No es que no pueda presentarse en sociedad; porque no es porque

nosotros lo digamos, pero todo el mundo sabe que Guillermina le regala

sus mejores vestidos, algunos casi sin estrenar. Está muy rara esa

muchacha.

CONDESA

Siempre ha sido muy especial. Nosotros también, al principio de su

desgracia, procuramos atenderles en lo posible; pero nunca fueron muy

agradecidos ni ella ni su hermano, y, la verdad, ya tiene una bastantes

atenciones.

MARÍA ANTONIA

¿Qué dice su hermano? Porque ese sí ha venido.

MARQUESA

Sí, ha venido sin que se le invitara.

GUILLERMINA

Qué cosas tienes, mamá; Manolo es de casa.

MARQUESA

Yo ni siquiera le he preguntado por su hermana; no he querido ponerle

en el caso de disculparla con una mentira. ¿Tú le has preguntado algo?

GUILLERMINA

Sí, pero no necesitaba preguntarle; Eugenia está muy disgustada por su

hermano; la da muchos disgustos. Este verano, yo no creo que fuera todo

verdad; pero dijeron cosas horribles: Eugenia tuvo que ir a suplicar a

Enrique Garcimora para que salvara a su hermano.

CONDESA

Y Enrique fue tan generoso que perdonó y pagó deudas y dio todavía

algún dinero; todo el mundo lo sabe, y, naturalmente, cada uno lo

explica a su modo, y todo ello no favorece a Eugenia en nada.

MARQUESA

¿A ti te han dicho?...

CONDESA

¡Figúrate! Yo no he querido creerlo; pero tú lo habrás oído como yo,

como todo el mundo.

GUILLERMINA

No, eso que dicen no puede ser verdad; eso no; yo pondría las manos en

el fuego por Eugenia. Yo quiero mucho a Eugenia.

MARÍA ANTONIA

Ella habrá pensado que Enrique se casaría con ella, porque él estaba

muy encaprichado; lo vimos todos.

GUILLERMINA

Y se hubiera casado; pero con su hermano...

CONDESA

Enrique tiene otras aspiraciones; de Eugenia pensará que solo le

aceptaba por su dinero, y por su dinero, él, que es un poco fatuo,

antes que casarse lo habrá creído todo posible.

GUILLERMINA

Pero yo no creo que Enrique...

CONDESA

Pues, hija, lo que ve todo el mundo es que ahora ni ella ni su hermano

pasan apuros, y yo no sé lo que vosotros haréis todavía por ellos;

pero de otras muchas personas yo sé que han dejado de protegerles, y

ellos no tienen más que el día y la noche, como suele decirse, y todos

sabemos lo que cuesta vivir.

GUILLERMINA

Eugenia, la pobre, vive como siempre; no es para pensar mal; y Manolo

todos le conocemos: ese tiene la culpa de todo.

MARQUESA

La verdad es que Eugenia hace muy mal en huir de la gente, como parece

que huye. ¿Por qué no viene a nuestra casa como antes? ¿Por qué no ha

venido esta noche? Debió pensar que todo el mundo había de comentarlo,

y los comentarios no han de favorecerla.

CONDESA

Naturalmente. Cuidado que nadie la ha defendido como yo; pero no va

una a pelearse con todo el mundo por defenderla. Ya sabe ella que yo la

he querido siempre.

MARÍA ANTONIA

(_A Guillermina._) Tú, que conoces bien a Eugenia, ¿tú crees posible

que sea verdad lo que dicen?

GUILLERMINA

Yo no sé. Pero si Eugenia no perdería nada casándose con Enrique, no sé

tampoco qué perdería Enrique casándose con ella. ¿Qué necesidad tenían

de dar una campanada?

