15 de mayo

«Por lo menos no me separaré de mi hija; se quedarán a mi lado; yo iré a

donde ellos vayan y viviré con ellos.

»Proyectan pasar el invierno en Italia, o para hablar con más propiedad,

mi prudente previsión les ha sugerido ese propósito. Así, pues,

presentaré mi dimisión de médico de cámara y me iré con mis hijos.

»Magdalena es rica y yo también lo soy. ¡Qué puedo necesitar yo, si lo

que guardé fue para ella!

»Seguro estoy de que mi partida causará a muchos gran sorpresa y que

tratarán de retenerme en nombre de la ciencia, diciéndome que no debo

dejar abandonada mi clientela, pero, ¿qué importa?

»Para mí la única persona en quien tengo que pensar es Magdalena; eso no

sólo constituye una dicha sino que es además un deber. Mis hijos

necesitan de mí y a ellos me debo. Les serviré de cajero; es necesario

que Magdalena sea la más deslumbradora entre todas, ya que es la más

hermosa, sin que su fortuna disminuya por tal causa.

»Nos procuraremos en Nápoles, en Villa Reale, un palacio cuya fachada dé

al Mediodía. Allí mi hija florecerá como una planta lozana restituida

al suelo natal.

»Yo dirigiré su casa, organizaré sus saraos, haré el papel de intendente

y les descargaré del peso de todos los cuidados materiales que la vida

social lleva consigo.

»Sólo habrán de pensar en ser felices y en quererse... Ya es bastante

ocupación, después de todo.

»Quiero además que este viaje, que para ambos es de puro recreo, sea

provechoso para Amaury y le sirva para adelantar en su carrera; así, sin

enterarles de nada, ayer mismo pedí al ministro que le encomendase una

importante comisión secreta y mi pretensión fue atendida.

»Todo lo que treinta años de trato con los hombres más eminentes y de

observación constante en el orden físico y en el moral me han producido

en influencia y en conocimientos, lo pondré a su disposición para que se

sirva de ello.

»Y no sólo me propongo ayudarle en el cumplimiento de la misión que le

encargan, sino que su trabajo lo llevaré a cabo yo mismo. Sembraré para

él a fin de que sólo tenga que tomarse el trabajo de recoger la cosecha.

»Todo lo que yo le doy pertenece a mi hija, como le pertenecen mi

fortuna, mi vida y mi pensamiento, que ya le había dado antes.

»Todo será para ellos; yo no quiero reservarme para mí otra, cosa que el

derecho de mirar de vez en cuando a Magdalena, escucharla cuando me

hable y verla hermosa y satisfecha.

»No me separaré de ella y me olvidaré, como me olvido ya, del instituto,

de los clientes y hasta del rey, que hoy ha enviado a preguntar por mi

salud. Todo lo olvidaré menos mis hospitales; los demás enfermos son

ricos v pueden acudir a otro médico, pero mis pobres no; si éstos no me

tuvieran a mí ¿quién los asistiría?

»Y el caso es que no tendré más remedio que dejarles, cuando me vaya con

mi hija. Algunas veces me pregunto si tengo derecho a abandonarles; pero

no paso a creer que haya nadie en el mundo que tenga sobre mí más

derecho que mi hija.

»Parece increíble la facilidad con que dudamos a veces de las cosas más

simples. Ya rogaré a Cruveilhier o a Jaubert que ocupen mi lugar.»

Amaury · 第 18 / 90 题