A la luz de su linterna ascendimos una altura en donde se encuentra un

arco de triunfo erigido a la memoria de Fernando González, aquel

valiente caudillo, que sin hacerse rey fundó la independencia de la

Castilla. Un poco más lejos aparece un trofeo levantado, según es fama,

sobre el lugar mismo en que estaba situado el salón feudal, en el cual

el Cid solía recibir a los príncipes y reyes que solicitaban el potente

auxilio de su brazo. El sereno elevando la linterna a la punta de su

lanza, nos alumbraba las armas del Cid esculpidas en la piedra, y la

inscripción casi borrada que recuerda sus hazañas. El monumento está

rodeado de postes o linderos de piedra, los cuales, vistos a la luz

indecisa de la luna, semejan piedras druídicas; y al lado de la derruída

muralla, que en otro tiempo guardaba la ciudad, se enseñan las ruinas

de la habitación particular del Cid. Existe un fragmento de la cadena

que los nobles castellanos colgaban sobre sus puertas en señal de

vasallaje, y una barra de fierro incrustada horizontalmente en el muro

indicaba la brazada del Cid. Girardet y yo la medimos con nuestros

brazos sin alcanzar a sus extremidades. Otro francés de talla ordinaria,

pero ancho de espaldas, ensayó sus brazos igualmente y se aproximó un

tanto a la medida, lo que nos hizo concluir que el Cid Campeador debió

ser uno de esos hombres robustos y cuadrados, como Bayardo, que parecen

haber sido creados expresamente para mangos de una temible espada

toledana.

En seguida nos asomamos a las almenas de la muralla, en la parte que el

tiempo no ha destruído, y desde allí dejábamos vagar nuestras miradas

por entre los intersticios, sobre la silenciosa e indefinible campaña,

amedrentándonos maquinalmente con el silencio de la noche, como si

temiéramos ver aparecer a lo lejos los grupos de enemigos, las tiendas

de la morisma, o los reales de los caballeros feudales. Continuando

nuestra peregrinación nocturna, que turbaban solamente los ladridos

plañideros y prolongados de los perros, llegamos a una capilla de

construcción romana, y cuya arquitectura sin carácter deja ver su

extrema antigüedad; al lado de la puerta se muestra una cruz que la

tradición ha llamado la cruz del juramento de vasallaje y fidelidad del

Cid, el cual no sabiendo firmar, hubo de trazar con la punta de su

terrible espada aquella extraña marca. Yo no recuerdo excursión alguna

que me haya llenado, como la de aquella noche, de tan vivas emociones.

Es verdad que la oscuridad de la noche, envolviendo en su sombra los

edificios particulares, presta a los antiguos monumentos algo de vago y

misterioso que añade un nuevo encanto a las epopeyas cuyos recuerdos

consagran. Burgos de noche es la vieja Burgos de las tradiciones

castellanas, la morada del Cid, la catedral gótica más bella que se

conoce. De día es un pobre montón de ruinas vivas y habitadas por un

pueblo cuyo aspecto es todo lo que se quiera, menos poético, ni culto,

dos modos de ser que se suplen uno a otro.

Pero al paso que van las cosas en España, toda poesía y todo pintoresco

habrá desaparecido bien pronto. Ya no se ven aquellos monjes blancos,

pardos, chocolates, negros, overos, calzados y descalzos, que hicieron

la gloria del paisaje español hasta 1830, cuando una Saint Bartelemy

imprevista vino a pedirles cuenta de los autos de fe de la Inquisición.

Apenas se encuentran al día en los caminos seis u ocho clérigos,

hechizos del fraile que está suprimido, y envueltos en sus anchos

manteos, resguardándose de los rayos del sol y de la lluvia, ellos y el

manteo, bajo la sombra del sombrero de teja que caracteriza al clero

español y a los jesuítas de

Roma..........................................

FIN

ÍNDICE

_Páginas_

Preliminar 7

El Argumento 21

Jactancia y valentía 29

El escenario de Martín Fierro 39

El amor y la queja 55

El cuchillo del gaucho 63

Hazañas y entreveros 71

Los indios 83

Un duelo con un salvaje 99

Refranero picaresco 111

Consideraciones finales 121

Un conflicto de sentimientos 133

Martín Fierro y Sarmiento 143

APÉNDICES

Explicación de algunos criollismos 161

Estoicismo criollo 169

Estética de la palabra 177

El estilo desmesurado 189

La profesión intelectual 193

Atorrantismo 203

Los payadores 215

El éxito de Martín Fierro 219

Sarmiento 221

End of Project Gutenberg's El poema de la Pampa, by José María Salaverría

El poema de la Pampa: "Martín Fierro" y el criollismo español · 第 9 / 9 段