MARQUESA

No, si yo no digo que todo no acabe en boda, porque Enrique tampoco

quedaría muy bien conceptuado de otra manera; pero, en su vanidad de

nuevo rico, ¿quién le quita la satisfacción de haber comprometido a una

muchacha de nuestra clase, aunque no sea más que para humillarnos a

todos los que hemos tenido la condescendencia de admitirle en nuestra

sociedad como a uno de los nuestros? Nos está muy bien empleado.

ESCENA II

_Dichas_, y el _Marqués de Valladares_.

MARQUÉS

¿Te parece que es buena hora de pasar al comedor?

MARQUESA

En seguida. Hablábamos de Eugenia y Enrique.

MARQUÉS

Yo no quiero hablar, no quiero hablar. Por ahí anda el fresco de

su hermano; apenas si le he saludado. ¡Pero ese muchacho!... ¡Qué

inconsciencia!... ¿No sabrá?... ¿No habrá oído?... No, pues esta noche

ya habrá advertido los desaires de todo el mundo.

MARQUESA

Bastante le importa. Debiera haber empezado por no presentarse en

nuestra casa sin su hermana.

MARQUÉS

Para colmo, no se separa de Enrique en toda la noche, sabiendo todos lo

que sabemos.

CONDESA

¿Entonces tú lo crees?... ¿Crees también lo que dice todo el mundo?...

Yo que te he conceptuado siempre como la persona más ecuánime de

nuestra sociedad, y solo tenía la esperanza de que tú no lo creyeras

para no creerlo yo tampoco, porque para mí tu opinión pesa más que la

de todo el mundo. Ahora ya no tendré más remedio que pensar mal como

todo el mundo. ¡Es horrible!

MARQUÉS

Mira, Carolina, yo te agradezco el favorable concepto de mi persona;

pero esas frases, que en tu boca adquieren un valor apocalíptico: «Todo

el mundo lo dice... Todo el mundo lo sabe...». Todo el mundo significa

muy poco, porque el mundo es muy grande para que todo el mundo sienta

ni diga lo que aun en este Madrid, que ya es una pequeña parte del

mundo, solo le importa a otra pequeñísima parte, que somos nosotros, y

si fuéramos a ver, tampoco nos importa gran cosa.

CONDESA

Si tú no le das ninguna importancia.

MARQUÉS

Sí, le doy la que debe dársele. Me disgusta que Eugenia dé ocasión a

murmuraciones de ese género; pero después de todo, a poco que Enrique

lo piense comprenderá que a él le conviene menos que a nadie que por

él se murmure de una muchacha como Eugenia.

CONDESA

¿Entonces tú crees también que todo acabará en boda?

MARQUÉS

¿Quién lo duda?... ¿Qué razón hay para que Enrique, aunque fuera verdad

lo que la gente ya supone, se niegue a reparar una ligereza?

MARQUESA

Lo mismo le decía yo a Carolina. De todos modos es muy lamentable que

Eugenia tenga que aceptar como reparación un matrimonio con quien,

por su origen, por su educación, por todo menos por su dinero, es muy

inferior a ella.

MARQUÉS

¡No has dicho nada!... Por su dinero...

CONDESA

Tienes razón; pero es que no sabemos si de otro modo... Yo no quiero

creerlo, no quiero pensar que Eugenia haya calculado que no exponía

nada al arriesgarlo todo, porque en el peor caso contaba siempre con

nosotros para hacer comprender a Enrique su obligación de caballero,

porque yo no puedo creer que Enrique haya puesto un precio indigno

de un caballero al favor de salvar al hermano de Eugenia... ¡Sería

horrible! (_Mirando a las chicas._) ¿Nos habrán oído?

MARQUÉS

No te preocupes; estarán hablando de lo mismo con mayor claridad y más

atrevimiento. ¿Vamos al comedor?

MARQUESA

Cuando quieras. (_A María Antonia y Guillermina._) ¿Estáis cansadas de

bailar?

GUILLERMINA

No, es que sabíamos que Manolo nos buscaba, y yo no quería bailar con

él.

