divididos en distritos de convenientes dimensiones, en cada uno de los
cuales se establece una mesa y se anuncia públicamente. Los electores
acuden a estas estaciones el día de las elecciones; cada uno anuncia
su nombre al empleado encargado del registro; y si está, en efecto,
registrado, el votante pasa a la urna y deposita en ella su lista
impresa y se retira. Numerosos partidarios de cada bando asisten para
impedir las tentativas de votar bajo un nombre falso. Ningún hombre
puede votar dos veces, porque es borrado en el registro desde que
aparece la primera vez. El voto no está firmado por el votante, porque
esto traicionaría el secreto de su voto; pero le miran prolijamente
la mano, para que no introduzca dos o más _tickets_ en la urna.
Al fin de la elección los _tickets_ son examinados, y después
de una comprobación de los votos, hecha por empleados nombrados al
efecto, quedan electos los candidatos que tienen mayoría absoluta
sobre el número total de votantes. Si un individuo no está satisfecho
con el _ticket_ de su partido, puede borrar algunos nombres y
substituirlos con otros de su elección. Como, por lo general, no
hay concierto entre los que tales alteraciones hacen, rara vez ven
electos a sus candidatos, no consiguiendo otra cosa que debilitar a su
propio partido. Estos votos son mirados como separados, y técnicamente
se les llama extraviados. Alguna vez acontece que haya dos o más
_tickets_, conteniendo cada uno de ellos listas de diferentes
candidatos, y si cada una de estas listas se presenta en número igual,
el resultado es que no hay elección. Cada lista puede ser sostenida por
un tercio o menos de votantes; y como por la ley es esencial para que
haya elección una mayoría sobre todos los votantes, ningún candidato
es electo. Entonces se señala día para proceder a nueva elección. Me
he asegurado de que la _intimidación_ en el sentido inglés de la
palabra, es desconocida. Si se intentase causaría mucha alarma y sería
resistida con buen éxito. El voto de cada hombre es conocido de su
partido, y aunque cada individuo tiene en su poder medio de ocultarlo,
pocos o nadie lo hacen. No hay conmoción ni excitación hostil en las
elecciones.
“He hecho repetidas investigaciones sobre el mecanismo interno puesto
en operación antes de las elecciones, y me han informado que es el
siguiente: cada partido nombra comisiones en cada distrito para
solicitar votantes. Conversan con ellos con respecto al mérito de los
candidatos presentados en su _ticket_, a fin de persuadirlos a
que vayan a votar por ellos. Los miembros ricos subscriben una suma de
dinero para pagar los gastos de discursos, impresos, avisos, salones
para los _meetings_, y aun carruajes para traer los enfermos a las
mesas en cada elección. El número de votantes son la mitad o los dos
tercios de todos los que tienen derecho de votar, a no ser en ciertas
ocasiones de grande excitación, en que casi todos toman parte. Los
abogados toman una gran parte en las elecciones; pero el clero y los
médicos casi no se ocupan de esto. Pueden algunos individuos de entre
aquellas profesiones hacerlo, pero éstas son excepciones de la regla
general. Los que conocen los movimientos del mecanismo político en
Inglaterra, reconocerán a este respecto la semejanza entre uno y otro
país. Me han asegurado que en los Estados Unidos la urna no ofrece
protección ninguna al votante. Sábese perfectamente por quién vota
cada individuo; y no hay intimidación, porque el hombre que amenazase
a otro con las consecuencias de votar en tal sentido, sería deshonrado
públicamente. Los políticos consideran que nosotros, los ingleses,
damos mucha importancia a la urna en Inglaterra, y me aseguran que ella
no protege al votante como esperamos. Pero no conocen la condición de
abyecta dependencia de muchos de los votantes ingleses, ni la violencia
que se practica sobre sus conciencias; no comprendiendo la indulgencia
con que son mirados en Inglaterra los intimidadores”.
