Esta reclamacion se esforzó tan acaloradamente, que no dejaron arbítrio

al Comisionado para dar evasion á la solicitud, que el de reponer que el

término de un año era corto: que no estaba en el límite de sus

facultades prestarse llanamente, y que daria cuenta á su gobierno, para

que enterado, resolviese la indicada pretension. Acto continuo,

procuraron exigir les otorgase la Comision á nombre del Gobierno, no

solo la entrada franca, sino tambien los precios á que debian darseles

los efectos de sus permutas, por cuanto observaban una alteracion tan

subida en cotejo con los años anteriores, que parecia dedicarse todos á

sacrificarlos. Creyeron que seria conveniente la variacion de corrales y

corraleros, y tambien pidieron la supresion de unos, y la habilitacion

de otros, y fueron discurriendo tan favorablemente en su beneficio, que

desde la Sierra de la Ventana querian imponer la ley á los comerciantes

con ellos en la capital; reclamando ademas una seguridad de sus personas

é intereses, que mas bien aparecerian sirvientes de ellos los

negociantes, tropas que pretendian de custodia, y el gobierno mismo, que

contratantes libres en este caso. La Comision creyó hallarse en el caso

que le señala el artículo nono de sus instrucciones, acerca de hacerles

entender que entre las partes contratantes continuarian del mismo modo

la amistad y la paz existente, procurando del mejor modo posible

terminar el presente tratado y retirarse: porque no siendo fácil

garantir ninguna proposicion que por ellos se aceptase, y conociendo por

otra parte que procedian con miras dobles, aparentando amistad que no

tenian miras de guardar, y que su íntimo deseo era sacrificar la

Comision, ó al menos detenerla, era forzoso atemperar á las

circunstancias, sacando la única ventaja que se propuso la Comision, y

aun el Gobierno, de reconocer sus intenciones, sus fuerzas fisicas, sus

campañas, la poblacion de las diferentes tribus, la estadística en

general y su industria, con menos dudas y obscuridad que la que hasta

aquí teniamos: convencida la Comision de que una fuerza imponente, ó

medidas correspondientes, podrian hacer que abatiesen el orgullo con que

se creian sobrepuestos á las nuestras.

Siguió la algazara y alegria en celebracion de lo estipulado, y duró mas

de una hora el desórden, con las petulancias acostumbradas: en el

momento se ordenó se bajase de las carretas la yerba y tabaco que

hubiese, reservando una tercera parte para los que se debian reunir mas

adelante. Se formaron todos los caciques, para que cada uno recibiese su

parte en aquellas especies, como en otros artículos que se les llevaba

al efecto, hacièndose los pequeños lotes para cada uno igualmente,

excepto el principal. El pueblo rodeaba ó formaba barrera á este

espectáculo, agradable á su vista, y ciertamente veiamos que la barrera

era peligrosa, porque eran los primeros que pedian, é impedian que se

hiciese cosa en òrden. Se repartió todo lo que se les llevaba, pero su

petulancia no se contentaba con lo que á cada uno le habia tocado, sino

que codiciaban lo poco que habia quedado de reserva; y estas

aspiraciones con mal tono, queriendo violar el lugar del depósito. Dos

horas se pasaron en estas reparticiones desordenadas, y fuè menester que

el cacique principal aquietase los tumultos que se preparaban para

chocar, ya con sus mismos compañeros que habian participado mas, ó

desigualmente, ya con el repartidor de las especies, ó con el

Comisionado, quien procuraba por su parte quedase todo transado,

recompensando ó añadiendo á los que no habian tomado igual parte, y

despacharlos. A los caciques se les obsequió lo mejor que se pudo, pero

de los muchos que habia, querian que todo se les diese, y no pasase nada

la Comision adelante para sus enemigos. Tanta fué la impudencia de estos

hombres, que fué menester darles la mayor parte de lo reservado, segunda

vez. En seguida, la plebe volvia á segundar sus caciques, y á todos era

menester agradarlos: á estos últimos los capitaneaban los desertores,

que el deseo de hacer mal hacia que molestasen con tanta impertinencia.

