NÚMERO 1-11.

_Nota dirigida desde París al príncipe de la Paz por el consejero de

estado Don Eugenio Izquierdo. (Escóiquiz, idea sencilla, núm. 1.º)_

La situación de las cosas no da lugar para referir con individualidad

las conversaciones que desde mi vuelta de Madrid he tenido por

disposición del emperador, tanto con el gran mariscal del palacio

imperial el general Duroc, como con el vice gran elector del imperio

príncipe de Benevento.

Así me ceñiré a exponer los medios que se me han comunicado en estos

coloquios para arreglar, y aun para terminar amistosamente los

asuntos que existen hoy entre España y Francia; medios que me han

sido transmitidos con el fin de que mi gobierno tome la más pronta

resolución acerca de ellos.

Que existen actualmente varios cuerpos de tropas francesas en España es

un hecho constante.

Las resultas de esta existencia de tropas están en lo futuro. Un

arreglo entre el gobierno francés y español con recíproca satisfacción

puede detener los eventos, y elevarse a solemne tratado y definitivo

sobre las bases siguientes:

1.ª En las colonias españolas y francesas podrán franceses y españoles

comerciar libremente, el francés en las españolas como si fuese

español, y el español en las francesas como si fuese francés, pagando

unos y otros los derechos que se paguen en los respectivos países por

sus naturales.

Esta prerrogativa será exclusiva, y ninguna potencia sino la Francia

podrá obtenerla en España, como en Francia ninguna potencia sino la

española.

2.ª Portugal está hoy poseído por Francia. La comunicación de Francia

con Portugal exige una ruta militar, y también un paso continuo de

tropas por España para guarnecer aquel país y defenderle contra la

Inglaterra; ha de causar multitud de gastos, de disgustos, engorros, y

tal vez producir frecuentes motivos de desavenencias.

Podría amistosamente arreglarse este objeto quedando todo el Portugal

para España, y recibiendo un equivalente la Francia en las provincias

de España contiguas a este imperio.

3.ª Arreglar de una vez la sucesión al trono de España.

4.ª Hacer un tratado ofensivo y defensivo de alianza, estipulando

el número de fuerzas con que se han de ayudar recíprocamente ambas

potencias.

Tales deben ser las bases sobre que debe cimentarse y elevarse a

tratado el arreglo capaz de terminar felizmente la actual crisis

política en que se hallan España y Francia.

En tan altas materias yo debo limitarme a ejecutar fielmente lo que se

me dice.

Cuando se trata de la existencia del estado, de su honor, decoro, y del

de su gobierno, las decisiones deben emanar únicamente del soberano y

de su consejo.

Sin embargo mi ardiente amor a la patria me pone en la obligación

de decir que en mis conversaciones he hecho presente al príncipe de

Benevento lo que sigue:

1.º Que abrir nuestras Américas al comercio francés es partirlas entre

España y Francia; que de abrirlas únicamente para los franceses es

dado que no quede de una vez arrollada la arrogancia inglesa, alejar

cada día más la paz, y perder hasta que esta se firme nuestras

comunicaciones y las de los franceses con aquellas regiones.

He dicho que aun cuando se admita el comercio francés no debe

permitirse que se avecinden vasallos de la Francia en nuestras

colonias, con desprecio de nuestras leyes fundamentales.

2.º Concerniente a lo de Portugal he hecho presente nuestras

estipulaciones de 27 de octubre último; he hecho ver el sacrificio del

rey de Etruria; lo poco que vale Portugal separado de sus colonias; su

ninguna utilidad para España, y he hecho una fiel pintura del horror

que causaría a los pueblos cercanos al Pirineo la pérdida de sus leyes,

libertades, fueros y lengua, y sobre todo el pasar a dominio extranjero.

He añadido: no podré yo firmar la entrega de Navarra por no ser el

objeto de execración de mis compatriotas, como sería si constase que un

navarro había firmado el tratado en que la entrega de la Navarra a la

Francia estaba estipulada.

En fin he insinuado que si no había otro remedio para erigirse un nuevo

reino, virreinato de Iberia, estipulando que este reino o virreinato no

recibiese otras leyes, otras reglas de administración que las actuales,

y que sus naturales conservasen sus fueros y exenciones. Este reino o

virreinato podría darse al rey de Etruria, o a otro infante de Castilla.

3.º Tratándose de fijar la sucesión de España he manifestado lo que

el rey N. S. me mandó que dijese de su parte; y también he hecho de

modo que creo quedan desvanecidas cuantas calumnias inventadas por los

malévolos en ese país han llegado a inficionar la opinión pública en

este.

4.º Por lo que concierne a la alianza ofensiva y defensiva, mi celo

patriótico ha preguntado al príncipe de Benevento si se pensaba en

hacer de España un equivalente a la confederación del Rin, y en

obligarla a dar un contingente de tropas, cubriendo este tributo con

el decoroso nombre de tratado ofensivo y defensivo. He manifestado que

nosotros estando en paz con el imperio francés no necesitamos para

defender nuestros hogares de socorros de Francia; que Canarias, Ferrol

y Buenos Aires lo atestiguan; que el África es nula &c.

En nuestras conversaciones ha quedado ya como negocio terminado el del

casamiento. Tendría efecto; pero será un arreglo particular de que no

se tratará en el convenio de que se envían las bases.

En cuanto al título de emperador que el rey N. S. debe tomar no hay, ni

había dificultad alguna. Se me ha encargado que no se pierda un momento

en responder a fin de precaver las fatales consecuencias a que puede

dar lugar el retardo de un día el ponerse de acuerdo.

Se me ha dicho que se evite todo acto hostil, todo movimiento que

pudiera alejar el saludable convenio que aún puede hacerse.

Preguntado que si el rey N. S. debía irse a Andalucía, he respondido la

verdad, que nada sabía. Preguntado también que si creía que se hubiese

ido, he contestado que no, vista la seguridad en que se hallaban

concerniente al buen proceder del emperador, tanto los reyes como V. A.

He pedido, pues se medita un convenio, que ínterin que vuelve la

respuesta se suspenda la marcha de los ejércitos franceses hacia lo

interior de la España. He pedido que las tropas salgan de Castilla;

nada he conseguido; pero presumo que si vienen aprobadas las bases

podrán las tropas francesas recibir órdenes de alejarse de la

residencia de SS. MM.

De ahí se ha escrito que se acercaban tropas por Talavera a Madrid;

que V. A. me despachó un alcance: a todo he satisfecho, exponiendo con

verdad lo que me constaba.

Según se presume aquí V. A. había salido de Madrid acompañando los

reyes a Sevilla: yo nada sé; y así he dicho al correo que vaya hasta

donde V. A. esté. Las tropas francesas dejarán pasar al correo, según

me ha asegurado el gran mariscal del palacio imperial. París 24 de

marzo de 1808. — Sermo. Sr. — De V. A. S. — Eugenio Izquierdo.

APÉNDICE

DEL

LIBRO SEGUNDO.

Historia del levantamiento, guerra y revolución de España (1 de 5) · 第 25 / 116 题