_Elección en el Estado de Nueva York._ Hoy llegó a Boston
la noticia de las elecciones de los miembros de la legislatura,
gobernador, etc., de Nueva York:
“El partido _whig_ sacó a la plaza dos piezas de artillería
de bronce pertenecientes al Estado, e hiciéronse salvas. Con tanta
simultaneidad y presteza fueron disparados ambos cañones, que por lo
pronto creí que era todo un parque de artillería. Preguntando cómo
los cañones del Estado podían ser prestados para celebrar un triunfo
de partido, se me dijo que estaban igualmente al servicio del partido
opuesto cuando tenía alguna victoria que celebrar.
“Hoy visitamos a Salem, una ciudad marítima a cosa de 14 millas de
distancia de Boston, más abajo de la bahía de la costa del Norte. Era
día de elecciones en el Estado. Yo visité una de las mesas y encontré
hombres a la puerta teniendo las listas de los candidatos rivales, y
ofreciéndolas a cada votante en el acto de entrar. No sin dificultad
pude persuadirles de que yo no era votante. El votante se presenta al
secretario de la mesa y anuncia su nombre; búscase éste en el registro,
se marca, echa el voto en la urna y se va. Todo se hallaba tranquilo,
y sólo unos cuantos individuos estaban estacionados en el lugar de la
votación, conversando y calculando las probabilidades.
“Las elecciones de Boston han sido publicadas, y a consecuencia de una
escisión del partido _whig_ con motivo de la _licence-law_,
aquel partido ha perdido por una gran diferencia. Por la ley, debe
concurrir mayoría sobre el número de electores para que haya elección.
Tres listas de candidatos se presentaron en las mesas. Una por los
candidatos democráticos; otra por los _whigs_ que eran contra
la _licence-law_ (ley prohibiendo vender aguardiente por menos
cantidad de quince galones) y otra por los _whigs_, sin expresión
de opinión alguna sobre aquella cuestión. Sólo aquellos individuos
cuyos nombres se hallaban en ambas listas _whigs_ tuvieron mayoría
sobre el número de votantes y fueron electos. Debe haber una nueva
elección para los que tenían menos, y que no son electos por tanto.
“Espero con toda confianza que como el partido _whig_ ha triunfado
en el Estado de Nueva York, propondrá y sancionará un _bill_
para que se establezca un registro de votantes en aquel Estado, en
donde actualmente no sólo prevalece el sufragio universal (excluyendo
pobres de solemnidad y difamados), sino que la calificación se hace
en las mesas, circunstancia que ha conducido a las más groseras
falsificaciones, y dado lugar a prácticas vergonzosas en la última
elección, particularmente en la ciudad de Nueva York”.
“_Alborotos en Harrisburg._ Harrisburg, una villa a orillas
del Susquehannah, cerca de ciento cinco millas de Filadelfia, es la
capital política de la Pensilvania, en donde tiene sus sesiones la
legislatura del Estado. La legislatura se reunió a principios de
Diciembre; pero, a consecuencia de una disputa con respecto a un
informe, dos _speakers_ fueron elegidos, y se organizaron dos
cámaras de diputados. Esto se hizo tranquilamente. Sin embargo, cuando
comenzó la sesión anual del Senado en la tarde del mismo día, estaba
reunido un atropamiento con el intento de imponer a aquel cuerpo la
marcha que había de seguir. El Senado postergó sus sesiones, y el
atropamiento organizó una _comisión de salvación_, que dirigía
sus procedimientos. El desorden reinó por algunos días sin que ninguna
de las dos cámaras de la legislatura pudiese celebrar sesiones con
regularidad. “La cámara ejecutiva, y el departamento de Estado fueron
cerrados, dice el gobernador Ritner, y la confusión y la alarma
prevalecieron en el asiento del gobierno”. La milicia fué convocada, y
obedeció a la intimación. Su presencia sin derramar sangre, disipó todo
lo que mostraba síntomas de violencia declarada, y bajo su protección
los miembros de la legislatura quedaron en libertad de arreglar a su
modo sus propias diferencias.
