_Proclama de Carlos IV._
«Amados vasallos míos: vuestra noble agitación en estas circunstancias
es un nuevo testimonio que me asegura de los sentimientos de vuestro
corazón; y Yo que cual padre tierno os amo, me apresuro a consolaros
en la actual angustia que os oprime. Respirad tranquilos: sabed que el
ejército de mi caro aliado el emperador de los franceses atraviesa mi
reino con ideas de paz y de amistad. Su objeto es trasladarse a los
puntos que amenaza el riesgo de algún desembarco del enemigo, y que la
reunión de los cuerpos de mi guardia ni tiene el objeto de defender mi
persona, ni acompañarme en un viaje que la malicia os ha hecho suponer
como preciso. Rodeado de la acendrada lealtad de mis vasallos amados,
de la cual tengo tan irrefragables pruebas, ¿qué puedo Yo temer? Y
cuando la necesidad urgente lo exigiese, ¿podría dudar de las fuerzas
que sus pechos generosos me ofrecerían? No: esta urgencia no la verán
mis pueblos. Españoles, tranquilizad vuestro espíritu: conducíos como
hasta aquí con las tropas del aliado de vuestro rey, y veréis en breves
días restablecida la paz de vuestros corazones, y a mí gozando la que
el cielo me dispensa en el seno de mi familia y vuestro amor. Dado en
mi palacio real de Aranjuez a 16 de marzo de 1808. — Yo el rey — A
Don Pedro Cevallos.»