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[Nota del transcriptor: la ortografía del original no ha sido
actualizada.]
VIAJES
POR
ESPAÑA
DE
D. PEDRO ANTONIO DE ALARCÓN
DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
VISITA AL MONASTERIO DE YUSTE, DOS DÍAS EN SALAMANCA.--LA GRANADINA.--DE
MADRID A SANTANDER. PRIMER VIAJE A TOLEDO.--EL ECLIPSE DE SOL DE 1860.
CUADRO GENERAL DE VIAJES.
TERCERA EDICIÓN
MADRID
EST. TIPOGRÁFICO «SUCESORES DE RIVADENEYRA»,
_Paseo de San Vicente, núm. 20_
1907
_Es propiedad del Autor.--Quedan hechos los depósitos que marca la
Ley._
ÍNDICE
DEDICATORIA.--_Al Sr. D. Mariano Vázquez_
Una visita al Monasterio de Yuste
Dos días en Salamanca
La Granadina
De Madrid á Santander
Mi primer viaje á Toledo
El eclipse de sol de 1860
Cuadro general de mis viajes por España
AL SEÑOR D. MARIANO VÁZQUEZ,
MAESTRO DE MÚSICA, INDIVIDUO DE NÚMERO DE LA REAL ACADEMIA DE BELLAS
ARTES, COMENDADOR DE LA REAL Y DISTINGUIDA ORDEN DE CARLOS III, Y DE
NÚMERO DE LA DE ISABEL LA CATÓLICA.
_Mi muy querido Mariano: Juntos hemos hecho, no sólo algunos de los
viajes que menciono en la presente obra, como el de_ Madrid á Toledo _y
el de_ El Escorial á Ávila, _sino también el muy más importante_ de la
adolescencia hasta la vejez, _pasando por los desiertos de la
ambición_.....
_Saliste tú de aquella metódica y bendita casa de la calle de Recogidas
de Granada, en donde, puedo decir que sin maestro, aprendiste á
interpretar las sublimes creaciones del Haydn español, ó sea del maestro
Palacios, del colosal Beethoven, del profundo Weber, del apasionado
Schubert y de otros grandes compositores casi desconocidos entonces en
nuestra Península; y salí yo de mi seminario eclesiástico de Guadix
(fundado sobre las ruinas de un palacio moro), llevando en pugna dentro
de mi agitado cerebro á Santo Tomás y á Rousseau, á Job y á lord Byron,
á Fr. Luis de León y á Balzac, á Savonarola y á Aben-Humeya....._
_Nuestro encuentro, hoy mismo hace_ treinta años, _fué en la
Alhambra..... Allí estaban ya reunidos, soñando también con la gloria,
los demás que de cerca ó de lejos habían de acompañarnos en la
peregrinación.--Fernández Jiménez, Moreno Nieto, Castro y Serrano,
Manuel del Palacio, tu pobre hermano Pepe, Antonio de la Cruz, Salvador
de Salvador, Pérez Cossío, Soler, Pepe Luque, Moreno González, Pineda_,
e tanti altri, _hoy ya viejos ó muertos, levantaron el vuelo con
nosotros ó como nosotros, desde aquella deliciosa mansión, en que
habíamos formado la célebre sociedad de_ La Cuerda, _hasta las ingratas
orillas del Manzanares, donde algunos seguimos viviendo juntos dos años
más, bajo la denominación de_ Colonia Granadina..... _¡Calle del Mesón
de Paredes! ¡calle de los Caños! ¡fonda del Carmen, que ya no existes!
¡ventorrillos, ventas y posadas, en que tan pobre y alegremente
pernoctamos durante nuestras primeras etapas por el mundo de las Letras,
de las Artes, de las Ciencias ó de la Política!..... ¿Quién os dijera
que muchos de aquellos locos mozuelos que tan dificultosamente pagaban
el gasto diario y tan alborotada traían la vecindad, habían de
convertirse en estas graves personas que hoy se complacen en recordar,
como inverosímiles leyendas, ó cual si refiriesen travesuras de sus
propios hijos, aquellas graciosas cuanto inocentes calaveradas, no
reñidas con el más asiduo y heroico trabajo?
En Dios y mi ánima te juro, reduciéndome á hablar de ti, Mariano mío,
que cuando, hace poco tiempo, te veía dirigir con universal aplauso la
orquesta del teatro Real, de donde mengua es de España que estés alejado
y donde no has sido sustituído ni lo serás nunca; cuando escuchaba á
insignes artistas nacionales y extranjeros ensalzar tu nombre sobre el
de todos los que habían ocupado aquel verdadero trono de la Música, me
regocijaba tu gloria cual si fuera mía, ó por lo menos, de toda la_
Colonia Granadina, _de_ 1854 _á_ 1856, _y que igual placer y ufanía
siento cada vez que asisto á los grandes triunfos que sigues alcanzando
como Director de la sabia_ Sociedad de Conciertos, _admiración de
propios y extraños_.....
_Todas estas cosas, que nunca te he dicho privadamente, tenía ganas de
decirte en público, y por eso y para eso te dedico ese libro, en que
varias veces te nombro y en que figuras como actor y parte.--Mucho
lamento no haber podido escribir en él nuestras visitas á_ Toledo _y á_
Ávila _tan extensamente como algunas otras de mis expediciones
artísticas ó poéticas; pero tú suplirás con tu buena memoria lo que yo
omita al hacer mención de aquéllas, y volverás á reirte homéricamente al
recordar al_ Tío Tereso _de Toledo y al_ cicerone _que sólo tenía empeño
en que viéramos la_ campana gorda _de la Catedral, ó bien cuando te
representes en la imaginación aquella mañana deleitosísima en que, con
tu hermano Paco, salimos á esperar á los arrieros que llevan de_ El
Barco de Ávila _á la estación de_ Ávila _la rica uva que tanto se estima
en Madrid, y nos comimos no sé cuántas libras por cabeza, al otro lado
de la ciudad, recostados en una romancesca muralla de color de naranja
marchita, dando cara á un paisaje verde y pedregoso, más activos y
descuidados que á la presente, y con mucho, muchísimo menos luto en el
alma....._
_Adiós, Mariano. Recibe con indulgencia este libro, y recibe también un
abrazo fraternal de tu paisano, amigo y compañero de viaje,_
PEDRO.
Madrid, 18 de Enero de 1883.
