Al proyecto de Lazcano oponían Ganisch y Cortázar el de salir al campo
á luchar con los franceses.
A Cortázar le inspiraba el patriotismo; Ganisch tenía, más que nada,
afán de aventuras.
Al final de verano se supo en Irún la noticia del triunfo de los
españoles en Bailén. En todas partes se hablaba de la victoria obtenida
en esta gran batalla, y como no había periódicos ni noticias oficiales,
se aumentaba ó disminuía la importancia de los acontecimientos al
capricho.
Ganisch y Cortázar decidieron que debíamos echarnos al campo.
Era difícil; las provincias vascas se hallaban ocupadas militarmente
en su totalidad por los franceses, y aunque se hablaba de partidas de
patriotas, nadie sabía con exactitud por dónde andaban.
Se citaban nombres de guerrilleros hasta entonces desconocidos. Los
franceses decían que eran sólo ladrones y no patriotas. El primero que
se citó en el Norte fué Javier Mina, á quien luego, cuando su tío don
Francisco Espoz adquirió más fama, se le llamó Mina el Mozo ó Mina el
Estudiante.
Cortázar, Ganisch y yo intentamos ir hacia Navarra; pero viendo la
dificultad de pasar, nos volvimos de nuevo á Irún.
Entonces á Ganisch se le ocurrió que fingiéramos una carta diciendo que
me llamaban á casa desde Madrid.
Hicimos esto y yo recibí la falsa carta. Mi tío Fermín Esteban no
sospechó la superchería y me dió sesenta duros para el viaje.
Hice mis preparativos é inmediatamente Ganisch y yo nos fuimos á San
Sebastián, al San Sebastián quemado por los ingleses el año 1813, que
era un pueblo parecido al actual, con casas altas de cuatro ó cinco
pisos, encerradas dentro de la muralla, y calles estrechas, iluminadas
de noche con faroles de reverbero.
Nos hospedamos en el Parador Real, y yo tuve el capricho de comprar en
una tienda nueva un anteojo de larga vista.
En San Sebastián supimos que comenzaba á haber partidas de patriotas
en los puntos de paso obligados de Madrid y pensamos en reunimos con
cualquiera de ellas. Tomamos nuestro pasaporte, yo á nombre de Eugenio
Echegaray, mi tercer apellido, y Ganisch con el de Juan Garmendia.
Desde San Sebastián fuimos á Vitoria en un cochecito. En la ciudad
alavesa estaba el rey José con su cuartel general. Allí iba á esperar
á Napoleón, que pocos días después estaría en España á la cabeza de su
ejército con los mariscales Soult y Lannes.