Paseos.--El Hipódromo.--Escenas
nocturnas.--Alcalde.--Chascos.--Noches.--Clay.--Un
casamiento.--Leyenda de amores.
¡Fuera la murria, caballero! Alístese vd., vamos á pasear el boa por
esos mundos! Tales eran las exclamaciones de Joaquin cuando me veia con
_el tonto encima_, porque existe la piedad de la palabra y es frescor y
alivio para el alma la manifestacion de interes por nuestras penas....
Gomez del Palacio y Lancaster aplaudian.... tomaba mi sombrero, me iba
á acabar de vestir en la calle, y á paseo.... tomábamos un carrito, y
á _wagonear_, verbo de mi uso privado para designar los viajes ó el
ejercicio en wagon.
Así recorrimos los jardines, así paseamos bajo las frescas arboledas de
Carrondelet.
Allí donde habia una diversion, nos deteniamos.
En una de esas excursiones, concurrimos al Hipódromo, lugar
desmantelado al que se penetra por un _bar-room_ donde todo es
algazara: el incompetente tablado tendrá cabida para quinientas
personas; hombres y señoras estaban en las gradas, adonde tenia aucion
de sentarse el que pagaba dos pesos á la entrada, y lo demás del
concurso disfrutaba de las caricias de Febo, capaces de achicharrar una
losa de mármol.... Vimos carreras como en San Francisco, pero de mucha
ménos importancia.
En las tardes prolongábamos nuestra sobremesa, disfrutando yo realmente
con la interesante conversacion de mis compañeros.
Alcalde narra de un modo admirable, gesticula, se apasiona, y en medio
de su tempestuosa exaltacion, es no solo modesto sino humilde, posee la
preciosa facultad de admirar el ajeno mérito, y confiesa sus errores
con lisura y sin reticencias.
Lancaster es sólido en sus raciocinios, sostiene sus ideas con firmeza,
muestra su saber sin pedantería y sabe escuchar, lo que es cualidad más
estimable de lo que á primera vista parece; ántes que todo, cuida de no
herir en lo más leve á su adversario; jamás llega en sus discusiones á
la porfía, y sus tendencias conciliadoras y su mesura le hacen parecer
poco franco; pero es en realidad porque desea que se tenga con él el
respeto que él dispensa á los demás.
Francisco Gomez del Palacio es seco y concentrado: habla poco, no
disputa jamás; pero cuando es incontenible para él una opinion,
estalla, se apasiona y se desborda en arranques de espontánea y
poderosa elocuencia: de selecta instruccion, de versacion constante en
griegos y latinos, de grande imaginacion y palabra fácil y brillante,
Gomez en el trato es dulce, condescendiente y servicial.
De Iglesias no hablo, porque podrian parecer muy parciales mis
consideraciones.
La diversidad de nuestros caractéres convertia en interesantes nuestras
pláticas, de que yo me aprovechaba sacando lecciones y teniendo motivo
de admirar á los que me honraban con su amistad.
A prima noche, dos ó tres de nosotros nos dirigiamos al correo, donde
con puntualidad extraordinaria se avisa dia por dia las entradas y
salidas de buques, los pasajeros que arriban al puerto y donde se
adquieren las noticias importantes de todo el globo.
Muy frecuentemente mis excursiones eran con Alcalde, quien se
endiosaba, se desmorecia con los charlatanes que con grande aparato
proclamaban sus mercancías.
En la calle del Canal, y al pié de la estatua de Clay, se fijaba uno
con su mesilla al frente, sus grandes hachones á los lados y á cierta
distancia un pizarron enorme.
Encarecia el vendedor un librito de aritmética de su invencion y
aplicable á las más complicadas operaciones mercantiles.
Planteaba su operacion pintando grandes números, despues exponia su
método comparándolo con otros: aquello era una maravilla. Se entablaban
diálogos, habia aplausos, se codeaba la gente, se decian chistes y se
desenlazaba el _spich_ con la realizacion de los cuadernos.
Alcalde se escurria entre la gente, aparecia sobre los hombros de los
espectadores, me llevaba á remolque.... declaramos el método admirable
y nunca pudimos sumar tres cantidades por el método americano.
