_Á propósito, Dr. Jarro._--Al gorrón borracho, y puede servirle de
comentario el siguiente sucedido, que no cuento, y fué en Tudela.
Merendaban en el campo unas costillas, y vieron venir hacia ellos
un conocido gorrón.--Cuidado con convidarle.--Llega, nota que no le
invitan, y _á propósito_ de haberle preguntado que qué le hizo á fulano
el otro día cuando le faltó en la taberna, y respondiendo él que ¿qué
le podía hacer? Paciencia--repone uno de los de la merienda:--Haberle
roto las _costillas_.--Tómale la palabra el de gorra, y sentándose
muy frescamente, dice: _¡Pa no hacer disprecio...!_. Y dió en las
_costillas_ con tan fiero y hambriento diente, que hubieron de apretar
los otros los suyos para que no les dejase en ayunas, y sus propias
costillas por no descostillarse de risa.
Y á propósito también de equívocos, no es malo el siguiente refrán con
su comento de un grave autor antiguo, de principios del siglo XVII. «_Á
teatino, ni el dedo menino_». (Que no se les ha de dar entrada ni en
muy mínima cosa, porque no se alcen con todo; ya es notorio á quiénes
llaman teatinos en Castilla. Dícelo aquel jeroglífico «pues que nadie
te atina, yo te atino, dinero mío»).
_Á tí lo digo, hijuela; entiéndelo, mi nuera._
_Á tu tía._--Despidiendo, que se vaya con Dios. O como dice otro: _Á
Tuta, que es lugar de limosnas_, ó _á Tetuán_. Despide y burla del que
pide lo que le quieren dar, remitiéndole adonde no halle bien ninguno.
_Tuta_, lugar imaginario, y _tu-tía_ por el sonsonete: equivalen á
_pedir_; _tute_ y _tus-tus_ explican la etimología del _tu-ta_, _tu-s_,
_tu_=_to_, llamar á uno y pedir en éuskera.
_Á vísperas dan paz._--Por lo que es fuera de sazón, pues la paz se da
en la misa y no en las vísperas.
_Á maravedí el palmo._--Dícese en lo que á uno no le va ni le viene, ni
maldito lo que le importa en lo que se entremete.
_Á más priesa, más vagar._--Paradoja bien clara en _Vísteme despacio,
que estoy de prisa_.
_Á mí que no pido._--Cuando se reparte algo, los muchachos todos piden
y son importunos; el que no lo es, tomando su modestia por derecho,
dice el refrán. Otros muchos, por no parecer muchachos, dícenlo para su
capote. Á todos alcanza el dicho.
_¡Ay, ay, ay!, que me quejo y no tengo mal._
_Ahí es, junto á casa._--Ironía cuando está muy lejos aquello por que
se pregunta.
_Hay hombres bestias como ansares pardas._--Por no decir que hay pocos
que no lo sean.
_¡Ay qué trabajo, vecina; el ciervo muda el penacho cada año, y vuestro
marido cada día!_--Pulla manifiesta.
_Á ésta no la toco, á ésta no la toco._--Del que finge no querer y se
lo está comiendo con los ojos, y así otros añaden: _y todas se las
comió_. Suele pasar á los niños bien criados, á quienes se les enseña
á rehusar cortesmente en sociedad cuando se les ofrece algo. Sólo que
después resulta que si el ofrecimiento es sincero y acaba por aceptar,
como debe hacerlo, no deja ni las raspas y muestra su mala crianza, en
lo que quiso mostrarla demasiado esmerada. Otra variante: _Á éste le
dió, á éste no le dió, y todos se los comió_.
_¡Á ellos!, ¡á ellos!; é iban huyendo._--Entiéndese que lo decían los
que huían.
_¡Á ellos, padre! Vos á las berzas, y yo á la carne: y si os sentís
agraviado, vos á las berzas, y yo al jarro._--Es la figura retórica
_aprosdoqueton_, que denota lo que no se esperaba; se espera una cosa
y dispara en otra irónicamente. Como decimos: _el que parte, bien
reparte_; _bien_ para sí, por supuesto.
