Oh tú, ciudadano desconocido, que encuentres este cuaderno en algún
rincón de mi calabozo; carcelero ó rata de cárcel, asesino ó apóstol,
católico ó librepensador, realista ó republicano, granuja ú hombre de
bien, si pasas los ojos por estas líneas, sabe que el hombre que las ha
escrito, encerrado aquí, ha sufrido por la libertad, ha querido que los
hombres sean hombres y no sean bestias; sabe... pero, en fin, no sepas
nada; me es igual.
I