DIARIO
DE LA
EXPEDICION DE 1822 A LOS CAMPOS DEL SUD
DE
BUENOS-AIRES,
DESDE
MORON HASTA LA SIERRA DE LA VENTANA
AL MANDO DEL CORONEL
*D. PEDRO ANDRES GARCIA.*
CON
LAS OBSERVACIONES, DESCRIPCIONES Y DEMAS TRABAJOS CIENTIFICOS,
EGECUTADOS POR EL OFICIAL DE INGENIEROS
D. JOSE MARIA DE LOS REYES.
Primera Edicion.
BUENOS-AIRES.
IMPRENTA DEL ESTADO.
1836.
DISCURSO PRELIMINAR
AL DIARIO DE LA
EXPEDICION A LA SIERRA DE LA VENTANA.
Hemos sido generosos en franquear nuestras páginas á los trabajos
inéditos del finado Coronel D. Pedro Andres Garcia, porque en todos
ellos resalta un talento de observacion, fortificado por la experiencia,
y una perseverancia, sostenida por el deseo de ser ùtil al pais que
habia adoptado. Cuanto mas se agolpaban las dificultades, tanto mayor
era su ahinco, y mas acerado el temple de su patriotismo. Penetrado de
la necesidad de ensanchar los límites de esta provincia, se ofreciò á
entrar en relaciones amistosas con los indios, para estudiar su índole,
ponderar sus recursos y adquirir un conocimiento práctico de los parages
que ocupaban.
Buenos-Aires, cabeza entonces del vasto vireinato de este nombre, yacia
en un rincon de las _pampas_, rodeada de unos pocos fuertes, que
formaban como una línea de circunvalacion à menos de treinta leguas de
sus arrabales; y Chascomus, Lujan y Salto marcaban los límites
territoriales de una ciudad, cuya jurisdiccion se extendia hasta el
Desaguadero.
Tal era el estado de nuestra frontera en 1768, cuando dejò el mando
Bucareli, hombre activo, pero ocupado exclusivamente en dar cumplimiento
á la cédula de expulsion de los Jesuitas. En los últimos dias de su
administracion, D. Manuel Pinazo, gefe del cuerpo de blandenguez, notò
la inseguridad de la campaña, y aconsejò que se ocupase Camarones, los
Manantiales de Casco y la Laguna del Carpincho: pero los pilotos Pavon,
Eguia y Ruiz, contestando al Virey Ceballos que les habia encargado de
elegir puntos á propósito para fuertes y poblaciones, opinaron que debia
avanzarse hasta las Lagunas de los Huesos, del Trigo y del Bragado
Grande.
Estos proyectos, que tendian à alejar los salvages de las inmediaciones
del Salado, fueron desechados por Vertiz, que se contentó con añadir á
los fuertes existentes los de la Guardia del Monte y de Rojas,
interpolando entre ellos los fortines de Ranchos, Lobos, Navarro y
Areco. La ineficacia de estos arbitrios se manifestò en la invasion de
1780, en que los indios penetraron por Lujan, sin hacer caso de los
elementos de defensa tan penosamente amontonados al rededor de nuestros
establecimientos.
Entretanto se celebraban parlamentos con los caciques, para inducirlos à
que dejasen pasar las expediciones que costeaba el Cabildo para cargar
sal en la _Laguna de Salinas_. El Maestre de Campo Pinazo,[1] el mismo
de quien acabamos de hacer mencion, dirigió tres de estas expediciones
en el espacio de pocos años[2];--la última de ellas muy remarcable por
haber proporcionado à D. Pablo Zizur la oportunidad de determinar
astronomicamente varios puntos ignorados. Al mismo tiempo otros
facultativos recorrian la costa patagónica para reconocer sus puertos, y
el Gobierno tomaba medidas eficaces para establecer un camino militar
entre Buenos Aires y el Fuerte del Carmen en el Rio Negro.
Estos trabajos, que anunciaban el deseo de ensanchar el ámbito de la
provincia, no alteraron el estado de sus fronteras, que en 1796 halló
Azara reducidas à los estrechos limites que les fueron trazados por sus
fundadores. Ni se hubiera ganado mucho con llevar á efecto el plan de
este Oficial, cuya linea de fuertes y poblaciones costeaba timidamente
el Salado, desplegándose por ambos lados del desague del Arroyo de las
Flores; al norte, por las lagunas del Espejo, Palantelen, Tigre Tuerto y
Carpincho, y al sud, por los Manantiales de Lopez, de Porongos, y los
Altos de Troncoso, acabando en la Isla Postrera[3] por el Paso de los
Camarones. Pinazo, que en su edad avanzada tomó parte en la expedicion,
hizo notar la poca amplitud de esta linea: pero se desatendieron sus
consejos, y las cosas quedaron en los términos indicados.
Entretanto eran perentórias las òrdenes que se recibian de la metrópoli
para abrir comunicaciones interiores con el reino de Chile. La guerra
marítima, en que se hallaba empeñada España por efecto de su alianza con
la Francia, le hacia recelar una interrupcion con las colónias
establecidas del otro lado del Cabo de Hornos; y hombres celosos é
intrépidos se ofrecieron á explorar los puntos mas retirados de la Gran
Cordillera, que abrió sus flancos à Molina, à Cruz, y al mas diligente
de todos, Sourryère de Souillac.
Estas tentativas, que pertenecen á la última época del gobierno
colonial, multiplicaron los puntos de contacto con los indígenas, cuya
amistad se solicitaba con una templanza que rayaba en humillacion. Los
gefes de estas expediciones científicas, con un corto séquito y un
copioso surtido de chucherias, entraban en conferencias con los caciques
para atraerlos con los presentes, y captarlos con sus palabras. Esta
actitud pacifica, si producia momentaneamente el efecto de amansarlos,
los hacia tambien mas exigentes é intratables, porque estos agasajos les
parecian una prueba de debilidad del poder que los amagaba. Los
acontecimientos del año 10 cambiaron el aspecto de los negocios, y uno
de los primeros cuidados de la Junta que se organizò entonces, fué poner
la campaña al abrigo de las incursiones de los bárbaros: con cuyo objeto
hizo salir una expedicion para Salinas, al mando del Coronel Garcia, con
el encargo de proyectar un plan de defensa, fundado en los datos que le
ministraria la inspeccion ocular del terreno, y la actitud de las tribus
que lo ocupaban.
