el deseo de comunicar con los espíritus, lo mismo que
Manfredo, y de irse lejos del mundo en donde le cuesta
mucho trabajo el marchar por el terreno rastrero de los
pormenores de la vida. Identificándose tambien con el
personage de Manfredo, el poeta pinta con colores muy
vivos, las fuertes agitaciones, las pasiones
turbulentas, y la vuelta contemplativa sobre el destino,
que nos hacen conocer el fondo de su corazon. La musa de
lord Byron ambiciona la gloria de inspirarnos simpatía
con una clase de personas con las cuales nos
avergonzariamos de reconocernos la menor conformidad de
sentimientos. En despecho de nuestras reclamaciones en
favor de los principios de gusto y de moral, el poeta se
apodera de nosotros, por decirlo asi, con la mano de un
genio sombrío, y forzándonos á descender en los secretos
pensamientos de nuestro corazon, nos descubre allí,
admirándonos de espanto, el gérmen de las negras ideas á
que se abandonan todos sus héroes. Poco le importan las
consecuencias morales, con tal que escite las
agitaciones casi involuntarias que le hacen dueño de la
imaginacion de sus lectores.
En Manfredo, lord Byron parece adoptar al principio bajo
nombres persas, la creencia de los maniqueos que admiten
en el mundo intelectual la oposicion poderosa del
principio del mal, contrariando sin cesar á la eterna
Providencia. Manfredo reconoce sin embargo y fuerza al
mismo Ariman á reconocer la supremacia del dios del
bien, cuando rehusa el doblar la rodilla y proclama un
ser delante del cual deben temblar los genios malignos.
Es una grande concesion la que hace aquí lord Byron á la
moral religiosa; pues le vemos, muy á menudo armarse de
una duda sacrílega, atacar toda revelacion venida de
arriba, y hasta lo que nos descubre un sentimiento
íntimo, la existencia de un criador.
Se ve fácilmente que el drama de Manfredo no ha sido
nunca destinado á la representacion teatral: cuando mas
podria confiarse á los actores de la Pan-hipocrisiada de
M. Lemercier.
Este drama ofrece numerosas relaciones con el de Faust
que analiza madama de Staël con su talento acostumbrado.
Vamos á ensayar por medio de algunos estractos de ambas
obras el modo de que el lector pueda comparar el
espíritu de estas dos piezas estraordinarias.
Primeramente debe notarse que la nobleza y dignidad
trágica no cesan nunca de caracterizar el estilo de lord
Byron, mientras que Goëthe ha introducido en la escena
personages de la ínfima plebe, que se esplican en el
innoble lenguaje de su estado y que parecen no
representar su papel, sino para probar que el autor está
tan acostumbrado á las conversaciones bajas de los
bodegones, como á las maneras elegantes de la corte;
pero no puede juzgarse á Goëthe según los principios
establecidos, porque ha afectado el escribir contra
todas las reglas; «no se puede ir mas lejos en
pensamientos atrevidos, y la memoria que queda de este
escrito conserva siempre un poco de desvario.» Pero este
talento no debe ser muy envidiado ni admirado, porque
brilla particularmente á espensas de la moral, del
juicio interno y de la religion. Goëthe no trata
solamente de destruir todos los consuelos de la vida
presente, probando que el hombre está destinado á la
miseria desde su nacimiento, sean cuales fueren su
rango, su fortuna y su inteligencia, pero procura
tambien despojarle de la sola esperanza que le queda
cuando se halla en el colmo de la desgracia: la promesa
de una felicidad futura. Faust es un hechicero como
Manfredo «sus conocimientos profundos no le preservan
del fastidio de la vida; ensayó para librarse de él, el
hacer un pacto con el diablo y este concluyó con
llevársele. Ved la primera palabra que ha dado á Goëthe
su obra singular.»
«El diablo es el héroe de esta pieza: el autor no le ha
concebido como una fantasma hedionda, tal como se
acostumbra á representarle á los niños; ha hecho de él
un malvado por escelencia, acerca de quien todos los
malos, y el de Gresset en particular, no son sino
novicios, apenas dignos de ser los criados de
Mefistofeles. (Este es el nombre del demonio que se hace
amigo de Faust.)
«Goëthe ha querido representar en este personage real y
fantástico á un mismo tiempo, la mas amarga chanza que
ha podido inspirar el desprecio, y no obstante tiene una
alegria audaz que entretiene. En los discursos de
Melistofeles hay una ironia infernal que se dirige á la
creacion toda entera, y juzga al universo como un mal
libro cuyo censor es el diablo.
