EL PATRIOTISMO DE IGNACIO

Ignacio se manifestaba muy patriota, cosa que yo entonces no

comprendía; porque la patria no se siente fuertemente mas que cuando se

está fuera de ella y cuando se encuentra uno en peligro de perderla.

Ignacio me habló repetidas veces del Rey, de la Reina, de Godoy y del

príncipe Fernando; de sus odios, de sus disputas y de sus maquinaciones.

Esta vida doméstica de los reyes y de sus serviles palaciegos, á mí, al

menos, no me interesaba nada. Ignacio era enemigo del «Choricero», como

llamaban á Godoy, y creía que bastaba la subida al trono del príncipe

Fernando para que España fuera feliz.

Ignacio, por orden del general Buria, mandaba todos los días informes

alarmantes acerca de los propósitos de los franceses, y desde Madrid

solían contestarle diciendo: «Enterado».

En Febrero se supo en Irún que el general Darmagnac se había apoderado

por sorpresa de la ciudadela de Pamplona.

Mi tío Fermín Esteban dijo:

--Esto va mal; los franceses nos están engañando.

Cuando vinieron las noticias del motín de Aranjuez contra Godoy,

Ignacio Arteaga, muy enemigo del favorito, aseguró que con aquel cambio

iba á arreglarse todo.

Los aristócratas que produjeron la caída de Godoy valían mucho menos

que él; los Montijo, los Infantado, los Orgaz, los Ayerbe eran unos

botarates ambiciosos de poca monta que querían rivalizar en el honor de

cepillar la casaca y lustrar las botas del monarca con otros palaciegos.

Difícilmente se puede dar un caso de ineptitud mayor que el de la

aristocracia española y el de todas las clases pudientes en el reinado

de Carlos IV y en la invasión francesa.

Sin el arranque y la genialidad del pueblo, la época de la guerra de

la Independencia hubiera sido de las más bochornosas de la historia de

España.

No se hubiera sabido qué despreciar más, si al Rey, á los aristócratas,

á los políticos ó á los generales.

Las clases directoras fueron de una esterilidad absoluta; no salió un

hombre capaz de dirigir á los demás.

Como era natural, el motín de Aranjuez no arregló nada; las tropas

francesas siguieron avanzando por España y Murat entró en Madrid.

Yo le encontraba á mi tío Fermín Esteban leyendo gacetas, consultando

planos, lleno de preocupaciones. En un hombre egoísta y poltrón como

aquél era extraño verle tan agitado.

El Escuadrón del Brigante · 第 30 / 283 题