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AN ELEMENTARY SPANISH READER
BY
E. S. HARRISON
FIRST ASSISTANT IN MODERN LANGUAGES IN
THE COMMERCIAL HIGH SCHOOL, BROOKLYN, NEW YORK
GINN AND COMPANY
BOSTON--NEW YORK--CHICAGO--LONDON
ATLANTA--DALLAS--COLUMBUS--SAN FRANCISCO
COPYRIGHT, 1912, BY
E. S. HARRISON
ALL RIGHTS RESERVED
917.6
The Athenæum Press
GINN AND COMPANY--PROPRIETORS
BOSTON--U.S.A.
PREFACE
The increasing study of Spanish in high schools and colleges
has made necessary the preparation of a text of a simpler character
than those now in common use.
In the present text, especially in the first selections, the
language has been simplified so that reading may be begun at
a very early stage in the pupil's work. It has not been considered
necessary to supply notes, as the matter is simple and the
vocabulary furnishes all necessary information. All verb forms
occurring in the text, whether regular or irregular, are given in
the vocabulary.
There is constant repetition of common words and expressions,
so that comparatively long lessons may be assigned and
the pupil may be enabled to acquire an extensive knowledge of
useful every-day Spanish and become familiar with the structure
of the Spanish sentence at an earlier period than has been
possible heretofore.
Selection XII is taken from "Tradiciones y leyendas españolas"
by Don Luciano García de Real (Barcelona, 1898).
Selections IV, VI, IX, X, XIII, are taken from the "Biblioteca
de las tradiciones populares españolas" (Madrid, 1886). The
remaining selections are taken from various sources or adapted
from English or German.
Many changes have been made in all the selections, except
in the fables of Iriarte and the story by Fernán Caballero, in
order to render the material suitable for beginners.
E. S. H.
CONTENTS
I. EL CUENTO DEL POLLO
II. UN HOMBRE INSACIABLE
III. LOS TRES OSOS
IV. LOS TRES BARCOS
V. EL TESTAMENTO
VI. DON JUAN BOLONDRÓN
VII. BUENA GANGA
VIII. EL MÉDICO TUNANTE
IX. EL PRÍNCIPE JALMA
X. EL PALACIO DE MADRID
XI. LAS METAMORFOSIS DEL PICAPEDRERO _Fernán Caballero_
XII. EL CABALLO DE ALIATAR
XIII. EL PRÍNCIPE OSO
XIV. ADIVINANZAS
XV. ANÉCDOTAS
XVI. EL BURRO FLAUTISTA _Tomás de Iriarte_
XVII. EL OSO, LA MONA Y EL CERDO _Tomás de Iriarte_
XVIII. EL PATO Y LA SERPIENTE _Tomás de Iriarte_
XIX. LOS DOS CONEJOS _Tomás de Iriarte_
XX. LA ABEJA Y EL CUCLILLO _Tomás de Iriarte_
XXI. LA ARDILLA Y EL CABALLO _Tomás de Iriarte_
ABBREVIATIONS
VOCABULARY
[Illustration: EL RICO EXTREMEÑO Y EL EXTRANJERO]
ELEMENTARY SPANISH READER
EL CUENTO DEL POLLO
Un día un pollo entra en un bosque. Una bellota cae en
su cabeza. El pobre pollo cree que el cielo ha caído sobre
él. Corre para informar al rey.
En el camino encuentra una gallina.
--¿A dónde vas?--pregunta la gallina. 5
--¡Oh!--dice el pollo,--el cielo ha caído en mi cabeza
y voy a informar al rey.
--Yo voy también, si quieres,--responde la gallina y se
marchan juntos el pollo y la gallina al palacio del rey.
En el camino encuentran un gallo. 10
--¿A dónde vas?--pregunta el gallo a la gallina.
--¡Oh!--dice la gallina--el cielo ha caído sobre la
cabeza del pobre pollo y vamos a informar al rey.
--Yo voy también, si quieres,--responde el gallo y se
marchan juntos el pollo, la gallina y el gallo al palacio del rey. 15
En el camino encuentran un pato.
--¿A dónde vas?--pregunta el pato al gallo.
--¡Oh!--dice el gallo,--el cielo ha caído en la cabeza
del pobre pollo y vamos a informar al rey.
--Yo voy también, si quieres--responde el pato y se 20
marchan juntos el pollo, la gallina, el gallo y el pato al palacio
del rey.
En el camino encuentran un ganso.
--¿A dónde vas?--pregunta el ganso al pato.
--¡Oh!--dice el pato,--el cielo ha caído en la cabeza
del pobre pollo y vamos a informar al rey.
--Yo voy también, si quieres,--responde el ganso y se
marchan juntos el pollo, la gallina, el gallo, el pato y el ganso
al palacio del rey. 25
En el camino encuentran un pavo. El pavo quiere ir con
ellos a informar al rey que el cielo ha caído. Ninguno de
los pobres animales sabe el camino.
En este momento encuentran una zorra. La zorra dice que
quiere enseñarles el camino al palacio del rey. Todos van 30
con ella; pero ella los conduce a su cubil. Aquí la zorra y
sus cachorros se comen el pobre pollo y la gallina y el
gallo y el pato y el ganso y el pavo. Los pobres no van al
palacio y no pueden informar al rey que el cielo ha caído
sobre la cabeza del pobre pollo. 35
UN HOMBRE INSACIABLE
En Extremadura vivía un hombre. El hombre era rico.
Era muy rico. Tenía casas y viñas, vacas y ovejas, caballos
y cerdos. Las casas eran grandes y nuevas. Las viñas tenían
muchas uvas. Las vacas, las ovejas y los cerdos estaban muy
gordos. Los caballos eran los más hermosos de Extremadura. 5
El hombre tenía todavía más. Tenía una buena mujer
y buenos hijos. Tenía todo lo que podía desear; pero el
hombre no estaba satisfecho. No estaba satisfecho con Dios
ni con su mujer ni con sus hijos. Tampoco estaba satisfecho
del tiempo. 10
Cuando hacía frío decía:--Hace frío; este tiempo no es
bueno para mis viñas.
Cuando llovía, exclamaba:--Llueve demasiado; el tiempo
está muy húmedo. Debemos tener sol.
Cuando hacía sol, tampoco estaba satisfecho. Hoy hacía 15
mucho frío, mañana mucho calor; ora el tiempo era muy
húmedo, ora muy seco.
Un día entró en su viña. Allí estaban las hermosas uvas.
Tenía más uvas que todas las otras personas de Extremadura;
pero no estaba satisfecho.--Estas uvas son muy pequeñas--dijo.--Hace 20
mal tiempo; hace mucho frío. No hace
bastante calor.
En este momento se presentó en la viña un hombre alto y
hermoso. Este hombre dijo:--Nunca está Vd. satisfecho del
tiempo. Siempre hace frío o calor, es muy húmedo o muy 25
seco. ¿Puede Vd. hacer un tiempo mejor?--Sí,--respondió
el hombre rico,--yo puedo hacer mejor tiempo.--Pues
bien,--dijo el extranjero,--el año que viene debe
Vd. hacer el tiempo para sus viñas.