En una memoria, con que este oficial acompañó al Gobierno el diario de
su viage[4], insistiò en la necesidad de ocupar las lineas del Colorado
y del Negro, y de establecer un cuartel general en Salinas, para poblar
sucesivamente las sierras de Guamini, de la Ventana y del Volcan; y de
trasladar mas al sud las fronteras de Còrdoba y Cuyo para ampliar la
jurisdiccion de estas provincias.
Este modo de resolver el problema era el mas lato, y los sucesos
posteriores han probado que era tambien el mas prudente: pero las
circunstancias del momento no se prestaban á la realizacion de este
plan. Su autor, que abrigaba el convencimiento de ser el ùnico que podia
librarnos de la rapacidad de los bàrbaros, volvió à proponerlo en 1814;
y habia logrado que se le autorizase para llevarlo á efecto, cuando la
caida del gobierno lo envolvió en sus ruinas, y de la residencia de
Moron fué arrastrado à los calabozos de la capital.
Restablecido poco despues en su rango y prerogativas, olvida el agravio
recibido, los perjuicios que se le habian irrogado, y se ofrece à
acometer la empresa, que formaba el objeto de sus anhelos, y que, segun
se expresa, le costaba cuarenta años de meditacion.
Pero estos deseos fracasaban siempre en la instabilidad de los
gobiernos, y la escasez de recursos que se empezaba ya à sentir en el
erario. Talvez se hubieran olvidado en los trastornos del año 20, sin la
grande invasion de los indios que se verificò poco despues. La mala
direccion que se diò à la campaña que se abrió bajo el mando inmediato
del Gobernador de la provincia, armó á los Pampas, que el Señor Rosas
habia logrado separar de la alianza de los Ranqueles, y que no hubieran
engrosado las filas de nuestros enemigos, si, contra el consejo de este
Gefe, no hubiesen sido sorprendidos y acuchillado, en Chapaleufú. Este
error del General Rodriguez costò à la provincia pérdidas considerables,
y trajo los indios hasta 15 leguas de la capital.
El año siguiente se ordenó al Coronel Garcia que emprendiese el viage,
cuyo diario publicamos por primera vez. Su objeto debia ser, no solo el
ajustar paces con los indios, sino predisponerlos á favor de las nuevas
poblaciones que se pensaba fomentar en el sud.
La exiguidad de los recursos que franqueó el Gobierno para una empresa
tan árdua, comprometió su buen éxito, y puso en peligro la vida misma de
los comisionados. El Coronel Garcia salió con una escolta de _catorce
hombres_ y _sesenta caballos_, para ir à tratar con los caciques de tres
naciones belicosas,[5] de las cuales, las dos primeras, en el parlamento
celebrado el dia 28 de Abril, le presentaron una fuerza de 2,520 hombres
de pelea, subdivididos en nueve divisiones; bien armados, bien montados,
y formando _una hermosa y regular línea de parada_.[6]
La opinion del Coronel Garcia variò notablemente en este viage. Su
primer plan habia sido reforzar el punto de Kakel, construir un fortin
en Nahuel-Rucá, y avanzar las demas guardias en el órden siguiente: 1º.
La de Chascomus à la Laguna del Sermon.--2. La de Ranchos à la de los
Huesos.--3. La de San Miguel del Monte á la del Toro.--4. La de Lobos á
la Laguna Blanca, ó à las Polvaderas.--5. El Fortin de Navarro à la
Laguna del Trigo, ó à la de Gomez.--6. La Guardia de Lujan à la Cañada
de las Saladas; desde donde se inclinaría la línea hácia la Laguna de
los Leones, para juntarse al Fortin de Areco, Salto, Rojas y Mercedes,
que quedaban inmoviles, por no tener poblaciones que cubrir en su
frente.
Pero no tardò en conocer que la obliquidad y las inflexiones de esta
traza, tan prominente por un lado, y tan retirada por otro, hacian tanto
mas difícil su custodia, cuanto que el Salado, que la cortaba en el
medio, en vez de ser una defensa presentaba un estorbo.
Redujo pues el problema á un postulado: á saber, que "la mejor lìnea de
defensa es la que, siendo mas corta, abrace y guarde la mayor extension
de terreno posible"; y se decidiò por la ocupacion de las _Sierras_,
aguardando una época mas favorable para avanzar hasta el Colorado y el
Negro.
Al reasumir sus ideas, preguntaba à sì mismo el Coronel Garcia _¿cuales
no serán los resultados de una combinacion tan acertada, y cual la
gloria del que la lleve á efecto?_--sin preveer que esta gloria estaba
reservada al génio emprendedor y perseverante del Sr. General Rosas.
¡Cual no hubiera sido el júbilo de este respetable anciano al ver
coronados tantos esfuerzos, y realizadas tantas esperanzas!.... Pero la
Parca inexorable truncó el hilo de su existencia, cuando se preparaba à
celebrar los triunfos del que desplegò primero el estandarte de la
Pátria en los desiertos del sud, y que en una sola campaña anonadò para
siempre el poder salvage de los bárbaros.
El Coronel D. Pedro Andres Garcia falleció en Buenos Aires el dia 21 de
Abril de 1833, en su avanzada edad de 75 años. Naciò en Santillana,
cerca de Santander, donde se educó en un colegio de esculápios, y pasó á
América en la edad de las ilusiones y esperanzas. Adquiriò gran renombre
en las invasiones de los Ingleses, en que con valor heróico peleó al
frente de los _Montañeses_, y cuando el curso de los acontecimientos lo
colocó en una situacion mas azarosa, teniendo que pronunciarse entre una
patria que idolatraba, y los nuevos destinos que se preparaban en las
Colónias, se identificò con los de sus hijos, y obró, no con la
hesitacion de un trásfuga, sino con la firmeza que inspira el recuerdo
de un acto magnánimo. Desde entonces fueron muy pocos los momentos que
pasò en el descanso, acreditando sumo celo é inteligencia en todos los
trabajos que le fueron encomendados.
