De lo que contesció a uno que probaba sus amigos.
Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta
manera:
--Patronio, segunt el mío cuidar yo he muchos amigos que me dan a
entender que por miedo de perder los cuerpos nin lo que han, que non
dejarían de facer lo que me cumpliese, e que por cosa del mundo que
pudiese acaescer non se partirían de mi. Et por el buen entendimiento
que vos habedes, ruégovos que me digades en que manera podré saber si
estos mis amigos farían por mi tanto como dicen.
--Señor conde Lucanor, dijo Patronio--los buenos amigos son la mejor
cosa del mundo, et bién cred que cuando viene grand mester et la grand
queja que falla homne muy menos de cuantos cuyda, et otrosí quando el
mester non es grande es grave de probar cual sería amigo verdadero
cuando la priesa veniese; pero para que vos podades saber cual es el
amigo verdadero, placerme hía que sopiésedes lo que contesció a un
homne bueno con un su fijo que dicía que había muchos amigos.
E el conde le preguntó como fuera aquello.
--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--un homne bueno había un fijo et
entre las otras cosas quel mandaba et le consejaba, dicial siempre
que punase en haber muchos amigos et buenos. E el fijo fízolo así, et
comenzó a acompañarse et a partir de lo que había con muchos homnes
por tal de los haber por amigos. Et todos aquellos dicían que eran sus
amigos et que farían por él todo cuantol cumpliese, et que aventurarían
por él los cuerpos et cuanto en el mundo hobiesen cuandol fuese mester.
E un día, estando aquel mancebo con su padre, preguntol si había fecho
lo quel mandara, et si había ganado muchos amigos. E el fijo díjole
que si, que había muchos amigos, mas que señaladamente entre todos los
otros había fasta diez de que era cierto que por miedo de muerte nin
por ningun recelo, que nunca lo erraríen por queja, nin por mengua, nin
por ocasión quel acaesciese.
E cuando el padre esto oyó, dijol: que se maravillaba ende mucho porque
en tan poco tiempo pudiera haber tantos amigos et tales, ca él que era
mucho anciano, nunca en toda su vida pudiera haber más de un amigo et
medio.
E el fijo comenzó a porfiar diciendo que era verdat lo que él dicía de
sus amigos. E desque el padre vió que tanto porfiaba el fijo, díjole
que los probase en esta guisa:
Que matase un puerco et que lo metiese en un saco et que se fuese a
casa de cada uno daquellos sus amigos et que les dijiese que aquel
era un homne que él había muerto et, que era cierto, si aquello fuese
sabido que non había en el mundo cosa quel pudiese escapar de la
muerte a él et a cuantos sopiesen que sabían daquel fecho; et que les
rogase, que pues sus amigos eran, quel encubriesen aquel homne et, si
menester le fuese, que se pasasen con él a lo defender.
E el mancebo fízolo e fué probar sus amigos según su padre le mandara.
Et desque llegó a casa de sus amigos et les dijo aquel fecho perigloso
quel acaesciera, todos le dijieron, que en otras cosas le ayudaríen;
mas que en esto, porque podrían perder los cuerpos et lo que habían,
que non se atreverían a lo ayudar et que, por amor de Dios, que
guardase que non sopiese ninguno que había ido a sus casas. Pero destos
amigos algunos le dijieron que non se atrevían a facerle otra ayuda,
mas que irían rogar por él: et otros le dijieron que cuando lo levasen
a la muerte, que non le desampararían fasta que hobiesen complido en él
la justicia, et quel farían honra al su enterramiento.
E desque el mancebo hobo probado así todos sus amigos et non falló
cobro en ninguno, tornose para su padre et díjol todo lo quel
acaesciera. E cuando el padre así lo vió venir, díjol, que bien podía
ver ya que más saben los que mucho han visto et probado, que los que
nunca pasaron por las cosas. E estonce le dijo que él non había más de
un amigo et medio et que los fuese probar.
E el mancebo fué probar al que su padre tenía por medio amigo: et llegó
a su casa de noche e levaba el puerco muerto a cuestas, et llamó a la
puerta daquel medio amigo de su padre et contol aquella desaventura
quel había contescido et lo que fallara en todos sus amigos, et rogol
que por el amor que había con su padre que le acorriese en aquella
cuita.
E cuando el medio amigo de su padre aquello vió, díjol: que con él non
había amor nin afacimiento porque se debiese tanto aventurar, mas que
por el amor que había con su padre, que gelo encubriría.
E entonce tomó el saco con el puerco a cuestas, cuidando que era homne,
et levolo a una su huerta et enterrolo en un surco de coles; et puso
las coles en el surco así como antes estaban et envió el mancebo a
buena ventura.
Et desque fué con su padre, contol todo lo quel contesciera con aquel
su medio amigo. E el padre le mandó que otro día cuando estudiesen en
consejo, que sobre cualquier razón que departiesen que comenzase a
porfiar con aquel su medio amigo, et sobre la porfia quel diese una
puñada en el rostro, la mayor que pudiese.