“Grande era la excitación, no sólo en Harrisburg, pues el asunto
despertó por toda la Unión un vivísimo interés. Quien no esté habituado
con el pueblo y las instituciones, se habría imaginado al recorrer los
informes de los diarios, que había comenzado en Pensilvania una nueva
revolución y una guerra civil; mas estas impresiones se desvanecen
viendo las cosas de cerca. En cuanto me fué posible entenderlo, los
motivos de la disputa eran los siguientes: Una enmienda importantísima
a la Constitución del Estado había sido últimamente adoptada por el
pueblo, la cual debía tener efecto el 1 de Enero de 1839. Debe tenerse
presente que las recientes elecciones acababan de dar preponderancia
al partido democrático en los tres ramos de la legislatura; y cuando
el gobernador democrático Porter entró en funciones en Enero, hubo
muchos cambios de empleados _whigs_ para instalar en su lugar
a sus oponentes. Los partidos, sin embargo, están de tal manera
contrabalanceados, que la lucha por el poder es de vida o de muerte,
y no hay resorte legal y político que no se toque por el partido
_whig_ para mantenerse en los empleos, y por los demócratas para
expulsarlos. La sala de representantes se compone de cien miembros. De
éstos hay electos sin disputa:
Miembros democráticos 48
Id. _whig_ 44
Mientras hay ocho asientos del condado
de Filadelfia disputados y pretendidos
por ambos 8
---
100
“El condado (sin la ciudad) está dividido en diez y siete distritos,
y cada distrito nombra una persona, en todo diez y siete individuos,
cuyo deber es hacer el escrutinio de los votos. Los diez y siete jueces
reunidos examinaron los votos, recibieron pruebas, oyeron consejos de
ambas partes, y por una mayoría de diez votos contra siete desecharon
los votos de los liberales del Norte, y prefirieron los ocho candidatos
democráticos. Pasaron al secretario de Estado estos miembros, como
debidamente electos. Según ellos, la forma legal de pasar el informe
estaba llenada; a saber, dieron certificado de que las personas
nombradas tenían el mayor número de votos para sus respectivos oficios,
y que ellos, los jueces, los declaraban estar debidamente electos. La
minoría, sin embargo, era de opinión que conforme a la ley, la mayoría
de los diez y siete jueces había excedido sus poderes constitucionales,
declarando quiénes eran los electos. Según su interpretación de la ley,
los diez y siete eran meros oficiales ministeriales, cuyos deberes eran
sólo de escribanos, y consistían en sumar el total de votos sufragados
por cada candidato en su distrito, e informar de ello a los oficiales
correspondientes. La ley no les da poder para desechar el voto de un
distrito o de parte de un distrito. La minoría _whig_, por tanto,
dió un certificado a los siete candidatos suyos, de conformidad a su
manera de ver la ley, y lo despacharon inmediatamente al secretario de
Estado, que era también _whig_. Este certificado llegó antes del
de los demócratas, y cuando el último llegó, se negó aquél a recibirlo
alegando que ya había recibido un informe, que era su deber presentar
a la Sala, dejándole a ésta la incumbencia de obrar según lo creyese
conveniente. Según la ley, los individuos que traen certificado de
los oficiales que extienden el informe, toman sus asientos y votan
hasta que sean desposeídos por un voto de la Sala, a petición de sus
oponentes. Si estos siete _whig_ hubiesen entrado en la Sala de
representantes y votado, habrían dado a su propio partido una mayoría
temporal por lo menos, y bajo su ascendiente nombrado un _speaker_
(presidente), un secretario, y acaso un tesorero de Estado y un
auditor, además de un senador del Estado de Pensilvania al Congreso de
los Estados Unidos.
“El partido democrático, considerándose en posesión _bona fide_ de
la mayoría de votos, y de haberse hecho un informe legal, no quería
someterse a ser desposeído de sus ventajas, por lo que él designaba
como un fraude _whig_; mientras que los _whig_, creyéndose
tener certificados en regla, insistían por ocupar sus asientos hasta
que sus oponentes obtuviesen una decisión de la Sala rechazando sus
pretensiones.