MARÍA ANTONIA

Yo tampoco.

GUILLERMINA

Y nos refugiamos aquí. Yo pienso ir a casa de Eugenia mañana mismo,

quiero hablar con ella. ¿Me dais permiso?

MARQUESA

No sé qué vas a decirle. Esta hija mía es de un candor...

GUILLERMINA

Conformes, siempre que no situéis el candor en una higuera.

MARQUESA

¡Guillermina!...

GUILLERMINA

Porque si creéis que no estoy enterada de todo, aunque habléis con

medias palabras... Yo sé bien lo que se dice de la pobre Eugenia, y

aunque fuera verdad, hay que evitarlo. Pero lo que yo quiero es saber

la verdad, y yo sé que ella me dirá la verdad, toda la verdad, sea

la que sea. Manolo viene; vámonos antes. (_Salen Guillermina y María

Antonia._)

MARQUESA

¿Qué te parece, Carolina?

CONDESA

Que me dan una envidia estas muchachas de ahora... Dicen todo lo que

piensan con la mayor libertad.

MARQUÉS

Y menos mal cuando se contentan con decirlo; pero no son peores por

eso, porque en nuestros tiempos...; vosotras bien está que no queráis

acordaros, pero nosotros sí nos acordamos.

MARQUESA

¡Por Dios! ¡Cualquiera que os oiga!

ESCENA III

_Dichos_; _Manolo_, _Enrique_ y _Ricardo_.

MANOLO

¿No estaban aquí Guillermina y María Antonia?

MARQUÉS

Si, aquí estaban cansadas de bailar. (_Salen el Marqués, la Marquesa de

Valladares y la Condesa del Encinar._)

ESCENA IV

_Enrique_, _Manolo_ y _Ricardo_.

MANOLO

¿Os quedáis todavía?

RICARDO

Como Enrique diga.

ENRIQUE

Por mí...

MANOLO

Yo me marcho. Ya habréis observado cómo está la gente esta noche con

nosotros.

ENRIQUE

¿Conmigo?

MANOLO

Es verdad; es que no me he separado de ti; era por mí entonces. Tú

sabrás...

ENRIQUE

No me mires así, porque no entiendo lo que quieres decirme. Por mí

nadie ha sabido nada; de Ricardo tampoco creo que supongas...

MANOLO

No, ya lo sé. No era preciso que nadie lo dijera: lo sabían. No he

debido venir a Madrid. ¡Si no hubiera sido por mi hermana!... Y si ella

quisiera nos iríamos los dos lejos, muy lejos, ahora que gracias a ti

puedo irme sin que parezca que huyo, sin temor a que nadie pudiera

impedirlo; empezar otra vida... ¿Cómo voy a pedirte más de lo que has

hecho?... ¿Cómo voy a pedir que tengas confianza en mí para nada?...

Pero si tú pudieras emplearme en tus empresas, en tus negocios; ¡yo te

juro!... ¿Por qué te lo juraría yo?...

ENRIQUE

No es preciso, Manolo; no es preciso.

MANOLO

¡Soy otro hombre! Sería el ser más despreciable si no fuera capaz de

sentir toda la vergüenza de lo que hice; ¡y cien veces me hubiera

matado si no me hubiera sentido capaz de regenerarme!

ENRIQUE

Vamos, Manolo; no vamos ahora a dramatizar, ni es el lugar, ni es el

momento.

MANOLO

¿Es que no creéis en mí, verdad?... ¡No, no creéis; no cree nadie;

mi hermana tampoco!... ¡Ese es mi mayor castigo!... ¡Por mí!... ¡Por

mí!... ¿Verdad?

ENRIQUE

¿Qué quieres decirme?

MANOLO

¡Nada, es verdad!... ¡Estoy loco!... ¿Qué derecho tengo yo a pedirte

explicaciones de nada?... ¡Cuentas, menos!... Hasta mañana. No os digo

que me despidáis de nadie, porque sé que nadie preguntará por mí.