«Faust reune en su carácter todas las debilidades de la
humanidad: deseos de saber y fatigas del trabajo,
necesidad del buen resultado y saciedad del placer. Es
un perfecto modelo del ser variable y movible cuyos
sentimientos son todavía mas efimeros que la corta vida
de que se lamenta. Faust tiene mas ambicion que fuerza,
y la agitacion interior le dispone contra la naturaleza
y le hace recurrir á todos los sortilegios para
libertarse de todas las condiciones duras, pero
necesarias, impuestas al hombre mortal. En la primera
escena se le ve en medio de sus libros y de un número
infinito de instrumentos de física y de frascos de
química. Su padre se ocupaba tambien de las ciencias y
le trasmitió el gusto y la costumbre. Una sola lámpara
da luz al retiro sombrío, y Faust estudia sin cesar la
naturaleza y particularmente la magia, de cuyos secretos
ya posee algunos.
«Quiere hacer aparecer uno de los genios creadores del
segundo órden; el genio viene, y le aconseja no elevarse
sobre la esfera del espíritu humano.» Corresponde á
nosotros, le dice, el sumergirnos en el tumulto de la
actividad, en las olas eternas de la vida que el
nacimiento y la muerte elevan y precipitan, rechazan y
vuelven á traer. Nosotros estamos criados para trabajar
en la obra que Dios nos manda y cuya trama cumple el
tiempo. Pero tú, que no puedes concebir sino á tí mismo,
tú que tiemblas cuando quieres profundizar tu destino, y
que mi soplo hace estremecer, déjame, no me llames mas.»
Cuando el genio desaparece una desesperacion profunda se
apodera de Faust, y quiere envenenarse.
«¡Es pues hácia tí, licor ponzoñoso, que mis miradas se
fijan! Tú que das la muerte, te saludo como á una pálida
luz en un bosque sombrío. En ti honro la ciencia y el
espíritu del hombre; tú eres la mas dulce esencia de los
jugos que proporcionan el sueño. Tú contienes las
fuerzas que destruyen la vida, ven á mi socorro, ya veo
que se calma la agitacion de mi espíritu. Quiero
arrojarme al mar: las aguas cristalinas brillan á mis
pies como un espejo. Un nuevo dia me llama hácia la otra
orilla; un carro de fuego pasa sobre mi cabeza, quiero
subir en él, sabré recorrer las esferas etéreas y gustar
las delicias de los cielos.
«Pero ¿cómo merecerlas en mi abatimiento? Sí, yo lo
puedo, si me atrevo á hacerlo, si derribo con valor las
puertas de la muerte, delante de las cuales todos pasan
temblando. Ya es tiempo de manifestar la dignidad del
hombre. Ya no es necesario que tiemble á la orilla del
abismo en donde su imaginacion se condena á sí misma á
sus propios tormentos, y en donde las llamas del
infierno parece que impiden el acercarse. Quiero verter
el mortal veneno en esta copa de cristal puro. ¡Ay! en
otros tiempos tenia un uso diferente: se pasaba de mano
en mano en los festines alegres de nuestros padres, y el
convidado recibiéndola, celebraba en verso su hermosura.
¡Copa dorada! tú me recuerdas las noches bulliciosas de
mi juventud, no te ofreceré mas á mi vecino, no alabaré
mas al artista que supo hermosearte. Te ha llenado un
lícor sombrío, yo le he preparado, le he escogido; ¡ah!
¡que sea para mi el ofertorio solemne que consagro á la
mañana de mi nueva vida!
«En el momento en que Faust va á tomar el veneno, oye
las campanas que anuncian el dia de Pascua á la ciudad,
y los coros que en la iglesia inmediata celebran esta
santa fiesta.
«Cantos celestes, poderosos y dulces, ¿porqué me buscais
entre el polvo? Haceos oir á los humanos á quienes
podeis consolar. Escucho el mensage que me traeis, pero
me falta la fe para creerlo. El milagro es el hijo
querido de la fe. Sin embargo, acostumbrado á oir estos
cantos desde la infancia, me llaman á la vida. En otros
tiempos un rayo de amor divino bajaba sobre mi durante
la solemnidad tranquila del domingo. El sonido bronco de
la campana llenaba mi alma del presentimiento del
porvenir y mis oraciones eran un goce ardiente. La misma
campana anunciaba tambien los juegos de la juventud y la
fiesta de la primavera. La memoria reanima en mí los
sentimientos propios de los pocos años, que hacen
olvidarnos de la muerte. ¡O! haceos oir todavía, cantos
celestes; la tierra me ha reconquistado.»