Entonces el extranjero desapareció. 30
El año próximo llegó. Era el mes de marzo.--Quiero
nieve,--dijo el hombre rico. Entonces empezó a nevar.
Llegó el mes de abril.--Ahora quiero lluvia,--dijo el hombre
rico. Entonces empezó a llover.--Muy bien,--dijo
el hombre,--pero ahora quiero un tiempo caluroso. Entonces 35
hacía sol y el hombre estaba satisfecho con sus viñas
y con el tiempo.
Así el hombre hacía el tiempo todo el verano. Llovía
cuando quería y hacía sol cuando quería. Tenía en la viña
muchas hermosas uvas. Entonces dijo:--Mis uvas son las 40
más hermosas de Extremadura. Nunca he visto uvas tan
hermosas.
Al fin llegó el otoño y empezó la vendimia. El hombre
cogió algunas uvas pero eran ácidas como el vinagre. Nunca
había visto uvas tan agrias. En este momento llegó el extranjero.--Este 45
año,--dijo--hace Vd. el tiempo. ¿Cómo
encuentra las uvas?--Malas, muy malas,--respondió el
hombre rico,--son ácidas como el vinagre.
Entonces dijo el extranjero,--Ya lo comprendo. Vd.
ha dado a la viña nieve, lluvia, sol, calor y frío, pero ha 50
olvidado el viento.
LOS TRES OSOS
Cerca de un bosque hermoso vivían tres osos. Estos
osos eran muy buenos y amables. Habían construido una 5
casa cómoda solamente con una puerta y una ventana. Uno
de los osos era muy pequeño, uno de tamaño mediano y el
otro muy grande.
Tenían en la casa todo lo necesario. Tenían un plato
pequeño para el oso pequeño, un plato mediano para el oso 10
mediano, y un plato grande para el oso grande. Tenían una
silla pequeña para el oso pequeño, una silla mediana para el
oso mediano, y una silla grande para el oso grande. Tenían
una cama pequeña para el oso pequeño, una cama mediana
para el oso mediano, y una cama grande para el oso grande. 15
Y esto era todo.
Una mañana tenían sopa para el almuerzo. Echaron la
sopa en los platos. Pero la sopa estaba tan caliente que no
podían tocarla con la lengua. Los osos, como Vds. saben, no
emplean ni cucharas, ni cuchillos, ni tenedores. Los platos 20
de sopa estaban en el suelo, porque los osos no emplean mesas.
--Vamos a dar un paseo,--dijo el oso grande;--y cuando
volvamos podemos tomar la sopa.
Los osos tenían hambre, mucha hambre, pero eran muy
pacientes y salieron todos a dar un paseo por el bosque; primero 25
el oso grande, después el oso mediano y por último el oso
pequeño.
Poco después entró una niña en el bosque. Vio la pequeña
casa pero no sabía de quién era. Pensaba que la casa era
muy hermosa y quería entrar para verla. Así, llamó a la 30
puerta.
Nadie respondió. Ella creía que todas las personas de la
casa estaban dormidas. Llamó otra vez, pero nadie respondió.
Ahora creía la niña que nadie estaba en la casa. Abrió
la puerta y entró. Todo parecía tan cómodo que quería
quedarse allí algunos minutos. Estaba muy cansada y 35
quería descansar.
Vio la niña los tres platos en el suelo. Tenía mucha hambre
y quería probar la sopa. Probó la sopa que estaba en el plato
grande. Estaba muy fría. Entonces probó la sopa que estaba
en el plato mediano; pero estaba muy caliente. Entonces 40
probó la sopa que estaba en el plato pequeño y le
gustó tanto que se la tomó toda.
Al otro lado del cuarto estaban las tres sillas. La niña
quería descansar antes de ir a casa.
Primero probó la silla grande; pero era muy alta. Después 45
probó la silla mediana; pero era muy ancha. Por último probó
la silla pequeña; pero al sentarse en ella la hizo pedazos.
Luego vio las camas en la alcoba, y quería dormir la siesta
antes de ir a casa.
Primero probó la cama grande; pero era demasiado 50
blanda. Después probó la cama mediana; pero era demasiado
dura. Por último probó la cama pequeña y como era muy
cómoda y le gustó, se echó en ella y se durmió.
Mientras dormía los tres osos volvieron a casa. Tenían
hambre después de su paseo y querían tomar la sopa. El oso 55
grande levantó su plato y bramó:
--¡Alguien ha probado mi sopa!
Entonces el oso mediano levantó su plato y gruñó:
--¡Alguien ha probado mi sopa también!
Por último el oso pequeño levantó su plato y gritó: 60
--¡Alguien ha probado mi sopa y se la ha tomado!
Entonces fueron todos al otro lado del cuarto a sentarse en
sus sillas. Primero el oso grande probó su silla y bramó:
--¡Alguien se ha sentado en mi silla!
Entonces el oso mediano probó su silla y gruñó: 65
--¡Alguien se ha sentado en mi silla también!
Entonces el oso pequeño probó su silla y gritó:
--¡Alguien se ha sentado en mi silla y la ha hecho pedazos! 70
Después entraron todos en la alcoba. El oso grande fue el
primero que vio su cama y bramó:
--¡Alguien ha dormido en mi cama!
Entonces el oso mediano vio su cama y gruñó:
--¡Alguien ha dormido en mi cama también! 75
Por último vio su cama el oso pequeño y gritó con voz
aguda:
--¡Alguien ha dormido en mi cama y aquí está!
Este ruido despertó a la niña. Cuando abrió los ojos y vio a
los osos, estaba muy asustada. Se levantó y huyó de la casa. 80
Los tres osos fueron a la puerta para mirar tras ella. Vieron
que ella corría por el bosque hacia su casa. No la persiguieron,
porque eran buenos y amables. Y eso es todo lo que
sé acerca de la niña y de los tres osos que vivían en el hermoso
bosque en la pequeña casa con solamente una ventana y una 85
puerta.
LOS TRES BARCOS
Cierto hombre rico tenía tres hijos. El hijo mayor no
quería quedarse en casa; quería ver el mundo. Su padre dió
su consentimiento. Una mañana salió el joven de la casa de
su padre. El padre le dió su bendición. También le regaló 5
mucho dinero y un barco de oro. El joven se metió en el
barco y se marchó. Llegó a una ciudad y fue a una posada.
Los mozos de la posada pusieron el barco en una sala cerca de
su alcoba. Entonces el joven salió a ver la ciudad.
Cuando pasó por el palacio vio un letrero en la puerta que 10
decía:
--Dentro del palacio está escondida la hija del rey. El que
la encuentre puede casarse con ella.
Él entró para buscarla; pero el rey le dijo que si no podía
encontrarla dentro de tres días sería encerrado en el palacio.
Él la buscó, pero no podía encontrarla y le encerraron en un 15
cuarto del palacio.