(_Sale._)

ESCENA V

_Enrique_ y _Ricardo_.

ENRIQUE

¡Explicaciones!... ¡Cuentas!... ¿Qué ha querido decir?

RICARDO

No, no se refería a lo que tú supones, a lo que tú temes. Él solo

piensa que tú querías a su hermana; que tal vez por su conducta has

dejado de pensar en ella. Otra cosa, no; estoy seguro. Él nada sabe;

nadie le ha podido decir...

ENRIQUE

¿Decir? ¿Qué? ¿Qué podrían decirle?

RICARDO

¡Enrique!...

ENRIQUE

Te suplico que no insistas. No sé cómo voy a decirte...

RICARDO

Que tú no puedes decir nada ni a mí, a tu mejor amigo, lo sé: es tu

obligación, tu deber de caballero; pero debieras comprender que en

mí no es exceso de curiosidad; es que acaso yo pudiera aconsejarte,

prevenir con tiempo lo que preveo que te verás obligado a hacer por fin.

ENRIQUE

Casarme con Eugenia, ¿no es eso?

RICARDO

Es lo que más te conviene, tenga la gente o no tenga razón; todo antes

que nadie pueda suponer de ti que si salvaste a su hermano de ir a

presidio fue a cambio del precio...

ENRIQUE

Supongo que tú no me habrás creído nunca capaz de semejante villanía.

RICARDO

No lo creo; pero entonces..., ¿qué ha sucedido? Porque Eugenia ha sido

tuya, es inútil que me lo niegues; tu temor al interpretar las palabras

de su hermano ahora mismo; tus caballerosas negativas con más silencios

que palabras; porque sabes bien que las palabras nunca tendrán el valor

que solo da la verdad a nuestras palabras... ¡Sí, Enrique, sí, y no soy

yo solo quien lo supone, quien lo cree; lo dicen todos; lo aseguran

todos!... ¿Quieres un consejo leal? Apresúrate a pedir la mano de

Eugenia.

ENRIQUE

Sí, caeré sin defensa en una habilísima trama.

RICARDO

Tal vez no. ¿Por qué no ha de quererte Eugenia? Quizá eso que tú

juzgas habilidad solo haya sido llevada del temor a perderte; pero no

hay razón para que ella no se case contigo enamorada, aparte de la

conveniencia; pero ¿en qué acción humana hallaremos nunca el perfecto

desinterés?

ENRIQUE

Es que si tú supieras... ¡No, no debo hablar, no puedo hablar!... ¡Es

que te espantarías si supieras!...

RICARDO

¿La facilidad de la caída?

ENRIQUE

Eso.

RICARDO

Razón de más para no creer que hubiera habilidad; comprende que era

exponer demasiado.

ENRIQUE

Ya sabía ella que nada exponía; que estaban todos los suyos para

obligarme, porque de otro modo yo sería para todos el más vulgar

traidor de melodrama; he salvado a su hermano, he pagado deudas, le he

amparado con mi amistad de las más infamantes sospechas; pero todo a

costa de otra deshonra mayor, la de la mujer que había de resignarse

a todo por salvar a su hermano. ¡Eso creerían todos, eso se diría,

y el más deshonrado sería yo! ¡Qué voy a hacer!... Esta misma noche

anunciaré a los marqueses mi resolución de casarme con Eugenia. ¿Está

bien?

RICARDO

Es lo mejor que puedes hacer. Te felicito. Y no pienses demasiado mal

de Eugenia. ¿Quién sabe?... ¿Quién sabe nunca con las mujeres?...

ENRIQUE

¡Quién sabe!

RICARDO

Supongamos lo peor: que ni ella te quiere ni tú puedes ya quererla; con

mucho dinero y sin cariño no hay infelicidad posible en el matrimonio.

TELÓN

CUADRO SEGUNDO

Gabinete modestísimo en casa de Eugenia y Manolo.

