_En este día he entregado a mi amado padre una carta concebida en los
términos siguientes:_
«Mi venerado padre y señor: para dar a V. M. una prueba de mi amor, de
mi obediencia y de mi sumisión, y para acceder a los deseos que V. M.
me ha manifestado reiteradas veces, renuncio mi corona en favor de
V. M., deseando que pueda gozarla por muchos años. Recomiendo a V. M.
las personas que me han servido desde el 19 de marzo: confio en las
seguridades que V. M. me ha dado sobre este particular. Dios guarde a
V. M. muchos años. Bayona 6 de mayo de 1808. — Señor. — A. L. R. P.
de V. M. su más humilde hijo. — Fernando.»
En virtud de esta renuncia de mi corona que he hecho en favor de mi
amado padre, revoco los poderes que había otorgado a la junta de
gobierno antes de mi salida de Madrid para el despacho de los negocios
graves y urgentes que pudiesen ocurrir durante mi ausencia. La junta
obedecerá las órdenes y mandatos de nuestro muy amado padre y soberano,
y las hará ejecutar en los reinos.
Debo, antes de concluir, dar gracias a los individuos de la junta,
a las autoridades constituidas y a toda la nación por los servicios
que me han prestado, y recomendarles se reúnan de todo corazón a mi
padre amado y al emperador, cuyo poder y amistad pueden más que otra
cosa alguna conservar el primer bien de las Españas, a saber: su
independencia y la integridad de su territorio. Recomiendo asimismo que
no os dejéis seducir por las asechanzas de nuestros eternos enemigos,
de vivir unidos entre vosotros y con nuestros aliados, y de evitar la
efusión de sangre y las desgracias, que sin esto serían el resultado de
las circunstancias actuales, si os dejaseis arrastrar por el espíritu
de alucinamiento y desunión.
Tendrase entendido en la junta para los efectos convenientes, y se
comunicará a quien corresponda. En Bayona a 6 de mayo de 1808. —
Fernando.» — (_Véase Ofárril y Azanza, pág. 63._)