_Á la sierra, ni dueña ni cigüeña._--Modo de decir que las dueñas se
meten en todo, pues se las encuentra hasta en despoblado, aunque el
dicho diga de hecho lo contrario.
_Á la dicha que habéis, padre, ahorcado habéis de morir._--Otro
_aprosdoqueton_. _Dicha_ vale buena y mala ventura, como suerte y
casualidad, y aunque de suyo díjose de la buena, por el irónico modo de
hablar tomó también el valor opuesto, como sucede en otros vocablos,
por antítesis, como dicen. Por ejemplo, en el _Quijote_ (I, c. 40): «si
á dicha se pierden, ó los cautivan, sacan sus firmas»: es decir, si por
mala suerte.
_Á la boda de Don García, lleva pan en la capilla._--Es paradoja, pues
en las bodas suele haber abundancia; pero enseña que nadie se fíe en
hacienda y provisión ajena, por rico que sea el otro y favorecedor que
se presente.
_Á la boda del herrero, cada cual con su dinero._--También parece
paradoja; como todos han menester de él en los pueblos chicos, van en
su boda á ofrecerle, en vez de comer á su costa.
_Á la boda del horno, perdió Mariquita el bollo._--Paradoja clara, y la
sentencia bien se clarea tras la metáfora.
_Á la borracha, pasas._--Lo que ella quisiera fuera vino: dénselo en
pasas.
_Á la borrica arrodillada doblar la carga._--En vez de aliviársela;
como _al que no quiere taza, taza y media_.
_Á la buena, júntate con ella, y á la mala, ponla la almohada._--No por
darle gusto, sino porque haga sus visitas de puro cumplido y se parta
cuanto antes.
_Á la vieja que no puede andar, meterla en el arenal._--Desayudarla; en
vez de sacarla del atolladero, meterla en otro peor.
_Á la mosca, que es verano._--Dícenlo por los que se van libres de amo.
_Á la muerte no hay remedio cuando venga sino tender la
pierna._--Dejarse morir, que es remedio eficaz para salir del paso.
_Á la mula con halago, y al caballo con el palo._--Al revés te lo digo,
para que me entiendas.
_Á la mujer barbuda, de lejos me la saluda, con dos piedras, que no con
una._
_Á la mujer ventanera, tuércela el cuello si la quieres buena._--Buen
remedio acabar con ella; pero no hay otro, porque es resabio sin
remedio.
_Á las veces más vale el vino que las heces._--Esperábase oir todo lo
contrario; como _lo barato es caro_.
_Á los de la facultad no llevamos dinero._--Así un albéitar á un médico
que le pagaba la cura de su mula.
_Á nadar anadinos, patos y patinos; entrad vos, patón, nadaréis
mejor._--En vez de lo haréis peor.
_No hay cosa mejor dicha que la que está por decir._--Paradoja,
aconsejando el secreto y la discreción.
_Á segar son idos tres con una hoz._--Suéltase el problema irónico:
_mientras uno siega holgaban los dos_.
_¡Ah, señor, por quien tú eres, no se acaben las mujeres!_--En vez de
decir: ojalá cargue con todas el diablo.
_Á su tiempo viene lo que Dios envía y quiere_; y _Á su tiempo se cogen
las uvas, cuando están maduras_.--Esperábase más honda razón. Y es la
explicación de Don Quijote á Sancho del por qué le dolían todas las
espaldas, declarándoselo profundamente, que como el palo con que le
molieron era largo y tendido, le dolía cuanto el palo le cogió, y «si
más te cogiera más te doliera».
_Á jueces galicianos, con los pies en las manos._--Á magistrados
codiciosos ó gallegos, llevarles aves asidas por los pies con las manos.
_Á Dios y á ventura dígola abutarda._--Siendo la guía, debiera saber el
camino, y llama gobernador al desgobernador y que no sabe de trazas ni
lo que se pesca.
_Á Dios y veámonos, y eran dos ciegos._--Como _veamos, dijo el ciego, y
nunca veía_.
_Á Dios, Benavente, que se parte el Conde; y salía un cocinero._--De la
población llamada Benavente; como _Á Dios, Madrid, que te quedas sin
gente_.