Como el hijo mayor no volvió a casa, el segundo hijo salió a
buscarle. Su padre le dió su bendición y le regaló un barco
de plata. Se metió en el barco y se marchó. Después de
algunos días llegó a la misma ciudad y a la misma posada que 20
su hermano. Los mozos de la posada pusieron el barco de
plata en la misma sala con el barco de oro. Vio el joven
el barco de oro y conoció que su hermano estaba en la
ciudad.
Salió a ver la ciudad, pasó por el palacio y vio el letrero en 25
la puerta. Entró para buscar a la princesa. El rey dijo que
allí estaba un joven encerrado porque no podía encontrarla.
La misma suerte le esperaba si no podía encontrarla dentro de
tres días. Él se decidió a buscarla pero tampoco la halló y
le encerraron. 30
Como los dos hijos no volvieron a casa, el hijo menor quería
ir a buscarlos. Su padre le dió su bendición y le regaló un
barco de seda. Se metió en el barco y se marchó. Llegó a la
misma ciudad y a la misma posada que sus hermanos. Los
mozos pusieron su barco con los otros dos. Cuando vio el 35
barco de oro y el de plata conoció que sus hermanos estaban
en la ciudad.
También salió este joven a ver la ciudad. Vio el letrero en
la puerta del palacio del rey. Se sentó en una piedra cerca de
la puerta pensando si entraría o no. Después de algunos 40
momentos se presentó una vieja que ofreció ayudarle. Ella
preguntó si era rico. El contestó que tenía tres barcos, uno
de oro, uno de plata y otro de seda. La vieja respondió:--
Debe Vd. mandar hacer un loro grande de oro con peana
de plata. En vez de ojos debe tener agujeros. 45
Colocóse este hermoso pájaro de oro y plata cerca del
palacio. Cuando lo vio el rey, quería examinarlo. Lo llevaron
seis hombres al palacio. Le gustó mucho al rey este
loro grande y creía que también gustaría a su hija. Por eso
dijo a los seis hombres que llevasen el pájaro a la princesa. 50
El joven, que estaba dentro del loro, miraba por los agujeros
que tenía en vez de ojos. Él notó que levantaron una baldosa
detrás de una cama; que bajaron una escalera; que
llegaron a un patio; que abrieron la entrada a otra escalera;
que bajaron ésta y llegaron a otro patio; que abrieron una 55
puerta y allí estaba la princesa con dos compañeras. Las tres
jóvenes estaban vestidas de la misma manera. Los seis
hombres pusieron el loro en la alcoba de la princesa. Durante
la noche el joven tenía sed y salió del loro para beber. Cuando
cogió el vaso de agua tocó la mano de la princesa que también 60
tenía sed. La princesa estaba muy asustada pero el joven le
dijo que iba a librarla de aquel encierro. Ella se tranquilizó y
le dijo que llevaría en el dedo una cinta roja. Como sus compañeras
tendrían cintas azules, él la conocería de esta manera.
Por la mañana sacaron el loro. Entonces el joven se presentó 65
en el palacio para buscar a la princesa. El rey le dijo
que era necesario encontrarla dentro de tres días. Si no podía
hacer esto le encerrarían con sus dos hermanos. Él insistió en
entrar y comenzó a buscar. El primer día fingió no poder
encontrarla. El segundo día sucedió lo mismo. El tercer 70
día, levantó la baldosa detrás de la cama, bajó la escalera,
llegó al patio, abrió la entrada a la otra escalera, la bajó y
llegó al otro patio, abrió la puerta y vio las tres jóvenes. El
rey creía que no le era posible reconocer a la princesa entre
sus compañeras. Pero él la escogió porque vio la cinta roja 75
en su dedo. Entonces el rey dijo:
--No tengo más remedio que darle mi hija por esposa,
porque la ha encontrado Vd. dentro de tres días.
El rey puso en libertad a los dos hermanos del joven. Éste
envió por su padre, y con mucho regocijo se celebraron las 80
bodas del hijo menor con la hermosa princesa.
EL TESTAMENTO
Cierto lugareño estaba a punto de morir. No era muy rico.
Sólo tenía un perro y un caballo. No tenía hijos pero tenía
una mujer.
Poco antes de morir, llamó a su mujer y le dijo:
--Ya sabes que voy a morir. No te he olvidado en mi 5
testamento; pero no soy rico y no tengo más bienes que un
perro y un caballo.
--Yo apreciaré tu recuerdo, marido mío,--dijo la mujer
llorando.
--Después de mi muerte,--continuó el marido,--debes 10
vender el caballo y entregar el dinero a mis parientes.
--¡Cómo! ¿debo entregar el dinero a tus parientes?
--Sí; pero espera. Te regalo generosamente el perro.
Puedes venderlo, si quieres, o puedes conservarlo para
guardar la casa. Es un animal fiel. Te servirá de gran consuelo. 15
El lugareño se murió. La mujer quería obedecer a su
marido. Una mañana cogió el caballo y el perro y los llevó
a la feria.
--¿Cuánto quiere Vd. por ese caballo? preguntó un hombre. 20
--Quiero vender el caballo y el perro juntos,--respondió
la mujer.--Quiero por el perro cien duros y por el caballo diez
reales.
--Acepto,--dijo el hombre,--porque el precio de los dos
juntos es razonable. 30
La buena mujer dió a los parientes de su marido los diez
reales que recibió por el caballo y conservó los cien duros que
recibió por el perro. Así obedeció a su marido.
DON JUAN BOLONDRÓN
Una vez había un pobre zapatero llamado Juan Bolondrón.
Un día estaba sentado en un banco tomando una taza de 5
leche. Había varias moscas en el banco cerca de algunas
gotas de leche. Don Juan mató siete de ellas de un golpe.
Entonces gritó:
--Yo soy muy valiente, y desde hoy me llamo Don Juan
Bolondrón Matasiete. 10
Había cerca de la ciudad un bosque. Dentro del bosque
había un jabalí que hacía mucho mal a los habitantes. Ya se
había comido a muchos de ellos. El rey había enviado
mucha gente para matarlo. Algunos de estos hombres se
habían fugado por miedo; el jabalí se había comido a los 15
otros. Dijeron al rey que había en la ciudad un hombre muy
valiente que se llamaba Don Juan Bolondrón Matasiete.
--¡Oh!--dijo el rey.--Debo conocer a este hombre.
Díganle que venga al palacio al instante.
Le llevaron al palacio y cuando le vio el rey, le dijo: 20
--Hombre, dicen que eres muy valiente. ¿Es verdad que
matas siete de un golpe?
--Sí, Vuestra Majestad;--le contestó.
--Pues bien--le dijo el rey--Tengo una hija muy bonita
y te la doy por esposa si matas el jabalí que hace tanto mal a 25
los habitantes de la ciudad. ¿Tienes bastante valor?
--Sí, Vuestra Majestad--respondió el zapatero.
--Está bien; pero si no lo matas, perderás la cabeza.