Ninguna razon, por formal que fuese, de las muchas que le hacia el

Comisionado, bastaba para calmarlos, hasta que los caciques los hicieron

retirar á sus respectivos campos, quejándose de lo poco que les habia

tocado.

A las 4 de la tarde, despues que muchas divisiones se habian marchado

con sus caciques á sus toldos, y concluido sus pactos particulares con

la Comision, arribó una de Huilliches, á cuatro cuadras del campo: á

esta distancia hizo alto, y despues de esta ceremonia, formada en

batalla en ala, se desordenó completamente, en correrias al rededor del

cacique que la mandaba, llamado Llampilcó, conocido con el nombre del

_Cacique Negro_. La division hizo alto segunda vez, y sus caciques

arribaron á nuestro campo à felicitar y saludar á la Comision. Esta los

recibió con todo el agrado y demostraciones de cariño que su buena

disposicion y sincera amistad exigia. El principal, ó Llampilcó, despues

de un largo razonamiento, reducido á los tratados que su tribu deseaba

entablar con la Comision, y las relaciones de su comercio recíproco,

dijo que no habia podido arribar á la par de la otra division que se

habia hallado en los tratados y reunion general, porque la distancia en

que se hallaba no se lo habia permitido: que habia sabido las cuestiones

que se habian suscitado acerca de la forma come se debia celebrar la

reunion: que hubiera sentido á la verdad, hallarse en ella, porque su

opinion la hubiese sostenido con su fuerza, y no hubiese permitido se

violentase el dictámen de la Comision y del cacique Lincon, por hombres

cuyo espíritu é interes era conocido: que su tribu jamas se habia unido

con ellos en sus coalizaciones generales, porque conocia su carácter

ambicioso y falso: que el interes era el que obraba en sus tratos, y no

se encontraba ninguno en donde no se conociese este espirítu, y que no

solamente con los extrangeros, sino con los mismos suyos: que á la tribu

Tehuelcha jamas se le imputarian estas calidades degradantes, ni menos

esos robos y tropelias cometidas en la frontera: que lo que deseaban era

un pacto serio, por que se asegurase la tranquilidad y posesion del

comercio, y se acabasen esas épocas tristes que los habian degradado, y

hecho sufrir pérdidas irreparables en sus propiedades y familias: que á

parte de su tribu y á èl se les habia despojado, por un derecho injusto,

de los terrenos que antes habitaban, desde el cabo San Antonio ó rincon

del Tuyú, hasta las faldas del monte Volcan, y principalmente al que

habitaba la laguna de los Camarones, grandes y chicos: que estas

pérdidas las habian sufrido por no mezclarse en cuestiones, que mas les

hubiesen hecho perder que lo que podian haber conseguido, prefiriendo

retirarse á vivir á las riberas del Colorado en paz, sin que nadie

perturbase su tranquilidad, ni menos fuesen violadas sus propiedades:

que desde esta época, una vez sola capitaneó su gente en una correria,

porque no tenian como sustentar á sus familias; pero que nunca se unió

con los incursores continuos, ni menos cometió ninguna atrocidad con las

poblaciones de la costa á donde arribó, y solamente llevó una tropa de

ganado á sus establecimientos: que con toda franqueza confesaba esta

accion, ni tendria porque temer, cuando en ellos se encontraba tal vez

un derecho para hacerlo. Concluyó con que la paz era lo que deseaba

entablar con la Comision, sin poner ningunas condiciones, ni menos

ningun interes en un pacto de donde les provenian ventajas

incalculables: que al dia siguiente se marcharia con su division,

llevando este lauro incomparable, que haria la felicidad de sus familias

y un porvenir tranquilo en el seno de ellas[33].

El Sr. Coronel felicitó al cacique Llampilcó, por la sinceridad y

franqueza de su trato, y las buenas disposiciones de su tribu, hácia la

union y felicidad futura que la paz les proporcionaba, y el desinteres

que manifestaban en un pacto tan solemne, y al mismo tiempo la franqueza

con que se ofrecian á socorrer y proteger la Comision en su marcha á los

segundos toldos con los caciques disidentes: que esta conducta seria

recomendada, lo mismo la que habian guardado hasta entonces, y que la

Comision no podia menos de quedar agradecida. En el momento se le hizo

dar algunos regalos á él y sus cuatro compañeros mas que lo acompañaban,

con mas abundancia que en lo repartido á los otros, con lo que se

retiraron á acamparse, para marchar al dia siguiente.