“Fácil es colegir la magnitud de los desórdenes que se siguieron a este
conflicto. Los dos partidos estaban casi contrabalanceados, y sus
temores y esperanzas excitados profundamente. El pueblo mismo es el
poder dominante, y cuando está excitado, no teme responsabilidad alguna
legal, sino que lleva a efecto sus deseos y convicciones en el modo que
mejor cuadra a las exigencias del momento. Apelará a las leyes cuando
el mal de que se queja no se hace irremediable con la demora; pero, en
el caso presente, si los demócratas hubiesen dejado a sus oponentes
tomar posesión de sus asientos, el daño se habría perpetrado _ipso
facto_, y recurrieron a un alboroto para impedirlo. En cualquier
país de Europa, (¿qué diremos del resto de América?) un asalto
tumultuoso sobre la legislatura, si hubiese tenido efecto, habría sido
el precursor de una revolución; pero aquí es un suceso de importancia
muy subalterna. En los Estados Unidos una revolución no puede conducir
a otra cosa que a la pérdida de la libertad. El sufragio es punto
menos que universal, y el pueblo elige, directa o indirectamente,
no solamente la legislatura, sino todos los empleados del Estado.
Las imaginaciones más desarregladas no pueden idear una forma más
democrática de gobierno; y como no hay clase aristocrática que tenga
intereses separados ni sentimientos diversos de los del pueblo que
pudiese usurpar el poder, una revolución conduciría al despotismo. Los
Estados están muy lejos de aquellas condiciones en que el despotismo
se hace posible. No hay una multitud pobre, ignorante y sufriente, que
un ambicioso pueda arrastrar a prestarle su fuerza física para echar
por tierra las libertades de su país. Una gran porción de electores son
dueños de fincas, mientras que la más humilde clase posee propiedad y
algún grado de inteligencia. Todos han sido educados en el amor, no
sólo de la libertad, sino también del poder. No hay desórdenes sociales
dignos de mención, y los que existen no son de naturaleza de inducir
a los ricos a desprenderse de su libertad, a trueque de asegurar
la salvación de sus vidas y propiedades. Generalmente hablando, la
justicia de hombre a hombre es hecha bien y ejecutada vigorosamente.
Solamente cuando el gobierno obra contra el pueblo, o el pueblo está
poseído del frenesí de hacer mal por medio de los tumultos, se sienten
débiles los poderes ejecutivo y judicial. Estas ocurrencias son raras y
nacen de causas temporales y específicas. No hay descontento general,
reforzándose secretamente hasta que se halla en actitud de estallar
por entre de las junturas que la ley deja, buscando desagravio en la
anarquía y en el derramamiento de sangre. Toda injusticia es sentida,
y proclamada por mil lenguas a guisa de trompetas, pintándola con
las formas más exageradas; y como el pueblo domina absolutamente
en la legislatura y en el ejecutivo, no puede durar hasta hacerse
verdaderamente formidable. Mirados a la distancia los gobiernos de los
Estados particulares, pueden aparecer tan débiles que se crea a la
sociedad constantemente expuesta a la anarquía; pero cuando se examina
de cerca la condición del pueblo, se ve que faltan los elementos de
anarquía. Estos gobiernos apoyados en los intereses populares, en
la inteligencia popular y la voluntad popular, tienen una base tan
ancha, que en las presentes circunstancias de la nación es imposible
trastornarlos, y como el poder de reconstrucción está constantemente
presente, aunque fuesen dislocados en algunas de sus partes, se reunen
con una rapidez, y reaccionan con una actividad que muestra los más
fuertes indicios de salud y de vigor.
“Una democracia es un rudo instrumento de regla en el estado presente
de las costumbres y de la educación en los Estados Unidos, y no he
encontrado aún un radical inglés que haya tenido el beneficio de cinco
años de experiencia, que no haya renunciado a su creencia, y cesado
de admirar el sufragio universal. Pero la grosería de la máquina y su
eficacia son cosas diferentes. Es grosera porque la masa del pueblo,
aunque inteligente en comparación con las masas europeas, está aún muy
imperfectamente instruída, cuando sus conocimientos y su cultura se
miden con los poderes que tiene que manejar. Es eficaz, sin embargo, es
sólida en su estructura, y sus bases son fuertes.