Al día siguiente Don Juan Bolondrón se preparó bien y
salió a buscar el jabalí. Estaba tiritando de miedo. Era 30
bastante valiente para matar moscas pero no para matar
jabalíes. Este día el jabalí era más feroz que nunca, porque
en tres días no había comido nada. Juan empezó a pensar
en el mejor modo de matar el animal. Creía que era muy
probable que el animal le matara a él. Nunca había tenido 35
en las manos más armas que las de su zapatería. Cuando
llegó al bosque, salió el jabalí, furioso de rabia y de hambre.
Cuando Don Juan lo vio, empezó a correr en la dirección del
palacio, y tras él, el jabalí. Don Juan llegó al palacio y se
metió detrás de la puerta de la calle. El jabalí entró en el 40
patio, donde fue matado por los soldados del rey. En este
momento Don Juan corrió al patio con la espada en mano.
Reprendió a los soldados por haber matado el animal. Después
fue derecha al rey que había salido para saber la causa
del ruido. 45
--¿Qué es esto, Don Juan?--preguntó el rey.
--Vuestra Majestad,--respondió Don Juan,--no he
querido matar el jabalí; he querido traerlo vivo al palacio;
pero esos soldados lo han matado cobardemente.
--Eres muy valiente, Don Juan, y mereces por esposa la 50
princesa mi hija.
Le dieron un cuarto en el palacio y después de algunos días
se celebraron las bodas. La princesa no sabía que se casaba
con un pobre zapatero.
Pensaba Don Juan muchas veces en las miserias de 55
su vida pasada, y hacía comparación con su dicha presente.
En consecuencia de esto, una noche soñó con su zapatería y
habló de sus hormas y de su lesna.
La princesa oyó estas palabras y estaba muy triste. Creía
que tal vez se había casado con un zapatero. Al día siguiente 60
fue a su padre y le dijo:
--Señor padre, tal vez me he casado con un zapatero porque
anoche en sueños ha hablado de sus hormas y de su lesna.
El rey llamó a su presencia a Don Juan Bolondrón Matasiete
y le preguntó: 65
--¿Hombre, eres zapatero y te has atrevido a casarte con
mi hija?
--Señor,--dijo Don Juan,--la señora princesa no comprendió
bien lo que yo decía. Yo soñaba que estaba luchando
con el jabalí y decía a mi esposa que el animal tenía la cara de 70
horma y los colmillos de lesna, y esto es todo.
El rey estaba satisfecho y su hija también y los dos esposos
vivieron felices muchos años.
BUENA GANGA
Una mañana entró un caballero en la tienda de un prendero.
Él sacó un cuadro y dijo con cortesía:
--Voy ahora a la oficina. ¿Hará Vd. el favor de guardarme
este cuadro? Lo recogeré por la tarde cuando vuelva a
casa. 5
--Con mucho gusto, caballero,--respondió el prendero.
--Espero que no lo toque nadie, porque es un cuadro de
gran valor. Mi abuelo lo compró hace muchos años y lo
apreciamos mucho.
El prendero examinó el cuadro, luego empezó a arreglar sus 15
muebles. Después de una hora se presentó otro caballero.
Quería comprar una mesa y algunas sillas. No le gustaron los
muebles pero antes de marcharse vio el cuadro. Lo examinó
con cuidado y luego preguntó el precio.
--No puedo venderlo,--contestó el prendero--no es 30
mío.
El caballero lo volvió a examinar y dijo:
--Le ofrezco cien duros además del precio del cuadro si
quiere Vd. venderlo.
--Ya he dicho que no puedo venderlo, pues no es mío. 35
[Illustration]
El caballero se marchó y después de algunos minutos volvió
con otro hombre. Dijo que éste era pintor.
Los dos hombres examinaron el cuadro con cuidado, hablaron
en secreto algunos minutos y después el comprador dijo
al prendero: 40
--Doy cuarenta mil reales por el cuadro y cuatro mil reales
para Vd., si quiere venderlo.
--Caballero,--dijo el prendero--si quiere Vd. volver
mañana, tal vez pueda yo vender el cuadro; pero ahora no
puedo prometer nada. 45
Cuando se marcharon los dos, el prendero escondió el
cuadro. A las cuatro de la tarde volvió el dueño.
--¿En dónde está mi cuadro?
--Tengo que hablar con Vd.
--Bien, hable Vd., pero tengo prisa y quiero el cuadro. 50
¿Dónde está?
--¿Quiere Vd. venderlo?
--No, señor.
--Le doy cien duros por él.
--No quiero venderlo. 55
--Doscientos.
--Nada.
--Quinientos.
--Nada, nada.
--¿Quiere Vd. mil? 60
--No, señor.
--Pues debo confesar la verdad. Me han robado el cuadro
y no puedo devolvérselo.
--¡Desgraciado de Vd.! ¿Qué ha hecho?--dijo el
caballero.--¿Sabe Vd. que es un cuadro que vale diez mil 65
duros?
--¡Pobre de mí! haga Vd. lo que quiera, pero no puedo
darle el cuadro; me lo han robado.
El caballero se dejó caer en una silla desesperado.
Después de algunos minutos, dijo:--¿Cuánto dinero 70
puede Vd. darme?
--Mil quinientos duros. No tengo más, aunque me lleve
a la cárcel.
--No, no quiero hacer eso. Si me da Vd. ese dinero estaré
satisfecho. 75
El prendero pagó y escondió el cuadro en la tienda, esperando
al comprador.
Pasó un día, una semana, un mes y no pareció.
Entonces llamó a un pintor amigo, y le dijo:
--¿Qué le parece a Vd. este cuadro? 80
--Hombre, no es malo.
--¿Lo quiere Vd. comprar?
--No, señor.
--¿Cuánto vale?
--Ya sabe Vd., señor Juan, que los cuadros están muy 85
baratos.
--Pues bien, dándolo barato.
--Hombre, si le dan a Vd. cuarenta reales, no será Vd. mal
pagado.
--¿Dice Vd. cuarenta o cuarenta mil? 90
--Cuarenta, señor Juan, cuarenta, y es mucho.
--¡Ah! ¡me he perdido! ¡ladrones! ¡infames
ladrones!
Después de esto ¿quién quiere comprar gangas?
EL MÉDICO TUNANTE
Llegó un tunante a la ciudad de Zaragoza, diciendo que
sabía raros secretos de medicina. Entre otras cosas dijo que
podía remozar las viejas. Muchas viejas del pueblo creyeron
sus palabras.
Llegaron pues un gran número de ellas a pedirle este 5
precioso beneficio. Él les dijo:
--Es necesario que cada una escriba en una cédula su
nombre y edad.
Había entre ellas mujeres de setenta, de ochenta, y de noventa
años de edad. Todas hicieron exactamente como él les 10
había dicho porque no querían perder la dicha de remozarse.
El tunante les dijo que volvieran a su posada al día siguiente.
