Desde entonces comencé yo á preocuparme de los acontecimientos de
actualidad.
Yo no sospechaba que la invasión francesa produjera el alzamiento del
país y aquel incendio que acabó con una España y dió principio á otra.
Pocos años antes los españoles habían invadido el Rosellón, y los
franceses, después, Guipúzcoa, Navarra y Vizcaya y no se conmovieron
ninguna de las dos naciones.
Esta vez la cosa iba tomando otro carácter.
Mientras se hablaba de los arreglos y componendas de Fernando, Carlos
IV y Napoleón, se supieron los sucesos del 2 de Mayo, de Madrid.
En la _Gaceta del Comercio_, que se publicaba en Bayona, en castellano,
leí un relato de estos sucesos, escrito por algún afrancesado. El
artículo terminaba diciendo:
«Valúase la pérdida de los franceses en 25 hombres muertos y 45 á
50 heridos; la de los sublevados asciende á varios millares de los
mayores calaveras de la villa y de sus inmediaciones.»
Un comerciante de Bilbao nos contó la verdad de lo ocurrido en Madrid
el día 2 de Mayo.
Tuvimos junta en el Aventino. Todos, hasta Michelena, se manifestaron
patriotas y guerreros. El Teofilántropo no pudo menos de confesar que
los pases magnéticos no significaban nada ante un trabuco.
La opinión general estuvo de acuerdo en abandonar por entonces las
cuestiones políticas y hacer la guerra á los franceses. Los mismos
enciclopedistas vascos que antes, en 1795, habían querido la separación
de Guipúzcoa de España con la protección de la República Francesa,
se decidían con entusiasmo por la causa española. A uno de los más
significados separatistas, don Fernando de Echave, acababan de prender
los franceses en Usurbil por manifestarse enemigo de los invasores.
A mí la posibilidad de una campaña anticlerical hecha por Napoleón me
hacía esperar.
Me encontraba así fluctuando; mi tío, á pesar de su españolismo, me
aconsejaba que me dejara de guerras y fuera cuanto antes á Méjico; mis
amigos excitaban mis sentimientos patrióticos.
Yo les aconsejaba calma; que esperaran el giro de los acontecimientos...
Aquella pobre familia de los Borbones se mostró ante Napoleón ridícula
y servil.
Los padres, el hijo, el favorito, todos rivalizaron en abyección y
vileza.
El amo de Europa presenciaba sonriendo aquellas escenas vergonzosas,
como un juez desdeñoso el escándalo de una casa de vecindad.
Los grandes de España que se encontraban en Bayona se mostraron también
cobardes y sumisos.
Más que los grandes de España, parecían los enanos de España.
Yo tenía interés en ver cómo terminaba aquello. El verano se iban á
celebrar Cortes en Bayona. ¿Qué podía salir de tanto enredo?