Torrijo.--Los belloteros.
Vijuesca.--Los tocineros.
Aiñón.--Los huecos.
Cervera.--Los de la abubilla.
Villalengua.--Camuesos.
Sediles.--El cuco.
Terrer.--Llegar y meter.
Ateca.--La puerta abierta.
Daroca.--Puta ó loca.
Ricla.--Los cañiceros, ajeros.
Campiel.--Melocotones.
Morata.--La del Conde.
Torres.--El tío Pepe Roque y la ballena.
Maluenda.--Mucho mantel y poca merienda.
Castejón de las Armas.--El de las cerezas.
Castejón de Alarba.--El de los ricos.
Chodes.--Se prohibe repicar y andar en la procesión.
En toda España reza el refrán que no se puede á un tiempo repicar y
andar en la procesión. Á los de Chodes, pueblo cerca de Morata de la
Ribera, ó del Jalón, se les prohibe, porque son los únicos que pueden
hacerlo. El conde de Morata edificó de tal suerte el pueblo, que forma
una sola plaza y no grande. Puede tirar de la cuerda de la campana el
sacristán y no salirse de la procesión.
Las causas de la imposición de los apodos son diversísimas. Los que
significan defectos corporales ó un miembro del cuerpo, que por alguna
razón caracterizaba al individuo, no ofrecen dificultad. Llamar á
uno bizco, ó bizconde, como suele decirse por equívoco malicioso, es
aplicarle de ordinario un apelativo, con lo cual queda convertido
en nombre propio. Hemos de pensar que el hombre siempre ha sido
el mismo, y que por consiguiente tal fué el origen de los nombres
propios. Y no sólo de los propios de persona, sino de lugares y de
objetos, cualesquiera que ellos sean. Proceden, pues, los nombres de
los calificativos, ó llámense adjetivos. Los vocablos, efectivamente,
sólo expresan un concepto de las cosas; es decir, un modo de ser, una
apariencia, una cualidad genérica, la cual puede aplicarse á todos los
objetos que la poseen. Cojo, zurdo, royo, peli-blanco, guarro, galano,
son adjetivos que sólo expresan una cualidad. Pero aplicándose de
ordinario á una persona quedan convertidos en mote, y luego en nombres.
Carrillo, Cana, Pelete, Cabezota, Dientes, son nombres apelativos,
que por el mismo medio vienen á ser apodos y nombres y apellidos
personales. Pero de la misma manera llegaron á ser nombres apelativos:
fueron antes expresiones comunes aplicables á muchos objetos, fueron
calificativos. No expresa el vocablo _carrillo_ la esencia, ni siquiera
el conjunto de cualidades esenciales, á modo de descripción, del
miembro corporal así llamado; sólo indica una cualidad del _carrillo_,
la de poder girar y moverse como un carro: carr-illo es un carr-ito, un
diminutivo de carro. Otro tanto sucede con el vocablo carro, que los
latinos tomaron de los Aquitanos, que hablaban éuskera, como iberos que
eran. Carr-us viene del éuskaro e-karr-i llevar, da-kar-t yo llevo,
da-kar-zu tú llevas, na-kar-zu tú me llevas. Del llevar se dijo carr-us
lo que lleva. Pero kar raíz de llevar sólo indica una acción, un modo
de obrar de las cosas. Manota es otro apodo, sin duda porque el así
llamado tenía una mano grande y deforme. Pero, á su vez, mano, del
latín manus, se dijo por ser extendida y servir para medir, que no es
más que extender una cosa, la medida, sobre otra, como el pañero, que
extiende su vara sobre el paño una ó más veces según las varas que le
pidió el comprador. Ma-nus vale la extendida, como ple-nus lo lleno,
y dig-nus lo señalado, de ma- extender, medir, pl-, pl-us, llenar,
dic-ere señalar, decir. Y así la luna, medida del tiempo, es mêna en
godo, alemán Mond, lituano ménu, griego mên, latín Mena menstruationis
dea, como mênê en griego, y men-s-is més, mens-s-truus. Extender y
medir es en sanskrit mâ-mi, mi-mê, la medida ma-tram, el me-tron
griego ó metro, lo que mide, como ara-trum lo que ara, el arado, en
latín mê-tare, mê-tiri, de donde medir, en eslavo mê-ra y en lituano
më-rá es la medida, ma-túti medir, en griego mî-me-omai imitar, mî-mos
remedador, de donde mímica, habiéndose dicho el remedar del medir, por
comparar é igualar dos cosas, como nuestro vocablo remedar viene de
re-imitari volver á imitar, comparar, medir. El nombre mano fué, pues,
antes un adjetivo, lo extendido, como lo son lleno y digno.