Cuando volvieron él empezó a lamentarse y les dijo:
--Debo confesar la verdad. Una bruja me ha robado
todas las cédulas. Era envidiosa de la buena suerte de Vds. 15
Así es necesario que cada una vuelva a escribir su nombre y
edad. También quiero decirles porqué es necesaria esta
circunstancia. La mujer más vieja ha de ser quemada. Las
otras han de tomar una porción de sus cenizas y así se
remozarán. 20
Al oír esto se pasmaron las viejas, pero, todavía creyendo su
promesa, hicieron nuevas cédulas. Pero todas tenían miedo
de ser quemadas y no escribieron sus edades correctamente.
Cada una se quitó muchos años. 25
La que tenía noventa, por ejemplo, escribió cincuenta; la
de sesenta, treinta y cinco, etc.
Recibió el picarón las nuevas cédulas y luego sacó las del
día anterior. Había dicho que las había perdido pero no era
verdad. Comparó las nuevas cédulas con las otras y dijo: 25
--Ahora bien, señoras mías; ya tienen Vds. lo que les
prometí; ya todas se han remozado. Vd. tenía ayer noventa
años, ahora tiene cincuenta; Vd. ayer cincuenta, hoy treinta
y cinco.
Hablando así las despachó a todas tan corridas como puede 30
suponerse.
EL PRÍNCIPE JALMA
Había un viejo que tenía una hija muy hermosa. Él era
muy ignorante y no sabía lo que era ni oro ni plata. Todos
los días iba el viejo al bosque a cortar leña. Llevaba la leña a
la ciudad y la cambiaba por comida para su mujer y su hija.
Un día estaba cortando el tronco de un árbol grande y oyó 5
lamentos adentro. Luego salió un negro muy feo y le dijo:
--Me has herido y morirás por esto.
El viejo se excusó, diciendo:
--Señor, perdóneme Vd. Soy muy pobre y vengo a
buscar leña para mantener a mi mujer y a mi hija. 10
--¿Y es hermosa tu hija?--dijo el negro.
--¡Oh! sí, señor--dijo el viejo;--y mucho.
--Pues bien--le dijo el negro,--yo te perdono la vida
si me das tu hija por esposa; y si no, morirás. Dentro de
ocho días te presentarás aquí con la contestación. Si la 15
niña quiere o no quiere, debes venir para decírmelo. Y ahora
abre el tronco de este árbol y hallarás mucho oro. Puedes
llevarlo a tu mujer y a tu hija.
El viejo cortó el árbol y adentro halló mucho oro. Cargó
su burro con el oro y se fue a casa. Cuando llegó, su mujer y 20
su hija le preguntaron porqué venía tan tarde. Él les explicó
el caso y la niña dijo que consentiría en casarse con el negro
para salvar a su padre. Entonces les dió todo el oro que
traía. Nunca habían visto monedas de oro y no sabían que
era dinero. 25
--¿Qué es esto?--dijeron ellas.--¿Qué medallas son
éstas tan bonitas?
--Será bueno venderlas en la ciudad, padre, si es posible,--dijo
la niña.
El viejo se fue a la ciudad llevando su oro. Quería venderlo, 30
pero le dijeron que eran monedas de oro y que con ellas
podía comprar muchas cosas. Él compró comida y vestidos
para su familia y volvió muy contento a casa.
[Illustration]
Al cabo de los ocho días, tomó el viejo su hacha y su burro y
se fue al bosque. Dió algunos golpes al tronco del árbol y 35
salió el mismo negro.
--¿Qué contestación me traes?--le dijo éste.
--Mi hija consiente en casarse contigo--le dijo.
--Bien--dijo el negro;--pero hay una condición y es que
las bodas se celebren a oscuras y que ella nunca trate de verme, 40
mientras yo no lo diga.
El viejo le dijo que así sería.
--Carga tu burro con todo el oro que quieras--dijo el
negro--y compra todo lo que creas necesario para las bodas.
Me casaré con tu hija en ocho días desde hoy. 45
El viejo cargó su burro de oro otra vez y volvió a casa.
La hija salió a encontrarle. Él le dijo todo y ella consintió en
todo lo que su novio quería.
Al cabo de los ocho días se celebraron las bodas a oscuras.
La niña vivió muy feliz. El novio salía muy temprano cada 50
mañana y volvía por la noche.
Un día vino una vecina vieja a visitarla. Le preguntó si era
feliz en su matrimonio. Ella le dijo que era muy feliz y que
estaba muy contenta. Después le preguntó la vieja como era
su marido, si era joven o viejo, feo o hermoso. Ella dijo que 55
no sabía porque nunca le había visto.
--¡Cómo!--dijo la vieja.--¿Te has casado y no conoces
a tu marido? Esto no es posible.
--Sí--dijo ella;--pues así lo pedía antes de casarse.
--Niña--dijo la vieja.--¿cómo sabes si tu marido es un 60
perro o si es Satanás? Es necesario verle. Toma este fósforo;
cuando tu marido duerma, enciende el fósforo, y le
verás.
La niña lo hizo así. Cuando llegó la media noche, encendió
el fósforo y miró a su marido. Vio que era muy hermoso. 65
Olvidó el fósforo y un pedazo cayó en la cara de su marido.
Entonces él despertó y dijo:
--¡Ingrata, no has tenido palabra! Has de saber que soy
un príncipe encantado. Yo soy el príncipe Jalma. Estaba a
punto de salir de mi encantamiento pero ahora es imposible 70
por mucho tiempo. Si quieres volver a verme, tienes que
gastar zapatos de hierro hasta que me encuentres. Tienes
que buscarme por toda la tierra.
El príncipe desapareció. La niña empezó a llorar y sintió
haber seguido los consejos de la vieja. Cuando vino ésta al 75
día siguiente, dijo a la niña:
--¿Has visto a tu marido?
--Sí--le contestó,--y lo siento muchísimo. Era un
príncipe encantado y ahora nunca volveré a verle.
Se fue a la ciudad, compró zapatos de hierro y salió a 80
buscar a su marido. Visitó muchas ciudades preguntando por
el príncipe Jalma, pero ninguno le conocía. Cuando llegó
al fin del mundo vio a la madre del viento del Norte y la
saludó.
--¿Cómo le va, buena señora? 85
--Bien, hija,--le dijo;--¿qué haces aquí, cuando ni los
pájaros llegan a estos lugares? Mi hijo te comerá.
--Señora--le dijo la niña,--vengo en busca de mi marido,
del príncipe Jalma. Tengo que gastar zapatos de hierro
hasta que le encuentre. 90
--Yo no le conozco, hija,--dijo la madre del Norte,--pero
es probable que mi hijo le conozca. Te esconderé
debajo de esta olla. Cuando llegue le preguntaré.
Cuando llegó el viento, gritó:
--¡Hu-u-u-u! a carne humana huele aquí! 95
--¿Qué carne humana vendría aquí, hijo,--dijo la madre,--cuando
ni los pájaros llegan a estos lugares?
Pero él siguió gritando:
--¡Hu-u-u-u! a carne humana huele aquí!
Su madre puso la mesa, y después que hubo comido, le dijo: 100
--Tengo que pedirte un favor. ¿Quieres concedérmelo?
