EJEMPLO XXXVI

De lo que contesció a un mercadero cuando falló su mujer et su fijo

durmiendo en uno.

Un día fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, estando

muy sañudo por una cosa quel dijieron, que tenía él que era muy grand

su deshonra, et díjole que quería facer sobrello tan grand cosa et tan

grand movimiento que para siempre fincase por fazaña.

Et cuando Patronio lo vió así sañudo tan arrebatamente díjole:

--Señor conde, mucho querría que sopiésedes lo que contesció a un

mercadero que fué un día comprar sesos.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

--Señor conde--dijo Patronio--, en una villa moraba un grand maestro

que non había otro oficio nin otro mester sinón vender sesos. Et aquel

mercadero de que ya vos fablé, por esto que oyó un día fue veer aquel

maestro que vendía sesos et dijol quel vendiese uno daquellos sesos. Et

el maestro dijol que de cuale prescio lo quería, ca segund quisiese el

seso, que asi había de dar el prescio por él. Et díjole el mercadero

que quería seso de un maravedí. Et el maestro tomó el maravedí et dijol:

--Amigo, cuando alguno vos convidare, si non sopiérades los manjares

que hobiérades a comer, fartadvos bien del primero que vos trojieren.

E el mercadero le dijo que non le había dicho muy grand seso. Et el

maestro le dijo que non le diera prescio por que le debiese dar grand

seso. E el mercadero le dijo quel diese seso que valiese una dobla, et

diógela.

E el maestro le dijo: que, cuando fuese muy sañudo et quisiese facer

alguna cosa arrebatadamente, que se non quejase nin se arrebatase fasta

que sopiese toda la verdat.

E el mercadero tovo que aprendiendo tales fabliellas podría perder

cuantas doblas traía et non quiso comprar más sesos, pero tovo este

seso en el corazón.

Et acaesció que el mercadero fué sobre mar a una tierra muy lueñe, et

cuando se fué, dejó a su mujer en cinta. E el mercadero moró andando

en su mercadería tanto tiempo fasta que el fijo, que nasciera de que

fincara su mujer en cinta, había más de veinte años. Et la madre

por que non había otro fijo et tenía que su marido non era vivo,

conhortabase con aquel fijo et amábalo como a fijo, et por el grand

amor que había a su padre llamábalo marido. Et comía siempre con ella

et durmía con ella como cuando había un año o dos, et así pasaba su

vida como muy buena mujer et con muy grand cuita porque non sabía

nuevas de su marido.

Et acaesció que el mercadero libró todo su mercadería et tornó muy bien

andante. Et el día que llegó al puerto de aquella villa do moraba, non

dijo nada a ninguno e fuese desconocidamente para su casa et escondiose

en un lugar encubierto por veer lo que se facía en su casa.

E cuando fué contra la tarde llegó el fijo de la buena mujer, et la

madre preguntol:

--¿Di, marido, onde vienes?

E el mercadero que oyó a su mujer llamar marido a aquel mancebo pesol

mucho, ca bien tenía que era homne con quien facía mal o a lo mejor

que era casada con él, et tovo más que facía maldat que non que fuese

casada porque el homne era tan mozo: et quisiéralos matar luego, pero

acordándose del seso que costara una dobla non se arrebató.

Et desque llegó la tarde asentáronse a comer. E desque el mercadero los

vió así estar, fué aun más movido por los matar, pero por el seso que

comprara non se arrebató.

Mas, cuando vino la noche et los vió echar en la cama, fízosele muy

grave de sofrir et enderezó a ellos por los matar. Et yendo así muy

sañudo, acordándose del seso que comprara, estido quedo.

Et ante que matasen la candela comenzó la madre a decir al fijo

llorando muy fuerte.

--¡Ay, marido et fijo! ¡Señor! dijiéronme que agora llegara una nave al

puerto et dicían que vinía daquella tierra do fué vuestro padre, e por

amor de Dios id allá cras de grand mañana, et por ventura querrá Dios

que sabredes algunas nuevas dél.

E cuando el mercadero aquello oyó et se acordó como dejara en cinta a

su mujer entendió que aquel era su fijo. Et si hobo grand placer non

vos maravilledes. Et otrosí, gradesció mucho a Dios porque le quiso

guardar que los non mató como lo quisiera facer donde fincara muy mal

andante por tal ocasión et tovo por bien empleada la dobla que dió por

aquel seso, de que se guardó et que se non arrebató por saña.

Et vos, señor conde, como quier que cuidades que vos es mengua de

sufrir esto que decides, esto sería verdat de que fuésedes cierto de la

cosa, mas fasta que ende seades cierto, conséjovos yo que por saña nin

por rebato que vos non rebatedes a facer ninguna cosa, ca pues esto non

es cosa que se pierda por tiempo en vos sofrir fasta que sepades toda

la verdat, non perdedes nada, et del rebatamiento podervos híades muy

aina repentir.

E el conde tovo este por buen consejo et fízolo así et fallose ende

bien.

Et teniéndolo don Johan por buen enjiemplo, fizol escribir en este

libro et fizo estos viesos que dicen así:

Si con rebato grant cosa ficieres,

Ten que es derecho si te arrepentieres[40].

[40] Knust escribe acerca de este cuento una larguísima disquisición,

analizando procedencia y ramificaciones de cada uno de los elementos

que lo integran.

El conde Lucanor · 第 44 / 91 题