ESCENA I

_Eugenia_ y _Manolo_.

EUGENIA

¿Mucha gente?...

MANOLO

Sí, ya sabes. Guillermina me preguntó por ti.

EUGENIA

Guillermina me quiere; es muy buena. (_Pausa._)

MANOLO

¿Te importaría que nos marcháramos de Madrid los dos?

EUGENIA

No deseo otra cosa; pero ¿cómo viviremos?...

MANOLO

Yo buscaré, yo trabajaré.

EUGENIA

También yo, también yo quiero trabajar.

MANOLO

¡Pensar que yo tengo la culpa de todo!... Enrique se hubiera casado

contigo.

EUGENIA

¡Quién piensa en eso!...

MANOLO

Tú le querías.

EUGENIA

¡Qué importa, si él no hubiera creído nunca que yo le quería!...

MANOLO

¿Por qué no habrá de creerlo?

EUGENIA

Lo sé, estoy segura ... ¡Si me hubiera querido!... ¡No, no!...

GUILLERMINA

(_Dentro._) ¡Eugenia!... ¡Eugenia!...

EUGENIA

¡Ah, Guillermina!...

ESCENA II

_Dichos_ y _Guillermina_.

EUGENIA

¿Vienes sola?

GUILLERMINA

Sí, yo sola, y muy contenta. Tenemos mucho que hablar; traigo muy

buenas noticias. ¡Qué alegría!...

EUGENIA

¿Buenas noticias?...

GUILLERMINA

Sí, sí, ya verás. Estoy contentísima. ¿Quieres dejarnos solas, Manolo?

Tengo que decirle a tu hermana tantas cosas... Delante de ti no me

atrevería.

MANOLO

Te veo tan contenta; como sé cuánto quieres a mi hermana, me voy

tranquilo y contento también. ¡Gracias, Guillermina!... ¡Por Eugenia y

por mí: gracias!... (_Sale._)

ESCENA III

_Eugenia_ y _Guillermina_.

GUILLERMINA

¡Qué alegría, Eugenia, qué alegría!... ¿No sabes?... Anoche Enrique

dijo a mis padres que estaba dispuesto a pedir tu mano.

EUGENIA

¿Eh?...

GUILLERMINA

¡Sí, sí!... ¡Si no podía ser otra cosa; si él te quiere; si te ha

querido siempre, y ahora él sabe muy bien, tú también lo sabrás!...

¡La gente es muy mala! Por culpa de tu hermano tuviste que suplicar a

Enrique; ha habido gente capaz de suponer que él había puesto precio,

un precio indigno de su generosidad... Ya ves qué infamia... Yo sabía

que eso no era posible, ni por él ni por ti; por ti, menos.

EUGENIA

No..., Enrique no...

GUILLERMINA

Había gente capaz de suponer que tú eras su amante, que podías serlo;

ahora se convencerá todo el mundo: serás su mujer y serás muy dichosa.

EUGENIA

¿Lo crees?... Lo que no creerás nunca es lo que voy a decirte, lo que

no podrás explicarte nunca: Que yo he sido de Enrique... Sí, he podido

ser su amante; podía creerse con derecho a serlo.

GUILLERMINA

¡Eugenia!... ¡Me asustas!... ¡No es verdad, no es verdad!...

EUGENIA

Sí, es verdad. Y he sido yo, he sido yo, no puedo culparle... Él

nada exigía; he sido yo la que se ha ofrecido como una mujer fácil,

como una mujer cualquiera; en ninguna de esas mujeres que él habrá

conseguido con su dinero habrá hallado más fácil conquista. Lo que

él no sabrá nunca es cómo pudo ser; cómo el orgullo puede llevar a

la humillación; porque ese fue mi orgullo. Yo le quería, le quería

con toda mi alma, y sabía que él no podía creer en mi cariño, y mi

orgullo era que él creyera sin exigirle nada. Al salvar a mi hermano

yo adivinaba en él la satisfacción orgullosa de sentirse superior a

mí, a nosotros; estaba a merced suya, y él era tan generoso que salvaba

el honor de nuestro nombre; solo el orgullo de mi humillación podía

humillar su orgullo; era preciso pagar, pagar con lo que más valía...