A los que hemos mencionado, deben agregarse:--1.º Un plan de
contribuciones, que elevò al Gobierno en 1811, para la manutencion de un
ejército de 6,000 hombres. 2.º Una razon estadística de los partidos de
campaña, con sus respectivos planos, indicando los terrenos baldios y
los poblados. 3.º Un reconocimiento científico del caudal de aguas del
Rio de las Conchas, de la fuerza de su corriente, de la elevacion de sus
barrancas, y de todo cuanto era necesario para establecer una fábrica de
armas en sus inmediaciones. 4.º Un padron general de los habitantes de
los partidos de campaña. 5.º Un mapa topogràfico, desde la provincia del
Tucuman hasta el Desaguadero. 6.º Otro de todas las provincias del
antiguo vireinato de Buenos Aires, hasta el puente de _Apurimac_, en que
se comprendia el reino de Chile, señalando los rios navegables, etc.
Estos apuntes los hemos sacado de un cuaderno autógrafo, que nos ha sido
franqueado por el Señor Dr. D. Tomas Manuel de Anchorena, à quien los
que se interesan en el buen nombre del Coronel Garcia deben agradecer la
conservacion de estos títulos con que lo presentamos à la estimacion
pública.
_Buenos Aires, Marzo de_ 1837.
*PEDRO DE ANGELIS*.
[Footnote 1: Este valiente oficial fué el alma de todas las empresas de
esta clase que se proyectaron en su tiempo.]
[Footnote 2: En 1770, 1778 y 1786.]
[Footnote 3: Le hemos conservado el nombre que le dá el Departamento
Topografico en sus mapas, á pesar de que se lea _Potrera_ en el borrador
original del de Azara, que forma parte de nuestra coleccion.]
[Footnote 4: Forma parte del III tomo de la presente Coleccion.]
[Footnote 5: Los Pampas, Huilliches y Ranqueles.]
[Footnote 6: Son palabras del Diario, pág. 81.]
EXPEDICION
A LA
SIERRA DE LA VENTANA.
* * * * *
OFICIO DEL GOBIERNO.
Siendo uno de los objetos mas interesantes de este gobierno, la
seguridad y adelanto de las poblaciones y fronteras de la provincia,
teniendo presente la dedicacion de V. S. á este importante ramo, tiene
por conveniente comisionarle al efecto, y espera que á la mayor brevedad
se le presentarà un plan correspondiente en que á su juicio crea el mas
oportuno por ahora á precaver las incursiones del enemigo infiel; sin
perjuicio de ulteriores medidas, y pacificacion y avenimientos, que
sucesivamente prevendrá á V. S. el gobierno para su
cumplimiento.--Buenos Aires, Noviembre 15 de 1821.
(_Firma del Ministro_.)
Al Coronel D. Pedro Andres Garcia.
INFORME.
EXMO. SEÑOR:--
La Comision, despues de haber reconocido varias piezas que en diversas
épocas se tiraron, con objeto al adelanto de nuestras fronteras y
seguridad de las campañas de la Provincia contra las frecuentes
invasiones con que la han mortificado y afligido los indios Pampas;
despues tambien de haber dedicado la mas diligente y madura meditacion
al desempeño de esta honrosa confianza, tiene el honor de presentar sus
tareas á la atencion de la superioridad de V. E.
Convertida á tan dificil exámen, ella hubo de proceder en él con gran
circunspeccion, para no aventurar el descubrimiento de la verdad en una
materia en que los errores son de tan general y perniciosa influencia.
Su exposicion aparecerá con el caracter de sencillez y unidad que
distingue la verdad de las opiniones, apoyada en el principio que
presentan las leyes primitivas de la naturaleza y de la sociedad, tan
general y fecundo, que envuelve en sí todas las consecuencias aplicables
á su grande objeto.
Los extravios de la razon y el celo, admitidos ó tolerados sobre este
particular, acaso han deslumbrado á los gobiernos precedentes,
principalmente desde el año de 1740. Ellos no han podido provenir sino
de supuestos falsos que hicieron lugar á falsas inducciones, ó de hechos
ciertos y constantes á la verdad, pero juzgados siniestra y
equivocadamente. De unos y otros pudieran citarse muchos egemplos, si la
Comision no estuviese tan distante de censurarlos, como de seguirlos, y
si dejase de creer que no son desconocidos á la penetracion de V. E.
La Comision, Señor Exmo., mas convencida que nadie de lo mucho que falta
á nuestra poblacion, agricultura y ganaderia, para llegar al grado de
prosperidad á que puede ser elevada, que es el distinguido anelo de V.
E., lo está tambien de la decantada decadencia, que á ser cierta,
supondria la caida de nuestro cultivo, desde un estado próspero y
floreciente á otro de atraso y desaliento. Pero, despues de haber hecho
muchas observaciones sobre la história de la Provincia, desde su origen
de civilidad, y buscado en ella el estado progresivo de nuestra
poblacion y agricultura en sus diferentes épocas, puede asegurarse que
en ninguna se ha encontrado tan estendida ni tan animada como en la
presente.
La política errada de los Españoles en querer sugetar los indios á la
bayoneta, mantuvo al país en guerra abierta mas de doscientos años: los
males que con este motivo sobrevinieron à la provincia, haciéndola
teatro de continuas y sagrientas batallas, bastan para probar que hasta
la paz del año de 1790 ella no pudo gozar el cultivo, la estabilidad, ni
gran fomento, á cuyo tiempo parece debe referirse la primera época de su
felicidad. Es cierto que desde aquel punto la agricultura, protegida
algun tanto por las leyes, y mas perfeccionada por el progreso de las
luces del siglo que ya empezaban á desplegarse, cuenta por primero, y
acaso el único de sus mejores periodos, aquel tiempo.
Pero, al paso que la necesidad estrechaba á dar ensanches á la poblacion
ganadera y labradora, se cruzaban los obstáculos que paralizaban las mas
interesantes ideas: á la vez se sucedian las mezquinas con las
extremadamente confiadas:--aquellas por lo comun hijas de la
pusilanimidad ó cobardia, y estas de una avanzada intolerante necedad:
unas y otras nacidas de la ignorancia de la posicion geográfica de los
terrenos, número de habitantes indígenas, poder fisico y moral que
podian presentar en caso de atacarlos, como muchas veces se meditó.
