El mismo día el abogado llevó la delación escrita y firmada, é
inmediatamente el conde de Dorsenne mandó que un pelotón de gendarmes,
en unión de tres oficiales y de un comisario de policía español, fueran
á la calle de la Calera, á casa de don Fernando García y Zamora, á
arrestarle.
Después de arrestado é incomunicado en un cuarto de su casa, los
oficiales y el comisario de policía sellaron todos los papeles,
quedando los gendarmes custodiando al preso.
Al día siguiente se presentó en la casa, con los oficiales y el
comisario de policía, un auditor de guerra y un farmacéutico militar.
Levantaron los sellos y comenzaron el examen de los papeles,
sometiéndolos á la acción del calor y de reactivos químicos por si
alguno se hallaba escrito con tinta simpática.
Como había cartas cuyas palabras se prestaban á diversas
interpretaciones, el auditor ordenó separarlas para que figuraran en el
proceso.
Luego hicieron entrar al director en un coche que esperaba á la puerta
y, echadas las persianas y escoltado por el pelotón de gendarmes, le
condujeron á la cárcel pública, encerrándolo en un cuarto con dos
guardias á la vista.
Pocos días después el conde de Dorsenne envió una columna de mil
infantes y de doscientos caballos á Barbadillo del Mercado. Llevaban
la orden de prender al administrador de Rentas y á su mujer, cosa que
no pudieron realizar; pero, en cambio, se vengaron de la derrota de
Hontoria, saqueando, violando, matando y pegando fuego á todo lo que
vieron por delante.