“Leo sin alarma las relaciones de los tumultos de Harrisburg, y el
llamamiento de las tropas de los Estados Unidos para reprimir la
rebelión, como la llaman muchos diarios, y de la marcha de mil hombres
de milicia al lugar de los disturbios. Yo sé que los tumultuarios
tienen fincas, tiendas, mujeres, hijos y otras relaciones, y que tienen
un gran cuidado de sus vidas e intereses; de antemano, calculaba
que, por grandes que sean los gritos y las amenazas, no habrá ni
derramamiento de sangre, ni destrucción de propiedad. Y así sucedió
en efecto. Los tumultos han desaparecido; la legislatura sigue sus
deliberaciones en paz, y ya empieza todo el mundo a admirarse de que
haya pasado toda aquella bulla”.
“_Derecho de sufragio de Pensilvania._--Ultimamente ha sido adoptada
una enmienda a la Constitución por el pueblo de Pensilvania, por la
cual se hace depender el derecho de sufragio de una residencia de _un_
año en el Estado, en lugar de _dos_ que se necesitaban antes, y de diez
días de residencia del votante en el distrito en que ha de votar, cosa
que no se requería, y en el pago de una contribución del Estado o del
condado. Requiérense ambas contribuciones, pero toca a la legislatura
determinar la clase de pruebas por las cuales se han de acreditar
aquellos requisitos y aquella residencia. Las personas de color
residentes en el Estado, aunque libres y pagando contribuciones, son
privadas del derecho de votar. Antes de la enmienda no habían palabras
especiales para excluirlas; pero pocos se aventuraban a reclamar su
privilegio, tan inveterada es la preocupación contra ellos.
“El gobernador Ritner, en su Mensaje, urge con fuerza sobre la necesidad
de dictar leyes que regularicen las elecciones, para prevenir los
fraudes que hasta ahora han prevalecido. Añade que otra razón exige
ahora una legislación más estricta y específica sobre ese asunto: “El
número de empleados que deben ser elegidos por el pueblo dará a las
elecciones más interés, y a cada voto individual mayor valor presente y
local que el que antes tenía, y sujetará, en consecuencia, el poder del
votante individual, que se ha hecho hasta hoy el poder directo, a mayor
peligro de fraude y de malas prácticas que antes, cuando su influencia
era más remota”.
“_Apuestas sobre las elecciones._--Ritner añade: “Yo recomiendo
fuertemente la sanción de una ley más efectiva contra las apuestas
sobre elecciones, cuya práctica forma la más perniciosa clase de juego.
Las apuestas en el juego de otras clases sólo perjudican a las partes
mismas, mientras que éste hace una herida a los derechos de todos, y
destruye la confianza que cada ciudadano tendría en las decisiones de
la urna”.
“No sólo es así, sino que también destruye la confianza de los hombres
honrados en la naturaleza humana misma. Cuando la masa del pueblo a
quien se le ha confiado el poder soberano, puede permitir a uno de sus
propios miembros convertir el sagrado encargo de elegir gobernadores,
magistrados y legisladores en materia de juego, se muestra indigna de
la libertad. La existencia de una práctica semejante en tal extensión
que requiera la interposición legislativa, representa una pintura
humillante del ascendiente del espíritu de avaricia y especulación,
sobre la moralidad y la razón, en una porción al menos del pueblo de
este Estado. El más violento calumniador no podría inventar cargo que
afectase más profundamente el carácter moral, y que más poder tuviese
para destruir la confianza de los extranjeros en las instituciones de
Pensilvania, como esta reconocida bajeza. Un pueblo se está preparando
para el despotismo cuando convierte las franquicias electorales en un
mero asunto de especulación pecuniaria. Pero el sentimiento público se
sublevó en virtuosa indignación contra práctica tan deshonrosa, y, como
tendré en adelante ocasión de observarlo, la suprimió bajo las penas
más severas”.