La fuerza de esta division se componia de 420 hombres todos Huilliches,

de hermosa talla y bien puestos á caballo: el mejor escuadron de

caballeria no presentaba una perspectiva mas respetable que estos bravos

guerreros: de medio cuerpo arriba desnudos, con sus turbantes de cuero ó

sombreros de lo mismo, con plumajes: los rostros pintados de negro y

colorado, y la mayor parte armados de lanza: su talla es ciertamente

respetable, y la historia del descubrimiento de la costa Patagónica por

los españoles pone en los indígenas esta cualidad que los asombró, y les

hizo parecer que eran gigantes como lo dice la historia. Esta misma

tribu es aquella, aunque ha degenerado mucho de los Patagones, en que se

hallan hombres de tallas extraordinarias. El cacique Llampilcó es hombre

de siete pies y mas, y otros muchos bizarros que vimos en la línea, le

sobrepasaban ó igualaban.

El número de lanzas eran 100, que tenia la línea.

El de sables. 10

El de armas de chispa. 2

El resto de bola y puñal. 308

---

Total. 420

===

Desertores ú hombres blancos no vimos ninguno, ni menos mugeres en la

línea. Los caciques que venian en ella, fueron los siguientes.

Principal. Llampilcó, ó _Cacique Negro_.

/ Canilié.

Caciques < Sebastian.

| Churlaquin.

\ Napoló.

La primera division de estos, á las órdenes del cacique Nigiñilé, se

marchó á las 12 del dia con otros varios á sus tolderias. El cacique

Avouné se presentó antes de retirarse á sus toldos á comunicar al

Comisionado, que al dia siguiente debia tener una corta conferencia

antes que siguiese mas adelante, para efectuar la segunda reunion, como

antes se habia acordado en los tratados, y que al efecto se habia

dispuesto que los caciques, Pichiloncoy, Llanqueleu, Chañabilu,

Huilletrur, debian acompañarla hasta que aquella reunion se hubiese

efectuado. Se marchó con su gente, quedándose en nuestro campo los

caciques que debian acompañarnos al dia siguiente.

Observamos en la reunion de los caciques y el pueblo para los tratados

con la Comision, el poder que en estos actos ejerce la voz viva de este

último sobre las decisiones del pacto, y su opinion es seguida y

obedecida de sus caciques, ó de lo contrario se hacen obedecer de un

modo hostil, vengándose en el acto del que no obedece: no valiendo en

estos casos el poder que egercen en el trato doméstico de su gobierno

interior. Este es mixto de democracía y aristocracia. La primera la

ponen en planta en casos de igual naturaleza al anterior, es decir, en

reuniones públicas, en pactos ó tratados, en donde pende ó se espone la

seguridad del pais, el interes ó promocion de una guerra con otra tribu

ó nacion, ó en asuntos de su dogma, ó misterios de su vida ó religion

doméstica: el segundo lo egercen sus caciques en el gobierno interior de

su tribu, en donde mandan despóticamente, y disponen de las personas y

de las cosas como unos sultanes, y son obedecidos como un rey en la

costa de Berberia. En la guerra no sucede esto, ni hay uniformidad en

este respeto ú obediencia. En unos casos, como en funciones públicas,

cuando se presentan con carácter guerrero, obedecen á sus gefes; pero

cuaundo hay que pelear con enemigos, cesa aquella, y la voluntad

particular de cada uno lo conduce ó lo precipita hácia su contrario,

para lucir el primero su valor sin obedecer las voces y órdenes de sus

caciques. Casos de la misma naturaleza hemos visto, en que un gran grupo

de estos bravos debia cargar á una línea, y hacerlo uno solo, primero

que sus compañeros, y pelear contra todos, y perecer por último, siendo

efimero su valor.