¿Me miras espantada?... Mi orgullo es que yo sola me comprendo, y mi

orgullo mayor, porque no podré ocultar la verdad: que he pagado con la

vergüenza de toda mi vida.

GUILLERMINA

¿Qué dices?... Entonces, ¿si Enrique no se hubiera casado contigo?...

EUGENIA

Sí, la deshonra, la vergüenza; pero no me arrepentiré nunca. Mi única

tristeza es que él nunca comprenderá cómo le he querido, aunque yo sola

sé de lo que soy capaz para que lo comprenda.

GUILLERMINA

¿De qué has de ser capaz?... De ser muy dichosa con él, de ser los dos

muy felices.

EUGENIA

Sí, sí. ¿Dices que ha hablado con tus padres?...

GUILLERMINA

Sí, él sabe que nosotros somos vuestros mejores amigos, y ha querido

que fuéramos los primeros en saberlo. Esta tarde vendrás a casa,

¿verdad?, y allí, delante de mis padres, de todos... ¿No estás

contenta?... Debías estarlo... ¿Ves cómo yo tenía razón?... Yo lo

creí siempre; tenía una fe ciega en el cariño de Enrique. (_Entra una

criada._)

CRIADA

Con permiso de la señorita.

EUGENIA

¿Qué es?...

CRIADA

(_Dándole una tarjeta._) Este caballero que si puede recibirle la

señorita.

EUGENIA

¡Enrique!... No, no, diga usted...

GUILLERMINA

Diga usted que pase; yo hablaré con él. Comprendo que tú no quieras

verle ahora. (_A la criada._) Que pase. (_Sale la Criada._) Vamos,

Eugenia; ya no hay por qué llorar. (_Sale Eugenia._)

ESCENA IV

_Guillermina_ y _Enrique_.

ENRIQUE

¡Guillermina!

GUILLERMINA

Perdone usted; Eugenia está muy emocionada; no ha tenido valor para

recibirle a usted. Esta tarde vendrán a nuestra casa; también usted,

¿verdad?

ENRIQUE

Sí.

GUILLERMINA

Hasta luego entonces.

ENRIQUE

Hasta luego, Guillermina, y muchas gracias. (_Sale Enrique. Entra

Eugenia y se arroja llorando en brazos de Guillermina._)

CUADRO TERCERO

La misma salita del primer cuadro. Es de día.

ESCENA I

La _Marquesa de Valladares_, el _Marqués de Valladares_, _Eugenia_,

_Guillermina_, _Enrique_ y _Manolo_, todos sentados menos Enrique.

ENRIQUE

Y por mi parte no tengo más que decir a ustedes, a Eugenia.

MARQUÉS

Está bien, Enrique, está bien. No dude usted que nuestra satisfacción

es inmensa; Eugenia es como una hija para nosotros. (_Abrazándola._)

Eugenia.

MARQUESA

(_Abrazándola también._) Hija mía.

MANOLO

(_A Enrique dándole la mano._) Enrique, hermano mío.

EUGENIA

¿Y si yo no aceptara?... (_Movimiento de sorpresa en todos._) No, no

acepto.

MANOLO

¿Qué dices?

MARQUESA

¿Estás loca?

MARQUÉS

¡Eugenia!

GUILLERMINA

¡No, no es posible!

EUGENIA

Ya lo he dicho: no acepto, no, mil veces no.

ENRIQUE

¿Por qué, Eugenia, por qué?... ¿Es que no me quiere usted?... ¿Que no

puede usted quererme?...

EUGENIA

Ya no.

