Dejamos por fin, amigo,
El palacio de tablones,
Donde para recogerme
Tenia que echar los bofes,
Y era como una maraña
De trapos y callejones,
Con sirvientas irlandesas,
Tan viejas y tan sin goznes,
Que parecian roperos
O destartalados coches;
Con falúas por chancletas,
Con biombos por peinetones,
Con el empaque de brujas
Y con sus bigotes de hombre.
Y dejamos unos negros
Tan broncos y tan feroces,
Que eran mi terror y espanto,
Cuando en medio de la noche
Me soltaban un bufido
O relinchaban atroces,
O en silencio me clavaban
Sus ojos relumbradores,
Sacando los dientes blancos
Y haciendo sus contorsiones.
A un _bording_ nos trasladamos,
Donde al fin se reconocen
Las costumbres de un cristiano,
Lo que bebe y lo que come;
Mas ¡qué rumbo santo cielo!
¡Qué calle y qué alrededores!
Los caños son como acequias,
Las losas no se conocen,
Las calles tienen _tiricia_,
Cólico los corredores;
Cada puerta es un pujido,
Y un sabañon cada poste,
Danzan menudos ladrillos
En el fango, tan sin órden,
Como en las mesas revueltas
Confundidos borradores.
La mugre aparece en costras,
Grasa en tablas y escalones,
Y hay basura desde el tiempo
De hispanos conquistadores.
No es basura, es la osamenta
De veinte generaciones;
Pedazos de gorros griegos,
Trompetas de cazadores,
Pretinas de calzon corto,
Trenzas, picos, guantes, broches,
Todo en menudos fragmentos,
En putrefaccion, cual ponen
Piltrafas en un caldero,
O en paila de hacer jabones.
Si espías por estas casas,
Con excepcion se supone
De dos ó tres, como presas
En esta piel de jamones,
Te espantas, porque es el antro,
La caverna; abierto abdómen
Que encierra unos intestinos
Incomprensibles y atroces;
Es la blasfemia del trapo,
Es del cochambre el mitote,
La epilepsía del mueble,
La asma, y la lepra, y la podre.
Si una silla tiene bizma,
Un espejo forma noche,
Los calderos tienen sueño,
Los gatos retortijones,
Los perros son cual cañutos,
Tan flacos y tan deformes,
Que á ranas y lagartijas
Parecen servir de moldes.
Y qué gentes, ¡Dios eterno!
Ni el demonio las conoce:
No son cabezas, de pelos
Son montañas y morriones:
Los cañones de las botas
Los calzan cuando son hombres;
Pero de que son mujeres,
¡Qué reversos! ¡qué facciones!
¡Y qué enredarse las piernas
En fundas como en bolsones,
En balijas del correo,
En camisones de coche!
¡Hombre!.... tú eres de buen gusto,
Y tú que al mundo conoces,
¿Dime si esto es de cristianos,
Si tal cosa está en el órden?
Puedo jurarte que hay seno
En que se oculta un birloche,
Y donde creí de léjos
Distinguir dos bandolones;
Y si á esto agregas los negros
Que relumbran, que te exponen
A unirte á todos los diablos
Antes que llamarlos hombres.
Y si son negras, ¡Dios mio!
_Inducas intentaciones...._
Yo les tiemblo, me figuro
Que descuidado me cogen
Y que me plantan un beso
Que el sentido me trastorne....!
Hombre, si les tengo miedo;
Hombre, si miras visiones
Cuando de cerca las miras.
Pero, Pepe, si es de noche,
Quiero que llamen al guarda,
Pretendo que á fuego toquen,
Y empapo en agua bendita
La levita y los calzones.
Esta es la calle, mi amigo,
Sin mencionar pormenores
Como unas ratas gigantes
Que en fuga á los gatos ponen,
Y un hedor y unas tinieblas
Que me saben á _jocoque_;
Y no te pongo en el verso
De mi triste calle el nombre,
Porque como de esto hay mucho,
Pretendo que se equivoquen.