Dia 29. Claro y despejado, muy frio por haber helado fuertemente la

noche anterior: el viento del SO seguia con fuerza. A los 8 de la mañana

se despidieron los caciques Huilliches, Llampilcó y sus compañeros, para

marcharse con su division. El cacique Avouné tuvo una corta conferencia

con el Comisionado, sobre algunos objetos particulares, relativos á la

entrega general que debia hacerse, despues de hechas las paces, de las

cautivas que se hallaban entre las tribus Pampas, y que todos los

caciques que habian entrado en tratados, tenian en sus poblaciones, como

un paso, sin el que todo lo pactado seria efimero, y que el gobierno no

podria mirarlo sino como tal, y nada se habria hecho, si ellos por su

parte no lo acordaban: pues de lo contrario era una conducta que probaba

no existia buena fé ninguna. Que ellos habian visto que todos los suyos,

que se hallaban en Buenos Aires, habian sido entregados por el gobierno

en el momento que los habian reclamado, y que las bases del pacto hecho

debian rolar sobre este principio. El cacique contestó con una frialdad

que hacia conocer la poca gana que él y sus compañeros tenian de

hacerlo, sino á costa de una suma que se les pagase por cada una de

ellas: contestó que hablaria con los demas caciques, y que al retorno de

la Comision daria cuenta de lo acordado.

Despues de haber desalojado nuestro campo toda la multitud de los

reunidos, y marchádose cada division á sus establecimientos, se mandó

preparar todo como para marchar adelante, á las tolderias del cacique

Lincon, si no habia algun impedimento. A las 9-3/4 nos poniamos en

marcha, cuando arribó el cacique Lincon y mas de cincuenta de su gente,

y un intérprete del cacique principal Neclueque, enviado para tratar

algunos asuntos con la Comision. Nosotros seguimos la marcha á nuestro

destino, y allí se determinó volviesen para conferenciar, tanto con el

intérprete como con el cacique, á cuya casa ibamos á hospedarnos. La

marcha la rompimos con rumbo O, y á las 3-1/2 leguas hicimos alto, en la

márgen austral de la laguna en donde habita el cacique Lincon, á las

12-1/2 del dia.

El rumbo O con que salimos, no fué constante, por las sinuosidades del

camino y del terreno, en donde se encontraban muchas diferencias de

nivel. Desde la salida empezamos á transitar por un campo desigual,

duro, pastos cortos: multitud de pequeños mèdanos que al O se nos

presentaban, hacian dificultosa la marcha con los carruages: multitud de

piedras en las cuchillas manifestaban la aproximacion á las faldas de la

sierra; y por consiguiente, la solidez del terreno y la calidad de sus

tierras lo daban á conocer. Agua no se encontraba por ninguna direccion:

el terreno presentaba una perspectiva agradable, aunque al O se

presentasen algunas desigualdades: al NO y SO veiamos una planicie

inmensa sin límites, y al frente la hermosa Sierra de la Ventana, cuya

vista atraia al observador á descubrir particularidades, y observarla

con atencion. A su vista no podiamos menos que deponer el peligro que

nuestros deseos llevarian consigo. Anhelabamos aproximarnos para

reconocerla, y arrostrar cualquier riesgo que se nos hubiese presentado,

mientras que el Sr. Coronel comisionado, por una parte, cumplia con los

objetos de su comision: allí mas que en ninguna parte los habia, por el

enjambre de poblaciones que se hallan situadas en toda ella, y arroyos

que descienden, formando una poblacion no interrumpida de

establecimientos de ganaderia de todas clases, como al punto mas lejano,

en donde las creen capaces de preservarlas de cualquiera invasion que se

les haga, y que la temen é insisten en sus desconfianzas; y así es que

todas sus poblaciones se hallan en la vista, y en la segunda cadena de

la sierra habiendo desalojado la primera por temor.

A dos leguas de marcha, con el rumbo dicho, se encontró una pequeña

laguna sobre la derecha de la ruta, con tres ranchos ó toldos en sus

orillas, que disfrutaban de la buena agua y de los pastizales de sus

cercanias, para sus pequeños rodeos de ganados. Ella no tenia 100 varas

de circunferencia, y su profundidad no excedia de 4 pies: su fondo lama

y barro, y accesible por todas sus partes: llena de junco en su centro,

y abundante de leña de cardo en sus alrededores.

