De lo que contesció a un mercadero cuando falló su mujer et su fijo
durmiendo en uno.
Un día fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, estando
muy sañudo por una cosa quel dijieron, que tenía él que era muy grand
su deshonra, et díjole que quería facer sobrello tan grand cosa et tan
grand movimiento que para siempre fincase por fazaña.
Et cuando Patronio lo vió así sañudo tan arrebatamente díjole:
--Señor conde, mucho querría que sopiésedes lo que contesció a un
mercadero que fué un día comprar sesos.
E el conde le preguntó como fuera aquello.
--Señor conde--dijo Patronio--, en una villa moraba un grand maestro
que non había otro oficio nin otro mester sinón vender sesos. Et aquel
mercadero de que ya vos fablé, por esto que oyó un día fue veer aquel
maestro que vendía sesos et dijol quel vendiese uno daquellos sesos. Et
el maestro dijol que de cuale prescio lo quería, ca segund quisiese el
seso, que asi había de dar el prescio por él. Et díjole el mercadero
que quería seso de un maravedí. Et el maestro tomó el maravedí et dijol:
--Amigo, cuando alguno vos convidare, si non sopiérades los manjares
que hobiérades a comer, fartadvos bien del primero que vos trojieren.
E el mercadero le dijo que non le había dicho muy grand seso. Et el
maestro le dijo que non le diera prescio por que le debiese dar grand
seso. E el mercadero le dijo quel diese seso que valiese una dobla, et
diógela.
E el maestro le dijo: que, cuando fuese muy sañudo et quisiese facer
alguna cosa arrebatadamente, que se non quejase nin se arrebatase fasta
que sopiese toda la verdat.
E el mercadero tovo que aprendiendo tales fabliellas podría perder
cuantas doblas traía et non quiso comprar más sesos, pero tovo este
seso en el corazón.
Et acaesció que el mercadero fué sobre mar a una tierra muy lueñe, et
cuando se fué, dejó a su mujer en cinta. E el mercadero moró andando
en su mercadería tanto tiempo fasta que el fijo, que nasciera de que
fincara su mujer en cinta, había más de veinte años. Et la madre
por que non había otro fijo et tenía que su marido non era vivo,
conhortabase con aquel fijo et amábalo como a fijo, et por el grand
amor que había a su padre llamábalo marido. Et comía siempre con ella
et durmía con ella como cuando había un año o dos, et así pasaba su
vida como muy buena mujer et con muy grand cuita porque non sabía
nuevas de su marido.
Et acaesció que el mercadero libró todo su mercadería et tornó muy bien
andante. Et el día que llegó al puerto de aquella villa do moraba, non
dijo nada a ninguno e fuese desconocidamente para su casa et escondiose
en un lugar encubierto por veer lo que se facía en su casa.
E cuando fué contra la tarde llegó el fijo de la buena mujer, et la
madre preguntol:
--¿Di, marido, onde vienes?
E el mercadero que oyó a su mujer llamar marido a aquel mancebo pesol
mucho, ca bien tenía que era homne con quien facía mal o a lo mejor
que era casada con él, et tovo más que facía maldat que non que fuese
casada porque el homne era tan mozo: et quisiéralos matar luego, pero
acordándose del seso que costara una dobla non se arrebató.
Et desque llegó la tarde asentáronse a comer. E desque el mercadero los
vió así estar, fué aun más movido por los matar, pero por el seso que
comprara non se arrebató.
Mas, cuando vino la noche et los vió echar en la cama, fízosele muy
grave de sofrir et enderezó a ellos por los matar. Et yendo así muy
sañudo, acordándose del seso que comprara, estido quedo.
Et ante que matasen la candela comenzó la madre a decir al fijo
llorando muy fuerte.
--¡Ay, marido et fijo! ¡Señor! dijiéronme que agora llegara una nave al
puerto et dicían que vinía daquella tierra do fué vuestro padre, e por
amor de Dios id allá cras de grand mañana, et por ventura querrá Dios
que sabredes algunas nuevas dél.
E cuando el mercadero aquello oyó et se acordó como dejara en cinta a
su mujer entendió que aquel era su fijo. Et si hobo grand placer non
vos maravilledes. Et otrosí, gradesció mucho a Dios porque le quiso
guardar que los non mató como lo quisiera facer donde fincara muy mal
andante por tal ocasión et tovo por bien empleada la dobla que dió por
aquel seso, de que se guardó et que se non arrebató por saña.
Et vos, señor conde, como quier que cuidades que vos es mengua de
sufrir esto que decides, esto sería verdat de que fuésedes cierto de la
cosa, mas fasta que ende seades cierto, conséjovos yo que por saña nin
por rebato que vos non rebatedes a facer ninguna cosa, ca pues esto non
es cosa que se pierda por tiempo en vos sofrir fasta que sepades toda
la verdat, non perdedes nada, et del rebatamiento podervos híades muy
aina repentir.
E el conde tovo este por buen consejo et fízolo así et fallose ende
bien.
Et teniéndolo don Johan por buen enjiemplo, fizol escribir en este
libro et fizo estos viesos que dicen así:
Si con rebato grant cosa ficieres,
Ten que es derecho si te arrepentieres[40].
[40] Knust escribe acerca de este cuento una larguísima disquisición,
analizando procedencia y ramificaciones de cada uno de los elementos
que lo integran.