_Carta de Fernando VII a su padre Carlos IV._
«Venerado padre y señor: V. M. ha convenido en que yo no tuve la menor
influencia en los movimientos de Aranjuez, dirigidos como es notorio,
y a V. M. consta, no a disgustarle del gobierno y del trono, sino a
que se mantuviese en él, y no abandonase la multitud de los que en
su existencia dependían absolutamente del trono mismo. V. M. me dijo
igualmente que su abdicación había sido espontánea, y que aun cuando
alguno me asegurase lo contrario, no lo creyese, pues jamás había
firmado cosa alguna con más gusto. Ahora me dice V. M. que aunque es
cierto que hizo la abdicación con toda libertad, todavía se reservó
en su ánimo volver a tomar las riendas del gobierno cuando lo creyese
conveniente. He preguntado en consecuencia a V. M. si quiere volver
a reinar; y V. M. me ha respondido que ni quería reinar, ni menos
volver a España. No obstante me manda V. M. que renuncie en su favor
la corona que me han dado las leyes fundamentales del reino, mediante
su espontánea abdicación. A un hijo que siempre se ha distinguido
por el amor, respeto y obediencia a sus padres, ninguna prueba que
pueda calificar estas cualidades, es violenta a su piedad filial,
principalmente cuando el cumplimiento de mis deberes con V. M. como
hijo suyo, no están en contradicción con las relaciones que como rey
me ligan con mis amados vasallos. Para que ni estos, que tienen el
primer derecho a mis atenciones queden ofendidos, ni V. M. descontento
de mi obediencia, estoy pronto, atendidas las circunstancias en que
me hallo, a hacer la renuncia de mi corona en favor de V. M. bajo las
siguientes limitaciones.
1.ª Que V. M. vuelva a Madrid, hasta donde le acompañaré, y serviré yo
como su hijo más respetuoso. 2.ª Que en Madrid se reunirán las cortes;
y pues que V. M. resiste una congregación tan numerosa, se convocarán
al efecto todos los tribunales y diputados de los reinos. 3.ª Que a
la vista de esta asamblea se formalizará mi renuncia, exponiendo los
motivos que me conducen a ella: estos son el amor que tengo a mis
vasallos, y el deseo de corresponder al que me profesan, procurándoles
la tranquilidad, y redimiéndoles de los horrores de una guerra civil
por medio de una renuncia dirigida a que V. M. vuelva a empuñar el
cetro, y a regir unos vasallos dignos de su amor y protección. 4.ª
Que V. M. no llevará consigo personas que justamente se han concitado
el odio de la nación. 5.ª Que si V. M., como me ha dicho, ni quiere
reinar ni volver a España, en tal caso yo gobernaré en su real nombre
como lugarteniente suyo. Ningún otro puede ser preferido a mí:
tengo el llamamiento de las leyes, el voto de los pueblos, el amor
de mis vasallos, y nadie puede interesarse en su prosperidad con
tanto celo ni con tanta obligación como yo. Contraída mi renuncia a
estas limitaciones, comparecerá a los ojos de los españoles como una
prueba de que prefiero el interés de su conservación a la gloria de
mandarlos, y la Europa me juzgará digno de mandar a unos pueblos, a
cuya tranquilidad he sabido sacrificar cuanto hay de más lisonjero y
seductor entre los hombres. Dios guarde la importante vida de V. M.
muchos y felices años que le pide postrado a L. R. P. de V. M. su más
amante y rendido hijo. — Fernando. — Pedro Cevallos. — Bayona 1.º
de mayo de 1808.» — (_Véase la exposición o manifiesto de Don Pedro
Cevallos núm. 7._)