Los motes que indican cualidades morales son también adjetivos ó
nombres concretados en un individuo. Loco, Santo, Curda, Chispa;
Cavila, ó tío Cavila, el que cavila mucho: es un verbo, lo mismo
que Lame, Rasca-miajas, Pela-pobres, Caga-lesnas, Traga-bolas, ó
que cree las exageraciones y mentiras. La metáfora campea aquí de
una manera maravillosa. ¿Qué quiso decir el chistoso que inventó el
mote de Caga-lesnas, el de Traga-buques, y el de Confita-moscas, y
el de Azota-cristos, y el de Mata-abuelas? No conozco ingenio entre
escritores y poetas que tan alto hayan rayado como el oscuro y
desconocido autor de tan ingeniosos apodos.
No es menester ir á Andalucía para hallar en España andaluzadas, ni
sal, ni gracia, ni poesía. Aragón es el polo opuesto de Andalucía.
Pocos poetas ha criado, porque el carácter de los aragoneses es muy
serio y enemigo de toda mentira y exageración. Pero por lo mismo es muy
realista y tan fogoso como el que más. Los escritores aragoneses no
descuellan por las obras de puro fantasear; pero son vigorosos, exactos
en sus metáforas, y de un colorido y nervio que los hace poetas de
otro género. Prudencio, Quintiliano, Marcial, los Argensolas, el gran
fabulista riojano, el gran filósofo bilbilitano Gracián, el historiador
Zurita, son de esta cepa, de la misma que los guerreros de Numancia,
y de Calahorra, y de Zaragoza, de la misma que el anti-papa Luna, y
que el fabricante de la campana de Huesca, y que los magnates de aquel
reino.
Los motes de oficios y clases sociales han originado muchos apellidos:
Botero, Monje, Fraile, Alguacil, Obispo, Picón, Capitán, etcétera.
Y no menos los de plantas y animales, donde la metáfora y el ingenio
poético de los españoles es muy digno de notar: Ciruelo, Parra,
Carrasco, Mora, Cuervo, Gallo, Lobo, Zorrilla.
El apólogo, de origen indiano, parte del principio antropológico, tan
innato en el hombre, que quiere atribuir á los demás seres sus propias
cualidades. El hombre no conoce las cosas del mundo exterior sino
en cuanto halla en sí algo que sea común con ellas. Sus facultades
aprehensivas son anteojos que colorean los objetos del color que ellos
mismos tienen. Mira á los animales con el anteojo antropológico, les
atribuye sus propios sentimientos y fantasea una ética animal, paralela
á la ética humana. El león es noble, la gallina cobarde, la liebre
tímida, la hormiga diligente, la abeja laboriosa, el toro valiente, el
perro fiel, el murciélago alevoso, el tigre encarnizado, el sapo vil,
la serpiente prudente, la paloma candorosa, el zorro artero, la cabra
caprichosa, la cotorra parlera, el potro insolente, el asno estúpido,
el pavo vanidoso, la oveja mansa, el gallo orgulloso. En hecho de
verdad, toda esa ética, con los apólogos que en ella estriban, es una
ética fantástica. Las pasiones no menos radican en el alma racional
que en la parte sensitiva del organismo. Pero el hombre es poeta por
instinto, y humaniza cuanto le sale al paso.
Una de las riquezas poéticas del castellano tiene aquí su origen.
