La historia del escuadrón se condensaba en la historia de su jefe, Juan
Bustos. Juan había tenido, hasta echarse al monte, un ventorrillo en la
calzada que va de Salas de los Infantes á Huerta del Rey.
Al llegar la invasión francesa, Juan Bustos comenzó á discutir y á
disputar con los soldados imperiales que pasaban por su venta acerca de
la cuestión candente de quién era el verdadero rey de España.
Poco á poco empezaron á motejarle de patriota, y como los franceses á
todo el que se les manifestaba hostil le llamaban bandido, _brigand_, á
Bustos le decían el Brigand.
El pueblo, que coge todo en seguida, castellanizó la palabra: llamó á
Bustos el Brigante, y á su casa la venta ó el ventorro del Brigante.
Un día en que no estaba él, entró en su casa un pelotón de franceses;
mataron á su padre y violaron á su hermana.
Juan Bustos, al llegar á su hogar y ver aquel cuadro, el padre muerto,
la hermana gimiendo, salió como un león á buscar á los franceses,
arrancó á uno de ellos el fusil, y, manejándolo como una maza, tendió á
tres ó cuatro; y luego, abriéndose paso por entre ellos, herido y lleno
de sangre, se refugió en un pinar, donde se reunió con Merino.
El cura era astuto; el Brigante, esforzado y audaz. Los dos se
hubieran podido completar; pero Merino no quería rivales.
El cura llegó á temer al Brigante y no quiso que estuviera á su lado.
Vió que tenía arraigo entre los guerrilleros, y como Merino era
solapado y capaz de una traición, pensó que el Brigante podía serlo
también.