Conocidos estos detalles, Lara y yo nos pusimos en campaña y
proyectamos una serie de planes para libertar al director.
Muchos creían que los tribunales militares lo absolverían por falta de
pruebas.
Se había comenzado la instrucción del proceso. Se hallaba encargado de
esto un capitán de infantería italiano, llamado Butti, doctor en leyes
y hombre muy inteligente.
El proceso fué corto. El fiscal no tenía interés en condenar al
director, y con propósito deliberado de no perjudicarle, tomó muy pocas
declaraciones.
Las conclusiones de la acusación fueron muy favorables para el presunto
reo. Se consideraba en ellas las sospechas del coronel Bremond como
indicios, y respecto á la denuncia del abogado don Tomás de la Barra,
se la diputaba abrumadora para el acusado si hubiera habido el menor
documento, la más ligera prueba de su autenticidad.
Pasada la instrucción del proceso, el director fué puesto en
comunicación, y todo Burgos fué á visitarle á la cárcel. Lara y yo nos
agregamos á un grupo de comerciantes.
El director, al verme, me recibió con gran ansiedad; me dijo que sólo
de nosotros esperaba algo. No pudimos hablarle reservadamente porque
estaba muy vigilado.
En los días posteriores, el cabildo, los caballeros y la gente del
comercio comenzaron á trabajar cerca de los jefes franceses para
conseguir la libertad del preso. No había español patriota que no
supiera que don Fernando era el director de la campaña en la Sierra;
pero de tanto hablar de su inocencia se llegó á creer en ella como en
un artículo de fe.
La Junta y el prefecto Blanco de Salcedo hicieron grandes esfuerzos
para conseguir un veredicto de inculpabilidad.