Mientras que los gobiernos fluctuaban, sin poderse decidir en tal
contraste de opiniones, por la medida que deberian adoptar, eran bien
rápidas las irrupciones vándalas que cometian en las poblaciones de
nuestras campañas, cubriéndolas muchas veces de cadáveres, y menguando
considerablemente sus familias: asesinando unas y cautivando otras.
Estas escenas, con lastimosas lamentaciones del pueblo, alarmaban por
algunos dias á las autoridades que indicaban querer prepararse á
vindicarlas. Pero, ó fuese que los recursos no podian proporcionarse con
la premura que exigia el remedio; ó, lo que parece mas cierto, que la
obscuridad é ineptitud de la medida presentaban justas desconfianzas del
favorable éxito, quedando sin efecto, el mal multiplicaba las
desgracias.
La Comision cree un deber de su desempeño presentar á V. E. con
respetable libertad su opinion, apoyada en mas de cuarenta años de
observaciones en este particular: y así es, que cuando asienta que se
propone no aventurar el descubrimiento de la verdad, en una materia en
que los errores tienen tan perniciosa influencia, tiende sus miras á
indicar los que á su juicio han retardado demasiadamente las ventajas
que le han arrancado de las manos la apatia é indolencia de aquellas
personas, á cuyo cargo se hallaba la direccion y seguridad de la
Provincia y sus habitantes.
No hay cosa que mas impida los progresos de una república, que insistir
en yerros antiguos, en especies mal averiguadas, ó vulgaridades indignas
de adoptarse.
La crítica, y el discernimiento que resulta del exàmen de las cosas sin
preocupacion, es el único norte que nos puede libertar de tales
inconvenientes: parece, pues, que en nada ha de ponerse mayor ahinco que
en no dejarse llevar como los rebaños, desatendiendo el camino que debe
tomarse, por atender ciegamente al que suele seguirse.
La Comision deja asentado que tiene mas de cuarenta años de
observaciones sobre esta Provincia, y puede añadir que ha reconocido sus
costas, atravesado y cruzado por tierra la parte de los Pampas, objeto
de este informe: ha podido distinguir muy de cerca los muchos indígenas
que la habitan, sus génios, usos y costumbres, y no puede lisongearse
que tenga los conocimientos necesarios para calcular, ni por
aproximacion, las medidas de una fuerza imponente para atacarlos con
suceso feliz, aun cuando se considere justo hacerlo. Porque, viviendo en
pequeñas tribus diseminadas en un mundo desierto, no es facilmente
averiguable su número: pero sí, no cabe duda, que en tratándose de
defensa comun, se reunen, por la amovilidad que tienen, con la velocidad
del rayo, al punto donde les llama su defensa, con tal entusiasmo y
ferocidad, que cargan sobre el cañon en el mas activo fuego, hasta morir
al pié de él: y acaso V. E. mismo ha presenciado alguna vez este
atrevido hecho, con otros no menos respetables, en el manejo de sus
armas y formacion de batalla, bastante á mandar idea de su disposicion
guerrera para defender sus propiedades, de que son tan idólatras como
vengativos; pues nunca perdonan el agravio, cuya venganza reencargan á
sus hijos, cuando ellos no han podido tomarla.
La agricultura y ganaderia en una nacion puede ser considerada bajo dos
grandes respectos, á saber:--con relacion á la prosperidad pública y á
la felicidad individual. En el primer caso, es innegable que los grandes
estados y señaladamente los que gozan de un fértil y estendido
territorio, deben mirarlo como la primera fuente de su prosperidad,
puesto que la poblacion y la riqueza, primeros apoyos del poder
nacional, penden mas inmediatamente de ella, que de cualquiera de las
demas profesiones lucrativas, y aun mas que de todas juntas. En el
segundo, tampoco se podrá negar que la agricultura sea el medio mas
fácil, mas seguro y entendido de aumentar el número de los individuos
del Estado y la felicidad particular de cada uno: no solo por la inmensa
suma de trabajo que puede emplear en sus varios ramos y objetos, sino
tambien por los que puede proporcionar á las demas profesiones que se
emplean en el beneficio de sus productos.
Proteger la industria y el comercio, talvez con daño y desaliento de la
agricultura y ganaderia, es tomar el camino al reves, ó buscar la senda
mas larga, mas torcida y mas llena de riesgos y embarazos para llegar al
fin. Si el comercio, la industria y la navegacion son dependientes de la
agricultura y ganaderia, y estas la cuna de los pueblos, la fuerza y la
riqueza de ellos, ¿como puede mirarse con indiferencia su postergacion,
ó casi abandono de las bases primeras del Estado? Todos los ramos á la
vez sufragan, son necesarios y forman el todo de su respetabilidad que
se les tributa á las naciones que las poseen.
Cuando la defensa del Estado es una pension natural de todos sus
miembros, no puede, es verdad, desconocer la agricultura y ganaderia
esta primitiva y sagrada obligacion, ni en manera alguna libertarse de
ella los cultivadores: entonces corran en hora buena á las armas y
cambien el arado y la azada por el fusil, tratándose de socorrer á la
Patria y defender su causa: pero nunca será justo que, en el mayor
conflicto de sus afanosas tareas, abandonen sus hogares, haciendas y
cultivos para surtir los talleres, los cuarteles y otros semejantes
destinos, y acaso los asilos de la ociosidad, á que por esta causa se
entregan. Parece sumamente necesario que, aclarando cuanto sea dable la
legislacion y la política en este particular, se alejen los sistemas
parciales, los proyectos quiméricos, las opiniones absurdas y las
màximas rateras, que tantas veces han convertido la autoridad pública,
destinada á proteger y edificar, en instrumento de opresion y de ruina.
La Comision parece en parte haberse extraviado de su principal objeto,
cuando ha discurrido sobre la importancia de esta porcion del Estado mas
interesante, y cuando ha intentado demostrar que ella ha sido abatida y
aun oprimida, hasta el estado de emigar de sus hogares, y acogerse al
último y miserable recurso de la mendicidad para alargar su vida.
Es verdad que el horroroso azote de la guerra civil de estos últimos
tiempos ha cooperado á la devastacion de nuestra campaña; la
desmoralizacion que ella causa, la ha aumentado, y á su vez los indios,
conducidos de su inclinacion y seducidos de los invasores, han aumentado
grados de ambicion y ferocidad á la que poseian: ellos han traspasado
los limites de sus antiguas correrias, y sobreponiéndose á nuestras
tropas, las han atacado de frente, de una manera desusada por ellos en
sus incursiones, y harto imponente á nuestros labradores y hacendados.