--Hable Vd. señora--le dijo.
--Has de saber que hay aquí una niña en busca de
su marido, el príncipe Jalma. ¿Sabes donde está? ¿Le
conoces? 105
--Que salga la niña--dijo el Norte.
La niña salió y preguntó por su marido.
--Yo no conozco a tu marido--dijo el Norte,--pero yo
creo que mi amigo el Sur puede conocerle. Te llevaré allí
si quieres. 110
La niña dijo que quería ir con él y la madre del Norte le
regaló una gallina de oro y trigo de oro para vender en caso
de necesidad.
El Norte la tomó en brazos y la llevó al otro fin del mundo.
Allí vio a la madre del Sur y ésta le dijo: 115
--¿Qué haces aquí, hija, cuando ni los pájaros llegan a
estos lugares? Mi hijo te comerá.
--Vengo en busca de mi marido, del príncipe Jalma. ¿No
le conoce Vd. señora? El Norte, que me trajo, dijo que pudieran
Vds. darme noticias de él. 120
--Yo no le conozco, hija; pero es probable que mi hijo le
conozca. La madre del Sur la escondió debajo de una olla y
pronto se oyó un gran ruido y llegó el Sur.
--¡Hu-u-u-u! a carne humana huele aquí!
--¿Qué carne humana puede venir aquí cuando ni los 125
pájaros del cielo llegan a estos lugares? Siéntate a comer y
hablaremos.
Después que hubo comido le dijo su madre:
--Quiero pedirte un favor, si me lo concedes.
--Hable Vd., señora, y se lo concederé--contestó él. 130
--Ha venido aquí una niña en busca de su marido, el
príncipe Jalma. ¿Tú le conoces?
La niña salió y el Sur le dijo:
--No le conozco; pero te llevaré a mi amigo el Oriente y es
muy probable que le conozca. 135
La madre del Sur dió a la niña una cruz de oro y el Sur la
llevó al Oriente. Éste tampoco conocía al príncipe Jalma
y ofreció llevarla a su amigo el Poniente. La madre del
Oriente le regaló un peine de oro para vender en caso de
necesidad. 140
Cuando el Oriente llegó con la niña, encontraron a la
madre del Poniente. Ella recibió a la niña con gran asombro
y cariño. La niña hizo las mismas preguntas y la madre
contestó:
--Mi hijo le conocerá. 145
Entonces la escondió debajo de la olla.
Cuando llegó el Poniente, estaba muy enojado pero después
que hubo comido, la madre sacó la niña y preguntó
por el príncipe Jalma.
--Sí--le dijo,--le conozco, y sé donde está; te llevaré 150
allá. Vive preso en un palacio con una vieja bruja y su hija.
La hija quiere casarse con él. Nadie puede verle y él no
puede ver a nadie. Duerme bajo siete llaves.
La madre del Poniente dió a la niña una taza de oro para
vender en caso de necesidad. 155
Al fin llegó la niña al palacio y supo que dentro de cuatro
días se casaría el príncipe con la hija de la bruja. Ella se
sentó en el jardín, y trató de hacerse pasar por una tonta.
Con este motivo se lavaba la cara con barro y hacía otras
muchas tonterías. Sacó la gallina de oro y le dió el trigo. 160
Los sirvientes del palacio refirieron esto a su señorita que vino
a verlo. Luego le dijo:
--Dame la gallina de oro.
--No--dijo ella.
--Véndemela entonces. ¿Qué quieres por ella? 165
--Si me dejas dormir en el cuarto del príncipe, te daré la
gallina.
--Bien--dijo ella;--dormirás allí.
Abrieron las siete llaves y la niña entró en el cuarto del
príncipe; pero antes echaron algo en el vino del príncipe para 170
hacerle dormir. Así la niña le encontró profundamente dormido.
Fué a su cama, le sacudió y le dijo:
--Príncipe, despierta, yo soy tu esposa. He gastado los
zapatos de hierro según me has pedido. Ahora te he encontrado;
pero si no me reconoces te casarán con otra. 175
Pero él no despertó y al día siguiente la sacaron de allí y
ella se fue otra vez al jardín. Sacó su peine de oro y se peinó.
Salió la hija de la bruja y lo compró bajo las mismas condiciones;
pero la misma cosa sucedió con el príncipe. Al tercer
día sacó ella la cruz de oro, y la hija de la bruja la compró, 180
pero la niña no podía despertar a su marido.
El cuarto día la niña sacó la taza de oro y la hija de la
bruja la compró bajo las mismas condiciones. Pero el príncipe
había empezado a sospechar algo y cuando le dieron el
vino, no lo bebió. La niña entró en el cuarto y empezó de 185
nuevo sus lamentaciones. Le dijo:
--Si no me reconoces esta noche soy perdida para siempre.
No tengo otra cosa con que pagar mi entrada al cuarto. La
hija de la bruja tiene la gallina de oro y el trigo de oro y el peine
de oro, y la cruz de oro y la taza de oro. Además te casarán 190
con ella mañana.
En este momento despertó el príncipe, le dió un abrazo y le
dijo:
--¡Ninguna ha de ser mi esposa sino tú!
Al día siguiente celebró nuevas bodas con su esposa, y 195
mandó quemar a la bruja y a su hija.
EL PALACIO DE MADRID
El rey de España quería tener un palacio muy hermoso, el
mejor del mundo. Quería tener el mejor arquitecto de Europa
para construir este hermoso edificio y le buscó por todas
partes. Al fin encontró uno muy bueno y muy nombrado.
Le prometió grandes sumas de dinero para construir su palacio. 5
El arquitecto empezó la obra y la acabó en breve plazo.
El rey estaba satisfecho. Entonces el rey dijo para sí:
--Si este hombre puede hacerme un palacio tan magnífico,
puede hacer lo mismo para otro rey. Yo no quiero que otro
rey tenga un palacio tan bueno, tan magnífico, como el mío. 10
¿Qué haré?
Un día convidó a comer al arquitecto famoso y le preguntó
si podría hacer otro palacio como el que había concluido.
El arquitecto contestó que sí.
El rey le manifestó que no quería que construyese otro 15
palacio. Él quería tener el mejor palacio del mundo. Prometió
darle grandes tesoros si daba su promesa de no hacer
otra obra como aquélla. El arquitecto estimaba su fama más
que todo y se negó a darle su palabra.
Cuando el rey vio que no podía obtener la promesa deseada, 20
mandó que aprisionasen al arquitecto. Después de esto, le
sacaron los ojos, para que no pudiera dirigir ninguna otra
obra; le cortaron los brazos, para que no pudiera trazar los
planos; y también le cortaron la lengua, para que no pudiera
comunicar a nadie sus conocimientos. Pero le dió el rey 25
habitación en el palacio y grandes riquezas. Todos los días
estaba sentado el arquitecto a la mesa del rey. Los criados
tenían que darle de comer porque no tenía brazos. Así estuvo
viviendo de esa manera hasta que murió.
