Al día siguiente de llegar á Burgos estaba yo hablando con el director
en su despacho, cuando se presentó el coronel de caballería alojado en
su casa.
Monsieur Charles Bremond era un normando de unos treinta á treinta y
cinco años, alto, rojo, fuerte, guapo mozo, si no hubiera trascendido
tanto á cuerpo de guardia. El director, Bremond y yo estuvimos hablando
un momento.
En esto se presentó la familia del director, en compañía de doña
Mariquita y Fermina, las dos vestidas de serranas, con refajo corto de
color, pañoleta y moño de picaporte.
El coronel Bremond se quiso mostrar ante las dos serranas gracioso y
amable.
Sabía algo de castellano, y hablando despacio se podía explicar.
Doña Mariquita supo contestar, unas veces desdeñosamente, otras con
burlas, y siempre con coquetería, al francés.
Al terminar la comida, el coronel se levantó y se fué á tomar café á
casa del conde de Dorsenne.
Cuando nos quedamos solos, el director dijo á la de Barbadillo;
--Ha hecho usted en el coronel un efecto terrible. No nos vaya usted,
doña Mariquita, á hacernos traición y á pasarse á los franceses.
--Es la influencia de los lunares--dije yo--. Esos lunares no debían
ser permitidos.
--¡Bah!--replicó ella riendo--. No tengan ustedes cuidado. No cambio mi
serrano por el francés más guapo del mundo. Si alguna vez, ¡Dios no lo
quiera!, engaño á mi marido, tendría que ser con algún español.
--¿Le sirvo á usted yo, doña Mariquita?--le dije, poniéndome la mano en
el pecho.
--No, usted no.
--¿Por qué?
--Porque está usted muy reumático.
--¡Pero si estoy curado ya, doña Mariquita!
A Fermina, que no le hacían gracia estas bromas, cambiando de
conversación, puso al director al corriente de lo que pasaba, y le dijo
que veníamos enviados por Merino para averiguar los proyectos de los
franceses.
--¡Sus proyectos!--exclamó el director--. Sus proyectos son claros.
Consisten en fusilar, ahorcar, agarrotar á todo bicho viviente. En
particular, el conde de Dorsenne y el gobernador Solignac se han
decidido á acabar con los españoles y á arrasar el país.
Fermina la Navarra afirmó colérica que había que contestar á la guerra
de exterminio, exterminando á todo francés que cayera en nuestras manos.
--¡Si pudiéramos averiguar qué planes tienen!--exclamó doña Mariquita.
--Yo he hecho lo posible--dijo el director--para sonsacar al coronel,
que parece que tiene el deseo de dar una batida por el campo y de ir
á la sierra; pero en detalle no he averiguado nada. Probablemente,
desconfía. A ver si ustedes tienen más suerte.
--Veremos--dijeron ellas.
--Mañana, después de comer, á los postres, Echegaray, y yo nos
levantamos con cualquier pretexto, para ir á mi despacho, y les dejamos
á ustedes dos con mi mujer é hijos, que, en caso de necesidad, les
servirán de intérpretes y charlan con el coronel é intentan sonsacarle
sus planes.
Yo, por la mañana, haciéndome el valetudinario, andaría husmeando por
el pueblo á ver lo que podía averiguar.