La atencion repartida del Gobierno à los diferentes puntos de la
Provincia, que imperiosamente llamaban sus cuidados y auxilios por mar y
tierra, no le permitian una contraccion tan asidua y eficaz como
deseaba, y era necesario al reparo de la campaña, hasta que mas
desembarazado, asistió personalmente á ella.
Este conocimiento, que le presentó la marcha hasta la Sierra, y que le
proporcionó observar la animosidad de los indios, sus depravados
intentos, la fertilidad de sus campos, las posiciones ventajosas para
mantener una guerra devastadora sobre nuestras poblaciones, lo indefenso
de estas, y la absoluta necesidad de repararlas, ha sido precisamente el
primer paso de felicidad, que preságia que la suerte futura de nuestras
fronteras và necesariamente á tomar una marcha la mas lisongera y
ventajosa á la Provincia en el aumento de su poblacion y primeras
riquezas, con la seguridad de personas y propiedades: lo que no podia
suceder jamás sin que el Gobierno, rompiendo enérgicamente aquellas
ataduras que siempre tuvieron ligados á sus antecesores, no hubiese
tocado tan de cerca y practicamente el error que desgraciadamente los
tuvo envueltos por tantos años, cuando en estas materias vivian á merced
de un informante tímido, ó acaso cobarde, y de otro neciamente atrevido,
sin todos los conocimientos de la geografia del país, y demas que se ha
expuesto.
Así es que, teniéndose por un triunfo el avanzo de terrenos hechos por
los años de 1778 y siguientes, por el cordon de fronteras que se
estableció con las guarniciones del cuerpo de blandengues, compuesto de
700 hombres, se miró en seguridad la Provincia, respecto à su anterior
estado. Y aunque este cuerpo tuvo necesidad de batirse muchas veces
parcialmente en la línea, para contener las irrupciones que repetian los
bárbaros, sin embargo, el aumento de poblacion que recibian las guardias
y sus inmediaciones, ya le imponian y hacian menos osados, pero no
destemidos para impedir sus invasiones: y en una de estas fué que, por
la primera vez en el año de 1790, se trató de establecer paz y permitir
á los caciques venir á la capital, y sus indios á las guardias.
El trato docilizó á algunos y acomodó á todos, hasta establecer sus
artículos de comercio con peleteria, plumas y otras pequeñeces de su
rústica industria; tomando en cambio diferentes útiles, algunas ropas,
tabaco y yerba, y especialmente bebidas; formando de algunos de estos
artículos una absoluta necesidad, especialmente el tabaco y la yerba del
Paraguay.
Esta recíproca comunicacion determinó á algunos hacendados á establecer
sus estancias al sud del Salado, á su riesgo, y á merced ó tolerancia de
los mismos indios, sufriendo unas veces sus rudas impertinencias, y
otras sus robos y raterias, dejando nuestra línea de fronteras á
retaguardia mas de sesenta leguas. Sin embargo, algunos indios con este
motivo se mantenian en las labores de campaña de peones en toda clase de
trabajo, y otros en la ciudad y suburbios, prefiriendo la civilidad á la
vida errante y salvaje. Mucho contribuyó el Gobierno mismo, halagando
con gratificaciones efímeras á los que se presentaban con el título de
caciques, que se creian serlo sobre su palabra: porque esto era mas
fácil que averiguarlo, y todo contribuia á mantener una paz aparente, de
la que siempre se reportaba mejor partido.
El avanzo de nuestras poblaciones á tanta distancia, sin poder ser
observadas de la fuerza militar ni de la jurisdiccion civil, produjo
muchos excesos, dificiles hoy de reparar, y de que la Comision tratará
mas abajo, en órden à su minoracion ó exterminio.
Por lo expuesto en el artículo antecedente, resultaban casi en toda la
línea de fronteras, inútiles las guardias, por cuanto las poblaciones ya
guardaban las fronteras, subrogándose aquellas à estas, bien que sin
armas ni defensores.
La atencion sobre la frontera de Portugal puso en la necesidad á este
Gobierno de mandar las tropas de caballeria, casi únicas de la
Provincia, que eran los blandengues, á cubrir aquellas líneas, donde
permanecieron muchos tiempos, y casi acabaron su número en aquel
servicio y en la pérdida de Montevideo: resultando otra mayor, de la
horfandad de sus familias, antes avecindadas en las guardias á que
pertenecian, y sostenidas de los soldados que ordinariamente era cada
uno un padre de familia, de que resultaba la seguridad del soldado en el
servicio y el aumento de la poblacion.
En el año 10 terminó de todo punto el resto de esta fuerza y armamento
con que cubria sus fuertes, porque pasó integramente á la Banda
Oriental, como necesaria allí. He aquí el último período de vida militar
de las que fueron guardias, y que con dispendiosos gastos fueron
establecidas en los años de 1778 y siguientes.
Aunque en el desconcierto general del sistema del antiguo gobierno y
subrogacion del nuevo, por virtud de la revolucion para obtener la
independencia, se hicieron indispensables muchos trastornos, y tocar
necesidades extremas en toda línea y órden de cosas; sin embargo, la de
fronteras se miró siempre con el cuidado que demandaba su peligrosa
situacion: pues en el año 10, entre los apuros y escaseses de tropas y
auxilios, se formó una expedicion, que marchó hasta la laguna de
Salinas, mas afianzada en la maña y política, que en las fuerzas y
auxilios que la componian. El éxito, en efecto, correspondió á las
esperanzas, y los indios mismos lo auxiliaron con sus personas y
cabalgaduras en su regreso, hasta la fortaleza de esta plaza.
Esta primera relacion de amistad estuvo afianzada hasta el año de 15, y
elevada á tal grado de harmonia, que presentándose ante el Gobierno doce
caciques al adelanto de nuestras fronteras, se acordó precederia un
parlamento general de los de su clase con el Comisionado del Gobierno, y
encargado de este negocio que estableciese, no solo los puntos en que
deberian construirse las guardias, sino tambien otros asuntos relativos
á intereses particulares de los mismos caciques, á manera de los que
disfrutan en Chile los Araucanos.