_Á Dios, que pinta la uva._--los mozos que se despiden del amo, cuando
más los había menester.
_Á Dios, paredes, que me voy á ser santo; é iba á ser ventero._--Tan de
buena conciencia como el que armó caballero á Don Quijote.
_Á do te quieren mucho, no vayas á menudo._--Y no es ironía; para no
cansar y hacer que te dejen de querer. Sentencia bien honda y práctica.
_Á dos palabras, tres porradas._--Habla el necio dos palabras y son
tres necedades.
_Á falta de hombres buenos, hicieron á mi padre alcalde._--De quien el
hijo no tenía muy buena opinión que digamos.
_Á falta de caldo, buena es la carne._--Como _á falta de pan, buenas
son tortas_; ó _á falta de vaca, buenos son pollos con tocino_.
_Á bien te salgan, hijo, tus barraganadas._--Ironía contra los
presuntuosos. Barraganadas son valentías; y prosigue: _El toro estaba
muerto, y hacíale alcocarras con el capirote desde las ventanas_, que
hoy diríamos _le quería capear desde la talanquera_.
_Á buey viejo, cencerro nuevo._--Cosas desproporcionadas, y en
particular el que casa de viejo con mujer moza; ó _á casas viejas,
puertas nuevas_.
_Á buen santo lo encomendáis._--Á quien no tiene influencias, santo de
poca cabida con Dios.
_Á buen comer ó mal comer, tres veces beber: la primera pura, la
segunda como Dios la crió en la uva, la tercera como sale de la
cuba._--Siempre y en todo caso buen trago y de lo no bautizado.
_Á buen tiempo hemos llegado._--Del tiempo trabajoso y del verse
desdeñados.
_Á buen viento está la parva._--Del descuidado é inepto.
_Á buscarla ando, la mala de la rueca, y no la hallo._--Dicen que lo
dice la perezosa, que carga á la rueca la culpa de su dejadez.
_Á quien da y toma, nácele una corcova._--Los muchachos á los
cicateros, mudando irónicamente el otro: _Á quien da y toma, nácele una
corona_, que el dar le fué granjeo, porque el que siembra coge.
_Á quien da no escoge; y dábanle de palos._
_Ha comido cazuela._--Dícenle á uno que se pasea por no tener blanca.
_Allá va la lengua, do duele la muela._--El que mejor lo aplicaba
fué el que lo decía á las vecinas del barrio, cuando hablaban mal de
otras, pues acaece las más veces que lo que más critican es lo que más
falta les hace, y esto aunque no sean vecinas del barrio. Y confírmalo
el otro refrán: _Allí perdió la dueña el honor, donde habló mal y oyó
peor_.--Porque _Allí tiene la gallina los ojos, donde tiene los huevos
y pollos_.
_Año de siete, ¡quién lo oyese y no lo viese!_--Común y antigua
creencia es que en las enfermedades el seteno día, y en la vida el año
siete y todos sus múltiplos, son peligrosos. Aun en las frutas, cada
año de siete no lo tienen por bueno los labradores, porque dicen que
parece que descansa en él la tierra. Los hebreos no sembraban el año
séptimo; pero era por el septenario de la creación con su descanso
final, como en la semana, que terminaba en sábado ó descanso. El que
quiera enterarse de las virtudes y daños del número siete lea lo que
de Varron trae Aulo Gelio, en el capítulo 10 del libro 3.º de sus
_Noches áticas_, donde, entre otras mil, trae esta misma supersticiosa
creencia. «En los septenarios se verifican los que llaman _climacteres_
los Caldeos, las crisis peligrosas de la vida del hombre y de su
fortuna». Estos mismos datos y otros muchos de diversos autores
recuerdo haber leído en el primero de los Diálogos que escribió en
riquísimo castellano el P. Fray Juan de Pineda sobre la Agricultura
cristiana, libro raro, de lo mejor que se ha escrito en castellano,
fuera de su desmesurada extensión, pues consta de dos tomos en folio;
hállase en la Biblioteca Nacional.
[Ilustración]