ENRIQUE

No creo que tenga usted que culparme de nada. No haga usted que nadie

pueda creer de mí lo que usted sabe que no es verdad.

EUGENIA

Sí, ya lo sé; no puedo culparle a usted de nada porque en su voluntad

de usted no hubo culpa, y el corazón no es nunca culpable, y solo

con el corazón podía usted haber adivinado... solo su corazón podía

haberle dicho que tal vez no hay en nuestra vida más que un instante

en que dos corazones pueden comprenderse, y si ese instante se pierde

en nuestro corazón ya no es posible encontrarse nunca. Si yo aceptara

su ofrecimiento nunca creería usted la verdad; dudaría usted siempre,

siempre; creería usted que todo fue hábil comedia bien representada, un

riesgo fácil en que yo no arriesgaba nada porque estaba segura de que

el final sería esto: un matrimonio ventajoso.

ENRIQUE

No, Eugenia, no... No puedo creerlo.

EUGENIA

No podrá usted creerlo nunca; pero solo así no podrá usted creerlo. La

verdad solo tiene un camino: el sacrificio, la verdad que nos mostró

Dios en la cruz.

ENRIQUE

No, Eugenia, no puede ser; usted sabe que no puede ser, que hay algo

sagrado entre nosotros que no tiene usted derecho a sacrificar, aunque

nuestro cariño no fuera verdad, aunque yo no creyera en usted y usted

hubiera llegado a odiarme.

EUGENIA

Mi hijo, ¿verdad? El que ha de nacer de mí y será tan mío, tan mío,

que solo de él y de Dios acepta mi conciencia mi absolución o mi

castigo, de nadie más. Callen ustedes, es inútil, no hay palabras que

me convenzan; cuanto más tardara en convencerme para acceder después,

más pensaría usted que todo era mentira, y yo quiero que no pueda usted

dudar nunca, que sepa usted siempre que le he querido con toda mi alma,

y que por quererle tanto, antes que a dudar siempre, le condeno a la

verdad.

ENRIQUE

¿Aunque esa verdad sea mi remordimiento para siempre?

EUGENIA

Eso sí, para siempre, para siempre; así quiero que sea. No podrá usted

dudar nunca de mí. No hay nada que pueda destruir una verdad; pero si

es de amor esa verdad, ¿no valdrá más que todo en nuestra vida?

ENRIQUE

¡Eugenia, no, no; no es posible, no es posible!...

EUGENIA

Déjeme usted..., déjenme todos... ¡Para siempre, para siempre!...

(_Sale del brazo de su hermano._)

TELÓN

CUADRO EPÍLOGO

Jardín de un hotel de viajeros.

ESCENA I

_Fanny_ y _Enrique_, sentados en una mesa, toman café, y un _Camarero_

cerca.

ENRIQUE

Hemos merendado muy bien.

FANNY

Está muy bien este hotelito; nunca se nos había ocurrido pararnos aquí.

CAMARERO

Pues paran aquí muchos autos; en verano está esto muy concurrido, y

desde que el hotel cambió de dueño es otra cosa; había caído mucho.

ENRIQUE

¿El dueño vive aquí?

CAMARERO

No, señor; aquí está el encargado, un amigo del dueño, que, lo que es

el mundo, es un joven de la aristocracia.

ENRIQUE

¿Sí? ¿Cómo se llama?

CAMARERO

Don Manuel, y se apellida..., deje usted, aquí se apellida de otro

modo; pero yo tengo oído, por gente que viene aquí y le conoce, que el

título, porque es de título, es algo así..., deje usted..., de Castro...

ENRIQUE

¿Castrojeriz?

CAMARERO

Ya: Manolo Castrojeriz.

FANNY

¿Le conoces?

ENRIQUE

Sí, mucho.

CAMARERO

Pues ese es el encargado. Vive aquí con su hermana.

ENRIQUE

¿Sí?