Aprestáronse los útiles que se creyeron mas necesarios, y muchos fueron
transportados al otro lado del Salado, y estando en marcha el
Comisionado, ocurrió una de las muchas oscilaciones que ha presentado el
curso de nuestra revolucion, y aunque en distancia de los mismos
revolucionarios, se le comprende y aprende, haciéndole volver á la
capital, para sepultarle en un calabozo bien asegurado de grillos, hasta
que se le confina á una guardia, y al año se le repone de oficio á su
empleo, pero no á su comision.
Los indios estrañaron la falta de cumplimiento al término señalado:
ocurrieron á averiguar el motivo, y se les dió por respuesta razones que
no creyeron y que los preparó á la mayor desconfianza: las que
manifestaron osadamente al Gobierno, cuando pudieron entender, que se
trataba de formar á su frente nuevos establecimientos, á que
abiertamente se opusieron; ya por la desconfianza en que se les habia
puesto, y ya tambien por las funestas ideas que les inspiraban nuestros
transfugos desertores que se habian refugiado á sus toldos, á quienes
conservaban aun con armas, por la direccion que les daba para cometer
robos y asesinatos sobre nuestras estancias.
Ultimamente, ellos fueron seducidos por Carreras y Ramirez, y
perpetraron horrorosos excesos, que hoy llora nuestra campaña, ya por
sí, ya sirviendo de auxilio à aquellos malvados invasores. Estas
ocurrencias les han dado causa á creer, que pueden hacernos frente, y à
considerarse vencedores de los desarmados, como si lo hubiesen estado, á
estender sus miras mucho mas allá donde alcanza su vista, y finalmente,
á creer que tienen un derecho á devastarnos.
Las ocurrencias en suma hasta aquí detalladas, referentes á nuestra
poblacion de campaña y fronteras, presentan la nulidad absoluta en que
se hallan, la de no poderlas defender ni mantener, y que es de la mayor
urgencia é interes poner nuestras poblaciones á cubierto del enemigo que
las acecha, vigilante para extinguirlas.
Los puntos que hayan de formar esta línea, las fuerzas para mantenerla,
los fondos de que subsistan sus guarniciones, son fecunda materia de
opiniones, y divididas segun el modo de ver de cada uno, no parecen
fácilmente combinables: pero el tiempo las insta, y es necesario que el
Gobierno se decida con la posible brevedad, por el riesgo que ofrece la
demora.
La que cree que contendria al enemigo un ataque, que lo alejase y
pusiese al menos al otro lado de la Sierra, sin duda que no respeta su
número y localidad y que el desaire de verse batidos, si lo fuesen en
sus terrenos natalicios, los empeña á sostener la guerra hasta verse
esterminados: tampoco cuenta con la suerte de la guerra y sus funestas
variedades, que á no corresponder una suerte favorable, era inevitable
la ruina de la Provincia.
La que discurre sobre formar en la Sierra del Tandil una poblacion de
villa, otra en la Laguna Blanca, y la última en la Cabeza del Buey, toca
aun mas inconvenientes en los ataques, formacion del pueblo y su
conservacion: dejando en flanco los costados al este y oeste de la
primera y última. Y aunque es verdad que las dos opiniones á la vez
tendrán su lugar, este lo ha de graduar el tiempo, y ahora seria empezar
por donde debe acabarse.
La que propone una línea ò camino militar hasta Patagones, se halla en
el propio caso, aunque mas útil y afianzada sobre la costa del mar: pero
á juicio de la Comision, tampoco debe emprenderse, y solo cree preciso y
absolutamente necesario el establecimiento de una línea sobre las
estancias avanzadas al sud del Salado, cuya línea de longitud
este-oeste, en que corren sus poblaciones hasta aquí toleradas por los
indios, no puede llamarles la atencion de un modo que traten de
resistirlo.
La guardia de Kakelhuincul debe ser uno de los fuertes mas equipados,
ampliando sus líneas, y el depósito en que provisionalmente se acopien
los útiles de este y sus contiguos, hasta el punto de abrir los
trabajos.
Esta guardia y poblacion, con las que sigan al sud, deben ser auxiliadas
de las poblaciones de Bruscas, el Tordillo y Montes Grandes, de que
podria encargarse el comandante del mismo fortin, ampliando antes sus
líneas, para que con seguridad pueda recibir mas guarnicion, y en que
con este motivo puedan apoyarse y defenderse en caso necesario la
milicia, vecindario y tropas de línea, en cualquiera accidente de
guerra, invasion ó sorpresa que cometan los indios.
Al costado izquierdo de esta guardia, y en la laguna Naquelrucà, debe
formarse un fortin, que cubra el flanco que media á la Sierra del
Volcan, distante de este punto diez leguas al sud-este: por manera que
Kakelhuincul distará de este fortin detallado trece leguas, que unidas á
las anteriores de la laguna Rucà, resulta el Volcan veinte y tres
leguas:--puntos los tres los mas avanzados al sud y á la frontera
enemiga, y los mas interesantes para las primeras y mas cuantiosas
haciendas de aquellos destinos.
No pudiendo guardar rectitud ni proporcion de distancia la línea de
fuertes que al costado derecho de Kakel debe seguirse, sin aventurar un
choque con los indios, pues se acercarian demasiado á los arroyos en que
tienen situados sus toldos y ganados, se forma oblíqua, consultando las
aguadas permanentes como de absoluta necesidad.
Debe seguir al frente de la guardia de Chascomus, y subrogarse esta en
la laguna del Sermon, ocho leguas de Kakel, y diez y ocho al sud de
Chascomus. Al frente de la guardia de Ranchos debe formarse otra en la
laguna de los Huesos, distante nueve leguas de la del Sermon.
Por el mismo órden debe salir á su frente la guardia antigua del Monte,
y situarse sobre la laguna del Toro, distante de aquella diez y ocho
leguas, y de los Huesos diez leguas.
La de Lobos debe avanzar á la Laguna Blanca, ó si se quiere á las
Polvaderas, distante de la antigua guardia diez y ocho leguas, y nueve
de la del Toro.
El fortin de Navarro sale á la laguna del Trigo, ó laguna de Gomez,
distantes diez leguas de la Blanca, y ocho de las Polvaderas.
