Más sinestésico anduvo Pierre Richard hasta en el título de su

_Tuba mirum spargens sonum_,

que encabeza la descripción del Occidente, ardiendo en rojas llamas.

La silbante se encarga también aquí del trompeteo en las sílabas del

golpe rítmico:

«Les _Cuivres_ du couchant sonnent un long appel.

Et le métal en _feu_ ruisselant sur le ciel

Couvre de ses _clameurs_ les chansons éphémères

Du Rêve...

Ainsi que le _buccin_ de l’Archange implacable

Évoquera les morts au dernier Jugement,

L’Angoisse, dans les cœurs, s’éveille, impitoyable

Aux sinistres _fanfarres_ du soir _coruscant..._».

Las sensaciones auditivas despiertan en nuestra fantasía hasta formas

geométricas. Bleuhler y Lehman han reconocido que los tonos elevados

hacen fantasear á veces una serie de ángulos agudos; los graves,

ángulos más obtusos, y hasta arcos de círculo. ¿Es un soñar despierto?

Ni mucho menos. Los sonidos se encargan ellos mismos de demostrárnoslo

pintando esos ángulos. Las llamas manométricas de Kœnig toman toda

especie de figuras, según sean los sonidos que las originan. Las

vocales más agudas en su nota característica y más abundantes en

armónicos, la _i_ por ejemplo, dan una llama más angulosa y aguda que

las vocales graves como la _u_. «Un canto lento, desolado subía, el _De

profundis_. Haces de voces rehilaban por las bóvedas, se fundían con

los sonidos casi verdes de las armónicas, con los timbres punzantes de

los cristales que estallaban. Apoyadas sobre el bramido continuo del

órgano, recostadas en los bajos, tan huecos que parecían haberse bajado

dentro de sí mismos como en un soterraño, brincaban saltando sobre el

versículo.

Y tras una pausa, el órgano, acompañado de dos contrabajos, mugía

arrastrando en su tornado las voces, los barítonos, los tenores y

los bajos, y sin embargo, la vibrante voz de los sopranos agujereaba

y pasaba al través de la tromba, como una flecha de cristal. Y

al terminar el salmo, las voces infantiles se desgarraban en un

gemido doliente de seda, en un quejido afilado, que temblaba sobre

la palabra _eis_, la cual quedaba colgada del vacío... Estas voces

claras y aceradas introducían en las nieblas del canto, claridades del

alba...»[12].

Las líneas, las superficies, los espacios juegan en toda esta

descripción, pero juegan en toda la expresión del lenguaje. Todo él se

reduce á expresar las diversas relaciones espaciales[13].

He hecho hincapié en la audición coloreada de las consonantes, porque

los psicólogos sólo han tocado la de las vocales, por ser de timbre

más despejado, menos borroso al parecer. Sin embargo, las consonantes

y los demás ruidos tienen tal vez un timbre más delicado y menos

chillón, por ser cabalmente más ruidoso y esquinudo. Sólo que, como

dice Remy de Gourmont, «la palabra tiene una forma determinada por las

consonantes, un perfume, bien que difícil de percibir por lo grosero de

nuestra fantasía». En una buena charanga ú orquesta, el estruendo de

los instrumentos acompañadores, bombo y platillos, contrabajo, etc., no

deben oscurecer la melodía, ni el acompañamiento sinfónico que suena

entre ella y los ruidos bajos: debe ser como un zumbido que crece ó

descrece, pero que forma como una atmósfera fónica que rodea y como

fondo de un cuadro que da unidad y base al todo.

[Ilustración]

Cabos sueltos: Literatura y lingüística · 第 39 / 81 题