DE LAS COSAS QUE AQUÍ VAN DECLARADAS CERCA DE LOS MÉRITOS QUE TENEMOS
LOS VERDADEROS CONQUISTADORES; LAS CUALES SERÁN APACIBLES DE LAS OIR.
Ya he recontado los soldados que pasamos con Cortés, y dónde murieron;
y si bien se quiere tener noticia de nuestras personas, éramos todos
los más hijosdalgo, aunque algunos no pueden ser de tan claros linajes,
porque vista cosa es que en este mundo no nacen todos los hombres
iguales, así en generosidad como en virtudes.
Dejando esta plática aparte, de nuestras antiguas noblezas, con
heróicos hechos y grandes hazañas que en las guerras hicimos, peleando
de dia y de noche, sirviendo á nuestro Rey y señor, descubriendo estas
tierras, y hasta ganar esta Nueva-España y gran ciudad de Méjico y
otras muchas provincias á nuestra costa, estando tan apartados de
Castilla, ni tener otro socorro ninguno, salvo el de Nuestro Señor
Jesucristo, que es el socorro y ayuda verdadera, nos ilustramos mucho
más que de ántes; y si miramos las escrituras antiguas que dello
hablan, si son así como dicen, en los tiempos pasados fueron ensalzados
y puestos en gran estado muchos caballeros, así en España como en otras
partes, sirviendo, como en aquella sazon sirvieron en las guerras, y
por otros servicios que eran aceptos á los Reyes que en aquella sazon
reinaban.
Y tambien he notado que algunos de aquellos caballeros que entónces
subieron á tener títulos de Estados y de ilustres, no iban á tales
guerras ni entraban en batallas sin que se les diesen sueldos y
salarios; y no embargante que se lo pagaban, les dieron villas y
castillos y grandes tierras perpétuas, y privilegios con franquezas,
los cuales tienen sus descendientes.
Y demas desto, cuando el Rey don Jaime de Aragon conquistó y ganó de
los moros mucha parte de sus reinos, los repartió á los caballeros y
soldados que se hallaron en lo ganar, y desde aquellos tiempos tienen
sus blasones y son valerosos; y tambien cuando se ganó Granada, y del
tiempo del gran capitan á Nápoles, y tambien el Príncipe de Orange en
lo de Nápoles, dieron tierras y señoríos á los que ayudaron en las
guerras y batallas; é nosotros, sin saber su majestad cosa ninguna, le
ganamos esta Nueva-España.
He traido esto aquí á la memoria para que se vean nuestros muchos y
buenos y notables y leales servicios que hicimos á Dios y al Rey y á
toda la cristiandad, y se pongan en una balanza y medida cada cosa en
su cantidad, y hallarán que somos dignos y merecedores de ser puestos
y remunerados como los caballeros por mí atrás dichos; y aunque entre
los valerosos soldados que en estas hojas de atrás pasadas he puesto
por memoria hubo muchos esforzados y valerosos compañeros, que me
tenian á mí en reputacion de razonable soldado, volviendo á mi materia,
miren los curiosos letores con atencion esta mi relacion, y verán en
cuántas batallas y rencuentros de guerras muy peligrosos me he hallado
desque vine á descubrir, y dos veces estuve asido y engarrafado de
muchos indios mejicanos, con quien en aquella sazon estaba peleando,
para me llevar á sacrificar, y Dios me dió esfuerzo que me escapé, como
en aquel instante llevaron á otros muchos mis compañeros, sin otros
grandes peligros y trabajos, así de hambre y sed, ó infinitas fatigas
que suelen recrecer á los que semejantes descubrimientos van á hacer
en tierras nuevas; lo cual hallarán escrito parte por parte en esta mi
relacion; y quiero dejar de entrar más la pluma en esto, y diré los
bienes que se han seguido de nuestras ilustres conquistas.