marido, flemudo como un aleman; y no obstante que estas

cualidades le hacian amar de sus criados, la vejez hacia el

vacío en su alrededor y pasaba tristes dias no obstante su

regular fortuna.

"Consultando el alivio de su mal, un yankee expedito le

aconsejó que se casase y que para el objeto pusiese un aviso

en los periódicos, diciendo quién era él y con qué cualidades

queria á la novia.

"Dicho y hecho: á los pocos dias, en los periódicos más

acreditados de la Union se leia un aviso, poco más ó ménos

concebido en los siguientes términos:

"M. Courtier, residente en el Canadá, con una fortuna de

setenta y dos mil pesos, desea casarse con una señorita

de ménos de treinta años, de buena salud, si es huérfana

mejor (los suegros siempre sobran), que no sea celosa ni

dada á las novelas, y que se resigne á vivir en el campo.

El solicitante es robusto, de buenas maneras, fuma poco y

no anda en malas compañías.--Dirigirse:--Nueva-York, casa

tal.--Missouri, H.--Nueva-Orleans, R."

"Muchas y muy interesantes jóvenes acudieron al llamamiento,

que á vd., me dijo, le parecerá singular; pero el corresponsal

de Orleans, jóven cubano encargado de una opulenta casa de

comercio, fué tan expresivo, hablaba en tales términos de las

virtudes y de las gracias de la Srita. Chertois, que el viejo

se enamoró perdidamente, dando instrucciones al corresponsal

para que arreglase todo lo concerniente á la boda, sin demorar

su felicidad.

"El jóven Martinez aprovechó el tiempo é hizo tan bien y con

tanto entusiasmo el papel de M. Courtier, que se habria dicho

que él era el amante, y amante tiernamente correspondido;

pero la fidelidad se llevó al extremo; y si hubo sospecha de

ardiente simpatía, la cubrió el disimulo de todo punto.

"Arreglóse la boda, se alquiló casa, se amuebló

provisionalmente, se corrieron todos los trámites y se esperó

al novio para la verificacion de los esponsales.

"El novio llegó ¡y cosa rara! no obstante sus años, se hizo

querer de la jóven y ésta realizó los ensueños del afortunado

viejo ...

"Citóse la ceremonia conyugal para pocos dias despues de la

llegada del anciano: acudió muy reducido número de personas.

"El notario, los testigos, algunos amigos, Martinez entre

ellos, estaban en la sala y se impacientaban porque los novios

no acababan de darse á luz....

"En el interior de la casa se representaba, entre tanto, un

curioso drama.

"Al salir la niña de su alcoba, preguntando por su esposo,

dejó entreabierta la puerta, y el impaciente consorte pudo

descubrir entre dos bujías, bella, encantadora, evocando sus

más tiernos recuerdos, el retrato de la mamá de la Srita.

Chertois, que no era otro que el de Mad. Malville....

"Un recuerdo terrible, un pensamiento súbito embargó al Sr.

Navarrete.... quien dijo que tenia que hablar dos palabras á

su mujer....

"Apartóse de todo el mundo aquella pareja.... Navarrete, ó

sea Courtier, entró en hondas explicaciones, y ella, ingénua,

modesta, purísima, expuso su vida, mostró sus sacrificios y

fué tan santa y buena con los autores de sus dias, que el

viejo lloraba á lágrima viva, abrazando conmovido á la hija de

su corazon.

"Los convidados á la boda, aunque sufridos, no pudieron

reprimir su impaciencia, hicieron una insinuacion á los

novios para que se presentasen.... Se presentaron al fin en

la sala.... y tomando Navarrete la palabra, dijo en tono de

arenga:

"No hay nada perdido, señores: no hay boda.

"(Movimiento, admiracion, rumores).

"Quieto todo el mundo: nada perdido, porque esta linda

muchacha es mi hija; sí, señores, mi hija de mi corazon....

Canario! y qué linda y virtuosa mi hija! Y no hay nada

perdido, porque siempre hay boda.... esta mocita y este

caballerito (señalando á Martinez), se querian y se

sacrificaban á mí.... y al fin se casarán, y serán ricos,

y tendré unos nietecitos como arcángeles.

"Esa música....! destapen Champaña....! y acabemos alegres,

al revés de las comedias, porque se deshizo la boda."

"Navarrete se estableció no léjos de aquí, y su familia, que

fué la de Martinez, llenó de felicidad sus últimos años.

"_Este es el cuentecito...._ "_¿Quién cuenta otro más

bonito?_"

Bebimos alegres por el recuerdo del matrimonio frustrado, que pinta

siempre una faz de la sociedad americana.

X

Sobremesa en casa de Quintero.--El Dr. Havá.--Turla. Su

muerte.--Sus versos á Rodriguez Galvan.--Quintero. Sus

versos.--Traducciones de Poe.--La estatua de Clay.--Soledad.--Dias

negros.

En la casa de Pepe Quintero, que veia y me enorgullezco de ver

como mia, tuve agradabilísimas reuniones con lo más inteligente y

distinguido de la sociedad literaria de Orleans.

Quintero habla y escribe en inglés con pureza y correccion, iluminando

su frase con la galanura de los idiomas latinos y el chiste del frances

especialmente.

Quintero y Dana son los hombres (entre los que he tratado), que en los

Estados-Unidos se pueden entender mejor y más popularmente con los

hombres de raza latina.

Quintero es un gran poeta: cierta ternura sombría; cierta filosofía

de la escuela de Byron, pero en el fondo llena de nobleza, hacen

adorables sus composiciones, principalmente las que se relacionan con

sus afectos íntimos.