UNA VISITA AL MONASTERIO DE YUSTE
I
Si sois algo jinete (condición _sine qua non_); si contáis además con
cuatro días y treinta duros de sobra, y tenéis, por último, en
_Navalmoral de la Mata_ algún conocido que os proporcione caballo y guía
podéis hacer facilísimamente un viaje de primer orden--que os ofrecerá
reunidos los múltiples goces de una exploración geográfico-pintoresca,
el grave interés de una excursión historial y artística, y la religiosa
complacencia de aquellas romerías verdaderamente _patrióticas_ que, como
todo deber cumplido, ufanan y alegran el alma de los que todavía
respetan algo sobre la tierra.....--Podéis, en suma, visitar el
_Monasterio de Yuste_.
Para ello..... (suponemos que estáis en Madrid) empezaréis por tomar un
billete, de berlina ó de interior, hasta _Navalmoral de la Mata_, en la
«Diligencia de Cáceres»[1],--que sale diariamente de la calle del Correo
de ésta que fué corte, á las siete y media de la tarde.
La carretera es buena por lo general, y en ningún paraje peligrosa.
Pasaréis sucesivamente por la _Dehesa de los Carabancheles_, donde los
Artilleros _tenían_ establecida su muy notable _Escuela práctica_;--por
las _Ventas de Alcorcón_ y por _Alcorcón_ mismo, que es como si
dijéramos por el Sèvres de los actuales madrileños;--por _Móstoles_,
donde os acordaréis de su órgano y de su célebre Alcalde del año de
1808;--por _Navalcarnero_, uno de los principales lagares que surten de
peleón á Madrid;--por _Valmojado_, que nada tiene de mojado ni de valle,
pues ocupa un terreno muy alto y arcilloso;--por _Santa Cruz del
Retamar_, abundante en fiebres intermitentes y en carbones;--por
_Maqueda_, todavía monumental hoy, cuanto poderosa en la antigüedad
romana y en tiempos de nuestra doña Berenguela,--y, en fin, por _Santa
Olalla_, patria del historiador Alvar Gómez de Castro y del predicador
Cristóbal Fonseca, ambos insignes varones y literatos;--con lo cual, al
amanecer (dado que viajéis, como os lo aconsejamos, en primavera ó en
otoño), os encontraréis en _Talavera de la Reina_, confirmada (supongo)
recientemente con el nombre de _Talavera de la República federal_.
Dicho se está que en todo este trayecto no habéis visto casi nada, á
causa de la obscuridad de la noche y de haber ido proveyéndoos de
_sueño_, ó bien de _dormición_ ó _dormimiento_ (como se decía antaño,
para evitar confusiones entre la gana y el acto de dormir), y en ello
habréis hecho perfectamente, pues no os esperan grandes _hôteles_, que
digamos, en toda vuestra romería;--pero al llegar á _Talavera_, donde se
detiene el coche una hora y se toma chocolate, despertaréis sin duda
alguna, y podréis ver al paso muchas y muy buenas cosas.....
Por ahorraros gastos, no presuponemos que caéis en la tentación de pasar
todo un día en aquella ilustre villa, cuna del ínclito Padre Mariana;
rica de monumentos arquitectónicos; emporio de los opimos frutos y
frutas de todo el país que vais á recorrer; renombrada por sus barros
cocidos, que os indemnizan del bochorno cerámico que pasasteis en
Alcorcón, y vecina del memorable campo de batalla en que españoles é
ingleses dimos tan buena cuenta de José Napoleón, de Sebastiani, de
Víctor y de otros generales del Imperio, con más de 50.000 soldados
vencedores de Europa.....--En otro caso vierais allí, además de las
murallas, y la catedral, y los conventos, y los palacios, los
celebérrimos jardines y alamedas que forman un paseo público á la orilla
del noble _Tajo_.....--Pero ¡nada! vosotros vais á _Yuste_
exclusivamente, y no podéis deteneros en parte alguna.....
Montaréis, pues, de nuevo en la Diligencia, y, dejando á la izquierda el
gran río y viendo siempre á la derecha la cadena del Guadarrama (que,
con el nombre de Sierra de Gredos y otros, se extiende hasta Portugal),
continuaréis vuestro camino y cruzaréis por delante de la imponente
villa de _Oropesa_, de aspecto feudal, coronada por su viejo castillo y
presidida por el magnífico palacio de los antiguos Condes de Oropesa,
hoy Duques de Frías.....--Como sabéis á dónde vais, no dejaréis
seguramente de saludar agradecidos aquella villa, ni de pensar con
reverencia en los mencionados Condes, cuyos recuerdos habéis de
encontrar íntimamente ligados con los _del Monasterio de Yuste_; y,
cumplida esta obligación, pasaréis por la _Calzada de Oropesa_, último
pueblo de la provincia de Toledo; entraréis poco después en Extremadura,
y, en fin, á eso de las doce del día os hallaréis en _Navalmoral de la
Mata_.
En aquella importante villa, perteneciente ya á la provincia de Cáceres,
cabeza de partido judicial y distante de Madrid 172 kilómetros, es
donde os esperan el caballo y el guía. Dejaréis, por tanto, seguir á la
Diligencia su rumbo al Sudoeste, y vosotros tomaréis el sendero que
preferían siempre los Condes de Oropesa para dirigirse á _Yuste_ desde
su mencionada villa señorial, ora cuando el famoso Garci-Álvarez iba, á
principios del siglo XV, á proteger la fundación del Monasterio, ora
cuando un descendiente suyo acudía, ciento cincuenta años después, á
visitar á Carlos V ó á asistir á sus exequias.--Es decir, que os
encaminaréis al lugarcillo de _Talayuela_ (12 kilómetros); pasaréis por
la _barca_ del mismo nombre el caudaloso _Tiétar_, tan desprovisto de
puentes; entraréis en la célebre _Vera de Plasencia_, y, por _Robledillo
de la Vera_, iréis á hacer noche á _Jarandilla_.
De este modo, habiendo andado unas diez y siete horas en coche y cosa de
seis leguas á caballo, os hallaréis, á las veinticuatro horas de haber
salido de Madrid, á legua y media de _Yuste_, en una villa importante
(_Jarandilla_ es cabeza de otro partido judicial), perteneciente también
á los Estados de Oropesa ó Frías, cuyo palacio ó casa solariega albergó
algunos meses al nieto de los Reyes Católicos mientras acababan de
disponerle sus habitaciones en el convento.
Nosotros os dejamos ahora allí--donde creemos no os falte la necesaria
industria para buscar la posada, cenar, acostaros y trasladaros á la
mañana siguiente, muy tempranito, al lugar de _Quacos_, distante de
_Yuste_ un cuarto de legua, y donde vive el administrador del Sr.