La de Lujan, à la cañada de las Saladas, doce leguas distante de las del
Trigo y Gomez.
Esta línea, que promedia obliqua la frontera, corre desde el Volcan
hasta el punto de los Leones, ochenta leguas, y el resto hasta Rojas
desde el fortin de Areco, incluso Salto y Pergamino que se encuentran
hoy en frontera efectiva, por cuanto á su frente no hay hacienda alguna,
por haber sido devastadas por los anarquistos y los indios, deben
reponerse á su antigua fuerza en fuertes y guarniciones: así para que
los vecinos que andan errantes vuelvan á sus hogares y puedan vivir
seguros en sus personas y bienes, como para que los hacendados y pueblos
interiores afiancen igualmente su propiedad, y se dediquen con
tranquilidad á sus labranzas y talleres, libres de las zozobras que
hasta aquí han experimentado; pues llegará bien pronto el tiempo en que,
avanzada la guardia del Salto á la laguna de Palantelen, distante
igualmente del Salto que de la guardia de Lujan, veinte y cinco leguas,
cubra con una respetable guarnicion aquellos dos puntos y terrenos
feraces de invernadas, en que ordinariamente eran ocupados: formando
otra mas al oeste, sobre la laguna del Tigre tuerto, que deje á cubierto
el Pergamino y Rojas, por ahora término de nuestra frontera al norte;
hasta que formada una línea de demarcacion que señale la division con
Santa Fé, manifieste si el fortin de Mercedes deba ó no salir á su
frente al sud á la laguna del Milagro, para que deja en total seguridad
la carrera del Perú y Chile.
La Comision cree, por los conocimientos que tiene de esta línea, por la
que ocupan los indios mas inmediatos, á lo largo, sobre los arroyos que
descienden de la Sierra y su distancia, por el bañado inmenso, de
dificiles pasos que nos divide, como depósito de todas las aguas de la
misma Sierra, cuyo terreno es tan nivelado por la naturaleza que no se
le percibe declive alguno, inutil para todo genero de cultivo y
haciendas; por todo esto, repite la Comision, que cree y le parece, que
esta especie de vallado fija unos límites inequívocos, que dejándolos
sin alteracion á la banda austral de él, no podrán los indios reclamar
nuestras disposiciones como detentadoras de sus posesiones: pues tienen
hasta ahora nuestros hacendados la ocupacion que ellos han tolerado sin
reclamacion; haya sido ó nó con la doble mira de robarles, como lo han
hecho, con repeticion, perfidia y atrozmente.
La Comision se vé necesitada de circunscribirse, á pesar de sus deseos,
á la propuesta línea de fortificacion, siguiendo la máxima política de
obrar segun el estado y circunstancias de la Provincia en el momento.
Desea ciertamente que ella no esté reducida á tan escasos términos; pero
toca como de bulto las dificultades que han de inutilizar otras medidas,
que deben quedar pendientes para su ejecucion, en seguida de esta.
El transporte solo de la antigua línea á la que nuevamente se detalla,
ofrece en su egecucion no pocos tropiezos, no obstante á deber hacerse
casi en el centro de nuestros recursos. ¿Cuanto mas dificil seria
establecerse fuera de ellos con las armas en las manos? Los terrenos por
su aridez, falta de montes, y las mas veces de aguadas, son trabajosos
aun á los escoteros, que miden las jornadas para auxiliarse. ¿Como se
presentaria para vencerlos, un ejército que deberia ir provisto, no para
ocho ni quince dias, sino para meses enteros? Era necesario arrastrar
centenares de carruages y miles de caballos, para atacar á un enemigo,
que siempre está en campo volante, y con mas amovilidad y destreza que
los Arabes: ellos burlarian los mejores planes, y pondrian en ridículo á
sus autores, y despues de haber llevado por los desiertos que los
amparan, á un ejército sin vara de virtud que hiriese á las piedras para
que brotasen agua, sin maná para su alimento, y sin nubes que
interpusiesen sus sombras, para que les libertase de los rigores del
sol, tendrian que sucumbir á la sed y al hambre, y finalmente á manos de
sus enemigos. Sr. Exmo., la Comision se persuade que no debe confundirse
un golpe de mano que suele darse para escarmentar á un enemigo, con las
medidas de una ocupacion ó conquista: aquel es una aventura ó albur que
se dá á la suerte; y estas, el resultado de una profunda meditacion,
calculada sobre las fuerzas fisicas y localidades del país, con otras
muchas reflexiones y razones que van á la par para su logro.
Si solo esta medida, que podrá acaso ser tenida por mezquina de algunos
génios exaltados y celosos del aumento de la Provincia, se pusiese en
toda su evidencia, guarnecida la frontera de las fuerzas que demanda
para su seguridad, y llegando á perfeccionarla, no solo habriamos
alejado para siempre el recelo de otras invasiones, sino que habriamos
dado el paso mas preciso y necesario para la total ocupacion á que
aspiramos, sin pérdida de un hombre, ni menoscabo de hacienda.
La Comision se atreve á decir que, perfeccionada hasta el punto que
debe, ella solo vá á ser la riqueza y seguridad de la Provincia, y capaz
del mayor aumento de poblacion que necesita, abriendo la mano á recibir
y proteger á cuantos quieran venir á establecerse en ella, bajo la
proteccion del Gobierno.
Entre la antigua y nueva línea demarcada, se miden mas de 1,400 leguas
cuadradas, terreno no solo feraz, productivo y útil, sino que
proporciona, una vez asegurado, el descubrimiento de otras riquezas
efectivas y abandonadas, que la escasez de poblacion no ha podido dar á
luz ni reconocer con exactitud. Pero antes de esplanar cuales sean, cree
la Comision hacer otras observaciones, para que el Gobierno ajuste sus
resoluciones del modo que estime por conveniente á la salud pública de
la Provincia y sus intereses.
Atendiendo al orgullo con que se presentan los indios, podran mirar de
mal ojo nuestra nueva línea, y aun tratarla de enervar á viva fuerza,
para cuyo caso es necesario estar prevenidos y alarmados á su repulsa.
