A esta Gran Logia, instalada en el palacio de los duques de Híjar, en
la Carrera de San Jerónimo, habían pertenecido los hombres más ilustres
del partido reformista en tiempo de Carlos III y Carlos IV.
Lo dirigía en este tiempo el conde del Montijo, pariente de Guzmán.
El conde del Montijo era el famoso tío Pedro del motín de Aranjuez,
hombre ambicioso, y botarate, masón, y al mismo tiempo denunciador de
liberales. Como muchas personas del tiempo, Montijo aparecía con dos
caras, ahora que él mismo no sabía cuál era la suya propia.
La segunda logia patriótica, más política en tiempo de la guerra de la
Independencia que la anterior y afiliada á la masonería escocesa, se
llamaba Gran Oriente de España y estaba fundada por el conde de Tilly,
á quien se conocía en las logias por su apellido á secas: Guzmán. Tilly
parece que era hermano de Andrés María de Guzmán, el amigo de Marat.
Don Francisco Pérez de Guzmán, conde de Tilly, tenía esa ambigua
personalidad de muchos hombres de la época. Unos afirmaban que era
extremeño, otros que nacido fuera de España.
Lo que era indudable es que había vivido mucho tiempo en París,
probablemente con su hermano Andrés, y aparecido en Sevilla antes de la
guerra de la Independencia. Debía de tener el aprendizaje de un hombre
que había presenciado la Revolución Francesa.
Se decía de Tilly que era jugador y que estuvo complicado en Madrid en
un robo de alhajas.
En política, Tilly quiso seguir las huellas de su hermano y fundó la
primera logia escocesa en Aranjuez. Estuvo allí á punto de ser muerto
por la plebe, por sospechoso, el día en que se supo la rendición de
Madrid, y se salvó tirando á la gente puñados de dinero.
Luego fué individuo de la Junta Central, como representante del
reino de Sevilla, miembro de la sección de Guerra, y aunque se decía
liberal, se manifestó enemigo de la reunión de Cortes. Después intentó
escaparse á Gibraltar y se aseguró que había concertado, en unión
del duque de Alburquerque, un plan de pasar á Méjico con cinco mil
hombres á sublevar el país contra España, con la ayuda de los ingleses,
ofreciendo á éstos, en cambio, la plaza de Ceuta.
Se le redujo á prisión en el castillo de Santa Catalina, de Cádiz, por
orden del general Castaños, y allí murió.
Luego se dijo que Tilly era inocente de lo que se le acusaba.
Años después oí hablar de otro conde de Tilly en París, que venía de
Jersey, donde habitaba su familia. Me chocó, porque al mismo tiempo
había otros condes de Tilly en Madrid. En esta familia todo era confuso.
Muerto don Francisco Pérez de Guzmán, conde de Tilly, le sustituyó
en la dirección de la masonería escocesa en España un extranjero, el
barón de Tinán. Tinán organizó el Gran Oriente y la logia Estrella, que
celebraba sus tenidas en la calle de las Tres Cruces.
Este Oriente fué en España el foco del partido liberal avanzado.
Casi ninguno de los que pertenecieron á él conocía su historia ni
sabían que era una cría de la Revolución Francesa, engendrada por un
grande de España maratista, miembro del Club del Obispado, guillotinado
en París, y aclimatada en la Península por un hermano suyo, general
muerto en presidio.
Como no había mas que divisiones y subdivisiones en todos los campos,
en el Oriente escocés, futuro foco del partido liberal, se marcaron dos
tendencias contrarias: la de los anglofilos, que consideraban necesaria
la protección de Inglaterra para acabar la guerra y para afirmar las
instituciones liberales, y la de los patriotas puros, que repudiaban
toda influencia extraña.
Los anglofilos no querían mas que la lucha regular de los grandes
ejércitos; en cambio, los patriotas eran más partidarios de los
guerrilleros.
Andando el tiempo, los anglofilos, en su mayoría, se hicieron
moderados, y los patriotas exaltados, progresistas.