_Tuba mirum spargens sonum_,
que encabeza la descripción del Occidente, ardiendo en rojas llamas.
La silbante se encarga también aquí del trompeteo en las sílabas del
golpe rítmico:
«Les _Cuivres_ du couchant sonnent un long appel.
Et le métal en _feu_ ruisselant sur le ciel
Couvre de ses _clameurs_ les chansons éphémères
Du Rêve...
Ainsi que le _buccin_ de l’Archange implacable
Évoquera les morts au dernier Jugement,
L’Angoisse, dans les cœurs, s’éveille, impitoyable
Aux sinistres _fanfarres_ du soir _coruscant..._».
Las sensaciones auditivas despiertan en nuestra fantasía hasta formas
geométricas. Bleuhler y Lehman han reconocido que los tonos elevados
hacen fantasear á veces una serie de ángulos agudos; los graves,
ángulos más obtusos, y hasta arcos de círculo. ¿Es un soñar despierto?
Ni mucho menos. Los sonidos se encargan ellos mismos de demostrárnoslo
pintando esos ángulos. Las llamas manométricas de Kœnig toman toda
especie de figuras, según sean los sonidos que las originan. Las
vocales más agudas en su nota característica y más abundantes en
armónicos, la _i_ por ejemplo, dan una llama más angulosa y aguda que
las vocales graves como la _u_. «Un canto lento, desolado subía, el _De
profundis_. Haces de voces rehilaban por las bóvedas, se fundían con
los sonidos casi verdes de las armónicas, con los timbres punzantes de
los cristales que estallaban. Apoyadas sobre el bramido continuo del
órgano, recostadas en los bajos, tan huecos que parecían haberse bajado
dentro de sí mismos como en un soterraño, brincaban saltando sobre el
versículo.
Y tras una pausa, el órgano, acompañado de dos contrabajos, mugía
arrastrando en su tornado las voces, los barítonos, los tenores y
los bajos, y sin embargo, la vibrante voz de los sopranos agujereaba
y pasaba al través de la tromba, como una flecha de cristal. Y
al terminar el salmo, las voces infantiles se desgarraban en un
gemido doliente de seda, en un quejido afilado, que temblaba sobre
la palabra _eis_, la cual quedaba colgada del vacío... Estas voces
claras y aceradas introducían en las nieblas del canto, claridades del
alba...»[12].
Las líneas, las superficies, los espacios juegan en toda esta
descripción, pero juegan en toda la expresión del lenguaje. Todo él se
reduce á expresar las diversas relaciones espaciales[13].
He hecho hincapié en la audición coloreada de las consonantes, porque
los psicólogos sólo han tocado la de las vocales, por ser de timbre
más despejado, menos borroso al parecer. Sin embargo, las consonantes
y los demás ruidos tienen tal vez un timbre más delicado y menos
chillón, por ser cabalmente más ruidoso y esquinudo. Sólo que, como
dice Remy de Gourmont, «la palabra tiene una forma determinada por las
consonantes, un perfume, bien que difícil de percibir por lo grosero de
nuestra fantasía». En una buena charanga ú orquesta, el estruendo de
los instrumentos acompañadores, bombo y platillos, contrabajo, etc., no
deben oscurecer la melodía, ni el acompañamiento sinfónico que suena
entre ella y los ruidos bajos: debe ser como un zumbido que crece ó
descrece, pero que forma como una atmósfera fónica que rodea y como
fondo de un cuadro que da unidad y base al todo.
[Ilustración]