Del salón en el ángulo obscuro,
De su dueño tal vez olvidada,
Silenciosa y cubierta de polvo
Veíase el arpa.
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,
Como el pájaro duerme en las ramas,
Esperando la mano de nieve
Que sabe arrancarlas![2]
¡Ay! pensé; ¡cuántas veces el genio
Así duerme en el fondo del alma,
Y una voz, como Lázaro,[3] espera
Que le diga: «Levántate y anda!»
[Footnote 1: This poem is composed of decasyllabic anapests and of
hexasyllabic amphibrachs, thus:
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