Sobre los pequeños pilares que forman la cornisa del palacio 30
se puede ver el busto de un hombre. Como todos los bustos,
no tiene ni brazos ni ojos. Según el pueblo este busto es la
efigie del arquitecto que dirigió la erección del palacio. Se
cree que el rey lo puso allí para honrarle en muerte.
[Illustration]
LAS METAMORFOSIS DEL PICAPEDRERO
Había una vez un hombre que cortaba piedras de una roca.
Su trabajo era largo y penoso, y muy mezquino en su salario,
por lo que suspiraba tristemente. Un día, cansado de su ruda
tarea, exclamó:
--¡Oh! ¿Por qué no seré yo bastante rico para pasar la 5
vida tumbado sobre un blando lecho, provisto de cortinas que
me libren de los mosquitos?
Entonces un ángel descendió del Cielo y le dijo:
--Que tu deseo sea satisfecho.
Y el hombre fue rico, y reposaba en blando lecho, provisto 10
de cortinas de seda roja. Pero he aquí que el Rey de aquel
país llega en su magnífica carroza, precedido y seguido de
lujosos caballeros y rodeado de servidores que sostienen
una sombrilla de oro sobre su cabeza.
El rico se sintió entristecido por este espectáculo y dijo 15
suspirando:
--¡Oh, si yo pudiera ser rey!
Y el ángel descendió del Cielo, y le dijo:
--¡Que tu deseo sea satisfecho!
El hombre fue Rey y se paseaba en una magnífica carroza 20
precedida y seguida de lujosos caballeros, y le rodeaban servidores
que sostenían sobre su cabeza la sombrilla de oro.
El Sol brillaba de tal modo que sus rayos quemaban la
hierba. El Rey se abrasaba de calor y decía que quería ser
cómo el hermoso astro. 25
Y el ángel descendiendo del Cielo le dijo:
--¡Que tu deseo sea satisfecho!
Y el Rey fue transformado en Sol, y sus rayos se derramaban
sobre la tierra, abrasando las hierbecillas y haciendo brotar el
sudor del rostro de los Reyes. Pero una nube se eleva en los 30
aires y tapa su luz. El Sol se irrita al ver su poder menospreciado
y grita que se cambiaría por la nube.
Y el ángel desciende del Cielo y le dice:
--¡Que tu deseo sea satisfecho!
Y el Sol se convierte en nube que sombra a la tierra, y las 35
hierbecillas reverdecen.
Y la nube se abrió y de sus flancos corrieron torrentes de agua
que inundaron los valles, devastaron las mieses y ahogaron las
bestias; pero nada podían contra una roca, a pesar de embestirla
el oleaje por todos lados. 40
Entonces gritó la nube:
--Esa roca es más poderosa que yo; quisiera ser roca.
Y el ángel desciende del Cielo y le dice:
--¡Que tu deseo sea satisfecho!
Y la nube fue convertida en roca, y ni el ardor del Sol, ni la 45
violencia de las lluvias podían conmoverla. Pero llega un
obrero que comienza a golpearla, haciéndola pedazos con su
martillo, y la roca exclama:
--Este obrero es más poderoso que yo; ¡Quisiera ser este
obrero! 50
Y el ángel desciende del Cielo y le dice:
--¡Que tu deseo sea satisfecho!
Y el pobre hombre, transformado tantas veces, vuelve a ser
el picapedrero que trabaja rudamente por un mezquino salario
y vive al día contento con su suerte. 55
EL CABALLO DE ALIATAR
D. Pedro Gómez de Aguilar tenía una magnífica finca cerca
de la ciudad de Cabra. Un día del mes de noviembre le
avisaron que sus colonos habían abandonado la finca a causa
de una invasión de los moros. D. Pedro no podía creer las
noticias y sin decir nada a sus hijos, montó a caballo y se fue 5
a la finca para informarse del suceso.
Llovía a cántaros y no vio a nadie en el camino. Al llegar
a su finca no vio a nadie tampoco y creía que ya se habían ido
los moros.
Algunos momentos después se vio rodeado de cuarenta de 10
ellos a las órdenes del famoso alcaide de Loja, Aliatar. La
resistencia y la fuga eran imposibles. Gómez de Aguilar
tenía que rendirse.
--¿Dónde están sus hijos?--preguntó Aliatar a D. Pedro.
--He venido solo, porque no podía creer que se atreviese 15
Vd. a llegar hasta aquí.
Sonrió el viejo alcaide, enseñando unos dientes todavía
blancos y replicó:
--Me habían ponderado mucho su finca y tenía deseos de
conocerla. Pero como sus colonos habrán dado la alarma, 20
vamos ahora hacia Carcabuey y es preciso que nos acompañe
Vd.
--Aliatar, fije Vd. el precio de mi rescate, y, si no es demasiado,
le doy palabra de que lo recibirá en Loja antes de
dos días. 25
--No dudo de su palabra, mas prefiero su persona a su
dinero.
--¿Quiere Vd. canjearme por uno de los suyos...?
--No tienen Vds. un prisionero nuestro que valga tanto
como Vd. Así, pues, debe Vd. resignarse y seguirnos. 30
Se pusieron en camino, pero no se atrevían a seguir el
camino frecuentado. Tenían que marchar uno a uno por
sendas extraviadas. D. Pedro iba en el centro, junto a
Aliatar, y los dos caballeros hablaban amigablemente.
Llegó una ocasión en que se encontraron solos, pues los de 35
adelante habían caminado más aprisa que los de atrás.
Tenían a sus pies un barranco. Al instante comprendió
Gómez de Aguilar que se le presentaba una ocasión favorable
para salvarse. Tiró al caudillo árabe al barranco, le sujetó
y amordazó. Le quitó sus armas y le obligó a esconderse 40
con él.
Empuñó D. Pedro su puñal y dijo a Aliatar en voz muy
queda:
--Si se mueve Vd., le mato. Los suyos vendrán en seguida
a buscarnos. 45
--Mi palabra le doy, Gómez de Aguilar. No necesita Vd.
mordaza para mí.
Se la quitó su enemigo. Fiaba en la palabra de Aliatar
como en la suya, porque la fama del alcaide de Loja era la de
un perfecto caballero. 50
En efecto, pronto empezaron los árabes a buscar a su jefe y
al prisionero. Algunos se dirigían al escondite. Los momentos
eran supremos.
Nunca había estado Gómez de Aguilar en peligro tan inminente 55
de su vida. Aquellos hombres no le habrían dado
cuartel.
Volvió sus ojos a Aliatar. Éste no se movía y sus ojos
parecían decir:
--Yo no me moveré; y no los llamaré. 60
Pero a veces brillaba en su mirada una viva esperanza que
Gómez de Aguilar interpretaba en estas palabras:
--Pero es muy probable que nos encuentren sin llamarlos y
sin moverme.
Al fin estaban dos de los moros a cuatro pasos del escondite. 65
Otra vez empuñó D. Pedro su puñal y miró a Aliatar.
El caudillo seguía inmóvil y sus ojos le dijeron:
--No dude Vd. de mí; no me moveré; no los llamaré.
