Al día siguiente, y á pesar de que los franceses se hallaban todavía
lejos, se comenzó la distribución de fuerzas.
En el cerro ó fuerte natural próximo al Portillo quedaron ciento
cincuenta hombres armados de carabinas.
Después de subir todos y llevar municiones para tres días, se deshizo
la escalera con el objeto de que no pudiera aprovecharla el enemigo.
En una loma enfrente de este cerro, y á una distancia de un cuarto de
legua, acamparíamos los del escuadrón del Brigante ocultos en un pinar.
A la salida del desfiladero quedaría la gente del Jabalí y el pequeño
escuadrón de Burgos. Uniendo estos dos núcleos de fuerzas de caballería
habría un semicírculo de guerrilleros.
Estos tiradores permanecerían escondidos entre las trincheras,
parapetos, peñas, aliagas y retamas.
En conjunto, las tropas de Merino trazaban una C.
En el centro de la C estaría el jefe para poder dar sus órdenes á
derecha é izquierda.
Las disposiciones de Merino tenían el carácter que á todo lo suyo
imprimía el cura. Con aquella colocación de fuerzas se podían hacer
muchas bajas al enemigo y retirarse con facilidad y rapidez, pero no se
podía vencer.
Merino no había pensado en la eventualidad de una victoria completa.
Yo, al menos, de dirigir aquel movimiento, hubiera engrosado los
núcleos de la entrada y salida del desfiladero, dejando sólo un
centenar de tiradores en las trincheras del valle.
Así hubiese podido oponerse al avance de los franceses, cuando éstos
intentaran forzar el paso, y obligarles á rendirse.
Los del Brigante nos instalamos en el pinar, donde estuvimos
vivaqueando durante algunos días.
Por la mañana salíamos de descubierta hacia la Gallega, y por la noche
rondábamos los alrededores del Portillo de Hontoria.
Una de estas noches se presentaron doña Mariquita con su hermana Jimena
y su marido á la entrada del pinar.
El Brigante y yo las acompañamos hasta la salida del barranco.
Había á todo lo largo del desfiladero grandes fogatas, y los
guerrilleros pasaban la noche alrededor de sus hogueras.
Habló doña Mariquita con Merino, y luego el cura vino conmigo hasta la
avanzada.
--No vamos á tener gran función--me dijo Merino.
--¿No? ¿Por qué?
--Porque no vienen mas que quinientos jinetes entre gendarmes y
dragones. La infantería la han dejado en Salas.
A pesar de que hacía como que si lo sintiese, en el fondo, se alegraba.
Merino se dirigió á la entrada del Portillo y despachó algunos
aldeanos para que desde lejos observaran la marcha de la columna
francesa y de cuarto en cuarto de hora dieran noticia de sus
evoluciones.