XV

Cuando esto decía, oyose de repente vivo fuego de fusilería. No

sonaba, no, en la eminencia que servía de fortaleza a los renegados:

sonaba delante de nosotros, allá por donde se extendía el camino que

pensábamos seguir. Hubo un momento de angustiosa perplejidad. Miramos,

y nada vimos: las sombras de la noche ocultaban el cercano peligro. De

repente, en el ejército, mil voces clamaron:

--¡Los franceses, los franceses!

--¡Gracias a Dios! --gritó D. Juan Martín--. Franceses y traidores,

todo junto... Así les acabaremos a todos de una vez.

--Tenemos retirada segura --gritó Sardina que había examinado el

terreno a nuestra espalda.

--¡Cómo retirada! --bramó el general--. Maldita noche que no alumbra.

Que se repliegue toda la tropa, y esperemos... A ver, que los de

Orejitas tomen posición a la izquierda.

--Es mal sitio, porque amenazan los renegados desde la altura.

--Pues a la derecha.

--A la derecha, sí; pero cuidado con el barranco.

--Esta gente no sirve para nada. ¿Son muchos los franceses?

--No vemos nada.

--Son muchos, muchísimos --gritó una voz.

--Mejor, mucho mejor... El Crudo a vanguardia. Crudo, mucho cuidado.

Clavarse en el suelo... hasta ver si empujan fuerte. Si empujan blando,

echarse encima... si empujan gordo... aguantar. Aquí estoy yo con mi

gente... Buena presa vamos a hacer hoy.

La avanzada francesa embistió a nuestro ejército. El vivo fuego

indicaba empeño formidable de una y otra parte. Nuestra vanguardia

llevaba ventaja; pero ¡ay! sobre la blancura de la nieve se destacaban

enormes masas de franceses, y de pronto, no solo la vanguardia, sino

toda la línea, se vio amenazada.

Apretando los dientes y crispando los puños, D. Juan Martín gritó:

--¡Morir antes que retirarnos!

Destrozada nuestra derecha y no pudiendo desarrollarse por aquel lado

táctica alguna, a causa de la peligrosa configuración del terreno,

retrocedió con violencia. Sardina, tratando de restablecer el orden

para la retirada, se internó entre la tropa y pudo conseguir algo.

Pero los franceses, cuyo número era muy superior al nuestro, se echaban

encima, no daban tiempo a ordenar la resistencia, y hostilizados

nosotros por el frente y desde la montaña, nos hallábamos en la

situación más crítica que darse puede.

Juan Martín el Empecinado · 第 19 / 37 题