FERNANDO VII Y SUS SATÉLITES

En Abril pasó el príncipe Fernando por Irún. Ignacio Arteaga le vió;

según dijo, venía muy receloso. En Vitoria, para impedir su viaje, le

habían cortado los tirantes del coche y en Guipúzcoa, en Astigarraga,

los campesinos se acercaron á Fernando con hachas encendidas gritando:

--¡No ir á _Pransia_! ¡No ir á _Pransia_!

Este amor por un rey que recomendaba á sus vasallos no le siguiesen

á mi revolucionario y jefe del Aventino me parecía algo ridículo y

vergonzoso.

A la semana de la marcha del Rey se levantaba Tolosa, entonces capital

de Guipúzcoa, y luego Bilbao.

Unos días más tarde se presentaron en Irún Carlos IV y María Luisa con

Godoy, y pasaron á Bayona.

Una nube de aristócratas, de militares y de intrigantes aparecieron

en la frontera. Entre ellos se encontraba don Juan Palafox, que luego

tuvo tanta fama de patriota por la defensa de Zaragoza, y á quien

conocí más tarde y me pareció un hombre inepto, ambicioso y de poca

integridad moral.

Palafox venía con el hijo del marqués de Castelar, y quería pasar

á Bayona á olfatear lo que allí se guisaba, aunque él dijo después

que iba á arrancar al príncipe Fernando de las garras de Napoleón.

Le preguntaron á Arteaga si podrían entrar en Bayona, é Ignacio

les contestó que serían detenidos si se presentaban de uniforme, é

igualmente si se disfrazaban, porque Bonaparte tenía miles de espías en

la frontera.

Castelar y Palafox no se determinaron á pasar, al menos por Irún.

Arteaga, que estaba muy enterado de las murmuraciones de la corte, me

dijo que Palafox había sido uno de los intermediarios del príncipe

Fernando con el embajador de Francia en Madrid, Beauharnais, para

concertar el matrimonio del príncipe con una sobrina de Napoleón.

Había tomado también parte Palafox, unido con Montijo, en el motín de

Aranjuez, y aconsejado á Fernando que marchase á Bayona.

Al ver que la cosa salía mal, Palafox se hizo el sorprendido, y

pocos meses después estaba en Zaragoza echándoselas de héroe y dando

proclamas elocuentes, que se las escribían los frailes.

La misma conducta artera ha seguido conmigo veinticinco años después,

con motivo de la conspiración Isabelina, por la que estoy preso.

Sabía lo que pasaba, dejaba que los demás se comprometiesen. ¿Salía el

movimiento bien? Pues el duque se aprovechaba. ¿Salía mal? Él no tenía

nada que ver.

Este Palafox, hombre que une la ineptitud con la ambición, cuya vida

pública y privada ha sido sospechosa, que hizo una salida de Zaragoza

dejando abandonado el pueblo en el momento de más peligro, pasa por una

de nuestras grandes figuras.

Así es la historia. En cambio, ¡cuántos hombres no han muerto haciendo

verdaderas heroicidades y han quedado ignorados!

En el fondo, es igual. La inmortalidad es una poética superstición.

Como decía, ni Palafox ni Castelar fueron á Francia, por Irún.

Días más tarde el general Rodríguez de la Buria, Ignacio y yo marchamos

á Bayona.

Ni el general ni Ignacio sabían bien el francés, y me llevaron como

intérprete.

El general se presentó al príncipe Fernando, quien le dió la comisión

de proponer á los reyes padres un acomodamiento: el cederles Mallorca ó

Murcia durante sus días.

El pobre calzonazos de Carlos IV dijo que había que consultar á Godoy,

á su querido Manuel, y Godoy, cuando se lo dijeron, no aceptó.

Entonces hubo una serie de conferencias secretas y de líos en Bayona

y en Irún, en que intervinieron Fernando, Godoy, los dos Palafox, el

conde de Belveder, el cónsul de Bayona Iparraguirre y otros.

Yo sabía algo de estas maquinaciones por Ignacio.

Un día nos encontrábamos Ignacio y yo en la fonda, en Bayona, esperando

á que llegase el general Buria, cuando se presentaron unos cuantos

oficiales franceses. Iban á Burgos, estaban muy contentos, pidieron

café y licores y brindaron por la conquista de España.

Ignacio Arteaga se puso pálido como un muerto; me miró y no dijo nada.

Al día siguiente Rodríguez de la Buria y Arteaga pasaron á Irún y

siguieron hacia Madrid.

El Escuadrón del Brigante · 第 31 / 283 题