En la parada encontramos una hermosa laguna, en cuyas márgenes tiene sus

ranchos ó toldos el cacique Lincon. La posicion es interesante, y lo es

mucho mas la risueña perspectiva que, desde una legua antes de arribar á

ella, se descubre de un horizonte pintoresco, y de una campiña

descubierta y adornada, en el que se paseaban grandes rodeos de

haciendas, pertenecientes á los habitantes de ella. El tránsito por esta

campiña lo hicimos, apartando la inmensa cantidad de ganados que de

todas clases se presentaban sobre la marcha, á la novedad de los

objetos, tal vez los primeros que por aquellos campos habian transitado.

A la entrada á la laguna se descubre una planicie, cuya superficie se

halla en un nivel muy inferior á la transitada, y rodeada de médanos por

todas direcciones, formando en ella una circunferencia de mas de 1-1/4

leguas, con intérvalos ó abras formados por ellos mismos: sus alturas no

se elevan mas que 36 hasta 60 pies sobre el nivel del terreno y sus

faldas encadenadas, unos con otros cierran enteramente el círculo. En el

centro de estos se halla la laguna formada de la recopilacion de todas

las aguas que vierten, ó descienden desde las alturas: al rumbo O de

ella, los médanos forman una abra de mas de 1,200 varas, originando una

pequeña planicie, en donde se estienden las aguas de la laguna, y sin

formar cauce, un bañado algo pantanoso, que se estiende mas de 300 varas

fuera de la circunferencia de aquellos. Al rumbo NE se forma del mismo

modo una pequeña abra de 100 y mas varas, por donde entramos á las

poblaciones, que se prolongan circularmente sobre las orillas de la

laguna y faldas de los médanos. Al rumbo S se halla un gran mèdano mas

elevado que todos, desde cuya altura se descubre toda la vasta planicie

y la cadena de sierras, desde la Ventana hasta el Guaminí, con mucha

claridad, como que no dista cinco leguas de la primera: su altura no

excedia de 60 pies y sus faldas no son estensas. Al N los médanos forman

una agradable perspectiva: unos y otros se encadenan á una distancia de

200 y mas pies de interrupcion: esta uniformidad y la de sus alturas,

forman unas barreras que desde el NO hasta NE, no se interrumpe,

abrigando las poblaciones ó cabañas de los habitantes de las brisas del

primer y segundo cuadrante, que son insufribles en las llanuras. El frio

excesivo de estas, y de los aires del elevado monte cercano, harian

inhabitables sus cercanias, si la naturaleza no hubiese favorecido este

delicioso pais, formando esas diferencias remarcables en su

superficie--esas desigualdades, y esos elevados pastos y maciegas en

donde se abrigan de las intemperies del invierno y en los rigores del

estío.

La laguna presenta un horizonte limitado, por las alturas que se

distinguen confusamente desde las riberas opuestas: su circunferencia no

pasa tangente á las faldas de las colinas, pero en la estacion de las

aguas sucede así. En los meses de Abril y Mayo que la observamos, su

circunferencia no excedia de 2250 varas, quedando un espacio

considerable de ella hasta las alturas. Su cauce no era constante: en lo

reconocido hallamos 6, 7 y hasta 9 pies, y en 40 y 50 varas de las

riberas 2, 2-1/2, aumentando al centro progresivamente: su fondo barro y

arena, en su centro se encuentran algunos cortos juncales; sus aguas no

son muy buenas, porque el terreno es salitroso, aunque se forman de la

lluvia: se hallan algunos pescados, bagres en abundancia, pero muy

pequeños. En todo el círculo de esta posicion interesante no hay pastos,

solamente muy cortos, y estos consumidos por el tráfico de las mismas

poblaciones: fuera de él se encuentran elevados y hermosos, en donde se

esparcen los rodeos considerables que hemos visto, mas que en todas las

demas posiciones de estos indígenas, y la mayor parte marcado. En las

alturas, y en todo el campo vecino á ellas fuera del círculo, se

encuentran muchas piedras porosas y areniscas, blancas la mayor parte,

semejantes al yeso y piedras-cal, fáciles de beneficiar.