Marqués de Miravel, actual dueño del Monasterio (administrador que es
muy amable y que os acompañará en vuestra visita, ú os proporcionará los
medios de que lo veáis todo á vuestro sabor); nosotros os dejamos en
_Jarandilla_, repetimos, y, retrocediendo á las orillas del _Tiétar_,
vamos á exponeros cómo y por donde llevamos á cabo, por nuestra parte,
hace poco tiempo, y arrancando de otro lugar, esta misma excursión al
célebre retiro del que fué dueño del mundo.
* * *
Cinco kilómetros más abajo de _Talayuela_, ó sea de su _barca_, hay una
hermosa finca, denominada el _Baldío_, situada en majestuosa, pero muy
alegre soledad.
El _Baldío_ forma una especie de anfiteatro sobre el _Tiétar_, que es su
límite al Norte. En medio de este anfiteatro se eleva el caserío,
teniendo al Sur un soberbio pinar y á los lados extensos bosques de
robles ó de encinas. Por las ventanas de todas sus habitaciones, que dan
al septentrión, se descubre: primero, una faja de vega, de un kilómetro
de ancho, que va á morir en el río; luego el mismo río, orlado de
pomposas arboledas, y, á su otra margen, un segundo anfiteatro, que es
la _Vera de Plasencia_, y que termina en las perpetuas nieves de las
Sierras de Jaranda y de Gredos.
Las ventanas del _Baldío_ dan, pues, frente al _Monasterio de Yuste_,
escondido en una leve ondulación de la falda meridional de la _Sierra de
Jaranda_, pero cuya situación y cercanías se divisan perfectamente.--Es
decir, que el _Baldío_ y _Yuste_ tienen un mismo horizonte y están
incluídos en la misma cuenca general del terreno, por cuyo fondo corre
mansamente el _Tiétar_, navegable en aquella región, y tan grandioso y
opulento como el propio _Tajo_, á quien poco después rinde vasallaje.
Tres leguas escasas (dos á vuelo de pájaro) dista _Yuste_ del _Baldío_,
y nosotros, que residíamos accidentalmente en este último paraje,
llevábamos muchos días de contemplar á todas horas aquel otro solitario
lugar, encerrado entre una gran sierra y un gran río, sin más
comunicación con el mundo que unas poco frecuentadas veredas, y donde
había pasado los últimos dos años de su vida aquel que llenó el universo
con su nombre y sus hazañas, y cuyos dominios no dejaba nunca de
alumbrar el sol.
Un porfiado temporal había ido retrasando la visita que desde que
llegamos al _Baldío_ nos propusimos hacer á _Yuste_, hasta que al fin
serenóse el tiempo, y el día 3 de Mayo (del presente año de 1873)
montamos á caballo; pasamos el _Tiétar_ por otra _barca_, propiedad de
nuestro amable y querido huésped, penetramos en la _Vera de Plasencia_,
y nos dirigimos al insigne Monasterio por el camino de _Jaraiz_.
Ninguna estación más á propósito para apreciar y admirar todos los
encantos de la famosísima _Vera_, país de la fertilidad y de la
incomunicación; especie de Alpujarra chica, en que el río hace las veces
del mar, y Sierra de Jaranda y Sierra de Gredos suplen por la colosal
Sierra Nevada.
La primavera estaba en todo su esplendor.--Primero caminamos por
magníficas dehesas, sobre una llanísima alfombra de verdura y bajo un
dosel de magníficos robles, encinas, fresnos, sauces y almeces, á través
de cuyos severos troncos penetraba horizontalmente el alegre sol de la
mañana. Después salimos á un monte cubierto de jarales floridos, cuyas
blancas flores eran tantas, que parecía que el monte estaba nevado.
Luego pasamos el hondo _río Jaranda_, por el tosco, sabio y gracioso
_Puente de la Calva_, y principiamos la ascensión á _Jaraiz_, risueña y
populosa villa, por cuyos arrabales desfilamos á eso de las ocho.
Estábamos á una legua de _Yuste_. Esta legua recorre un país abrupto,
selvático, atroz; pero pintoresco á sumo grado. Hay sobre todo un
paraje, llamado la _Garganta de Pelochate_, que es digno de los honores
del pincel y de la fotografía. Allí se despeña rapidísimo un espumoso
río por planos inclinados de formidables rocas, sobre las cuales se
eleva á extraordinaria altura cierto viejo y gastado puente de tablas,
atravesando el cual no puede uno menos de encomendar el alma á Dios. Las
orillas de esta semicatarata son de una rudeza y amenidad imponderables,
así como es muy celebrada, y ciertamente fresquísima y muy delgada y
gustosa, el agua de la gran fuente que de una peña brota al otro lado de
aquel abismo.
Pasada la _Garganta de Pelochate_, podíamos escoger dos senderos para
llegar á _Yuste_: el uno va por _Quacos_, lugarcillo de 300 vecinos,
que, como hemos apuntado, dista un cuarto de legua del Monasterio; el
otro..... no existe verdaderamente, sino que lo abre cada viajero por
donde mejor se le antoja, caminando á campo travieso.....
Nosotros escogimos este último, á pesar de todos sus
inconvenientes.--Una aversión invencible, una profunda repugnancia, una
antipatía que rayaba más en fastidio que en odio, nos hacía evitar el
paso por _Quacos_.
Y era que recordábamos haber leído que los habitantes de este lugar se
complacieron en desobedecer, humillar y contradecir á Carlos V durante
su permanencia en _Yuste_, llegando al extremo de apoderarse de sus
amadas vacas suizas, porque casualmente se habían metido á pastar en
término del pueblo, y de interceptar y repartirse las truchas que iban
destinadas á la mesa del Emperador. Hay quien añade que un día
apedrearon á _D. Juan de Austria_ (entonces niño), porque lo hallaron
cogiendo cerezas en un árbol perteneciente al lugarejo....
Pero ¿qué más? ¡Aun hoy mismo, los hijos de _Quacos_, según nuestras
noticias, se enorgullecen y ufanan de que sus mayores amargasen los
últimos días del César, por lo que siguen tradicionalmente la costumbre
de escarnecer el entusiasmo y devoción histórica que inspiran las ruinas
de _Yuste_!....
Alguien extrañará que Carlos V no declarase la guerra á los habitantes
de _Quacos_, pidiendo á su hijo Felipe II veinte arcabuceros que les
ajustasen las cuentas.... Pero ¡ah! el vencedor de Europa no había ido
al convento en busca de guerra, sino de paz, y, por otra parte, si
hubiese castigado á aquellos insolentes, el desacato y desamor de éstos
se habrían hecho públicos y dado margen á mil comentarios en toda
Europa.--Los pequeños lo calculan muy bien todo cuando se atreven á
insultar la misma grandeza á cuyos pies solían arrastrarse
miserablemente.....--El Emperador se hizo, pues, el desentendido, y
devoró en silencio, como una penitencia, aquellas mortificaciones de su
orgullo.
Conque decía que nosotros anduvimos á campo travieso la última media
legua que nos separaba de _Yuste_. Pronto nos sirvió de guía el propio
_Convento_, que vimos aparecer allá á lo lejos, al pie de una árida
ladera de _Sierra de Jaranda_, que lo defiende de los vientos del
Norte.--Por la parte del Sur lo resguarda también de las miradas del
mundo cierta suave colina, que forma con la dicha sierra una especie de
vallecejo ó cañada, cuya máxima longitud descubríamos nosotros sin
dificultad, por ir entonces marchando de Poniente á Levante.
El aspecto del _Monasterio_, á aquella distancia, realizaba
completamente el poético ideal que nos habíamos formado de él desde
niños, y que hace veinte años nos sugirió algunas páginas tituladas:
_Dos retratos_[2].--Cercado de robles y sombreado más intensamente á la
parte del Sur por una verde cortina de corpulentos, piramidales olmos,
aquel antiguo refugio de los desengañados de la tierra parecía como un
oasis en medio del desierto, como una isla en un océano tormentoso. Tan
rica vegetación, tanta lujosa verdura, tan abrigada soledad y las
austeras líneas de la Santa Casa que destacaba su mole, de un color gris
de hoja seca, sobre la obscuridad del ramaje, contrastaban dulcemente
con el áspero y desordenado panorama que se veía en torno, con los
esquivos montes, con las bruscas quebradas, con los rudos matorrales,
con la misma pedregosa tierra que cruzábamos.
Finalmente, salimos al camino que vosotros tendríais que seguir para
llegar á _Yuste_, esto es, al que desde el pobre _Quacos_ sube al
_Monasterio_.....
Ó, por mejor decir, nosotros ya estábamos casi en el _Monasterio_
mismo....
* * *
Una enorme cruz de piedra y una alta cerca ó tapia de cenicientos
peñones nos decía que allí principiaba la sagrada jurisdicción de
_Yuste_.
Por aquel escabroso camino, en que sólo nos restaba que andar algunos
pasos, llegó Carlos V á su final retiro el día 3 de Febrero de 1557, y
por el propio sendero pasó su cadáver, después de haber yacido allí
algunos años, para ir á continuar su sueño eterno en el panteón de El
Escorial.--Ya veremos más adelante cómo este sueño ha sido también
turbado recientemente en el imperial sarcófago de San Lorenzo, y cómo
nosotros llegamos, por nuestra parte, á profanar asimismo con la mirada,
en pública y sacrílega exhibición, la momia del invicto César.
Detengámonos ahora á contemplar un inmenso _Escudo_ de piedra que adorna
la alta cerca de que hablamos antes.--Él resume y compendia todo lo que
hemos de ver y de pensar dentro de Yuste.
Aquel _Escudo_, abrigado por las poderosas alas del águila de dos
cabezas y encerrado entre las dos columnas de Hércules, con la leyenda
de _Plus ultra_, comprende en sus cuarteles las armas de todos los
Estados del augusto Monje.--De estas armas resulta que el hombre que fué
allí á abreviar voluntariamente su vida y á anticipar su muerte, acababa
de ser en el mundo[3]: «Emperador de los romanos, Rey de Alemania, de
Castilla, de León, de Aragón, de las dos Sicilias, de Jerusalén, de
Hungría, de Dalmacia, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de
Galicia, de Sevilla, de Mallorca, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de
Murcia, de Jaén, de los Algarbes, de Algeciras, de Gibraltar, de las
islas de Canaria, de las Indias, Islas y Tierra Firme del mar Océano;
Archiduque de Austria, Duque de Borgoña, de Brabante, de Loteringia, de
Corincia, de Carmola, de Luzaburque, de Luzemburque, de Gueldres, de
Athenas y Neopatria; Conde de Brisna, de Flandes, del Tirol, de
Abspurque, de Artoes y de Borgoña; Palatino de Nao, de Holanda, de
Zelanda, de Ferut, de Fribuque, de Amuque, de Rosellón, de Aufania;
Lantzgrave de Alsacia; Marqués de Borgoña y del Sacro Romano Imperio, de
Oristán y de Gociano; Príncipe de Cataluña y de Suevia; Señor de Frisa,
y de la Marca, y de Labomo, de Puerta; Señor de Vizcaya, de Molina, de
Salinas, de Tripol, etc.»
Encima del _Escudo_ hay un _Medallón_ con un busto de San Jerónimo en
alto relieve.
Debajo del _Escudo_ se lee esta _Inscripción_, casi borrada por la
acción del tiempo sobre la mala calidad de la piedra:
«_En esta santa casa de San Jerónimo se retiró á acabar su vida el que
toda la gastó en defensa de la Fe y conservación de la Justicia, Carlos
V, Emperador, Rey de las Españas, cristianísimo, invictísimo. Murió á 21
de Septiembre de 1558._»
Acerca de esta misma vida, _gastada toda_ efectivamente en una perpetua
campaña, ocúrrenos copiar aquí algunas palabras del discurso en que
Carlos V abdicó en su hijo los Estados de Flandes, pocos meses antes de
retirarse á Yuste.
«Nueve veces (dijo, á fin de justificar ante su corte el cansancio y los
achaques en que fundaba su determinación), nueve veces fuí á Alemania la
Alta, seis he pasado en España, siete en Italia, diez he venido aquí, á
Flandes, cuatro, en tiempo de paz y guerra, he entrado en Francia, dos
en Inglaterra, otras dos fuí contra África, las cuales todas son
cuarenta, sin otros caminos de menos cuenta que por visitar mis tierras
tengo hechos. Y para esto he navegado ocho veces el mar Mediterráneo y
tres el Océano de España, y agora será la cuarta que volveré á pasarle
para sepultarme.....»
Pero nosotros no escribimos la historia de Carlos V, sino en todo caso
la de _Yuste_. Bueno será, pues, que antes de penetrar en el Monasterio
digamos todo lo que se sabe acerca de su fundación y rápido desarrollo
hasta el momento en que representó tan importante papel en el mundo, así
como respecto de su lamentable ruina.
II
El breve bosquejo que vamos á hacer de la historia del Monasterio de
Yuste desde su fundación hasta los tiempos presentes, no supone de
nuestra parte prolijas investigaciones ni detenidos estudios. Significa
tan sólo que, cuando visitamos aquellas venerables ruinas, tuvimos la
fortuna de que el celoso empleado que las custodia nos enseñase y nos
permitiese extractar rápidamente un preciosísimo _infolio_ manuscrito
que guarda allí como oro en paño el Sr. Marqués de Miravel, actual
propietario de aquellos que llegaron á ser _bienes nacionales_.
Dicho manuscrito, que constituye un abultado tomo, pudiera llamarse la
_Crónica del Convento_, y fué redactado por uno de los últimos
religiosos que habitaron aquella soledad--por el P. _Fr. Luis de Santa
María_,--quien se valió para ello del Libro de Fundación del Monasterio,
de las Actas de profesión de sus individuos y de las Escrituras y
Cuentas referentes á los pingües bienes que llegó á poseer la Comunidad.
Con este libro, y con las muchas noticias y apuntes que nos ha
suministrado una persona muy estudiosa y versada en todo lo concerniente
á la _Vera de Plasencia_--el Sr. D. Félix Montero Moralejo--hemos tenido
lo bastante para aprender en pocas horas cuanto puede saberse acerca de
_Yuste_; como vosotros, lectores, podréis aprenderlo también en un
momento, si nos prestáis vuestra benévola atención.
* * *
«En el año de 1402, sobre una de las colinas que se elevan al Norte del
actual convento, alzábase una pequeña ermita, llamada del _Salvador_, á
la cual iban anualmente, en alegre y devota romería, los pueblos
comarcanos. Cerca de aquel modesto santuario había un rico manantial,
conocido por la _Fuente-Santa_, nombre que debió á la catástrofe
ocurrida á catorce Obispos que, refugiados en la dicha ermita cuando la
invasión de los árabes, fueron descubiertos por éstos y degollados
bárbaramente sobre el cristalino manantial, rojo luego con la sangre de
aquellos ilustres mártires[4].
»Sin duda alguna, á la celebridad de este acontecimiento y á la
veneración en que los naturales de la _Vera_ tenían la _Ermita del
Salvador_, debióse que por entonces resolvieran trasladarse á ella y
establecerse allí dos santos anacoretas que moraban hacía tiempo en la
ermita de San Cristóbal de Palencia.
»Ello es que en una hermosa tarde del mes de Junio de 1402 (la tradición
así lo refiere), _Pedro Brales_ ó _Brañes_ y _Domingo Castellanos_, con
tosco sayal y larga barba, precedidos de un jumento, portador de escasos
y pobres enseres, después de una jornada de siete leguas que dista la
ciudad de Plasencia, llegaban al obscurecer al escabroso y elevado sitio
que ocupaba la _Ermita del Salvador_, y, en ella instalados,
continuaron, como en la de San Cristóbal, su vida cenobítica y
penitente, á que se prestaba más y más aquel solitario sitio.
»Sin embargo, la considerable altura á que éste se encontraba, en la
ladera misma de la sierra, y los augurios de algunas personas del
inmediato pueblo de _Quacos_, hicieron pronto temer á los ermitaños que
les fuera imposible habitar la _Ermita del Salvador_ en la estación de
las nieves y las aguas. Pero era tan majestuosa, por lo deleitable y
absoluta, la soledad en que allí vivían, que de manera alguna quisieron
abandonarla por completo, y á fin de evitar el peligro de helarse que
podrían correr en las escarpadas rocas donde moraban, bajaron á
inspeccionar las faldas de aquella misma sierra en busca de un paraje lo
más próximo posible al _Salvador_, donde al abrigo de los elementos
pudiesen continuar su vida de penitencia.
»Así llegaron á un escondido barranco, por en medio del cual corría el
cristalino arroyo llamado _Yuste_, á cuyas orillas crecían algunos
árboles, y donde toda la naturaleza se mostraba más benigna que en los
alrededores. Parecióles aquel punto muy á propósito para establecerse,
y, sentándose bajo un árbol á descansar de su largo reconocimiento,
proyectaban ya bajar á _Quacos_ al siguiente día á tratar de la
adquisición de aquel terreno, cuando apareció por allí un hombre, que se
les acercó afablemente y trabó conversación con ellos como si los
conociera de toda la vida.
»Pronto supieron por sus explicaciones que era un vecino de _Quacos_,
llamado _Sancho Martín_, propietario de todo aquel barranco, y que
casualmente había subido aquella tarde á recorrerlo, cosa que no solía
hacer. Enteróse por su parte el recién llegado campesino del deseo de
ambos cenobitas, y en aquel mismo punto y hora hízoles donación del
pedazo de terreno que necesitaban, asaz inculto por cierto; donación que
se confirmó en 24 de Agosto de aquel mismo año de 1402, ante el
escribano Martín Fernández de Plasencia.--Por eso el modesto labrador
_Sancho Martín_ ocupa el primer lugar en la Crónica de Fr. Luis de Santa
María, entre los protectores del Monasterio de Yuste; lista en que más
adelante figuran potentados y monarcas.
»Poco tiempo después se unieron á los dos citados cenobitas otros varios
hombres piadosos que deseaban también consagrarse á una vida retirada y
ascética, entre los cuales descollaron pronto _Juan_ (de Robledillo) y
_Andrés_ (de Plasencia), cuyos apellidos no dicen las crónicas,
designándolos únicamente con el de los pueblos en que nacieron, y todos
juntos dedicáronse á construir sus celdas en el terreno donado por
Sancho Martín, que es el que hoy ocupan la Panadería, la Casa del Obispo
y las Caballerizas. Aquellas celdas fueron al principio sumamente toscas
y reducidas, cual convenía al objeto de los fundadores, quienes no
dejaron de seguir cuidando también la _Ermita del Salvador_ y de orar en
ella diariamente.
»Cinco años de reposo, oración y penitencia pasaron allí aquellos
solitarios; pero á fines de 1406 los oficiales de diezmos principiaron á
fijar su atención en los _Hermanos de la pobre vida_, nombre que habían
adoptado los anacoretas establecidos á la orilla del arroyo _Yuste_.
Negábanse éstos á pagar la contribución que se les exigía, fundándose en
la escasez de los productos de su huerta y artefactos, y, apremiados por
los oficiales, acudieron á D. Vicente Arias, Obispo de Plasencia, para
que los eximiese del diezmo. El Prelado denegó la solicitud, y ordenó
que pagasen incontinenti todo lo que se les exigía.
»Atribulados cuanto sorprendidos los _Hermanos de la pobre vida_ con tan
acre é inesperada resolución, acordaron elevar al Papa Benedicto XIII
una súplica pidiéndole autorización para erigir una capilla á San Pablo,
primer ermitaño; y Juan de Robledillo y Andrés de Plasencia encargáronse
de llevar á Roma la solicitud. Llegaron al fin éstos á la Ciudad
Eterna, después de una larga y penosa marcha á pie y mendigando, y
arrojáronse á los pies de Su Santidad, quien, no sólo les concedió
cuanto pedían, sino que por una Bula les otorgó campanillas, campana,
cementerio y licencia para que celebrasen Misa en aquella soledad todos
los ermitaños que fuesen sacerdotes.--Esta concesión tuvo efecto en
1407.
»Extraordinario fué el júbilo que experimentaron y con que fueron
recibidos en _Yuste_ los dos animosos comisionados, los cuales, dos días
después de su llegada, se presentaron con la Bula ante el Obispo de
Plasencia, á fin de que ordenase su ejecución. Pero el Prelado,
creyéndose herido en su dignidad, cuando sólo podía estarlo en su amor
propio, por aquel triunfo de los humildes cenobitas, negó temerariamente
su obediencia al mandato pontificio, y ordenó á cierto religioso llamado
fray Hernando que pasase á _Yuste_ y se incautase de _los bienes_ de los
ermitaños, despidiéndolos además de sus celdas.--Así lo verificó el
fraile, y los _Hermanos de la pobre vida_ bajaron á Quacos, en donde la
caridad pública les dió albergue y limosna.
»No se desalentaron los cenobitas, ni eran hombres fáciles de vencer los
dos recién llegados de Roma.--Muy por el contrario: estos infatigables
varones, sin descansar de su larga y penosa peregrinación,
encamináronse á Tordesillas, residencia entonces del infante D.
Fernando, hermano del rey de Castilla D. Enrique III _el Doliente_, y le
expusieron sus agravios, pidiéndole protección contra el Obispo de
Plasencia. Favorable acogida alcanzaron los dos comisionados en el ánimo
de aquel ilustre Príncipe, quien comenzó, á fuer de prudente y
morigerado, por entregarles una carta para el mismo prelado Arias, en
que le suplicaba devolviese los bienes á los _Hermanos de la pobre vida_
y les permitiera hacer uso de la concesión del Sumo Pontífice. Pero el
que había desobedecido al sucesor de San Pedro, no reparó tampoco en
desatender la respetuosa carta del hermano del Rey, y los dos religiosos
tornaron presto al lado del Infante con la noticia de que el Obispo no
había hecho caso alguno de su respetuosa cuanto respetable
recomendación.
»Enojóse grandemente D. Fernando, y maravillado de aquella tenaz
rebeldía, al par que decidido á vencerla, entregó á los monjes una carta
para D. Lope de Mendoza, Arzobispo de Compostela, de quien era
sufragáneo el obispo Arias, encargándoles volviesen á darle cuenta de
cómo los había recibido y de las disposiciones que había tomado.
Partieron, pues, Juan de Robledillo y Andrés de Plasencia á Medina del
Campo, punto en que residía el Arzobispo, el cual, leído que hubo, con
tanta indignación como asombro, la carta de D. Fernando, ampliada con el
relato de los dos humildes ermitaños, albergó cariñosamente á éstos en
su propia posada, y cuando los vió repuestos de tan continuos viajes y
sinsabores, dióles dos cartas, una de ellas para el rebelado Obispo, en
que, bajo santa obediencia y pena de excomunión, le ordenaba cumplir lo
mandado por Su Santidad, y otra para _Garci-Álvarez de Toledo_, señor de
Oropesa, rogándole se encargase de la ejecución de lo preceptuado por el
Papa, á cuyo fin le autorizaba para que obligase al obispo Arias á
devolver sus bienes á los _Hermanos de la pobre vida_.
»La fecha de estas dos cartas es de 10 de Junio de 1409.
»Provistos de ellas, pasaron otra vez los dos religiosos á Tordesillas,
y se las mostraron al infante D. Fernando, el cual se complació mucho en
leerlas y les dió otra para el mismo Garci-Álvarez, recomendándole
vivamente el negocio que le había cometido el ilustre Arzobispo de
Compostela.
»Veraneaba á la sazón en su palacio señorial de Jarandilla el poderoso
señor de Oropesa Garci-Álvarez, quien recibió á los dos cenobitas con
extraordinaria benevolencia, y enterado de los escritos de que eran
portadores, les manifestó que, siendo aquel día la festividad del
Nacimiento de San Juan Bautista, dejaba para el siguiente el pasar á
Yuste, á donde podían ellos marchar desde luego (Yuste dista de
Jarandilla poco más de una legua, como ya hemos indicado), á decir á sus
hermanos que se les haría cumplida justicia. Con esto, dirigiéronse
ambos comisionados á Quacos, donde residía el resto de la Comunidad,
caritativamente albergada por aquellos vecinos, entonces muy partidarios
de todo lo que hacía relación con el naciente Monasterio de Yuste; y,
llegado que hubieron Plasencia y Robledillo al puente situado á la
entrada del lugar, fueron recibidos por unos y otros con abrazos y
fraternal regocijo; con lo que, siendo la hora de vísperas,
trasladáronse todos á la iglesia á dar gracias al Señor por la victoria
que les había concedido.
»En la mañana del siguiente día, 25 de Junio, cuando apenas alboreaba,
el señor de Oropesa y un su amigo de Trujillo, que veraneaba con él en
Jarandilla, y cuyo nombre omiten las crónicas, caballeros en briosos
corceles y seguidos de brillante comitiva, pasaron por Quacos con
dirección á Yuste. El concejo y vecinos de aquel lugar, y, por supuesto,
todos los despojados anacoretas, siguieron á pie al esclarecido magnate,
entre grandes aclamaciones, y de este modo llegaron al Monasterio, donde
permanecía Fr. Hernando como administrador ó encargado del Obispo de
Plasencia.
»Aquel religioso intentó al principio eludir el cumplimiento de las
órdenes que llevaba Garci-Álvarez; pero éste mostró tal energía y asustó
de tal manera al _fraile intruso_ (así le llama el libro del convento),
que Fr. Hernando acabó por hacer entrega de todos los bienes de Yuste á
los _Hermanos de la pobre vida_, á quienes donaron por su parte gruesas
sumas el de Oropesa y el caballero trujillano, ofreciéndoles al
despedirse constante protección para cuanto se les ocurriese en lo
sucesivo.
»Pero de aquí en adelante todo fué ya favorable á la santa empresa de
aquellos animosos solitarios. Desde luego pusiéronse bajo la vocación de
San Jerónimo y protección de fray Velasco, prior de los Jerónimos de
Guisando, hasta que en 1414 los vemos acudir á Guadalupe, asiento del
Capítulo general de la Orden, solicitando ingresar en ella y ser
reconocidos como verdadera comunidad. Algunas objeciones les opusieron
los padres graves de Guadalupe, alegando que los _Hermanos de la pobre
vida_ carecían de las _fincas_ ó _elementos necesarios_ para sostener
con decoro la elevada Orden Jerónima; pero Juan de Robledillo y Andrés
de Plasencia acudieron á su protector Garci-Álvarez, que por entonces
residía en Oropesa, el cual montó en seguida á caballo y se presentó
ante el Capítulo de Guadalupe, haciendo suya la solicitud de los
anacoretas de Yuste. Reprodujeron los Jerónimos las razones de su
anterior negativa, y oídas por el señor de Oropesa, exclamó sin vacilar:
«_Pues bien: hoy por mí, mañana por mis descendientes, me obligo á
cubrir todas las necesidades del Monasterio de Yuste_.»
»Ante esta arrogante y caballeresca donación, tan propia del sujeto que
la hacía, el Capítulo declaró Jerónimos á los _Hermanos de la pobre
vida_, quedando así fundado definitivamente el convento que había de ser
orgullo de la Orden.--Su primer Prior fué Fr. Francisco de Madrid,
ignorándose las razones por qué no recayó este cargo ni en Robledillo ni
en Plasencia.--Finó con ello el año de 1414.»
* * *
Tal es la historia de la fundación de _Yuste_.--La de su rápido
crecimiento, esplendorosa magnificencia y lamentable ruina nos detendrá
también muy poco, pues ni ofrece tanto interés dramático como la
porfiada lucha que acabamos de reseñar, ni creemos oportuno diferir
demasiado la narración de nuestra visita á los venerables restos de
aquella santa casa.
Diremos, pues, sucintamente, que D. Juan II, D. Enrique IV y los Reyes
Católicos heredaron del piadoso hermano de D. Enrique III el decidido
empeño de proteger el Monasterio de Yuste; y que, del propio modo, los
Condes de Oropesa siguieron en estos reinados la tradición de
Garci-Álvarez de Toledo y consagraron al propio fin gran parte de sus
rentas.
Al principio se edificó, además de la magnífica iglesia que ya
describiremos, un extenso y cómodo convento, á la verdad nada suntuoso;
pero, á mediados del siglo XVI, los mismos Condes de Oropesa costearon
casi solos otro gran Monasterio (todo de piedra y en el soberbio orden
arquitectónico del Renacimiento), dejando para _Noviciado_ el adyacente
primitivo edificio. La nueva obra, que había de vivir menos que la
antigua, fué terminada en 1554.
Cuando Carlos V concibió la primera idea de retirarse del mundo, fijó
desde luego su atención, como en lugar muy á propósito para acabar
tranquilamente su vida, en el Monasterio de Yuste, cuya fama llenaba ya
el orbe cristiano, no sólo por la grandiosidad de su fábrica y por la
riqueza de la Comunidad, sino también por lo ameno, sosegado y saludable
de aquel solitario sitio. Así es que algunos años antes de su
abdicación, hallándose el César en los Países Bajos, encargó á su hijo
D. Felipe que, antes de partir á casarse con la Reina de Inglaterra,
fuese al célebre convento y plantease en él las habitaciones que debían
construirse para recibirlo y albergarlo en su día.--
El que pronto había de llamarse Felipe II cumplió la orden paterna, y
muy luego empezaron las obras del apellidado _Palacio del Emperador_,
palacio modestísimo, reducido á cuatro grandes celdas, cuyo destino fué
al principio un secreto para los mismos religiosos que allí vivían,
excepción hecha del Prior y de algún otro.
Más adelante veremos cómo Felipe II volvió algún tiempo después á Yuste.
Ahora nos toca decir, con la misma fórmula que emplea el mencionado
cronista de la casa, que Carlos V se estableció definitivamente en ella
_el día de San Blas de 1557, y murió el día de San Mateo de 1558_, de
modo que permaneció allí, haciendo hasta cierto punto vida de anacoreta,
un año, siete meses y diez y ocho días.
Pero no adelantemos los sucesos, pues su viaje desde Flandes al
Monasterio ofreció algunas particularidades dignas de mención, que
merecen párrafo aparte.
* * *
«Renunciadas así una tras otra las coronas--dice la
_Historia_[5]--determinó ya Carlos su viaje á España..... La flota en
que había de venir, que se componía de sesenta naves guipuzcoanas,
vizcaínas, asturianas y flamencas, se reunió en Zuitburgo, en Zelanda,
donde se dirigió Carlos (28 de Agosto), acompañado del rey D. Felipe, su
hijo, de sus hermanas las reinas viudas de Francia y de Hungría, de su
hija María y su yerno Maximiliano, Rey de Bohemia, que habían ido á
despedirle, y de una brillante comitiva de flamencos y españoles.--Al
pasar por Gante no pudo menos de enternecerse, contemplando la casa en
que nació, los lugares y objetos que le recordaban los bellos días de la
infancia, y que visitaba por última vez para no volver á verlos jamás.
»Despidióse tiernamente de sus hijos, abrazó á Felipe, le dió algunos
consejos para su gobierno y conducta, y se hizo á la vela (17 de
Septiembre), trayendo consigo á sus dos hermanas D.ª Leonor y D.ª María,
reinas viudas ambas, que después de tantos años volvían á su patria y
suelo natal. El 28 de Septiembre arribó la flota al puerto de
Laredo.--«_Yo te saludo, madre común de los hombres_, exclamó Carlos al
tomar tierra. _Desnudo salí del vientre de mi madre: desnudo volveré á
entrar en tu seno_.»--A pesar de esta abnegación, todavía se incomodó
mucho por no haber hallado allí el recibimiento que esperaba, y no haber
llegado aún la remesa de 4.000 ducados que preventivamente había pedido
á la Gobernadora de Castilla, su hija, la princesa D.ª Juana, ni el
Condestable, los capellanes y médicos que necesitaba, pues los más de
los capellanes y criados venían enfermos y algunos habían muerto en la
navegación. El mismo Luis Quijada, mayordomo de la Princesa regente, no
pudo llegar hasta unos días después, por el fatal estado de los caminos;
todo lo cual puso al Emperador de malísimo humor y le hacía prorrumpir
en desabridas quejas, no pudiendo sufrir verse en tal especie de
desamparo el que tan acostumbrado estaba á mandar y ser servido.
»Partió el 6 de Octubre de Laredo para Medina de Pomar, acompañado del
alcalde de Durango, de la Chancillería de Valladolid, con cinco
alguaciles, disgustado y como avergonzado de verse entre tantas varas de
justicia, que parecía le llevaban preso. No quería que le hablaran de
negocios; huía de que le tocaran asuntos políticos, y mostraba no tener
otro anhelo que sepultarse cuanto antes en Yuste. Al fin le llegaron los
4.000 ducados, con lo cual prosiguió ya más contento á Burgos, donde
llegó el 13 y permaneció hasta el 16, no queriendo que el Condestable de
Navarra le hiciese ningún recibimiento. Las dos reinas hermanas
marchaban una jornada detrás por falta de medios de transporte, que esto
le sucedía en su antiguo reino de Castilla al mismo que tantas veces y
con tanta rapidez y tanto aparato había cruzado y atravesado la Europa.
Marchaba tan lentamente, que empleó cerca de seis días desde Burgos á
Valladolid. Alojóse en la casa de Rui Gómez de Silva, dejando el palacio
para las reinas sus hermanas, que entraron después. Ocupóse el Emperador
en Valladolid en el arreglo de ayudas de costa y mercedes que había de
dejar á los que hasta entonces le habían servido, en lo de la paga que
se había de dar á los que con él habían venido de Flandes, y en lo que
había de quedar para el gasto de su casa. Con esto partió de Valladolid
(4 de Noviembre), con tiempo lluvioso y frío, caminando en litera.
»Siguió su marcha por Valdestillas, Medina del Campo, Horcajo de las
Torres, Alaraz y Tornavacas, y para franquear el áspero y fragoso puerto
que separa este pueblo del de Jarandilla[6], fué conducido en hombros de
labradores, porque á caballo no le permitían sus achaques caminar sin
gran molestia, y en la litera no podía ir sin grave riesgo de que las
acémilas se despeñasen. El mismo Luis Quijada anduvo á pie al lado del
Emperador las tres leguas que dura el mal camino. Por fortuna
encontraron en Jarandilla (14 de Noviembre) magnífico alojamiento en
casa del Conde de Oropesa, bien provisto de todo, y con bellos jardines
poblados de naranjos, cidras y limoneros. Detuviéronse allí todos
bastante tiempo, por las malas noticias que comenzaron á correr acerca
de la temperatura de Yuste. En el invierno era castigado de frecuentes
lluvias y de frías y densísimas nieblas, y en el verano le bañaba un sol
abrasador. Proclamaban á una voz sus criados que los monjes habían
cuidado bien de hacer sus viviendas al Norte y defendidas del calor por
la iglesia, mientras la morada del Emperador y de sus sirvientes se
había hecho al Mediodía y tenía que ser insufrible en la estación del
estío. Con esto todos estaban disgustados y todos aconsejaban al
Emperador, inclusa su hermana la Reina de Hungría, que desistiera de su
empeño de ir á Yuste y buscase otro lugar más favorable para su salud.
»Obligó esto al Emperador á ir un día (23 de Noviembre) á visitar
personalmente su futura morada, y cuando todos esperaban que regresaría
disgustado, volvió diciendo que le había parecido todo bien, y aun mucho
mejor que se lo pintaban; que en todos los puntos de España hacía calor
en el verano y frío en el invierno, y que no desistiría de su propósito
de vivir en Yuste, aunque se juntase el cielo con la tierra.
»Seguía reteniendo al Emperador en Jarandilla la falta de dinero para
pagar y despedir la gente que había traído consigo, y aun para los
precisos gastos de manutención, hasta que, habiendo llegado el dinero
que tenía pedido á Sevilla (16 de Enero de 1557), fué dando orden en la
paga de los criados que más impacientes se mostraban por marchar. Con
esto apresuró ya los preparativos para su entrada en Yuste, cosa que
apetecían vivamente los monjes, tanto como la repugnaban y sentían cada
vez más cuantos componían su casa y servicio.
»Entró, pues, el emperador Carlos V en el Monasterio de Yuste el 3 de
Febrero de 1557. Su primera visita fué á la iglesia, donde le recibió la
Comunidad con cruz, cantando el _Te Deum laudamus_, y colocado después
S. M. en una silla, fueron todos los monjes por su orden besándole la
mano, y el Prior le dirigió una breve arenga, felicitando á la Comunidad
por haberse ido á vivir entre ellos[7].»
* * *
De la vida que el César hizo en _Yuste_, algo nos dirá, aunque tan
ruinoso, el propio Monasterio, cuando penetremos en él.....; y para que
esto no se retarde ya mucho, terminaremos rápidamente el extracto que
vamos haciendo de los anales del edificio.
En 1570, doce años después de la muerte del Emperador, fué á visitar su
sepultura el rey D. Felipe II, al paso que se dirigía á Córdoba con
motivo de la rebelión de los moriscos de Granada. Dos días permaneció el
severo Monarca en la que había sido última mansión de su augusto padre;
pero, «_por respeto_ (dice el fraile cronista), _no durmió en el
dormitorio de éste, sino en un retrete del mesmo aposento, que apenas
cabe una cama pequeña_».
Ya veremos nosotros todas estas habitaciones, que existen todavía.
Cuatro años más tarde, terminado ya el Panteón de El Escorial, fué
trasladado á su gran cripta el cadáver de Carlos V, con harto
sentimiento de los PP. Jerónimos de Yuste. Sin embargo, los Reyes que
sucedieron á Felipe II, lo mismo los de su dinastía que los de la de
Borbón, continuaron dispensando al _Monasterio_ grandes mercedes y muy
decidida protección, con lo que siguió siendo uno de los más ricos y
florecientes de la Orden jerónima.