“_Elección civil de Nueva York._--La elección de Mayor y consejeros
para la ciudad de Nueva York acaba de terminarse. El partido
democrático ha quitado el poder a los _whigs_ y anda ahora
celebrando su triunfo.
“Es esta una revolución en la opinión, que ha dejado a todo el mundo
lleno de admiración.
“La elección es el asunto universal de conversación. Un periódico hace
en estos términos la pintura de aquella escena: “Los loco-focos andan
triunfantes por todas partes, sonriendo con todas sus infernales bocas.
Al concluir la elección del martes pasado, viendo el diablo que él
había metido en ello la cola, empezó a alegrarse también, y atrajo
una de esas tormentas nordeste que causan centenares de enfermedades
de consunción, y traen por millares el fastidio y los diablos azules.
¿Pero qué cuidado se les da a los loco-focos de la lluvia, ni de
mojarse? Cuando ellos ganen en otra región futura la caliente mansión
que les aguarda, tendrán sobrado tiempo de secar sus andrajosos
trapos, ante el fuego que jamás se extingue. Nunca se vió Tammany-Hall
y sus alrededores en tales éxtasis de contento. Las miriadas de los
loco-focos, tan numerosas como las langostas de Egipto, estaban ayer
en completo éxtasis en toda la ciudad. Lluvia, golpes, harapos, ¿quién
cuida de eso? decían. Hemos aporreado a los condenados _whigs_, y
esto basta”.
“Créese, generalmente, que en el presente caso han sido empleados
medios deshonrosos por ambos partidos para ganar las elecciones. No
hay registro de votantes en la ciudad, y el título de cada uno que
pretende votar es determinado en la mesa. Ciudadanía y residencia
son las principales calificaciones. Se dice que un gran número de
extranjeros han sido admitidos a votar por una de las cortes de ley,
sin que tuviesen los requisitos legales. Se ha asegurado que los
inmigrantes gobiernan la ciudad, con exclusión de los nativos, y se
pide una residencia más larga y se desearía imponerla, como un título a
la ciudadanía. También se han cometido fraudes en la ley que requiere
residencia en un _barrio_, como calificación para votar. Cuando un
partido había obtenido una fuerza supernumeraria de votantes legales
en un barrio, pero encontrádose débil en otro, había trasladado una
porción de su número del barrio fuerte a dormir una sola noche en el
barrio débil: se habían presentado al día siguiente en la mesa, y
jurado que eran residentes en él, votado, y vuelto inmediatamente a
sus casas. De este modo violaban el espíritu, pero no la letra de la
ley. Llaman a esta operación _colonizar_. Los hombres virtuosos de
ambos partidos admiten que se debe poner término a todos estos fraudes,
o la urna será una mera farsa; con este motivo dicen: “el que más maula
hace, reune más dinero, compra y coloniza, gana elecciones”. Por esto
se pide que haya una ley de registro.
“Estas contiendas conducen sin referencia a principios morales, a
desmoralizar todas las clases, y hacen un duradero daño a una república
que no tiene otra áncora de salvación que la virtud de sus ciudadanos.
Introducir la inmoralidad en las elecciones es hacer traición a su
país. Verdad es que esta es la única forma en que un americano pueda
cometer aquel crimen.
“Al mismo tiempo que condeno aquellas inmoralidades republicanas, debo
hacer justicia a las instituciones; pues antes de la próxima elección
se dictó una ley muy restrictiva para curar estos males, y ambos
partidos admitían que había producido sus deseados efectos. Una ley de
registro había pasado antes de mi salida, de manera que la reproducción
de aquellos abusos era imposible. De este modo mientras que lamentamos
las aberraciones de los americanos, no debemos cerrar los ojos a su
tendencia a rectificar sus propios errores, y corregir los extravíos en
el sendero del deber”.