Apenas habrá animal que no haya servido de punto de comparación á los
españoles para concebir las cualidades morales humanas, que de suyo
eran tan difíciles de expresar por lo complejas y abstrusas. No creo
que haya idioma alguno cuya penetración y fantasía puedan parearse, ni
aun de lejos, con la penetración y fantasía de nuestro pueblo. Algunas
expresiones parecidas se hallan en todos los idiomas; pero tantas y
tan bien apropiadas creo que en ninguno. ¿Hay términos franceses ó
latinos, ingleses ó griegos, que pinten y respondan á nuestros verbos
_azorarse_ como la garza perseguida por el azor, _amilanarse_ como
los pajaritos á la vista del milano, _aconcharse_ como la tortuga
ó el caracol, _aturdirse_ como el tordo, _encabritarse_ como el
cabrito, _alebronarse_ ó _alebretarse_ ó _alebrarse_ como las liebres,
_emporcarse_ como el puerco, _avisparse_ como la avispa, _ratonarse_
como lo comido de ratones, _emperrarse_ como el perro, _atortolarse_
como la tórtola, _pavonearse_ como el pavo, _encapricharse_ como la
cabra que se encarama, _acurrucarse_ como la curruca, _enviperarse_
como la víbora, _entigrecerse_ como el tigre, _agazaparse_ como el
gazapo, _achicharrarse_ como la chicharra con el calor, _amoscarse_
como el molestado de las moscas, _cotorrear_ como la cotorra, _gatear_
como el gato, _serpear_ como la sierpe, _serpentear_ como la serpiente,
_culebrear_ como la culebra, _culebrinear_ como la culebrina, _gallear_
como el gallo, _engatusar_ como el gato, _hormiguear_ como el sitio
lleno de hormigas ú hormiguero, _desasnar_ como el estúpido que deja
de ser asno, _apolillarse_ como lo roído de la polilla, _caracolear_
dando las vueltas del caracol, _mariposear_ como las mariposas,
_mosquear_ como moscas, _potrear_ como el potro, _podenquear_ como
el podenco, _torear_ como el toro, _andar aperreado_ como el perro,
_ratear_ como la rata, _aborregarse_ el cielo como establo lleno de
borregos, _acaballar_ ó _encaballar_ montado como jinete en el caballo,
_chinchorrear_ como el _chinchorrero_, que es tan molesto como la
_chinche_, _escarabajear_ como el escarabajo, _garrapatear_ como la
garrapata, _berrear_ y _emberrenchinarse_ como el verraco, _chotear_
como el choto, _patear_ como el pato, _babosear_ como la babosa,
_zanganear_ como zángano, _agusanarse_ como lo lleno de gusanos,
_trasconejarse_ como el conejo, _zabullirse_ como el sapo (_zabu_ en
éuskera, _zab-uli_ revolcarse como _zabu_), _erizarse_ como el erizo,
_achuchar_ como al chucho, _desperdigarse_ como los perdigones,
d_espotricar_ como el potro?
En España no parece sino que todos somos zoólogos, y que vivimos en un
parque zoológico. Fulano es un chinche, es muy zorro, es un gallina,
un puerco, un puercoespín, un pavo, un asno, una sabandija, parla como
un chorlito ó como una cotorra, es un avestruz, un borrego, un moscón,
una mosquita muerta, un toro, un pichón, una mariposa, un cernícalo,
una víbora, un rata, corre más que un galgo ó que una liebre, es más
tratable que una paloma sin hiel, canta como una calandria ó como un
jilguero, es más listo que una ardilla, más tragón que un tiburón, más
intratable que un potro, más escurridizo que una anguila, come como una
sanguijuela, tiene más conchas que un galápago, tiene el genio de un
toro, se menea más que una lagartija, salta como un gamo, es más cruel
que el tigre, no es rana, no morirá de cornada de burro, no se apea del
burro, es más pesado que las moscas, lloriquea como un becerro, engorda
como un tocino, brama como un toro, es un pollo ó una polla á pesar de
sus treinta abriles, tiene un pico de chorlito, unos ojos de besugo,
una nariz aguileña, unas orejas de asno, unos pies como pezuñas, un
cuello de cisne, unas uñas de cernícalo, más pelo que un oso, es lince
como él solo, es muy patudo y muy ganso, viene hecho una merluza, es
todo un zángano, tiene un genio de hiena y un cuello toroso, es más
bruto que un mulo y más terco que un macho, no sabe más que un buitre,
se viste como el grajo de plumas ajenas, se hincha como una rana,
cacarea sus cosas como la gallina, se le va la cabeza ó le duele como á
una cabra, es un puerco y un cochino y un gorrino de sucio, tiene malas
pulgas, gruñe como un cerdo, es necio como un pollino, es una tarasca,
un renacuajo de chico, un buey Apis de gordo, un tórtolo de cariñoso,
un camaleón de mudable, adelanta como el cangrejo, se pega como una
lapa, allega como una urraca, está hecho un bacalao, gorronea como un
gorrión, anda de golondros como una golondrina, duerme como un lirón,
es más feo que un mico, más vivo que una comadreja, más blanco que un
armiño, de más monerías que un mono; es, en fin, un animal por los
cuatro costados, con rabo y todo.
Los apodos tomados de objetos inanimados son más difíciles de aclarar.
Algunos son tan metafóricos como los anteriores y se refieren á
cualidades corporales ó morales. Medio almú se dijo de uno que era
pequeño, Botijo del que era tan gordo como un botijo, Cataplasma del
pesado, tardo y molesto, Cascarrias del sucio ó del cansado en su trato
ó del quisquilloso, Cerote del tímido, Porrón del gordinfla, Mostillo
del pegajoso y dulzachón en su trato, Morcillica del larguirucho,
Coscarana del huero de cascos, Fregadera del sucio y descuidado,
Callejica del corretero y callejero, Mala-lana del que presto se sube
á la parra, Chicherre del que se enfada y arde por un quítame allá
esas pajas, como Calzones-de-yesca, Peteneras del alegre, Duende del
entrometido, Ciclón del vivo y furruña. En esto se ha seguido el tenor
que han tenido los españoles en la derivación de vocablos por medio
de la metáfora, y en el empleo metafórico de las cosas en refranes y
frases hechas, donde podríamos señalar un tesoro tan rico y poético
como el zoológico que hemos indicado.