El otro embaucador era más diestro: de un banco y un barril vacío habia
hecho su tribuna; cuando llegamos á verlo, se engullia copos de algodon
como si fueran anises; pero en número tal, de haber relleno para un
colchon camero. Hablaba de todo aquel hombre: decia que las medallas
que llevaba al pecho eran de todos los soberanos del mundo; Alcalde,
que se habia escurrido casi debajo del barril, descubrió que una de
esas supuestas medallas, era un peso falso de México.
Despues de citas de Griegos y Romanos, de despabilar sistemas
filosóficos y de hablar contra los gobernantes en sátiras tremendas y
algunas llenas de chiste, pasaba á tratar de su invento.
Este consistia en la aplicacion de una agua, imitacion de la de las
vertientes superiores del Eufrates, que extendida con una esponja
recogida en Ceylan, en el lago de los cocodrilos de fisonomía humana,
en cualquier objeto de lana, algodon, lino, seda, pelo, etc., etc.,
se le restituia toda su pureza.... diciendo esto se aparecia sobre
las mil cabezas que rodeaban al orador, un vaso de agua cristalina y
una bandeja de porcelana.... Salia entónces de su bolsillo, en una
botellita, el agua del Eufrates y con ella la esponja de Ceylan.
La gente aplaudia entusiasmada, Alcalde no perdia un solo movimiento
de aquel Robert Macaire americano, que soltaba chistes á diestra y
siniestra y tenia encadenado de sus labios á su auditorio.
Chaparro, rubicundo, chato, de ojos muy grandes y retozones, la blanca
corbata desanudada, el chaleco abierto de par en par, un tropel de
cabellos invadiendo su angosta frente.... su pañuelo blanco metido á
medias en la pretina del pantalon.... Ese era el hombre de la agua del
Eufrates.
Dispuesto el aparato, pidió á uno de los circunstantes un sombrero, que
se habria repudiado en cualquier figon como trapo de cocina; mostraba
el sombrero, con el blanco perdido entre la suciedad, vetas y bordes de
inmundicia....
--Aquí tienen vdes. el sombrero consagrado con el sudor del obrero......
--Hurra! hip! hurra! bramaba la multitud.
--¿Quitarás á tu familia su pan para un nuevo sombrero?
--_Not at oll_ (de ninguna manera).
--¿Qué hacer?
--La misma agua que quita todos los pecados del mundo (¿?) va á quitar
estas manchas. Llora el aseo sus lágrimas sobre la impureza....
Y cayeron unas gotas en la ala del sombrero; despues se vertió agua
natural, despues más lágrimas.... la esponja que se pasaba por el
sombrero lloraba á los apretones del yankee.... raudales de fango....
una aurora de limpieza apuntó en el sombrero.... despues aquel sombrero
estaba como acabado de sacar de la sombrerería.... aquello produjo el
frenesí.... Alcalde y yo compramos una docena de pomos del Eufrates con
sus respectivas esponjas....
Al siguiente dia, y sin que nadie lo advirtiese, hicimos colecta con
todos los sombreros de los negros de la casa, y procedimos Alcalde
y yo á poner en planta nuestra sublime adquisicion.... Aquello fué
espantoso: unos sombreros se fruncieron como hongos y jamás volvieron
á su forma; otros, como que se quemaron, despidiendo un hedor
intolerable, y otros, quedaron con unas vetas representando todos los
colores del íris.... Estábamos espantados de los efectos del agua del
Eufrates.... y algo nos costó aquietar á los negros.... que decian
riendo á carcajadas: _very well fine wotter_ (muy buena, el agua
fina....)
* * * * *
Interrumpiendo la monotonía de nuestras noches, fuimos invitados á la
iglesia parroquial, al casamiento de una linda cubana con un jóven
frances de una familia trabajadora y honrada.
La ceremonia se verificó á las siete de la noche, abiertas de par en
par las puertas, y cuidando un personaje jocosério de casacon militar,
sombrero de tres picos y desmesurado baston de grueso puño, á usanza de
nuestros tambores mayores, á quien llamaban el Suizo.