Desde el médano principal, al S de la laguna, demoraba el mogote

elevado, llamado de la Ventana, al rumbo SO, prolongándose sus faldas y

encadenamientos sucesivos con otros menores hasta el rumbo OSO, donde se

hallan otros menos elevados que el primero, llamado de Curumualá,

demorando de la misma posicion al rumbo O 16° OSO, y prolongando sus

encadenamientos con otros de la misma altura y menores hasta el O, en

donde empiezan á parecer los de la elevada sierra Guaminí, los que

forman una abra estensa con la de Curumualá. Los mogotes ó puntos mas

elevados de aquella demoran desde el O hasta los rumbos 10° NO,

perdiéndose sus límites en pequeñas colinas, que insensiblemente

disminuyen hasta quedar al mismo nivel de la pampa, ó desierto inmenso

del NO. Las perspectivas de todas ellas fueron sacadas al instante

proporcionalmente á la distancia en que nos hallábamos. Procuramos,

durante este dia de parada, hacer alguna observacion á mediodia, pero

fué en vano, porque la caterva que nos rodeaba lo impedia: procuramos

salir con el quintante, una plancha de madera, y el horizonte

artificial, á una distancia en donde no pudiésemos ser vistos, pero todo

fuè en vano, lo mismo que de noche: esto lo poniamos en practica todas

las noches, pero no se apartaba la multitud de nuestro campo, ya jugando

hasta media noche á los dados y naipes, ó acompañándonos, aunque no

quisiesemos, mientras no dormiamos.

La poblacion de este punto, en donde se hallaban 25 á 30 toldos, no

pasaba de 500 almas, de las que 150 hombres capaces de tomar armas.

Cautivos encontramos 10, seis varones pequeños, y cuatro mugeres

blancas, fuera de otra poblacion que se nos aseguró estaba al SO, como

media legua, la que determinamos reconocer al dia siguiente. En la

parada, hasta donde nos acompañó el cacique Lincon, los suyos y el

intèrprete cacique Neclueque, nos felicitaron, dicho cacique, todo su

pueblo, _Madama_ Lincon y el cacique Epuan, quien tiene su pequeña

poblacion unida á la del primero, y bajo la direccion y órden de este. A

todos los cumplimentantes se les obsequió. El intérprete felicitó a la

Comision de parte de su cacique, que este se hallaba impuesto de todo lo

acaecido á la Comision desde su salida de la frontera, y sus últimos

sucesos con los caciques Pampas en su reunion: que se hallaba informado

por el cacique Lincon, de todo lo ocurrido, que él estaba pronto á

entrar en tratados, que la Comision debia acercarse hácia sus tolderias

en las faldas de la Ventana, adonde estaban citados los caciques

Ranqueles para reunirse los que quisiesen entrar en tratados, y que

probablemente se reunirian la mayor parte que estaban invitados, no

obstante que entre ellos habian muchos desertores que se oponian al

pacto; pero que mediaria para que los consejos de estos no influyesen en

nada sobre las disposiciones de los caciques: que le suplicaba al

Comisionado que le remitiese al intérprete de la Comision con el

enviado, para tener el gusto de ver á uno de sus antiguos amigos, y

manifestarle el estado de los caciques Ranqueles, para que pudiesen

pasar adelante con mayor seguridad, sin embargo de que podia hacerlo sin

ningun temor.

La mision fué recibida con agrado por el Sr. Coronel, quien accedió á la

demanda ó remision del intérprete, remitiéndoles algunos regalos que se

le tenian destinados. Se le contestó que por lo que tocaba pasar

adelante, era imposible, por el mal estado de los carruages y

cabalgaduras, y que sus achaques no le daban lugar para internarse mas

en una estacion que le seria dificultoso poder volver en los rigores de

las aguas: que consultaria con el cacique Lincon y resolveria. Se

despidió el intérprete, obsequiado, y el nuestro con otros chasques que

el mismo cacique habia hecho á otros de la misma clase, para la reunion

que debia celebrarse.

Diario de la expedicion de 1822 a los campos del sud de Buenos Aires Desde Moron hasta la Sierra de la Ventana · 第 10 / 19 段