«Este momento de exaltaciones pasagero: Faust tiene un
carácter inconstante, las pasiones mundanas vuelven á
apoderarse de su corazon, busca el modo de
satisfacerlas, y desea el entregarse á ellas. El diablo,
bajo el nombre de Mefistofeles, viene y le promete
ponerle en posesion de todos los goces de la tierra,
pero al mismo tiempo sabe disgustarle de todos ellos;
porque la verdadera maldad seca el alma de tal manera,
que concluye por inspirar una indiferencia profunda por
los placeres igualmente que por las virtudes.
«Mefistofeles conduce á Faust á la casa de una hechicera
que tenia á su disposicion unos animales medio monos y
medio gatos. Esta escena puede considerarse en algun
modo como la parodia de las brujas de Macbeth.
«Faust frecuenta las sociedades acompañado siempre de
Mefistofeles; pero él se fastidia y el diablo le
aconseja que se enamore. En efecto se manifiesta
enamorado de una jóven plebeya totalmente inocente y
sencilla, que vive pobremente con su madre y que se deja
seducir luego. Faust se cansa del amor de Margarita lo
mismo que de todos los goces de la vida. No hay nada mas
hermoso en aleman que los versos en que manifiesta á un
mismo tiempo el entusiasmo de la ciencia y la saciedad
de la dicha.
«Espíritu sublime, tú me has concedido cuanto te he
pedido, y no has sido en vano que hayas vuelto hácia mí
tu rostro rodeado de llamas, tú me has dado la
encantadora naturaleza por imperio, me has dado la
fuerza de conocerla y de gozar de ella. No es una fria
admiracion la que me has permitido, pero sí un íntimo
conocimiento, y me has hecho penetrar en el seno del
universo igualmente que en el de un amigo; tú has
conducido á mi presencia la multitud variada de los
vivientes y me has enseñado á conocer á mis hermanos en
los habitantes de los bosques, de los aires y de las
aguas. Cuando suena la tempestad en el bosque, cuando
arranca y derriba los pinos gigantescos, cuya caida hace
resonar la montaña, tú me guias á un asilo seguro y me
revelas los secretos maravillosos de mi propio corazon;
cuando la luna tranquila sube lentamente á los cielos,
las sombras plateadas de los tiempos antiguos se
presentan á mis ojos, sobre las rocas y en las
arboledas, y parece que me suavizan el severo placer de
la meditacion.
«Pero lo conozco, ¡ay! el hombre no puede alcanzar nada
que sea perfecto. Al lado de las delicias que me acercan
á los dioses, es preciso que sufra el compañero frio,
indiferente y altivo que me humilla á mis propios ojos y
que con una sola palabra reduce á la nada todos los
dones que me has hecho. Enciende en mi corazon un fuego
desordenado que me consume y arrastra hácia la muger
hermosa: pero con enagenamiento del deseo á la dicha,
pero en el seno de la felicidad misma un vacilante
fastidio me hace echar de menos el deseo.»
«La historia de Margarita contrista dolorosamente el
corazon, su estado vulgar, su entendimiento limitado, y
todo lo que la somete á la desgracia sin que ella pueda
resistirlo, inspira tambien piedad en su favor. Goëthe
casi nunca ha dado calidades superiores á las mugeres,
pero pinta maravillosamente el carácter débil que les
hace tan necesaria la proteccion. Lord Byron ha adornado
á Astarte de todos los encantos y de todas las
perfecciones, pero en la pieza no se descubre sino su
sombra y el poeta no alza sino un momento el velo
misterioso que cubre á la hermana y á la amiga
de Manfredo.
«Margarita es la causa de la muerte de su madre y de su
hermano, y Faust la llena de amarguras. ¡Ay! esclama en
un momento de remordimientos, ¡hubiera sido tan
fácilmente dichosa! una pobre choza en uno de los valles
de los Alpes y algunas ocupaciones domésticas, hubieran
bastado para satisfacer sus deseos limitados y llenar su
vida pacífica; pero yo, enemigo de Dios, no he
descansado hasta despues de haber despedazado su corazon
y de haber arruinado su miserable destino. De este modo
la paz debe haberle sido robada para siempre, y es
necesario que sea la víctima del infierno. ¡Y bien!
demonio, abrevia mis angustias y haz llegar lo que debe
suceder. Que la suerte de esta desgraciada se cumpla, y
á lo menos precipítame con ella en los abismos.»
«Mefistofeles imagina el trasportar á Faust á la junta
nocturna de las brujas á fin de distraerle de sus penas;
y hay una escena que es imposible esplicarla, aunque en
ella se encuentran un gran número de ideas que retener.
La junta de las brujas es verdaderamente como una fiesta
de las saturnales.