En este momento oyeron el galope de un escuadrón y
los dos moros huyeron del sitio. 70
El escuadrón era mandado por el Conde de Cabra. Sorprendió
y derrotó a los moros. Entonces salió D. Pedro
Gómez con el caudillo.
Refirió al conde lo que había ocurrido y éste le dijo:
--En rigor, Aliatar es también mi prisionero, Don Pedro. 75
Es honor que he buscado muchas veces en los campos de
batalla.
En confirmación de estas palabras el prisionero movió
tristemente la cabeza y dijo al conde:
--En Alora me hirió su lanza y estuve a punto de caer en 80
sus manos, pero me salvó este caballo. Mírenlo Vds., es
atigrado, pero más fuerte y más valiente que un tigre.
Y el viejo Aliatar acarició al hermoso bruto y exclamó
tristemente:
--¡Pero ahora, mi Leal, no puedes salvarme! 85
Esta escena conmovió igualmente a los dos caballeros, e
inflamados por el mismo sentimiento.
--¡Aliatar, es Vd. libre!--exclamó D. Pedro Gómez de
Aguilar.
--¡Sí, libre!--añadió el Conde de Cabra. 90
Como seguían los caminos intransitables el moro tenía que
aceptar la hospitalidad que le ofrecieron para aquella noche.
Al llegar a un cuarto de legua de la ciudad, tenían que pasar
un río. Las aguas habían crecido tanto que no aparecía
paso vadeable. 95
Todos se detuvieron contrariados. Entonces les dijo
Aliatar:
--Mi Leal les abrirá camino, si me permiten Vds. ir delante.
Entonces vieron al viejo caudillo entrar en la impetuosísima
corriente como si cruzase una carretera. 100
Todos le siguieron felizmente por aquel _vado_ que lleva
todavía el nombre _del moro_.
Aquella noche obsequiaron a porfía a su libre prisionero
Gómez de Aguilar y el Conde de Cabra.
A la mañana siguiente salieron a acompañarle fuera de la 105
población.
Llegó el momento de la despedida, y Aliatar se vio rodeado
de una guardia de honor.
¡Con qué efusión estrechó entonces las manos de D. Pedro
y del Conde de Cabra! 110
--Me han vencido Vds., y, aunque estoy libre, me han
maniatado.
--¿Cómo?
--Maniatado para siempre, porque ya no podré combatir
contra Vds. Me han desarmado con su hidalguía más que 115
con su valor.
--Sólo hemos hecho lo que merece Vd., Aliatar. Es Vd.
uno de los más nobles de su raza.
--Les aseguro que mis soldados no volverán a invadir sus
dominios. 120
--Dicho esto, Aliatar saltó de su caballo, cogió de su brida
a Leal y se lo presentó a Gómez de Aguilar.
--Se lo doy a Vd. como recuerdo de que me hizo prisionero.
--Pues le ofrezco mi alazán en cambio,--respondió D.
Pedro,--como recuerdo de que también fui prisionero de Vd. 125
Montó en seguida en el hermoso caballo, saltó Aliatar sobre
el alazán, hizo a Leal la última caricia, y exclamando,--¡Que
Alá los guarde!--se marchó a galope tendido.
Leal permaneció inmóvil, siguiendo con mirada triste a su
amo. 130
En vano le acarició su nuevo amo.
[Illustration]
¡Bien merecía el nombre de Leal!
Se dice que aquel hermoso caballo murió de tristeza a los
pocos días.
EL PRÍNCIPE OSO
Había una vez un comerciante que tenía tres hijas muy
bonitas, sobre todo la más pequeña a quien quería mucho. 5
Toda su fortuna consistía en un barco que tenía en el mar, con
el que hacía sus negocios. Por entonces lo había mandado
muy lejos y estaba aguardándolo, cuando le dieron la noticia
de que se había ido a pique. El pobre hombre se puso muy
triste porque, como no poseía más que aquel barco, estaba 10
arruinado.
Así pasó algún tiempo y gastaron lo poco que tenía, cuando
supo que el barco, que sólo había estado perdido, había encontrado
el camino y estaba en un puerto aguardando sus
órdenes. 15
El hombre estaba muy contento y dispuso ir al puerto donde
estaba el barco y preguntó a sus hijas qué querían que les
trajese.
--A mí, un vestido de seda,--dijo la mayor.
--Y a mí,--dijo la segunda,--un pañuelo bordado. 20
--¿Y tú, qué quieres?--dijo a la hija menor.
--Yo quiero una flor de lis del huerto que encuentre Vd. en
el camino.
Se fue mi hombre, llegó al puerto y vendió el cargamento.
Compró el vestido y el pañuelo, pero no pudo encontrar la 25
flor de lis.
Como volvía a su casa, vio una casa con unos jardines tan
hermosos, que dijo:--Voy a ver si en estos jardines tienen la
flor de lis y me la venden.
Entró en la casa y no vio a nadie a quien preguntar, recorrió 30
todos los jardines y al fin vio una planta con una flor
de lis tan bonita, que se decidió a llevársela. Viendo que no
había nadie a quien pedirla, fue y la cortó. Tan pronto como
la había cortado, se le apareció un oso tan grande que retrocedió
asustado. 35
--¿Quién te ha dado permiso para cortar esta flor?--le
dijo el oso.
--Nadie, señor, sino que una de mis hijas me había pedido
una flor de lis, no la he encontrado en ninguna parte, y al pasar
por aquí entré a ver si estaba aquí, pero como no he visto a 40
nadie, creí que no tenía dueño y la he cortado. ¿Cuánto
tengo que pagar?
--Estas flores no se venden,--dijo el oso,--pero puesto
que la has cortado, llévatela, pero en cambio has de traerme la
más pequeña de tus hijas, la que ha pedido la flor. 45
--¡Ah! no señor,--dijo el padre,--a ese precio no
quiero la flor, tómela Vd.
--No puede ser,--respondió el oso,--ya la has cortado y
el daño que has hecho, sólo tu hija puede remediarlo; si no la
traes, moriréis todos. 50
Se fue el pobre comerciante muy desconsolado y así que
llegó a su casa, dió los regalos a sus hijas, que se pusieron muy
contentas, pero como le veían siempre triste le preguntó la
más pequeña:
--¿Porqué está Vd. tan triste padre? 55
--Por nada, hija mía,--contestó el padre.
--No; Vd. oculta alguna pena que no quiere decir,
porque siempre que me mira, le veo a Vd. llorar.
Al fin tanto porfió la hija que el padre se lo contó todo.
Entonces la hija le dijo que la llevase a aquel jardín. El 60
padre no quería, pero al fin la llevó al jardín y la dejó en la casa
como había prometido al oso. Allí tenía todo lo que deseaba,
pero sin ver a nadie en la casa; sólo de noche, solía oír unos
quejidos en el jardín, pero no se atrevió a llegarse a ver lo que
era. Al fin, una tarde oyó que los quejidos eran más tristes 65
que de ordinario y se decidió a ver lo que era.