La ceremonia se verificó conforme al rito católico: la novia vestia
de encajes, con su velo blanco y su corona de azahares: desde la
sacristía hasta la puerta de la iglesia formaron valla compacta amigos
y curiosos, diciendo palabras lisonjeras á los novios á su tránsito, y
haciendo votos por su felicidad.
Salimos de la iglesia y nos dirigimos á la calle Dumain, á la casa de
la madrina, en que repicaba de contento el bodorrio.
El salon de la casa es extenso y estaba perfectamente iluminado;
grandes sofaes, espejos colosales, soberbias alfombras, y sobre todos
los adornos, los constitutivos de toda fiesta magnífica: luz, flores y
mujeres.
La concurrencia era numerosa, la música alegraba los ánimos y disponia
al placer.
Formábase la tertulia de cubanos y franceses casi en su totalidad, con
una que otra excepcion.
En el corredor ó pasadizo interior que conduce de la calle á un
pequeño, pero aseado y alegre patio, se tendieron asientos: en el patio
se figuró un bonito salon de refresco y se hacia servicio abundante y
perpétuo de licores exquisitos, helados, pasteles, _sandwichs_, carnes
frias y cuanto podria contentar al más exigente gastrónomo.
Reinaban la finura y la confianza; multitud de niños elegantemente
vestidos, corrian en todas direcciones, caracoleando entre las parejas
de baile, bailando en la antesala y armando gresca en el patio, cuando
tocaban al asalto de dulces y bizcochos.
Merced á las bondades inagotables de Quintero, nosotros, Alcalde y yo,
fuimos amigos considerados de aquella reunion selecta; hablábamos con
las señoras en el salon, conversábamos con los viejos retraidos al
pasadizo y bebiamos con la gente de buen humor, declarada en sesion
permanente en el departamento del ambigú.
Encargadas del servicio interior habria hasta una docena de mulatillas,
que así, vistas de soslayo y con toda la circunspeccion de los años y
de la buena crianza, me parecieron deliciosas.
Pechos levantados, cinturas breves, ojos _mordelones_ y un cútis
sonrosado, verdaderamente fino y agradable. Se mueven como si álguien
les hiciera cosquillas, y nadie se mete con ellas; ríen y ven
picarescas hasta á las personas mayores y de respeto; en una palabra,
son la encarnacion preciosa de la danza habanera, con todos sus
requiebros y campanitas.
Un tanto apartados de la mesa del ambigú, despabilados y contentos,
estaban algunos viejos chanceros, sazonando sendos tragos con añejos,
pero sabrosos recuerdos. Ya prodigaban sus cariños á los chicos, ya
decian sus flores á las lindas mozas.... ya hacian, _sotovoche_,
alusiones picarescas, pasando revista á las inquietas mulatillas....
Por supuesto que entre los viejos tuve mi lugar preferente, miéntras
Alcalde persuadia en la sala á una lindísima viudita.... que no era
verdad que hubiese sido casada, puesto que un solo mes vivió unida á su
esposo. Toda la chicana forense habia comprometido Joaquin en aquella
discusion, encanto de la viudita.
Graves autores de la Iglesia decian de Santa Teresa, añadió el letrado,
que á la santa repugnaba tanto el vino.... que una sola vez que bebió,
bebió tan poco.... que no bebió.... Vd. fué casada tan poco tiempo, que
no fué casada.... y lo probaria en un claustro de doctores....
Los viejos hablaban de los matrimonios americanos y á la usanza
americana, y uno de ellos contó, entre trago y trago, la siguiente
anécdota:
"Hace más de veinticinco años arribó á este puerto, procedente
de México, un M. Courtier, frances ó descendiente de frances,
segun su aspecto y su perfecta pronunciacion del español.
"Vivo, caballeroso, formal en sus tratos y entendido, se
dedicó á los negocios é hizo una pequeña fortuna.
"Los negocios á lo que parece no ocupaban todo su tiempo y se
dió traza para matar el fastidio, en las horas de descanso,
en union de una francecita dulce como el almíbar y graciosa
como una paloma enamorada.