Conocedor profundo del idioma inglés y de sus más atrevidos giros

poéticos, ha podido traducir á Edgar Poe, ese beodo sublime que puso

á la misma ciencia al servicio de la locura en su incomprensible

idealismo.

Quintero ha traducido brillantemente á Longfellow, reputado como

el primero de los poetas americanos, y yo lo creyera si no hubiera

aspirado el perfume de los bosques vírgenes en las solemnes

composiciones de mi amado William Bryant.

El elogio de las traducciones de Quintero lo ha hecho Longfellow,

y yo he visto carta suya en que tributa elogios que envanecerian á

cualquiera otro hombre de alma ménos grande que mi amigo.

Como decia, las tertulias de la casa de Quintero eran para mí

deliciosas: allí admiré mil veces la instruccion inmensa, la energía

independiente, la fé inquebrantable en los principios del viejo leon á

quien he dado á conocer con el nombre de Demitrich; allí esclarecí mis

dudas históricas con Gayarré, y allí tuve conocimiento con el Dr. Havá,

persona muy estimable y simpática.

El doctor tendrá cuarenta y cinco ó cuarenta y seis años; fornido, de

color moreno, de altiva frente y de ojos negros que despiden rayos de

penetracion y de pasiones tumultuosas.

Desciende de su cabeza á sus hombros, espesa melena de sedosos cabellos

que terminan en una rizada extremidad, como el doblez de un cortinaje.

Eso le da dureza á su conjunto; pero no solo Havá es hombre sabio sino

de una exquisita y sólida educacion, con ciertas originalidades, que

sin llegar á la extravagancia, lo hacen singular.

Sabio sin pedantería, humano y generoso, sensible á las bellezas

artísticas, á pesar de sus enemigos, es necesario confesarle mérito á

este doctor á quien mucho quiere Quintero.

Havá hizo su educacion en Paris, distinguiéndose mucho en su facultad;

delira con la preponderancia de la raza latina, y cubano independiente,

tiene por México especial predileccion, lo que, como debe suponerse, es

un título más á mi cariño.

Hablando de literatura en una sobremesa, se mencionaban las

publicaciones periódicas, señalando al _Picayune_, _El Times_, _El Daly

Democrate_ y _L'Abeille de la Nouveell-Orleans_, periódico frances en

algunas épocas, perfectamente redactado.

Hablándose de instituciones científicas y literarias, Havá habló en los

términos más elocuentes de la Academia Médica, ensalzando el mérito de

sus compañeros, sin rivalidades ni miserias.

A Quintero tocó el elogio del Ateneo Luisianés, que se puede citar como

representante digno de la literatura francesa.

Mercierz, novelista y escritor distinguido, es el secretario perpétuo

del establecimiento, y ha dado á luz "La Hija del Sacerdote Delery," y

otras obras de sobresaliente mérito.

Con suma complacencia, con verdadero orgullo escuché los elogios á la

Sra. Townsed, que ostenta modesta en su tocado de matrona ejemplar, la

diadema que ciñeron Saffo y Corina.

Yo lamento como una verdadera desgracia la pérdida de una lindísima

poesía dedicada á mis compañeros y á mí, y que se publicó en _El

Picayune_ con universal aplauso, como todo lo que sale de la pluma de

Xarifa. Lo que es yo, no soy imparcial: la quiero mucho, la admiro y le

vivo muy reconocido.

De una palabra en otra palabra, se encadenó la conversacion, como si

todos forjaran, cada uno su anillo de oro, para hablar de la literatura

habanera.

Resonó primero, en medio de nuestra profunda admiracion, nuestro

Heredia.... nuestro, porque aunque la fortuna quiso darle su cuna en

Cuba, nosotros le dimos templo á sus glorias y asilo á sus restos.

Milanes, Palma, y Plácido, tan esencialmente cubano como los palmares

y los plátanos que sombrean la herida, pero hermosísima frente de la

sultana favorita de las Antillas.

Hablando de esa constelacion que refleja su brillo en las aguas de

Cuba, forzosamente mencionamos á Turla.

Turla debia morir á los dos ó tres dias de esta conversacion; su

infortunio le engrandecia á nuestros ojos; la pobreza consagraba la

frente augusta del mártir; á su alma la veiamos desprenderse luminosa

de su antro de miseria, para incorporarse como una ola fulgente en el

infinito de la eternidad.

Turla era hijo de un sastre; desde sus primeros años, su génio activo y

soberbio protestó en favor de las libertades de sus compatriotas.

Ardiente amigo y admirador de Heredia, se complicó en sus trabajos

revolucionarios, y vivia hacia cuarenta años desterrado en Orleans.

Quiso dedicarse al periodismo, y no tenia la flexibilidad que ese

ejercicio batallador requiere. Daba lecciones y vivia en la miseria.

Así estaba muriendo.

Su inspiracion tiene el carácter ácre, incisivo, pero frecuentemente

sublime, de Barbier, á quien se le comparó durante el período

revolucionario.

Yo recordé las relaciones que contrajeron nuestro Rodriguez Galvan y

Turla en la Habana, cuando el uno, siguiendo su sino fatal, tropezó con

su tumba, y el otro estaba en vísperas de que la mano del destierro lo

robase para siempre del suelo de que puede llamarse honra y orgullo.

Me lamentaba de no poseer la composicion que Turla dirigió á Rodriguez

despues que éste asistió conmovido á la lectura del Conde de Alarcos, y

cuando concluyó le instaba Rodriguez á que fuese á radicarse en México.

Lamentaba, digo, no recordar esa composicion, cuando Havá, con

entonacion verdaderamente magnífica, declamó los versos de Turla, que

dicen así:

Viaje a los Estados Unidos, Tomo II · 第 30 / 94 题