Ellos no deben desconocer que la fuerza de nuestras poblaciones los vá á
acercar á la pèrdida de las faldas de la Sierra que ocupan, y este temor
impulsarlos á tomar la medida de incursiones y ataques parciales de que
ordinariamente usan: por lo tanto, dispuestos y armados los partidos,
cuando hayan de dar principio á las obras, parece de necesidad que las
obras se combinen y arreglen de modo, que sean escarmentados en su
primera tentativa.
Es de absoluta necesidad que nuestras poblaciones se estiendan, y que
esta estension sea correspondiente al objeto á que por ahora
principalmente se dirigen, que es el de la labranza y ganaderia. Para
conservar la que tenemos, y mas á la que aspiramos, debemos buscarla, si
fuera preciso, con las armas en la mano, y mucho mas pronto, si la
solicitud de paces que ellos tienen interpuesta con el gobierno, se
descubre ser llamada falsa, de que usan con frecuencia mientras algun
interes particular no les mueve á ello; bien sea por temor de ser
atacados de otros indios, ó por carecer de comunicaciones que les
faciliten los artículos, de que ya han formado necesidades que no pueden
sobrellevar. Pero es preciso estar ciertos que jamas les anima un
principio de buena fé ni desinteresado. Alguna vez se someten á una
fuerza imponente, y se resignan al castigo si se les aprende en el
delito: y aunque se les perdone, su carácter innoble y desconfiado les
precipita de nuevo á cometer excesos y bajezas horrorosas, sin que se
excepcionen entre sí aun sus propios deudos. Como la vida salvaje los
tiene siempre cubiertos de miserias, estan á toda hora asechando el
momento de robarse mutuamente; y por lo mismo no puede detener sus
pasiones sino un motivo muy poderoso, como el de mirar su existencia en
peligro.
La incertidumbre en que por el momento debe estar el gobierno acerca de
la conducta ulterior de los indios, respecto á su propuesta de paces,
ciertamente no puede decidirle á tomar medidas de oposicion: pero si en
efecto continua su propósito de conservar la paz, entre otras cosas,
parece que el comisionado del gobierno, despues de asentar la seguridad
de la línea, seria muy conveniente que tratase de exigirles el
acomodamiento de fortificar uno ó dos puntos del camino militar sobre el
frente del Volcan al otro lado de la Sierra, porque con ellos, y los que
puedan formarse sobre el Rio Colorado y á las márgenes de la Bahia
Blanca, quedarian enteramente dominados, y en precision de abandonar las
sierras y retirarse al oeste, ó repasar el Colorado. Esto es
indispensable que suceda; pero será de un modo que los comisionados, ó
gefes de los destinos, lo presenten en mas ó menos tiempo, segun los
grados de su actividad en promoverlo.
No desconoce la Comision la necesidad que hay de sugetar á nuestras
milicias á sus precisos deberes en los fuertes de fronteras, y de que
han tenido orígen muchas desgracias, sobrevenidas por el mal trato dado
á los indios, cuando en ellas se han presentado con sus miserables
artículos de comercio, procurando robarselos descaradamente y aun darles
de golpes, herirlos, y matar algunos. Estos hechos, que la Comision ha
visto repetir, y aun castigado, han incendiado los ánimos de un modo
terrible, provocándolos á la venganza: muchos y lastímosos hechos
pudiera referir que mas de una vez han comprometido la mejor armonia con
el gobierno; y este desórden puede facilmente remediarse, conviniendo
con los indios en que sus arribos á las guardias sean á determinados
puntos de la misma frontera, reservando solo á los caciques el paso
franco al gobierno, escoltados para su seguridad.
Nuestra campaña, harto desmoralizada por muchas causas que la han
conducido á tal desgracia, principalmente las escaseses á que la han
reducido las incursiones anárquicas, la multitud de desertores y otros
delincuentes que abriga, presenta un motivo de atencion muy particular
sobre esta clase de hombres que la infestan, á mas de una gran porcion
de familias indigentes que sirven de pesada carga al honrado labrador y
útil hacendado, á quienes se les haria un bien en trasladarlos á
aquellas nuevas poblaciones, dándoles propiedades que cultivasen, y
útiles correspondientes: conduciéndoles, si fuese necesario, por fuerza
á su fortuna, evitando su perdicion y la de sus hijos; y á aquellos
persiguièndolos eficazmente, hasta ponerlos en seguridad, ó esterminio,
segun sus delitos.
Este exámen puede hacerse prolijo y exacto, formando una razon
estadística de cada partido, cometida al vecino mas proporcionado, y
vicario de él, con responsabilidad en su inexactitud. Como en dicha
razon debe constar todo vecino y habitante, su ejercicio, propiedades y
proporciones de que se mantiene, el número de hijos, criados y peones,
sus sexos y edades, no podria escapar ninguno á su vigilancia, y el
gobierno podria muy en breve tener en su mano, y á un golpe de vista, la
nota de cuantos fueren disponibles, en servicio y aumento de las nuevas
poblaciones.
La policia de los partidos deberia igualmente ser encargada á vecinos de
las localidades, bajo los reglamentos que el gobierno les prescribiere:
porque tratándose de la seguridad pública é individual, ninguno debe
conocer y celar mejor á los vagos y malos vecinos, que sus propios
convecinos.
Conducido el vecindario por los principios de liberalidad y en favor de
sus intereses, no puede desconocer las bondades del gobierno y de la ley
que lo protege.
La Comision es militar, y ha asentado que con respetable libertad dará
su opinion, apoyada en la justicia y en sus conocimientos. Estos le han
suministrado muchos motivos de observacion para entender y persuadirse
que, mientras no esten perfectamente deslindadas las atribuciones de las
respectivas jurisdicciones, política y militar, no podrá hacerse el
servicio, como corresponde á la tranquilidad y adelantamiento de los
pueblos.
Señor, unas tenebrosas habitudes de despotismo militar han aniquilado el
ánimo del vecindario de campaña, vièndose despejados violentamente de
sus propiedades, ultrajadas sus personas de palabras y obras, y acaso
arrastrados á una cárcel con pérdida total de sus bienes. Estas
impresiones estan aun muy vivas, y se resiente demasiado la provincia de
estos tristes acontecimientos: porque sí algunos elevaron sus quejas, no
merecieron mas que el desprecio, y los demas ahogaron sus sentimientos
para no multiplicar los padecimientos, llorando sus desgracias en el
seno de sus familias.