Faust sabe que Margarita ha hecho perecer al niño que
habia dado á luz, esperando por este medio el escusarse
la vergüenza de su conducta. Su crímen ha sido
descubierto, se le ha puesto en prision, y al dia
siguiente debe morir en un cadalso. Faust maldice con
furor á Mefistofeles, y este acusa á Faust con frialdad,
y le prueba que es él quien ha deseado el mal, y que no
le ha ayudado sino porque le habia llamado. Se ha dado
una sentencia de muerte contra Faust porque quitó la
vida al hermano de Margarita; pero no obstante se
introduce secretamente en la ciudad, obtiene de
Mefistofeles los medios para libertar á Margarita, y se
introduce de noche en su calabozo cuyas llaves
habia ocultado.
«Oye á lo lejos que ensaya el cantar una cancion que
prueba la pérdida de su razon. Margarita cree que vienen
á buscarla para conducirla al cadalso: escena tierna
entre ella y Faust que no puede decidirla á que le siga;
Margarita pasa rápidamente de una idea á otra, no
reconociendo á su amante sino por intervalos.
Mefistofeles comparece á la puerta y les dice: daos
prisa ó estais perdidos; vuestros retardos y vuestras
dudas son funestos, mis caballos tiritan, el frio de la
mañana se hace sentir.--_Margarita._ ¿Quién sale de este
modo de la tierra? él es, él es; hacedle ir. ¿Qué hará
en el lugar sagrado? Es á mi á quien quiere
llevarse.--_Faust_. Es necesario que tu
vivas.--_Margarita_. ¡Justicia divina, me abandono á
tí!--_Mefistofeles á Faust_. Ven, ven ó te doy la muerte
igualmente que á ella.--_Margarita_. Padre celestial, yo
soy tuya, y vosotros ángeles salvadme, coros sagrados,
rodeadme, defendedme: Faust, tu suerte es la que me
aflige...--_Mefistofeles_. ¡Ya está juzgada! Las voces
del cielo esclaman: ¡está salvada!--_Mefistofeles á
Faust_. ¡Sigúeme! Mefistofeles desaparece con Faust; se
oye en lo interior la voz de Margarita que llama
inútilmente á su amigo «¡Faust! ¡Faust!»
«La pieza queda cortada después de estas palabras.» «Es
necesario añadir alguna cosa» concluye madama de Staël,
y nosotros aplicamos lo que dice á nuestra traduccion de
Manfredo: «es preciso suplir por la imaginacion al
hechizo qne debe añadir una hermosa poesia á las escenas
que he ensayado traducir. En el arte de la versificacion
hay siempre un género de mérito reconocido por todo el
mundo, y que es independiente del objeto á que ha sido
aplicado en la pieza de Faust. La cadencia cambia segun
la situacion, y la brillante variedad que resulta es
admirable.
«La creencia de los malos espíritus se encuentra en un
grande número de poesías alemanas. La naturaleza del
Norte se acomoda bastante bien con semejante terror, y
asi es mucho menos ridículo en Alemania que lo seria en
Francia, el servirse del diablo en las ficciones.
«Es imposible el leer la pieza de Faust sin que se
presente en la idea de mil maneras diferentes, se enfada
uno con el autor, se le acusa, se le justifica, pero da
motivo para reflexionar sobre todo, y para valerme del
lenguaje ingenuo de un sabio de la mediana edad, _sobre
alguna cosa mas que todo_.
«La crítica de una obra semejante debe ser un objeto muy
fácil de prever de antemano, ó mas bien el género mismo
de la obra puede merecer la censura, todavía con mas
razon que el modo como está tratada; porque una buena
composicion, debe ser juzgada como un sueño; y si el
buen gusto se halla siempre vigilante en la puerta de
marfil de los sueños para obligarles á tomar la forma
convenida, muy rara vez chocarán á la imaginacion.
«Sin embargo la pieza de Faust no es ciertamente un buen
modelo, y sea que pueda ser considerada como la obra de
un delirio del entendimiento, ó de la saciedad de la
razon, es de desear que no se repitan semejantes
producciones; pues cuando un ingenio tal como el de
Goëthe, rompe todas las trabas, la multitud de sus
pensamientos es tan grande, que por todas partes esceden
y trastornan los límites del arte.
«Dichosos los autores que como Goëthe, estan traducidos
y comentados por una muger á quien lord Byron ha
proclamado ¡la primera de su siglo y de todos los siglos
pasados! y aunque algunas de sus críticas pueden hallar
su aplicacion en las obras del autor de Manfredo,
nuestras citas no podrán ser desagradables á un poeta
que fue constantemente el admirador y el amigo
de Corina.»
FIN DE LAS NOTAS