CAMARERO

Muy buena señora y muy trabajadora; ella, más que nadie, es la que

tiene todo a su cargo; no perdona falta; pero tiene un modo de decir

las cosas que no puede uno disgustarse. Se ve que es persona de clase,

porque la mujer del dueño de antes, no quiera usted saber, dicen que

había sido cocinera, y no había quien la aguantara. (_Se oye la voz de

Eugenia dentro._)

EUGENIA

No pises las flores.

CAMARERO

Esa es doña Eugenia, con el niño, su hijo.

FANNY

¿Es casada?

CAMARERO

Viuda muy joven, quedó viuda muy joven. También dicen... Vaya usted a

saber; como aquí viene tanta gente, qué no oirá uno.

ENRIQUE

¿Sabe usted si ha merendado ya el mecánico?

CAMARERO

Iré a ver. ¿Se marchan ustedes? Esto ahora es cuando empieza a estar

bueno, a la caída de la tarde.

ENRIQUE

Sí, pero vamos muy lejos.

CAMARERO

Ya.

ENRIQUE

La cuentecita, si me hace el favor.

CAMARERO

Voy a ver cuánto importa lo del mecánico.

ENRIQUE

Dígale usted que prepare el coche. (_Sale el camarero._)

FANNY

Sí que parece todo muy cuidadito el jardín; bonitas flores, ¿vamos a

verlas?

ENRIQUE

Deja, sentiría encontrarme...

FANNY

¿Con el encargado?

ENRIQUE

Sí, no puede hacerle gracia encontrarse con amigos que les conocieron

en otra posición.

FANNY

¿Los conocías mucho?

ENRIQUE

Sí, de Madrid; después, claro, con mis viajes dejé de verlos; no sabía

lo que había sido de ellos. (_Entra el Camarero._)

CAMARERO

Aquí tiene usted, señor. (_Dándole la cuenta. Enrique saca dinero y

paga._) Voy por la vuelta.

ENRIQUE

Está bien.

CAMARERO

Muchísimas gracias. (_Ha entrado un niño pequeño con un ramo de

flores._) El niño de la señorita que trae unas flores para la señora:

es su costumbre.

FANNY

Es muy guapo.

NIÑO

De parte de mi mamá.

FANNY

Muchas gracias a tu mamá y a ti. ¡Qué amable!... ¿Me das un beso?...

¿Cómo te llamas?

NIÑO

Jesusito.

CAMARERO

Van ustedes a oír. Vamos a ver: diles a estos señores lo que eres tú.

NIÑO

Soy el niño Jesús de mi mamá.

FANNY

Qué rico. (_Basándole._)

ENRIQUE

¿Qué juguetes te gustan más?

CAMARERO

Tiene de todo; no crean ustedes: su tío le compra muchos juguetes;

siempre que va a Madrid le trae sin fin de cosas.

ENRIQUE

¿Te gustaría un auto de verdad, un auto muy pequeño para manejarlo tú y

pasear por aquí?

NIÑO

¿Un auto de verdad..., de verdad?

ENRIQUE

Pues dentro de unos días van a traerte uno.

CAMARERO

Mire el señor que va a creérselo y no va a haber quien le aguante

pensando en el auto.

ENRIQUE

Es que vendrá de verdad.

CAMARERO

¿Tú oyes esto?

ENRIQUE

¿Había merendado ya el mecánico?

CAMARERO

Sí, ya está junto al coche.

ENRIQUE

Pues vamos.

FANNY

Adiós, hermoso; da muchas gracias a tu mamá por sus flores.

NIÑO

¿Cuándo traerán el auto?

ENRIQUE

Muy pronto..., muy pronto.

FANNY

Ya volveremos alguna vez a verte. Adiós, adiós.

CAMARERO

Muy buenas tardes; que los señores sigan bien. Dales las buenas tardes.

NIÑO

Vidas cruzadas · 第 3 / 4 段