EL FRANCÉS TEATRAL

La columna francesa, al mando del coronel Bremond, salió de Burgos un

martes por la mañana y tardó bastantes días en llegar al Portillo de

Hontoria.

La columna caminaba con lentitud, á pequeñas jornadas de dos leguas

diarias, para no fatigar á los hombres y á los caballos. Llevaba,

además, una impedimenta grande.

El sábado de la misma semana pasaron los franceses frente á Barbadillo

del Mercado. La infantería siguió á Salas, donde tenía alojamiento, y

Bremond y su fuerza quedaron en Barbadillo.

El alcalde, que salió á su encuentro, ofreció al coronel la

Casa Consistorial; pero Bremond preguntó por doña Mariquita, la

administradora de Rentas. Le indicaron la casa y, acompañado del

comandante Fichet, entró en ella.

Bremond tenía esa imaginación pesada, sentimental y rumiante de los

franceses del Norte; se figuraba encontrarse en casa de doña Mariquita

con una casa antigua y pintoresca; creía que el administrador de

Rentas sería un palurdo, y se encontró con una casa vulgar y con que el

administrador era un muchacho joven y guapo.

Esperó el coronel á doña Mariquita, quien le saludó ceremoniosamente.

Pronto notó Bremond que el marido y la mujer se miraban y se entendían.

El coronel sintió crujir todo el andamiaje levantado con esfuerzo en

su pesada mollera. Se contuvo; pidió secamente le indicasen el cuarto

destinado para él, y después mandó á su cocinero preparase la comida

para los jefes.

Fichet preguntó varias veces á la administradora por madama Fermina, y

doña Mariquita le dijo que se hallaba en Hontoria del Pinar.

Después de comer, los oficiales dieron un paseo por las callejuelas

desiertas del pueblo y los alrededores, y volvieron á casa satisfechos

de encontrar Barbadillo en perfecta tranquilidad, la tranquilidad del

cementerio.

Por la noche se reunieron los oficiales franceses al lado del fuego, en

compañía del administrador, Ramón Saldaña, y de su mujer.

Bremond recordaba haber hablado á los oficiales compañeros suyos, de su

conquista, y estaba indignado, mortificado por la situación ridícula

en que á sus ojos se encontraba. Doña Mariquita y Saldaña se miraban

amorosamente. Bremond no podía consentir esto; petulante, como buen

francés, y bruto y vanidoso, como buen militar, se creía ofendido,

vejado.

De pronto, tuvo una idea que le pareció luminosa.

Se levantó. Los demás oficiales hicieron lo mismo.

Bremond dió la mano á la administradora y dijo, lo más rápidamente que

pudo, en su mal castellano:

--Señoga. Nos vamos á getigag. Permita usted que salude al ama de la

casa á la moda francesa.

Y agarrando á doña Mariquita por la cintura la besó en la mejilla.

Ella se desasió encendida. Saldaña se puso rojo y estrechó convulso el

respaldo del sillón.

Bremond, que era valiente, quedó mirando al administrador con serenidad.

--¡Mi coronel! ¡Que está usted en España!--dijo Fichet irónicamente,

como quien hace una observación de poca importancia.

--Tiene usted razón, comandante--contestó Bremond; y se inclinó ante el

matrimonio, satisfecho y desdeñoso, apoyándose en su sable.

Los cuatro oficiales franceses se retiraron.

El Escuadrón del Brigante · 第 126 / 283 题