[Ilustración:
_LIT. H. IRIARTE. MEXICO_
Hotel de S. Cárlos.
N. Orleans.]
"El caballero Courtier se vió obligado á separarse de Orleans;
y como cierta clase de compromisos se hacen y se deshacen por
estos mundos con la mayor facilidad, los chicos no volvieron á
verse.
"Mlle. Malville fué envuelta en los trastornos del Sur y
atacada de una cruel enfermedad: dejó al morir, á la hija que
llevaba su nombre, á cargo de una familia que le dió el suyo,
y fué conocida con el nombre de la Srita. Chertois, educándose
á la usanza americana y dando lecciones de piano y de frances
en aquel barrio.
"Entre tanto, M. Courtier, maltratado de la fortuna, se hundió
en una finca del Canadá, con su verdadero nombre mexicano, que
era Navarrete, y como si se lo hubiera tragado la tierra.
"Era el hombre bonachon, de excelente humor, filósofo como
viejo marido, flemudo como un aleman; y no obstante que estas
cualidades le hacian amar de sus criados, la vejez hacia el
vacío en su alrededor y pasaba tristes dias no obstante su
regular fortuna.
"Consultando el alivio de su mal, un yankee expedito le
aconsejó que se casase y que para el objeto pusiese un aviso
en los periódicos, diciendo quién era él y con qué cualidades
queria á la novia.
"Dicho y hecho: á los pocos dias, en los periódicos más
acreditados de la Union se leia un aviso, poco más ó ménos
concebido en los siguientes términos:
"M. Courtier, residente en el Canadá, con una fortuna de
setenta y dos mil pesos, desea casarse con una señorita
de ménos de treinta años, de buena salud, si es huérfana
mejor (los suegros siempre sobran), que no sea celosa ni
dada á las novelas, y que se resigne á vivir en el campo.
El solicitante es robusto, de buenas maneras, fuma poco y
no anda en malas compañías.--Dirigirse:--Nueva-York, casa
tal.--Missouri, H.--Nueva-Orleans, R."
"Muchas y muy interesantes jóvenes acudieron al llamamiento,
que á vd., me dijo, le parecerá singular; pero el corresponsal
de Orleans, jóven cubano encargado de una opulenta casa de
comercio, fué tan expresivo, hablaba en tales términos de las
virtudes y de las gracias de la Srita. Chertois, que el viejo
se enamoró perdidamente, dando instrucciones al corresponsal
para que arreglase todo lo concerniente á la boda, sin demorar
su felicidad.
"El jóven Martinez aprovechó el tiempo é hizo tan bien y con
tanto entusiasmo el papel de M. Courtier, que se habria dicho
que él era el amante, y amante tiernamente correspondido;
pero la fidelidad se llevó al extremo; y si hubo sospecha de
ardiente simpatía, la cubrió el disimulo de todo punto.
"Arreglóse la boda, se alquiló casa, se amuebló
provisionalmente, se corrieron todos los trámites y se esperó
al novio para la verificacion de los esponsales.
"El novio llegó ¡y cosa rara! no obstante sus años, se hizo
querer de la jóven y ésta realizó los ensueños del afortunado
viejo ...
"Citóse la ceremonia conyugal para pocos dias despues de la
llegada del anciano: acudió muy reducido número de personas.
"El notario, los testigos, algunos amigos, Martinez entre
ellos, estaban en la sala y se impacientaban porque los novios
no acababan de darse á luz....
"En el interior de la casa se representaba, entre tanto, un
curioso drama.
"Al salir la niña de su alcoba, preguntando por su esposo,
dejó entreabierta la puerta, y el impaciente consorte pudo
descubrir entre dos bujías, bella, encantadora, evocando sus
más tiernos recuerdos, el retrato de la mamá de la Srita.
Chertois, que no era otro que el de Mad. Malville....
"Un recuerdo terrible, un pensamiento súbito embargó al Sr.
Navarrete.... quien dijo que tenia que hablar dos palabras á
su mujer....