E el mancebo fizo lo quel mandó su padre et cuando gela dió, catol el
homne bueno et díjol:
--A buena fe, fijo, mal feciste, mas dígote que por esto nin por otro
mayor tuerto, non descubriré las coles del huerto.
Et desque el mancebo esto contó a su padre mandol que fuese probar
aquel que era su amigo cumplido. Et el fijo fízolo.
Et desque llegó a casa del amigo de su padre et le contó todo lo que
le había contescido, díjole el homne bueno, amigo de su padre, que él
le guardaría de muerte et de daño.
E acaesció por aventura, que en aquel tiempo habían muerto un homne en
aquella villa, et non podían saber quien lo matara. Et porque algunos
vieron que aquel mancebo había ido con aquel saco a cuestas muchas
veces de noche, tovieron que él lo había muerto.
E ¿qué vos iré alongando? El mancebo fué judgado que lo matasen. Et el
amigo de su padre había fecho cuanto pudiera por lo escapar. E desque
vió que en ninguna manera non lo pudiera librar de muerte, dijo a los
alcaldes que non quería levar pecado de aquel mancebo, que sopiesen que
aquel mancebo non matara el homne, mas que lo matara un su fijo solo
que el había. Et fizo al fijo que lo cognosciese; et el fijo otorgolo.
Et matáronlo. Et escapó de la muerte el fijo del homne bueno que era
amigo de su padre.
E agora, señor conde Lucanor, vos he contado cómo se prueban los
amigos, et tengo que este ejiemplo es bueno para saber hombre en este
mundo cuales son los amigos, et que los debe probar ante que se meta
en grant periglo por su fiuza, et que sepa a cuanto se pararen por él
sil fuese mester, ca cierto seed, que algunos son buenos amigos, mas
muchos, et por aventura los más, son buenos amigos de la ventura que
así como la ventura corre así son ellos amigos. E otrosí, este ejiemplo
se puede entender spiritualmente en esta manera: todos los homnes en
este mundo tienen que han amigos, et cuando viene la muerte, hanlos de
probar en aquella queja, et van a los seglares et dícenlos que asaz
han que facer en si, e van a los religiosos et dícenlos que rogarán a
Dios por ellos, e van a la mujer et a los fijos et dícenles que irán
con ellos fasta la fuesa et que les farán honra a su enterramiento, et
así prueban a todos aquellos que ellos cuidaban que eran sus amigos.
Et desque non fallan en ellos ningún cobro para escapar de la muerte,
así como tornó el fijo del buen homne,--despues que non falló cobro
en ninguno daquellos que cuidaba que eran sus amigos,--a su padre,
tórnanse a Dios que es su padre, et Dios díceles que prueben a los
sanctos que son medios amigos. Et ellos fácenlo. Et tan grand es la
bondat de los sanctos et sobre todos de sancta María, que non dejan de
rogar a Dios por los pecadores: et sancta María muéstrale cómo fué su
madre et cuanto trabajo tomó en lo tener et en lo criar, et los sanctos
muéstranle las lacerias et las penas et los tormentos et las pasiones
que recebieron por él, et todo esto facen por encobrir los yerros de
los pecadores. Et aunque hayan recebido muchos enojos dellos, non lo
descubren, así como non descubrió el medio amigo la puñada quel dió el
fijo de su amigo. Et desque el pecador vee spiritualmente que por todas
estas cosas non puede escapar de la muerte del alma, tórnase a Dios así
como tornó el fijo al padre después que non falló quien lo pudiese
escapar de la muerte. Et nuestro señor Dios así como padre et amigo
verdadero, acordándose del amor que ha al homne que es su criatura fizo
como el buen amigo, ca envió al su fijo Jesu-Cristo que moriese, non
habiendo ninguna culpa et seyendo sin pecado, por desfacer las culpas
et los pecados que los homnes merescían. Et Jesu-Cristo como buen fijo,
fué obediente a su padre et seyendo verdadero Dios et verdadero homne
quiso recebir et recebió muerte et redimió a los pecadores por la su
sangre.
E agora, señor conde, parat mientes cuales destos amigos son mejores et
más verdaderos, o por cuales debía homne facer más por los ganar por
amigos.
E al conde plogo mucho con todas estas razones, et tovo que eran buenas.
Et entendiendo don Johán, que este enjiemplo era muy bueno, fízolo
escribir en este libro, et fizo estos viesos que dicen así:
Nunca homne podría tan buen amigo fallar,
Como Dios, que lo quiso por su sangre comprar[48].
[48] Fué la amistad sentimiento que siempre preocupó a D. Juan
Manuel, dedicó a ella un delicioso tratado: «De las maneras del Amor»
donde dice a su hijo «dígovos que fasta aquí, maguer que he pasado
cincuenta años, avés podré decir que fallé de tales amigos mas de
uno, et non lo quiero nombrar por non me perder con los otros».
Abundan las fuentes de este cuento.