17 de mayo

«¡Desdichado de mí!

»Se desvanecieron otra vez mis sueños; volaron todas mis ilusiones.

»Cuando me levanté confiaba en pasar un día feliz, y Dios había

dispuesto que fuese de aflicción y de dolor.

»Amaury ha venido como siempre esta mañana. Los he dejado muy contentos

bajo la vigilante mirada de la señora Braun y he salido a mis quehaceres

acostumbrados.

»Me he pasado todo el día pensando en el gozo con que anunciaría a

Amaury la comisión que logré para él y los planes que he forjado. Cuando

llegué a casa eran más de las cinco y se disponían a sentarse ya a la

mesa.

»Amaury había salido para volver más pronto indudablemente, y se conocía

que no hacía mucho rato porque el semblante de Magdalena, estaba,

radiante aún de felicidad.

»¡Pobre hija mía! A creerla, nunca se encontró mejor.

»¿Me habré equivocado yo? Este amor que a mí me asustaba, tanto, ¿habrá

venido a dar vigor a esa complexión enfermiza y enclenque, cuya

destrucción temía? La Naturaleza está llena de abismos que la mirada más

escrutadora jamás alcanzará a sondear.

»Todo el día había estado pensando en la dicha que les tenía preparada,

lo mismo que el niño que guarda una sorpresa para una persona a quien

ama y que siempre está a punto de revelar el secreto. Temiendo descubrir

el mío a Magdalena, dejé a ésta en el salón y descendí al jardín.

Mientras me paseaba oía vagamente la sonata que estaba tocando al piano;

era una melodía que ejecutada por mi hija me llenaba de gozo el corazón.

»Aquel arrobamiento duró como un cuarto de hora.

»Complacíame yo en aproximarme a aquella fuente de armonía, y después de

deleitarme un instante me alejaba de ella para dar la vuelta al jardín.

»Cuando llegaba al límite de éste, casi yo no oía el piano, y únicamente

llegaban a mis oídos las notas más agudas bastante amortiguadas por la

distancia. Después, al regresar, entraba de nuevo en el círculo

armonioso, del cual volvían a alejarme mis paseos en dirección opuesta.

»A todo esto iba cerrando la noche.

»Súbitamente cesó de oírse el piano. Yo sonreí, adivinando la causa de

ello: Amaury acababa de llegar.

»Entonces volví al salón, pero por otro camino; por una senda oscura, a

lo largo del muro.

»En ella encontré a Antoñita, que estaba sentada en un banco, sola y muy

pensativa. Dos días hacía que tenía el propósito de hablarla, y juzgando

el momento favorable, me detuve ante ella.

»¡Pobre Antonia! Había creído yo que en cierto modo iba a ser un estorbo

para la feliz existencia que pensábamos pasar; que los sentimientos más

íntimos no debían ser manifestados entre testigos y por lo tanto,

juzgaba muy conveniente que ella no viniese con nosotros.

»Pero tampoco podía yo dejar aquí sola a la pobre criatura. Quería

separarme de ella; mas dejándola disfrutando también de una dicha

análoga a la nuestra. El cariño que yo siento hacia ella y el que

profesé a mi hermana, me obligaban a obrar así.

»Cuando me vio, alzó la vista y me dijo sonriendo:

»--Ya ve usted cómo no me engañaba cuando le dije que la felicidad de

ellos le haría dichoso.

»--Sí, hija mía, pero eso no es bastante; has de serlo tú también.

»--¿Yo? ¡Si ya lo soy! ¿Me falta algo, por ventura? Usted me quiere como

un padre; Magdalena y Amaury me quieren como una hermana: ¿qué más puedo

desear?

»--Una persona que te quiera como esposa, Antoñita; y ya me parece que

he encontrado esa persona.

»--¡Tío!--exclamó Antoñita con acento que parecía suplicarle que no

prosiguiese.

»--Escúchame, querida sobrina, y ya responderás luego.

»--Hable usted, tío.

»--¿Conoces a Julio Raymond?

»--¿Quién? ¿Ese joven que es procurador de usted?

»--Sí, el mismo. ¿Qué te parece?

»--Me parece muy simpático... aun cuando procurador.

»--¡Vaya! déjate de bromas. ¿Te repugnaría ese joven?

»--Para que a una mujer le cause repugnancia un hombre, tiene que amar

a otro, y como yo no me encuentro en ese caso, todos me son igualmente

indiferentes.

»--Pues bien, Antoñita: sabe que ayer vino Julio a verme; si tú no has

fijado en él tus ojos, él en cambio pronto ha puesto en ti los suyos...