"Apartóse de todo el mundo aquella pareja.... Navarrete, ó
sea Courtier, entró en hondas explicaciones, y ella, ingénua,
modesta, purísima, expuso su vida, mostró sus sacrificios y
fué tan santa y buena con los autores de sus dias, que el
viejo lloraba á lágrima viva, abrazando conmovido á la hija de
su corazon.
"Los convidados á la boda, aunque sufridos, no pudieron
reprimir su impaciencia, hicieron una insinuacion á los
novios para que se presentasen.... Se presentaron al fin en
la sala.... y tomando Navarrete la palabra, dijo en tono de
arenga:
"No hay nada perdido, señores: no hay boda.
"(Movimiento, admiracion, rumores).
"Quieto todo el mundo: nada perdido, porque esta linda
muchacha es mi hija; sí, señores, mi hija de mi corazon....
Canario! y qué linda y virtuosa mi hija! Y no hay nada
perdido, porque siempre hay boda.... esta mocita y este
caballerito (señalando á Martinez), se querian y se
sacrificaban á mí.... y al fin se casarán, y serán ricos,
y tendré unos nietecitos como arcángeles.
"Esa música....! destapen Champaña....! y acabemos alegres,
al revés de las comedias, porque se deshizo la boda."
"Navarrete se estableció no léjos de aquí, y su familia, que
fué la de Martinez, llenó de felicidad sus últimos años.
"_Este es el cuentecito...._ "_¿Quién cuenta otro más
bonito?_"
Bebimos alegres por el recuerdo del matrimonio frustrado, que pinta
siempre una faz de la sociedad americana.
X
Sobremesa en casa de Quintero.--El Dr. Havá.--Turla. Su
muerte.--Sus versos á Rodriguez Galvan.--Quintero. Sus
versos.--Traducciones de Poe.--La estatua de Clay.--Soledad.--Dias
negros.
En la casa de Pepe Quintero, que veia y me enorgullezco de ver
como mia, tuve agradabilísimas reuniones con lo más inteligente y
distinguido de la sociedad literaria de Orleans.
Quintero habla y escribe en inglés con pureza y correccion, iluminando
su frase con la galanura de los idiomas latinos y el chiste del frances
especialmente.
Quintero y Dana son los hombres (entre los que he tratado), que en los
Estados-Unidos se pueden entender mejor y más popularmente con los
hombres de raza latina.
Quintero es un gran poeta: cierta ternura sombría; cierta filosofía
de la escuela de Byron, pero en el fondo llena de nobleza, hacen
adorables sus composiciones, principalmente las que se relacionan con
sus afectos íntimos.
Conocedor profundo del idioma inglés y de sus más atrevidos giros
poéticos, ha podido traducir á Edgar Poe, ese beodo sublime que puso
á la misma ciencia al servicio de la locura en su incomprensible
idealismo.
Quintero ha traducido brillantemente á Longfellow, reputado como
el primero de los poetas americanos, y yo lo creyera si no hubiera
aspirado el perfume de los bosques vírgenes en las solemnes
composiciones de mi amado William Bryant.
El elogio de las traducciones de Quintero lo ha hecho Longfellow,
y yo he visto carta suya en que tributa elogios que envanecerian á
cualquiera otro hombre de alma ménos grande que mi amigo.
Como decia, las tertulias de la casa de Quintero eran para mí
deliciosas: allí admiré mil veces la instruccion inmensa, la energía
independiente, la fé inquebrantable en los principios del viejo leon á
quien he dado á conocer con el nombre de Demitrich; allí esclarecí mis
dudas históricas con Gayarré, y allí tuve conocimiento con el Dr. Havá,
persona muy estimable y simpática.
El doctor tendrá cuarenta y cinco ó cuarenta y seis años; fornido, de
color moreno, de altiva frente y de ojos negros que despiden rayos de
penetracion y de pasiones tumultuosas.
Desciende de su cabeza á sus hombros, espesa melena de sedosos cabellos
que terminan en una rizada extremidad, como el doblez de un cortinaje.
Eso le da dureza á su conjunto; pero no solo Havá es hombre sabio sino
de una exquisita y sólida educacion, con ciertas originalidades, que
sin llegar á la extravagancia, lo hacen singular.
