22 de mayo, por la noche.

«Queda entablada la lucha entre el médico y la muerte. De nuevo tengo

que infundir la vida en el cuerpo aniquilado de mi hija. Si Dios me

ayuda confío en conseguirlo; pero, si me abandona a mis propias fuerzas,

no habrá remedio para Magdalena y mi pobre hija morirá.

»Ahora su sueño es febril y agitado, pero siquiera duerme, pronunciando

sin cesar el nombre de Amaury.

»¡Oh! ¡Yo soy culpable de todo! ¿Por qué he permitido que bailara?... Y

sin embargo, si otra vez me encontrase en iguales circunstancias

volvería a proceder como esta noche lo he hecho.

»Es preciso tratar el alma de mi hija con más delicadeza y más cuidado

que su cuerpo, porque la pena que a veces le causan sus pensamientos es

mucho más temible que la dolencia de su pecho. Antes se habrá desmayado

de celos, que de desfallecimiento físico.

»¡Sucumbió a los celos!... ¡Dios mío! ¡Era verdad lo que yo tanto

temía!... Tiene celos de su prima... ¡Pobre Antonia! Ella lo ha

advertido tan pronto como yo y en todos sus actos ha mostrado toda la

bondad y la abnegación de que su alma es capaz.

»Amaury es el único que ignora todo esto; él no ha sabido ver nada. En

verdad hay que convenir en que el hombre a veces es rematadamente ciego.

»Tentaciones me han dado de enterarle de lo que pasa; pero he tenido

miedo de que ahora se fijase más que antes en Antonia... No, no, vale

más que no sepa una palabra.

»¡Hija mía!

»Me pareció que despertaba. Acaba de murmurar palabras incoherentes, que

no he podido entender, y ha vuelto a dejar caer la cabeza sobre el

almohadón, sumida en su sopor.

»Estoy muy inquieto y como sobresaltado. Desearía hacer que despertase

cuanto antes... Quisiera averiguar si está mejor... Pero me detiene el

temor de encontrar que se ha agravado.

»Esperemos, pues, y velaré entretanto... ¡Dios mío! Cada vez que pienso

en que se ha repetido el caso de que Amaury la hiera sólo con tocarla...

¡Ese hombre acabará por matarla! Cuando pienso en que si no le conociera

ella podría vivir... Pero, no, no; si no fuera él sería otro; así lo

exige de un modo implacable la ley de la Naturaleza. Tanto los corazones

como las almas se buscan unos a otros. ¡Desgraciados de aquéllos cuyo

corazón y cuya alma se encierran en un cuerpo débil y sin resistencia!

Esos sucumben al choque que los despedaza.

»¡No y no! Ese casamiento es un sueño irrealizable; es un proyecto

utópico. Mi hija sería víctima de su propia dicha. ¿No la tengo ahí

moribunda por haber sido feliz un solo instante?»

Amaury · 第 28 / 90 题