Nueva-Orleans.--1877.
Entre las personas á quienes debimos favor y delicadas atenciones,
ocupa lugar señalado el Sr. Manuel Payró, comerciante establecido en
Orleans y persona justamente considerada de cuantos le conocen.
El Sr. Payró tenia más estrecha relacion con el Sr. Alcalde que con los
demás compañeros, y le hizo invitacion para que asistiésemos á un baile
que daba la Sociedad de Talía en Grunewald Hall, calle de Camp, donde
hay un depósito de pianos, y contiene el edificio magníficos salones.
En dos por tres hicimos Alcalde y yo, que fuimos los únicos que
asistimos, nuestros preparativos, reparamos nuestros equipajes y nos
lanzamos á hacer conocimiento con una parte selecta de la sociedad de
Orleans.
Al fin de la amplia escalera del establecimiento, iluminada, como todo
él, con gas, se levanta un pórtico con altísimas columnas y tendido
cortinaje, que como si se levantara el telon de un teatro, descubre
inesperadamente y en toda su grandeza, el salon.
De pronto nos pareció que la gente se disponia á salir, que estaba de
viaje, porque todo el mundo se conservaba de pié: despues vimos con más
detenimiento.
El salon tiene tres naves divididas con robustas columnas, y su
extension será de treinta varas de largo por veinticinco de ancho.
Pegada á la pared, y á conveniente altura, corre en toda la extension
del salon una angosta banca, poco frecuentada, y en el fondo del salon
nos pareció distinguir la orquesta y unos cuantos asientos.... De
suerte que cuando se dice á bailar.... á bailar.
Como es de rigor en esas funciones, las notabilidades de la asociacion
y los ordenadores de la fiesta, vestidos de rigurosa etiqueta, llevaban
al ojal del frac anchos listones que advertian la autoridad de que
estaban revestidos.
Todos los concurrentes, sin excepcion ninguna, hasta nosotros, recibian
á la entrada sus tarjetas, que decian: