CAPÍTULO CLXII.

CÓMO VINO FRANCISCO DE GARAY DE JAMÁICA CON GRANDE ARMADA PARA PÁNUCO,

Y LO QUE LE ACONTECIÓ, Y MUCHAS COSAS QUE PASARON.

Como he dicho en otro capítulo que habla de Francisco de Garay, como

era gobernador en la isla de Jamáica é rico, y tuvo nueva que habiamos

descubierto muy ricas tierras cuando lo de Francisco Hernandez de

Córdoba é Juan de Grijalva, y habiamos llevado á la isla de Cuba veinte

mil pesos de oro, y los hubo Diego Velazquez, gobernador que era de

aquella isla, y que venia en aquel instante Hernando Cortés á la

Nueva-España con otra armada, tomóle gran codicia á Garay de venir á

conquistar algunas tierras, pues tenia mejor caudal que otros ningunos;

y tuvo nueva plática de un Anton de Alaminos, que fué el piloto mayor

que habiamos traido cuando lo descubrimos, cómo estaban muy ricas

tierras y muy pobladas desde el rio de Pánuco adelante, é que aquello

podia enviar á suplicar á su majestad que le hiciese merced.

Y despues de bien informado el mismo Garay del piloto Alaminos y de

otros pilotos que se habian hallado juntamente con el Alaminos en el

descubrimiento, acordó enviar á su mayordomo, que se decia Juan de

Torralba, á la córte con cartas y dineros, á suplicar á los caballeros

que en aquella sazon estaban por presidente é oidores de su majestad

que le hiciesen merced de la gobernacion del rio de Pánuco, con todo

lo demás que descubriese é estuviese por poblar; y como su majestad

en aquella sazon estaba en Flandes, y estaba por presidente de Indias

don Juan Rodriguez de Fonseca, Obispo de Búrgos é Arzobispo de Rosano,

que lo mandaba todo, y el licenciado Zapata y el licenciado Vargas y

el secretario Lope de Conchillos, le trajeron provisiones que fuese

adelantado y gobernador del rio de San Pedro y San Pablo, con todo lo

que descubriese; y con aquellas provisiones envió luego tres navíos con

hasta ducientos y cuarenta soldados, con muchos caballos y escopeteros

y ballesteros y bastimentos, y por capitan dellos á un Alonso Álvarez

Pineda ó Pinedo, otras veces por mí ya nombrado.

Pues como hubo enviado aquella armada, ya he dicho otras veces que

los indios de Pánuco se la desbarataron, y mataron al capitan Pineda

y á todos los soldados y caballos que tenia, excepto obra de sesenta

soldados que vinieron al puerto de la Villa-Rica con un navío, y por

capitan dellos un Camargo, que se acogieron á nosotros; y tras aquellos

tres navíos, viendo el Garay que no tenia nuevas dellos, envió otros

dos navíos con muchos soldados y caballos y bastimentos, y por capitan

dellos á Miguel Diaz de Ajuz é á un Ramirez, los cuales se vinieron

tambien á nuestro puerto; y como vieron que no hallaron en el rio de

Pánuco pelo ni hueso de los soldados que habia enviado Garay, salvo los

navíos quebrados, todo lo cual tengo ya dicho otra vez en mi relacion;

mas es necesario que se torne á decir desde el principio para que bien

se entienda.

Pues volviendo á nuestro propósito y relacion, viendo el Francisco de

Garay que ya habia gastado muchos pesos de oro, é oyó decir de la buena

ventura de Cortés y de las grandes ciudades que habia descubierto, y

del mucho oro y joyas que habia en la tierra, tuvo envidia y codicia, y

le vino más la voluntad de venir él en persona y traer la mayor armada

que pudiese; buscó once navíos y dos bergantines, que fueron trece

velas, y allegó ciento treinta y seis de á caballo y ochocientos y

cuarenta soldados, los más ballesteros y escopeteros, y bastecióles muy

bien de todo lo que hubieron menester, que era pan cazabe é tocinos

é tasajos de vacas, que ya habia ganado vacuno; que, como era rico y

lo tenia todo de su cosecha, no le dolia el gasto; y para ser hecha

aquella armada en la isla de Jamáica, fué demasiada la gente y caballos

que allegó.

Y en el año de 1523 años salió de Jamáica con toda su armada por San

Juan de Junio, é vino á la isla de Cuba é á un puerto que se dice

Xagua, y allí alcanzó á saber que Cortés tenia pacificada la provincia

de Pánuco é poblada una villa, y habia gastado en la pacificar más

de setenta mil pesos de oro, é que habia enviado á suplicar á su

majestad le hiciese merced de la gobernacion della, juntamente con

la Nueva-España; y como le decian de las cosas heróicas que Cortés y

sus compañeros habiamos hecho, y como tuvo nueva que con ducientos y

sesenta y seis soldados habiamos desbaratado á Pánfilo de Narvaez,

habiendo traido sobre mil y trecientos soldados, con ciento de á

caballo y otros tantos escopeteros y ballesteros, y diez y ocho tiros,

temió la fortuna de Cortés; é en aquella sazon que estaba el Garay

en aquel puerto de Xagua le vinieron á ver muchos vecinos de la isla

de Cuba, y viniéronse en su compañía del Garay ocho ó diez personas

principales de aquella isla, y le vino á ver el licenciado Zuazo, que

habia venido á aquella isla á tomar residencia á Diego Velazquez por

mandado de la Real audiencia de Santo Domingo; y platicando el Garay

con el licenciado sobre la ventura de Cortés, que temia que habia de

tener diferencias con él sobre la provincia de Pánuco, le rogó que

se fuese con el Garay en aquel viaje, para ser intercesor entre él y

Cortés; y el licenciado Zuazo respondió que no podia ir por entónces

sin dar residencia, mas que presto seria allá en Pánuco.

Y luego el Garay mandó dar velas, é va su derrota para Pánuco, y en

el camino tuvo un mal tiempo, y los pilotos que llevaba subieron más

arriba hácia el rio de Palmas, y surgió en el propio rio dia de señor

Santiago, y luego envió á ver la tierra, y á los capitanes y soldados

que envió no les pareció buena, y no tuvieron gana de quedar allí,

sino que se viniese al propio rio de Pánuco á la poblacion é villa que

Cortés habia poblado, por estar más cerca de Méjico; y como aquella

nueva le trajeron, acordó el Garay de tomar juramento á todos sus

soldados que no le desmampararian sus banderas, é que le obedecerian

como á tal capitan general, é nombró alcaldes y regidores y todo lo

perteneciente á una villa; dijo que se habia de nombrar la villa

Garayana, é mandó desembarcar todos los caballos y soldados de los

navíos desembarazados; envió los navíos costa á costa con un capitan

que se decia Grijalva, y él y todo su ejército se vino por tierra costa

á costa cerca de la mar, y anduvo dos dias por malos despoblados, que

eran ciénagas; pasó un rio que venia de unas sierras que vieron desde

el camino, que estaban de allí obra de cinco leguas, y pasaron aquel

gran rio en barcas é en unas canoas, que hallaron quebradas.

Luego en pasando el rio estaba un pueblo despoblado de aquel dia, é

hallaron muy bien de comer maíz é gallinas, é habia muchas guayabas muy

buenas.

Allí en este pueblo el Garay prendió unos indios que entendian la

lengua mejicana, y halagóles y dióles camisas, envióles por mensajeros

á otros pueblos que le decian que estaban cerca, porque recibiesen de

paz, y rodeó una ciénaga; fué á los mismos pueblos, recibiéronle de

paz, diéronle muy bien de comer y muchas gallinas de la tierra é otras

aves, como á manera de ansarones, que tomaban en las lagunas; é como

muchos de los soldados que llevaba Garay iban cansados, y parece ser no

les daban de lo que los indios traian de comer, se amotinaron algunos

é se fueron á robar á los indios de aquellos pueblos por donde venian,

é estuvieron en este pueblo tres dias; otro dia fueron su camino con

guias, llegaron á un gran rio, no le podian pasar sino con canoas que

les dieron los de los pueblos de paz donde habian estado; procuraron

de pasar cada caballo á nado, y remando con cada canoa un caballo que

le llevasen del cabestro, y como eran muchos caballos y no se daban

maña, se les ahogaron cinco caballos; salen de aquel rio, dan en unas

malas ciénagas, y con mucho trabajo llegaron á tierra de Pánuco; é ya

que en ella se hallaron, creyeron tener de comer, y estaban todos los

pueblos sin maíz ni bastimentos y muy alterados, y esto fué á causa

de las guerras que Cortés con ellos habia tenido poco tiempo habia; y

tambien si alguna comida tenian, habíanlo alzado y puesto en cobro;

porque, como vieron tantos españoles y caballos, tuvieron miedo dellos

y despoblaron los pueblos, é adonde pensaba Garay reposar, tenia más

trabajo; y demás desto, como estaban despobladas las casas donde

posaba, habia en ellas muchos murciélagos é chinches é mosquitos, é

todo les daba guerra; é luego sucedió otra mala ventura, que los navíos

que venian costa á costa no habian llegado al puerto ni sabian dellos,

porque en ellos traian mucho bastimento; lo cual supieron de un español

que los vino á ver ó hallaron en un pueblo, que era de los vecinos que

estaban poblados en la villa de Santi-Estéban del Puerto, que estaba

huido por temor de la justicia por cierto delito que habia hecho; el

cual les dijo cómo estaban poblados en una villa muy cerca de allí y

cómo Méjico era muy buena tierra, é que estaban los vecinos que en ella

vivian ricos; é como oyeron los soldados que traia Garay al español,

que con él hablaron muchos, que la tierra de Méjico era buena é la de

Pánuco no era tan buena, se desmandaron y se fueron por la tierra á

robar, é íbanse á Méjico; y en aquella sazon, viendo el Garay que se

le amotinaban sus soldados y no los podia haber, envió á su capitan

que se decia Diego de Ocampo á la villa de Santi-Estéban á saber qué

voluntad tenia el teniente que estaba por Cortés que se decia Pedro

de Vallejo, y aun le escribió haciéndole saber cómo traia provisiones

y recaudos de su majestad para gobernar y ser adelantado de aquellas

provincias, é cómo habia aportado con sus navíos al rio de Palmas, é

del camino é trabajos que habia pasado; y el Vallejo hizo mucha honra

al Diego de Ocampo y á los que con él iban, y le dió buena respuesta,

y les dijo que Cortés holgara de tener tan buen vecino por gobernador,

mas que le habia costado muy caro la conquista de aquella tierra, y

que su majestad le habia hecho merced de la gobernacion, y que venga

cuando quisiere con sus ejércitos é que se le hará todo servicio, é que

le pide por merced que mande á sus soldados que no hagan sinjusticias

ni robos á los indios, porque se le han venido á quejar dos pueblos; y

tras esto, muy en posta escribió el Vallejo á Cortés, y aun le envió la

carta del Garay, é hizo que escribiese otra al mismo Diego de Ocampo,

y le envió á decir que qué mandaba que se hiciese é que de presto

enviasen muchos soldados, ó viniese Cortés en persona.

Y desque Cortés vió la carta, envió á llamar á fray Bartolomé é á Pedro

de Albarado, é á Gonzalo de Sandoval é á un Gonzalo de Ocampo, hermano

del otro Diego de Ocampo que venia con Garay, y envió con ellos los

recaudos que tenia, cómo su majestad le habia mandado que todo lo que

conquistase tuviese en sí hasta que se averiguase la justicia entre él

y Diego Velazquez, ó se lo notificasen al Garay.

Dejemos de hablar desto, y digamos que luego como Gonzalo de Ocampo

volvió con la respuesta del Vallejo al Garay, y le pareció buena

respuesta, se vino con todo su ejército á se juntar más cerca de la

villa de Santi-Estéban del Puerto, é ya el Pedro de Vallejo tenia

concertado con los vecinos de la villa, é con aviso que tuvo de cinco

soldados que se habian ido de la villa, que eran del mismo Garay, de

los amotinados; y como estaban muy descuidados é no se velaban, é como

quedaban en un pueblo bueno é grande que se dice Nachaplan, y los del

Vallejo sabian bien la tierra, dan en la gente de Garay, y le prenden

sobre cuarenta soldados, y se los llevaron á su villa de Santi-Estéban

del Puerto, y ellos tuvieron por nueva su prision; y la causa que

dijo el Vallejo por que los prendió, era porque, sin presentar las

provisiones y recaudos que traian, andaban robando la tierra; y viendo

esto Garay, hubo gran pesar, y tornó á enviar á decir al Vallejo que

le diese sus soldados, amenazándole con la justicia de nuestro Rey y

señor; y el Vallejo respondió que cuando vea las Reales provisiones,

que las obedecerá y pondrá sobre su cabeza, é que fuera mejor que

cuando vino Ocampo las trajera y presentara para las cumplir, é que

le pide por merced que mande á sus soldados que no roben ni saqueen

los pueblos de su majestad; y en este instante llegaron fray Bartolomé

é Albarado, los capitanes que Cortés enviaba con los recaudos; y como

el Diego de Ocampo era en aquella sazon alcalde mayor por Cortés en

Méjico, comenzó de hacer requirimientos al Garay que no entrase en la

tierra, porque su majestad mandó que la tuviese Cortés, y en demandas y

respuestas, en que andaba el fray Bartolomé, se pasaron ciertos dias,

y entre tanto se le iban al Garay muchos soldados, que anochecian y no

amanecian en el real; y vió Garay que los capitanes de Cortés traian

mucha gente de á caballo y escopeteros, de cada dia le venian más, y

supo que de sus navíos que habia mandado venir costa á costa, se le

habian perdido dos dellos con tormenta de nortes, que es travesía, y

los demás navíos que estaban en la boca del puerto, y que el teniente

Vallejo les envió á requerir que luego se entrasen dentro en el rio,

no les viniese algun desman y tormenta como la pasada; si no, que los

ternia por corsarios que andaban á robar; y los capitanes de los navíos

respondieron que no tuviese Vallejo que entender ni mandar en ello,

que ellos estarian donde quisiesen; y en este instante el Francisco de

Garay temió la buena fortuna de Cortés; y como andaban en estos trances

el alcalde mayor Diego de Ocampo, y Pedro de Albarado y Gonzalo

de Sandoval, tuvieron pláticas secretas con los de Garay y con los

capitanes que estaban en los navíos en el puerto, y se concertaron con

ellos que se entrasen en el puerto y se diesen á Cortés; y luego un

Martin de San Juan Lepuzcuano y un Castro Mocho, maestres de navíos,

se entregaron é dieron con sus naos al teniente Vallejo por Cortés; é

como los tuvo, fué en ellos el mismo Vallejo á requerir al capitan Juan

de Grijalva, que estaba en la boca del puerto, que se entrase dentro á

surgir, ó se fuese por la mar donde quisiese; y respondióle con tirarle

muchos tiros; y luego enviaron en una barca un escribano del Rey, que

se decia Vicente Lopez, á le requerir que se entrase en el puerto, y

aun llevó cartas para el Grijalva, del Pedro de Albarado y de fray

Bartolomé, con ofertas y prometimientos que Cortés le haria mercedes; y

como vió las cartas y que todas las naos habian entrado en el rio, así

hizo el Juan de Grijalva con su nao capitana; y el teniente Vallejo le

dijo que fuese preso en nombre del capitan Hernando Cortés; mas luego

le soltó á él y á cuantos estaban detenidos, á causa que le decia fray

Bartolomé:

—«Hagamos nuestra cosa sin sangre, pues podemos, y serán Dios y el

César más agradados.»

Y desque el Garay vió el mal recaudo que tenia, y sus soldados huidos y

amotinados, y los navíos todos al través, y los demás estaban tomados

por Cortés, si muy triste estuvo ántes que se los tomasen, más lo

estuvo despues que se vido desbaratado; y luego demandó con grandes

protestaciones que hizo á los capitanes de Cortés que le diesen sus

naos y todos sus soldados, que se queria volver al rio de Palmas, y

presentó sus provisiones y recaudos que para ello traia, y que por

no tener debates ni cuestiones con Cortés, que se queria volver; y

aquellos caballeros le respondieron que fuese mucho en buena hora,

y que ellos mandarian á todos los soldados que estaban en aquella

provincia y por los pueblos amotinados que luego se vengan á su capitan

y vayan en los navíos; y le mandaron proveer de todo lo que hubiese

menester, así de bastimentos como de armas y tiros ó pólvora, é que

escribirán á Cortés lo proveyese muy cumplidamente de todo lo que

hubiese menester; y el Garay con esta respuesta y ofrecimiento estaba

contento; y luego se dieron pregones en aquella villa, y en todos los

pueblos enviaron alguaciles á prender los soldados amotinados para los

traer al Garay, y por más penas que les ponian, era pregonar en balde,

que no aprovechaba cosa ninguna; y algunos soldados que traian presos

decian que ya habian llegado á la provincia de Pánuco y que no eran

obligados á más le seguir, ni cumplir el juramento que le habia tomado,

y ponian otras perentorias que decian que no era capitan el Garay para

saber mandar, ni hombre de guerra.

Como vió el Garay que no aprovechaban pregones ni la buena diligencia

que le parecia que ponian los capitanes de Cortés en traer sus

soldados, estaba desesperado; pues viéndose desmamparado de todos,

aconsejáronle los que venian por parte de Cortés que le escribiese

luego al mismo Cortés, é que ellos serian intercesores con él para

que volviese al rio de Palmas; y que tenian á Cortés por tan de buena

condicion, que le ayudaria en todo lo que pudiese, y que el Pedro de

Albarado y el Fraile serian fiadores dello; y luego el Garay escribió

á Cortés, dándole relacion de su viaje y trabajos, que si su merced

mandaba, que le iria á ver y comunicar cosas cumplideras al servicio

de Dios y de su majestad, encomendándole su honra y estado, y que lo

ordenase de manera que no fuese disminuida su honra; y tambien escribió

fray Bartolomé y Pedro de Albarado, y el Diego de Ocampo y Gonzalo de

Sandoval, suplicando al Cortés por las cosas del Francisco de Garay,

para que en todo fuese ayudado, pues en los tiempos pasados habian

sido grandes amigos; y Cortés, viendo aquellas cartas, tuvo lástima

del Garay, y le respondió con mucha mansedumbre, y que le pesaba de

todos sus trabajos, y que se venga á Méjico, que le promete que en todo

lo que pudiere ayudar lo hará de muy buena voluntad, y que á la obra

se remite; y mandó que por do quiera que viniese le hiciesen honra

y le diesen todo lo que hubiese menester, y aun le envió al camino

refresco; y cuando llegó á Tezcuco le tenian hecho un banquete; y

llegado á Méjico, el mismo Cortés y muchos caballeros les salieron

á recebir, y el Garay iba espantado de ver tantas ciudades, y más

cuando vió la gran ciudad de Méjico; y luego Cortés lo llevó á sus

palacios, que entónces nuevamente los hacia; y despues que se hubieron

comunicado él y el Garay, el Garay le contó sus desdichas y trabajos,

encomendándole que por su mano fuese remediado; y el mismo Cortés se le

ofreció muy de voluntad, y fray Bartolomé y Pedro de Albarado y Gonzalo

de Sandoval le fueron buenos medianeros; y de ahí á tres ó cuatro dias

que hubo llegado, porque la amistad suya fuese más duradera y segura,

trató fray Bartolomé que se casase una hija de Cortés, que se decia

doña Catalina Cortés é Pizarro, que era niña, con un hijo de Garay, el

mayorazgo, que traia consigo en la armada é le dejó por capitan de su

armada; y Cortés vino en ello, y le mandó en dote con doña Catalina

gran cantidad de pesos de oro, y que Garay fuese á poblar el rio de

Palmas, é que Cortés le diese lo que hubiese menester para la poblacion

y pacificacion de aquella provincia, y aun le prometió capitanes y

soldados de los suyos, para que con ellos descuidase en las guerras que

hubiese; y con estos prometimientos, y con la buena voluntad que Garay

halló en Cortés, estaba muy alegre: yo tengo por cierto que así como lo

habia capitulado y ordenado Cortés, lo cumpliria.

Dejemos esto del casamiento y de las promesas, y diré cómo en aquella

sazon fué á posar el Garay en casa de un Alonso de Villanueva, porque

Cortés hacia sus casas y palacio muy grandes, y de tantos patios, que

era admiracion; y Alonso de Villanueva, segun pareció, habia estado

en Jamáica cuando Cortés lo envió á comprar caballos, que esto no lo

afirmo si era entónces ó despues; era muy grande amigo de Garay, y por

el conocimiento pasado suplicó el Garay á Cortés para pasarse á las

casas del Villanueva, y se le hacia toda la honra que podia, y todos

los vecinos de Méjico le acompañaban.

Quiero decir cómo en aquella sazon estaba en Méjico Pánfilo de Narvaez,

que es el que hubimos desbaratado, como dicho tengo otras veces, y fué

á ver y hablar al Garay; abrazáronse el uno al otro, y se pusieron á

platicar cada uno de sus trabajos y desdichas; y como el Narvaez era

hombre que hablaba muy entonado, de plática en plática, medio riendo,

le dijo el Narvaez:

—«Señor adelantado D. Francisco de Garay, hanme dicho ciertos soldados

de los que le han venido huyendo y amotinados que solia decir

vuesamerced á los caballeros que traia en su armada: «Mirad que hagamos

como varones, y peleemos muy bien con estos soldados de Cortés, no nos

tomen descuidados como tomaron á Narvaez;» pues, señor D. Francisco de

Garay, á mí peleando me quebraron este ojo, y me robaron y me quemaron

cuanto tenia, y hasta que me mataron el alférez y muchos soldados y

prendieron mis capitanes, nunca me habian vencido tan descuidado como á

vuesamerced le han dicho: hágole saber que otros más venturosos en el

mundo no ha habido que Cortés; y tiene tales capitanes y soldados, que

se podian nombrar tan en ventura cada uno en lo que tuvo entre manos

como Octaviano, y en el vencer como Julio César, y en el trabajar y ser

en las batallas más que Aníbal.»

Y el Garay respondia que no habia necesidad que se lo dijesen; que

por las obras se veia lo que decia, y que ¿qué hombre hubo en el

mundo que con tan pocos soldados se atreviese á dar con los navíos al

través, y meterse en tan recios pueblos y grandes ciudades á les dar

guerra? Y respondia Narvaez recitando otros grandes hechos de Cortés;

y estuvieron el uno y el otro platicando en las conquistas desta

Nueva-España como á manera de coloquio.

Y dejemos estas alabanzas que entre ellos se tuvo, y diré cómo Garay

suplicó á Cortés por el Narvaez para que le diese licencia para volver

á la isla de Cuba con su mujer, que se decia María de Valenzuela, que

estaba rica de las minas y de los buenos indios que tenia el Narvaez; y

demás de se lo suplicar el Garay á Cortés con muchos ruegos, la misma

mujer de Narvaez se lo habia enviado á suplicar á Cortés por cartas, le

dejase ir á su marido; porque, segun parece, se conocian cuando Cortés

estaba en Cuba, y eran compadres; y Cortés le dió licencia y le ayudó

con dos mil pesos de oro; y cuando el Narvaez tuvo licencia se humilló

mucho á Cortés, con prometimientos que primero le hizo que en todo le

seria servidor, y luego se fué á Cuba.

Dejemos de más platicar desto, y digamos en qué paró Garay y su armada;

y es, que yendo una Noche de Navidad del año de 1523, juntamente

con Cortés, á maitines, que los cantaron muy bien, y fray Bartolomé

dijo lindamente la Misa del Gallo, despues de vueltos de la iglesia,

almorzaron con mucho regocijo, y desde allí á una hora, con el aire

que le dió al Garay, que estaba de ántes mal dispuesto, le dió dolor

de costado con grandes calenturas; mandáronle los médicos sangrar y

purgáronle, y desque vieron que arreciaba el mal, le dijeron á fray

Bartolomé que le dijese á Garay que moria, que se confesase y que

hiciese testamento; lo cual luego lo hizo fray Bartolomé, y le dijo

como llegaba su acabamiento, que se dispusiese como buen cristiano y

honrado caballero, é que no perdiese su ánima; ya que habia perdido la

hacienda.

El Garay le respondió:

—«Teneis razon, Padre; yo quiero que me confeseis esta noche, y recibir

el santo cuerpo de Jesucristo é hacer mi testamento.»

É cumpliólo muy honradamente; y desque hubo comulgado, hizo su

testamento, y dejó por albaceas á Cortés y á fray Bartolomé de

Olmedo; y luego, dende á cuatro dias que le dió el mal, dió el alma

á Nuestro Señor Jesucristo, que la crió; y esto tiene la calidad de

la tierra de Méjico, que en tres ó cuatro dias mueren de aquel mal de

dolor de costado, que esto ya lo he dicho otra vez, y lo tenemos bien

experimentado de cuando estábamos en Tezcuco y en Cuyoacan, que se

murieron muchos de nuestros soldados.

Pues ya muerto Garay, perdónele Dios, amen, le hicieron muchas honras

al enterramiento, y Cortés y otros caballeros se pusieron luto; y murió

el Garay fuera de su tierra, en casa ajena y léjos de su mujer é hijos.

Dejemos de contar desto y volvamos á decir de la provincia del Pánuco,

que, como el Garay se vino á Méjico, y sus capitanes y soldados, como

no tenian cabeza ni quien les mandase, cada uno de los soldados que

aquí nombraré, que el Garay traia en su compañía, se querian hacer

capitanes; los cuales se decian, Juan de Grijalva, Gonzalo de Figueroa,

Alonso de Mendoza, Lorenzo de Ulloa, Juan de Medina el tuerto, Juan

de Villa, Antonio de la Cerda y un Tobarda; este Tobarda fué el más

bullicioso de todos los del real de Garay; y sobre todos ellos quedó

por capitan un hijo de Garay, que queria casar Cortés con su hija,

y no le acataban ni hacian cuenta dél todos los que he nombrado ni

ninguno de los de su capitanía; ántes se juntaban de quince en quince

y de veinte en veinte, y se andaban robando los pueblos y tomando las

mujeres por fuerza, y mantas y gallinas, como si estuvieran en tierra

de moros, robando lo que se hallaban.

Y como aquello vieron los indios de aquella provincia, se concertaron

todos á una de los matar, y en pocos dias sacrificaron y comieron más

de quinientos españoles, y todos eran de los de Garay, y en pueblos

hubo que sacrificaron más de cien españoles juntos; y por todos los

demás pueblos no hacian sino, á los que andaban desmandados, matallos

y comer y sacrificar; y como no habia resistencia, ni obedecian á

los vecinos de la villa de Santi-Estéban, que dejó Cortés poblada, é

ya que salian á les dar guerra, era tanta la multitud que salia de

guerreros, que no se podian valer con ellos; y á tanto vino la cosa y

atrevimiento que tuvieron, que fueron muchos indios sobre la villa, y

la combatieron de noche y de dia de arte, que estuvo en gran riesgo

de se perder; y si no fuera por siete ó ocho conquistadores viejos de

los de Cortés, y por el capitan Vallejo, que ponian velas y andaban

rondando y esforzando á los demás, ciertamente les entraran en su

villa; y aquellos conquistadores dijeron á los demás soldados de Garay

que siempre procurasen de estar juntamente con ellos, y que allí en el

campo estaban muy mejor, y que allí los hallasen sus contrarios, y que

no se volviesen á la villa; y así se hizo, y pelearon con ellos tres

veces, y puesto que mataron al capitan Vallejo é hirieron otros muchos,

todavía los desbarataron y mataron muchos indios dellos; y estaban tan

furiosos todos los indios naturales de aquella provincia, que quemaron

y abrasaron una noche cuarenta españoles, y mataron quince caballos, y

muchos de los que mataron eran de los de Cortés, en un pueblo, y todos

los demás fueron de los de Garay; y como Cortés alcanzó á saber estos

destrozos que hicieron en esta provincia, tomó tanto enojo, que quiso

volver en persona contra ellos, y como estaba muy malo de un brazo

que se le habia quebrado, no pudo venir; y de presto mandó á Gonzalo

de Sandoval que viniese con cien soldados y cincuenta de á caballo

y dos tiros y quince arcabuceros y ballesteros, y le dió ocho mil

tlascaltecas y mejicanos, y le mandó que no viniese sin que les dejase

muy bien castigados, de manera que no se tornasen á alzar.

Pues como el Sandoval era muy ardidoso, y cuando le mandaban cosa de

importancia no dormia de noche, no se tardó mucho en el camino, que

con gran concierto da órden cómo habian de entrar y salir los de á

caballo en los contrarios, porque tuvo aviso que le estaban esperando

en dos malos pasos todas las capitanías de los guerreros de aquellas

provincias; y acordó enviar la mitad de todo su ejército al un mal

paso, y él se estuvo con la otra mitad de su compañía á la otra parte;

y mandó á los escopeteros y ballesteros no hiciesen sino armar unos

y soltar otros, y dar en ellos y hasta ver si los podria hacer poner

en huida; y los contrarios tiraban mucha vara y flecha y piedra, é

hirieron á muchos soldados y de nuestros amigos.

Viendo Sandoval que no les podia entrar, estuvieron en aquel mal

paso hasta la noche, y envió á mandar á los demás que estaban en

aquel otro mal paso que hiciesen lo mismo, y los contrarios nunca

desmampararon sus puestos, é otro dia por la mañana, viendo Sandoval

que no aprovechaba cosa estarse allí como habia dicho, mandó enviar

á llamar á las demás capitanías que habia enviado al otro mal paso,

é hizo que levantaba su real, y que se volvia camino de Méjico como

amedrentado; y como los naturales de aquellas provincias que estaban

juntos les pareció que de miedo se iban retrayendo, salen al camino,

é iban siguiéndole dándole grita y diciéndole vituperios; y todavía

el Sandoval, aunque más indios salian tras él, no volvia sobre ellos,

y esto fué por descuidalles, para, como habian ya estado aguardando

tres dias, volver aquella noche y pasar de presto con todo su ejército

los malos pasos; é así lo hizo, que á media noche volvió y tomóles

algo descuidados, y pasó con los de á caballo; y no fué tan sin grande

peligro, que le mataron tres caballos é hirieron muchos soldados; y

cuando se vió en buena tierra y fuera del mal paso con sus ejércitos,

él por una parte y los demás de su capitanía por otra, dan en grandes

escuadrones que aquella misma noche se habian juntado, desque supieron

que volvió; y eran tantos, que el Sandoval tuvo recelo no le rompiesen

y desbaratasen, y mandó á sus soldados que se tornasen á juntar con él

para que peleasen juntos, porque vió y entendió de aquellos contrarios

que como tigres rabiosos se venian á meter por las puntas de las

espadas, y habian tomado seis lanzas á los de á caballo, como no eran

hombres acostumbrados á la guerra; de lo cual Sandoval estaba tan

enojado, que decia que valiera más que trajera pocos soldados de los

que él conocia, y no los que trujo; y allí les mandó á los de á caballo

de la manera que habian de pelear, que eran nuevamente venidos; y es,

que las lanzas algo terciadas, y no se parasen á dar lanzadas, sino por

los rostros y pasar adelante hasta que les hayan puesto en huida; y les

dijo que vista cosa es que si se parasen á alancear, que la primera

cosa que el indio hace desque está herido es echar mano de la lanza, y

como les vean volver las espaldas, que entónces á media rienda les ha

de seguir, y las lanzas todavía terciadas, y si les echaren mano de las

lanzas, porque aun con todo esto no dejan de asir dellas, que para se

las sacar de presto de sus manos, poner piernas al caballo, y la lanza

bien apretada con la mano asida y debajo del brazo para mejor se ayudar

y sacarla del poder del contrario, y si no la quisiere soltar, traerle

arrastrando con la fuerza del caballo.

Pues ya que les estuvo dando órden cómo habian de batallar, y vió á

todos sus soldados y de á caballo juntos, se fué á dormir aquella

noche á orilla de un rio, y allí puso buenas velas y escuchas

y corredores del campo; y mandó que toda la noche tuviesen los

caballos ensillados, y asimismo ballesteros y escopeteros y soldados

muy apercebidos; mandó á los amigos tlascaltecas y mejicanos que

estuviesen sus capitanías algo apartadas de los nuestros, porque ya

tenia experiencia de lo de Méjico; porque si de noche viniesen los

contrarios á dar en los reales, que no hubiese estorbo ninguno en

los amigos; y esto fué porque el Sandoval temió que vendrian, porque

vió muchas capitanías de contrarios que se juntaban muy cerca de sus

reales, y tuvo por cierto que aquella noche les habian de venir á

combatir, é oia muchos gritos y cornetas é tambores muy cerca de allí;

é segun entendian, habíanle dicho muchos amigos á Sandoval que decian

los contrarios que para aquel dia cuando amaneciese habian de matar á

Sandoval y á toda su compañía; y los corredores del campo vinieron dos

veces á dar aviso que sentian que se apellidaban de muchas partes y

se juntaban; y cuando fué dia claro Sandoval mandó salir á todas sus

compañías con gran ordenanza, á los de á caballo les tornó á traer

á la memoria como otras veces les habia dicho: íbanse por el camino

adelante por unas caserías, adonde oian los atambores y cornetas; y no

hubo bien andado medio cuarto de legua, cuando le salen al encuentro

tres escuadrones de guerreros y le comenzaron á cercar; y como aquello

vió, manda arremeter la mitad de los de á caballo por una parte y la

otra mitad por la otra, y puesto que le mataron dos soldados de los

nuevamente venidos de Castilla, y tres caballos, todavía les rompió de

tal manera, que fué desde allí adelante matando é hiriendo en ellos,

que no se juntasen como de ántes.

Pues nuestros amigos los mejicanos y tlascaltecas hacian mucho daño

en todos aquellos pueblos, y prendieron mucha gente y abrasaron todos

los pueblos que por delante hallaban, hasta que el Sandoval tuvo lugar

de llegar á la villa de Sant-Estéban del Puerto, y halló los vecinos

tales y tan debilitados, unos muy heridos y otros muy dolientes, y lo

peor, que no tenian maíz que comer ellos y veinte y ocho caballos; y

esto á causa que de noche y de dia les daban guerra, y no tenian lugar

de traer maíz ni otra cosa ninguna, é hasta aquel mismo dia que llegó

Sandoval no habian dejado de los combatir, porque entónces se apartaron

del combate, y despues de haber ido todos los vecinos de aquella villa

á ver y hablar al capitan Sandoval, y dalle gracias y loores por los

haber venido en tal tiempo á socorrer, le contaron los de Garay que si

no fuera por siete ó ocho conquistadores viejos de los de Cortés, que

les ayudaron mucho, que corrian mucho riesgo sus vidas, porque aquellos

ocho salian cada dia al campo y hacian salir los demás soldados, é

resistian que los contrarios no los entrasen en la villa; y tambien

porque, como lo capitaneaban é por su acuerdo se hacia todo, é habian

mandado que los dolientes y heridos se estuviesen dentro en la villa,

y que todos los demás aguardasen en el campo, y que de aquella manera

se sostenian con los contrarios; y Sandoval les abrazó á todos, y mandó

á los conquistadores, que bien los conocia, y aun eran sus amigos, en

especial Fulano Navarrete y Carrascosa, y un Fulano de Alamilla y otros

cinco, que todos eran de los de Cortés, que repartiesen entre ellos de

los de á caballo y ballesteros y escopeteros que el Sandoval traia,

é que por dos partes fuesen ó enviasen maíz é bastimento, é hiciesen

guerra é prendiesen todas las más gentes que pudiesen, en especial

caciques; y esto mandó el Sandoval porque él no podia ir, que estaba

mal herido en un muslo, y en la cara tenia una pedrada, y asimismo

entre los de su compañía traia otros muchos soldados heridos, y porque

se curasen estuvo en la villa tres dias que no salió á dar guerra;

porque, como habia enviado los capitanes ya nombrados, y conoció dellos

que lo harian bien, y vió que de presto enviaron maíz y bastimento,

con esto estuvo los tres dias; y tambien le enviaron muchas indias y

gente menuda que habian preso, y cinco principales de los que habian

sido capitanes en las guerras; y Sandoval les mandó soltar á todas las

gentes menudas, excepto á los principales, y les envió á decir que

desde allí adelante que no prendiesen si no fuesen á los que fueron en

la muerte de los españoles, y no mujeres ni muchachos, y que buenamente

les enviasen á llamar, é así lo hicieron; y ciertos soldados de los

que habian venido con Garay, que eran personas principales, que el

Sandoval halló en aquella villa, los cuales eran por quien se habia

revuelto aquella provincia, que ya los he nombrado á todos los más

dellos en el capítulo pasado, vieron que Sandoval no les encomendaba

cosa ninguna para ir por capitanes con soldados, como mandó á los siete

conquistadores viejos de los de Cortés, comenzaron á murmurar dél entre

ellos, y aun convocaban á otros soldados á decir mal del Sandoval y de

sus cosas, y aun ponian en pláticas de se levantar con la tierra, so

color de que estaba allí con ellos el hijo de Francisco de Garay como

adelantado della; y como lo alcanzó á saber el Sandoval, les habló muy

bien y les dijo:

—«Señores, en lugar de lo tener á bien, como, gracias á Dios, os hemos

venido á socorrer, me han dicho que decis cosas que para caballeros

como sois no son de decir: yo no os quito vuestro ser y honra en enviar

los que aquí hallé por caudillos y capitanes; y si hallara á vuesas

mercedes que érades caudillos, harto fuera yo de ruin si les quitara el

cargo.

»Queria saber una cosa: por qué no lo fuistes cuando estábades

cercados. Lo que me dijistes todos á una es, que si no fuera por

aquellos siete soldados viejos, que tuviérades más trabajo; y como

sabian la tierra mejor que vuesas mercedes, por esta causa los envié:

así que, señores, en todas nuestras conquistas de Méjico no mirábamos

en estas cosas é puntos, sino en servir lealmente á su majestad; así,

os pido por merced que desde aquí adelante lo hagais, é yo no estaré

en esta provincia muchos dias, si no me matan en ella, que me iré á

Méjico. El que quedare por teniente de Cortés os dará muchos cargos, é

á mí me perdonad.»

Y con esto concluyó con ellos, y todavía no dejaron de tenelle mala

voluntad; y esto pasado, luego otro dia sale Sandoval con los que trujo

en su compañía de Méjico y con los siete que habia enviado, y tiene

tales modos, que prendió hasta veinte caciques, que todos habian sido

en la muerte de más de seiscientos españoles que mataron de los de

Garay y de los que quedaron poblados en la villa de los de Cortés, y á

todos los más pueblos envió á llamar de paz, y muchos dellos vinieron,

y con otros disimulaba aunque no venian; y esto hecho, escribió muy en

posta á Cortés dándole cuenta de todo lo acaecido, é qué mandaba que

hiciese de los presos; porque Pedro de Vallejo, que dejó á Cortés por

su teniente, era muerto de un flechazo, á quién mandaba que quedase en

su lugar; y tambien le escribió que lo habian hecho muy como varones

los soldados ya por mí nombrados; y como el Cortés vió la carta, se

holgó mucho en que aquella provincia estuviese ya de paz; y en la

sazon que le dieron la carta á Cortés estábanle acompañando muchos

caballeros conquistadores é otros que habian venido de Castilla; é dijo

Cortés delante dellos:

—«¡Oh Gonzalo de Sandoval! ¡en cuán gran cargo os soy, y cómo me

quitais de muchos trabajos!»

Y allí todos le alabaron mucho, diciendo que era un muy extremado

capitan, y que se podia nombrar entre los muy afamados.

Dejemos destas loas; y luego Cortés le escribió que, para que más

justificadamente castigase por justicia á los que fueron en la muerte

de tanto español y robos de hacienda y muertes de caballos, que enviaba

al alcalde mayor Diego de Ocampo para que se hiciese informacion contra

ellos, é lo que se sentenciase por justicia que lo ejecutase; y le

mandó que en todo lo que pudiese les aplaciese á todos los naturales

de aquella provincia, é que no consintiese que los de Garay ni otras

personas ningunas los robasen ni les hiciesen malos tratamientos; y

como el Sandoval vió la carta, y que venia el Diego de Ocampo, se holgó

dello, y desde á dos dias que llegó el alcalde mayor Ocampo hicieron

proceso contra los capitanes y caciques que fueron en la muerte

de los españoles, y por sus confesiones, por sentencia que contra

ellos pronunciaron, quemaron y ahorcaron ciertos dellos, é á otros

perdonaron; y los cacicazgos dieron á sus hijos y hermanos, á quien de

derecho les convenia.

Y esto hecho, el Diego de Ocampo parece ser traia instrucciones

é mandamientos de Cortés para que inquiriese quién fueron los que

entraban á robar la tierra é andaban en bandos y rencillas, y

convocando á otros soldados que se alzasen, y mandó que les hiciese

embarcar en un navío y los enviase á la isla de Cuba, y aun envió

dos mil pesos para Juan de Grijalva si se queria volver á Cuba; é si

quisiese quedar, que le ayudase y diese todo recaudo para venir á

Méjico; é en fin de más razones, todos de buena voluntad se quisieron

volver á la isla de Cuba, donde tenian indios, y les mandó dar mucho

bastimento de maíz é gallinas é de todas las cosas que habia en la

tierra, y se volvieron á sus casas é isla de Cuba; y esto hecho,

nombraron por capitan á un Fulano de Vallecillo, é dieron la vuelta el

Sandoval y el Diego de Ocampo para Méjico, y fueron bien recebidos de

Cortés y de toda la ciudad, que temian todos algun mal desbaratamiento

de los nuestros, y se alegraron y solazaron mucho cuando vieron venir á

Sandoval con vitoria.

Y fray Bartolomé de Olmedo dijo á Cortés que se diesen loores á Dios;

y ansí, se hizo una fiesta á nuestra Señora, y predicó muy santamente

fray Bartolomé de Olmedo, y como buen letrado, que lo era el fraile; y

dende en adelante no se tornó más á levantar aquella provincia.

Y dejemos de hablar más en ello, é digamos lo que le aconteció al

licenciado Zuazo en el viaje que venia de Cuba á la Nueva España.

Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España (2 de 3) · 第 59 / 67 题