Te advierto, que es un hombre destinado a tener gran porvenir; ya se ha

labrado por sí mismo una fortuna, y quiere compartirla contigo. Por lo

pronto comienza por dotarte en doscientos mil francos...

»--Mire usted, tío--repuso Antonia interrumpiéndole,--todo eso que usted

me dice, no deja de ser, y así lo reconozco, muy noble, y muy hermoso y

yo no puedo menos de darle por ello las gracias más cumplidas. No negaré

que Julio es entre los hombres de su clase, una excepción muy digna de

estima; pero ya le he dicho a usted en más de una ocasión, que no tengo

otro deseo que quedarme a su lado, viviendo en su compañía, mientras

usted lo permita. Ni concibo ni quiero otra felicidad, y si usted no

dispone otra cosa, ésa es la que yo elijo.

»Traté de insistir, queriendo convencerla de las ventajas que le

aportaba ese enlace. Yo le proponía un joven rico, y considerado; mi

vida no podía ser muy larga; ¿qué sería de ella, cuando le faltasen mi

apoyo y mi cariño?

»Me escuchó con calma, que revelaba su resolución, y cuando hube

terminado, me contestó:

»--Tío, yo le debo a usted obediencia como se la debía a mis padres, ya

que al morir éstos me confiaron a usted. Ordene, pues, y me apresuraré a

obedecerle; pero no intente convencerme, porque mi situación de ánimo es

tal, que mientras sea dueña de mi voluntad no aceptaré partido alguno,

así se trate de un millonario o de un príncipe.

»Tan gran firmeza revelaban su voz, sus ademanes y hasta sus menores

gestos, que el insistir yo, habría significado tanto como querer

convertir la persuasión en mandato. Así, pues, díjele que podía disponer

libremente de su mano, le dí cuenta de los planes que iba a exponer a

mis hijos, y le anuncié que vendría con nosotros, al oír lo cual movió

la cabeza y me respondió que quedaba muy agradecida a mi buena

intención, pero que no podía aceptar mi oferta. Protesté yo, y entonces

ella repuso:

»--Oiga usted, tío. Dios, que manda en los destinos del mundo, ha

dispuesto para unos la felicidad, y para otros la desdicha. Mi suerte es

la soledad. De muy joven he perdido ya mis padres. La animación y el

ruido de un largo viaje, y el variado espectáculo de pueblos y paisajes

no me convienen a mí. Me quedaré aquí en París, y acompañada de nuestra

aya, esperaré el regreso de ustedes. Sólo dejaré mi aposento para ir a

misa, o para salir a dar un paseo por la noche a este jardín, y cuando

ustedes vuelvan me encontrarán donde me han dejado, y yo les recibiré

con la misma calma en mi corazón, e igual sonrisa en mis labios; lo cual

no podría ser si usted se empeñara en introducir en mi existencia el

cambio de lo que me hablaba, que la convertiría en cosa muy distinta de

lo que debe ser.

»No quise insistir más; pero hube de preguntarme qué era lo que podría

impulsar a Antoñita a convertirse en religiosa cambiando en celda la

habitación de una joven como ella, hermosa, gentil, llena de gracia y

que poseía un dote de doscientos mil francos.

»Mas, ¿para qué había de entretenerme en buscar la razón de tan

inexplicables caprichos, y en apiadarme de Antonia, en vez de ir al

salón directamente?

»No sé cuánto tiempo habría estado yo allí contemplando a mi sobrina, es

decir a mi segunda hija, a no haber sido porque ella algo confusa quizá

por mis miradas y queriendo esquivar mis futuras preguntas, me pidió

permiso para retirarse a su aposento.

»--No, hija mía, no--le dije;--yo soy quien se retira. Tú puedes tomar

el fresco sin cuidado. ¡Ojalá pudiera Magdalena hacer lo mismo!

»--Tío--repuso Antoñita levantándose,--le juro por las estrellas que

tachonan el cielo y por la luna que nos alumbra con su suave resplandor,

que si me fuese factible el dar mi salud a Magdalena, se la daría con

toda mi voluntad. ¿No sería mejor que el peligro en que se encuentra, lo

corriese una triste huérfana como yo, que no ella rodeada de riquezas y

de afecto?

»Abracé a Antoñita, que había pronunciado estas palabras en un tono de

sinceridad que no dejaba lugar a la más leve sombra de duda; y mientras

ella volvía a tomar asiento en su banco, yo me dirigí hacia la

escalinata para subir al salón.

Amaury · 第 21 / 90 题