Sabio sin pedantería, humano y generoso, sensible á las bellezas
artísticas, á pesar de sus enemigos, es necesario confesarle mérito á
este doctor á quien mucho quiere Quintero.
Havá hizo su educacion en Paris, distinguiéndose mucho en su facultad;
delira con la preponderancia de la raza latina, y cubano independiente,
tiene por México especial predileccion, lo que, como debe suponerse, es
un título más á mi cariño.
Hablando de literatura en una sobremesa, se mencionaban las
publicaciones periódicas, señalando al _Picayune_, _El Times_, _El Daly
Democrate_ y _L'Abeille de la Nouveell-Orleans_, periódico frances en
algunas épocas, perfectamente redactado.
Hablándose de instituciones científicas y literarias, Havá habló en los
términos más elocuentes de la Academia Médica, ensalzando el mérito de
sus compañeros, sin rivalidades ni miserias.
A Quintero tocó el elogio del Ateneo Luisianés, que se puede citar como
representante digno de la literatura francesa.
Mercierz, novelista y escritor distinguido, es el secretario perpétuo
del establecimiento, y ha dado á luz "La Hija del Sacerdote Delery," y
otras obras de sobresaliente mérito.
Con suma complacencia, con verdadero orgullo escuché los elogios á la
Sra. Townsed, que ostenta modesta en su tocado de matrona ejemplar, la
diadema que ciñeron Saffo y Corina.
Yo lamento como una verdadera desgracia la pérdida de una lindísima
poesía dedicada á mis compañeros y á mí, y que se publicó en _El
Picayune_ con universal aplauso, como todo lo que sale de la pluma de
Xarifa. Lo que es yo, no soy imparcial: la quiero mucho, la admiro y le
vivo muy reconocido.
De una palabra en otra palabra, se encadenó la conversacion, como si
todos forjaran, cada uno su anillo de oro, para hablar de la literatura
habanera.
Resonó primero, en medio de nuestra profunda admiracion, nuestro
Heredia.... nuestro, porque aunque la fortuna quiso darle su cuna en
Cuba, nosotros le dimos templo á sus glorias y asilo á sus restos.
Milanes, Palma, y Plácido, tan esencialmente cubano como los palmares
y los plátanos que sombrean la herida, pero hermosísima frente de la
sultana favorita de las Antillas.
Hablando de esa constelacion que refleja su brillo en las aguas de
Cuba, forzosamente mencionamos á Turla.
Turla debia morir á los dos ó tres dias de esta conversacion; su
infortunio le engrandecia á nuestros ojos; la pobreza consagraba la
frente augusta del mártir; á su alma la veiamos desprenderse luminosa
de su antro de miseria, para incorporarse como una ola fulgente en el
infinito de la eternidad.
Turla era hijo de un sastre; desde sus primeros años, su génio activo y
soberbio protestó en favor de las libertades de sus compatriotas.
Ardiente amigo y admirador de Heredia, se complicó en sus trabajos
revolucionarios, y vivia hacia cuarenta años desterrado en Orleans.
Quiso dedicarse al periodismo, y no tenia la flexibilidad que ese
ejercicio batallador requiere. Daba lecciones y vivia en la miseria.
Así estaba muriendo.
Su inspiracion tiene el carácter ácre, incisivo, pero frecuentemente
sublime, de Barbier, á quien se le comparó durante el período
revolucionario.
Yo recordé las relaciones que contrajeron nuestro Rodriguez Galvan y
Turla en la Habana, cuando el uno, siguiendo su sino fatal, tropezó con
su tumba, y el otro estaba en vísperas de que la mano del destierro lo
robase para siempre del suelo de que puede llamarse honra y orgullo.
Me lamentaba de no poseer la composicion que Turla dirigió á Rodriguez
despues que éste asistió conmovido á la lectura del Conde de Alarcos, y
cuando concluyó le instaba Rodriguez á que fuese á radicarse en México.
Lamentaba, digo, no recordar esa composicion, cuando Havá, con
entonacion verdaderamente magnífica, declamó los versos de Turla, que
dicen así: