De lo que contesció al que echaron en la isla desnuyo cuandol tomaron
el señorío que tenía.
Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et díjole:
--Patronio, muchos me dicen que, pues yo so tan honrado et tan
poderoso, que faga cuanto pudiere por haber grand riqueza et grant
poder et grant honra, ca esto, es lo que me más cumple et más me
pertenesce. Et porque yo sé que siempre me consejades lo mejor et
que lo faredes así daqui adelante, ruégovos que me consejedes lo que
vierdes que más me cumple en esto.
--Señor conde--dijo Patronio--este consejo que me vos demandades es
grave de dar por dos razones: lo primero, que en este consejo que me
vos demandades, habré a decir contra vuestro talante; et lo otro,
porque es muy grave de decir contra el consejo que es dado a pro del
señor. Et porque en este consejo ha estas dos cosas, esme muy grave
de decir contra él, pero, porque todo consejero, si leal es, non debe
catar sinón para dar el mejor consejo et non catar su pro, nin su daño,
nin si le place al señor, nin si le pesa, sinón decirle lo mejor que
homne viere; por ende, yo no dejaré de vos decir en este consejo lo que
entiendo que es más vuestra pro et vos cumple más. Et por ende, vos
digo, que los que esto vos dicen que en parte vos consejan bien, pero
non es el consejo complido nin bueno para vos; mas para seer del todo
complido et bueno, sería muy bien et placerme hía mucho que sopiésedes
lo que acaesció a un homne quel ficieron señor de una grand tierra.
E el conde le preguntó como fuera aquello.
--Señor conde Lucanor,--dijo Patronio--en una tierra habían por
costumbre que cada año facían un señor. Et en cuanto duraba aquel año
facían todas las cosas que él mandaba. Et luego que el año era acabado,
tomábanle cuanto había et desnudábanle et echábanle en una isla solo,
que non fincaba con él homne del mundo.
Et acaesció que hobo una vez aquel señorio un homne que fué de mejor
entendimiento et más apercebido que los que lo fueron ante. Et porque
sabía que desque el año pasase, quel habían de facer lo que a los
otros, ante que se acabase el año del su señorio, mandó en grand
poridat facer en aquella isla, do sabía que lo habían de echar, una
morada muy buena et muy complida en que puso todas las cosas que eran
mester para toda su vida. Et fizo la morada en lugar tan encubierto que
nunca gelo pudieron entender los de aquella tierra quel dieron aquel
señorío.
Et dejó algunos amigos en aquella tierra así adebdados et castigados
que, si por aventura algunas cosas hobiese mester de las que él non se
acordara de enviar adelante, que gelas enviasen ellos en guisa quel non
menguase ninguna cosa.
E cuando el año fué complido et los de la tierra le tomaron el señorío
et le echaron desnudo en la isla así como a los otros ficieron que
fueron ante que él; por que él fuera apercebido et había fecho tal
morada en que podía vevir muy vicioso et muy a placer de sí, fuese para
ella, et viscó en ella muy bien andante.
Et vos señor conde Lucanor, si queredes seer bien consejado, parad
mientes que en este tiempo que habedes de vevir en este mundo, pues
sodes cierto quel habedes a dejar et que vos habedes a partir desnudo
dél et non habedes a levar del mundo, sinón las obras que ficierdes,
guisat que las fagades tales, porque, cuando deste mundo salierdes,
que tengades fecha tal morada en el otro, que cuando vos echaren
deste mundo desnudo, que fallades buena morada para toda vuestra
vida. Et sabet que la vida del alma non se cuenta por años, mas dura
para siempre sin fin; ca el alma es cosa spiritual et non se puede
corromper, ante dura et finca para siempre. Et sabet que las obras
buenas o malas que el homne en este mundo face, todas las tiene Dios
guardadas para dar dellas gualardón en el otro mundo segund sus
merecimientos. Et por todas estas razones, conséjovos yo, que fagades
tales obras en este mundo por que cuando dél hobierdes de salir,
falledes buena posada en aquel do habedes a durar para siempre, et que
por los estados et honras deste mundo que son vanas et fallecederas,
que non querades perder aquello que es cierto que ha de durar para
siempre sin fin. Et estas buenas obras facetlas sin ufana et sin
vanagloria que aunque las vuestras buenas obras sean sabidas, siempre
serán encubiertas, pues non las facedes por ufana, nin por vanagloria.
E otrosí, dejat acá tales amigos que lo que vos non pudierdes complir
en vuestra vida, que lo cumplan ellos a pro de la vuestra alma. Pero
seyendo estas cosas guardadas, todo lo que pudierdes facer por levar
vuestra honra et vuestro estado adelante, tengo que lo debedes facer,
et es bien que lo fagades.
E el conde tovo este por buen enjiemplo et por buen consejo et rogó a
Dios quel guisase que lo pudiese así facer como Patronio dicía.
Et entendiendo don Johan que este enjiemplo era bueno, fízolo escribir
en este libro, et fizo estos viesos que dicen así:
Por este mundo fallecedero,
Non pierdas el que es duradero.