Otras veces el mote se refiere á una muletilla del individuo, ó á un
caso particular, cuya historia se conserva entre las gentes del pueblo,
ó no se conserva. ¡Cuántos motes no pasan de padres á hijos olvidándose
el motivo que los originó! Tal es la fuente de muchos apellidos, y la
razón del _de_ ó de la silbante en los patronímicos castellanos. _Juan
de Diego_ es un Juan hijo de Diego, Láinez es _el de Laín_, Pérez _el
de Pero_ ó Pedro, López _el de Lope_. El hijo del rey Silo se llama
en un documento de su época _Siliz, el de Silo_. _Márquez_ es el hijo
de Marco, Álvarez el de Álvaro, Domínguez el de Domingo. Pero de los
patronímicos, y en general de los apellidos, habría que tratar por
separado.
Los apellidos son motes que por su antigüedad han perdido ya la razón
de su significado. Por eso el pueblo que gusta de llamar las cosas
por sus nombres, quiero decir, no á ciegas, sino por nombres que les
convengan, no hace caso de los apellidos é inventa motes de continuo.
Los apellidos ahí se quedan para el _Registro_ y para la sociedad, que
vive de convencionalismos y rutinas. El pueblo no vive como ella de
sangre gastada hasta tomar ese tinte azul de que se paga la nobleza;
vive de sangre fresca, bien roja y bullente. Y así como no quiere
vocablos de extranjis, que para él es letra muerta, aunque vengan de
Roma y Atenas, porque los considera como pelucas y otros armatostes
postizos, y como tales los trata, estropeándolos cuando se ve precisado
á tomarlos en sus labios, así tampoco hace caso de apellidos, ni
nombres, si no son de su hechura y pintan al individuo.
No faltan eruditos que menosprecien toda esa vida, todo ese realismo,
toda esa verdad que encierra lo popular, y que prefieran lo que se
llama de buen tono, correcto, atildado.
De gustos no disputaremos. Yo tengo por de mejor tono, por más
correcto y atildado, el árbol que comienza á echar sus frutos, el
joven de quince á veinte años, el modo de decir que espontánea y
naturalmente nace en labios del pueblo y que tiene su arraigo en el
idioma tradicional y propio, porque ese árbol, ese joven, ese decir,
son brotes naturales llenos de savia y de vida. Los viejos robles son
mejores para quemados en invierno, que nos den calor; los ancianos son
más de respetar y oir como consejeros; los vocablos de la veneranda
antigüedad, para leer los autores que los emplearon y para estudiar la
psicología de los pueblos que ya pasaron.
Por eso á otros causará risa; á mí me sabe á poco el siguiente cuento
que trae Polo y Peyrolón, que ni siquiera lo es, porque yo mismo lo he
presenciado, _mutatis mutandis_, y lo habrá presenciado cualquiera que
sea un poco observador de las costumbres populares. Reunidos en cierta
ocasión los cofrades de San Roque en la casa rectoral del pueblo de
Tramacastilla para celebrar una junta, quiso el párroco cerciorarse
de la puntual ó escasa asistencia de los asociados, y al efecto tomó
el libro de los cofrades y fué leyendo, uno por uno, sus nombres y
apellidos. La sala estaba llena, y nadie, sin embargo, decía esta boca
es mía.
--Hombre, muchos faltan--observó el señor cura, dejando de leer.
--¡Ca! No, señor--contestó el maestro de escuela.--Déme usted ese libro.
Nada comprendió el párroco, pero obedeció.
--_Cuquita_--voceó el maestro, principiando la tarea.
--Presente.
--_Goticaaceite._
--Presente.
--_Mediamisa._
--Presente.
--_Perotes._
--Presente.
Y al punto contestaron, uno tras otro, á sus respectivos apodos, los
que momentos antes permanecieron mudos al oir sus nombres y apellidos.
No es cuento el que muchos ignoren su apellido: es un hecho que yo he
tocado con las manos. Los apellidos son nombres muertos que yacen en el
_Registro_ y con los que se entretienen las personas de sociedad. El
pueblo no gusta de autopsias ni de manipular cadáveres: quiere nombres
vivos, que son los motes por él dados, y muy bien dados.
[Ilustración]