Y con efecto, si agitamos el aceite con agua, la mezcla se t

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BIBLIOTECA DEL AGRICULTOR

VOLUMEN IV

EL ACEITE

DE OLIVAS

Su extracción, clarificación,

depuración, conservación y envases

para su exportación,

decoloración y medios propuestos

para quitarle la rancidez,

POR EL

Dr. A. Bizzarri.

SEGUNDA EDICIÓN

traducida por

D. DIEGO PEQUEÑO

Catedrático numerario

del Instituto Agrícola de Alfonso XII

y ex Director del mismo.

[Illustration]

MADRID

LIBRERÍA AGRÍCOLA Y CASA EDITORIAL

Calle de Serrano, núm. 14.

1900

EL ACEITE DE OLIVAS

SU EXTRACCIÓN, CLARIFICACIÓN,

DEPURACIÓN, CONSERVACIÓN Y ENVASES PARA SU EXPORTACIÓN,

DECOLORACIÓN

Y MEDIOS PROPUESTOS PARA QUITARLE LA RANCIDEZ

POR EL

DR. ALEJANDRO BIZZARRI

SEGUNDA EDICIÓN

traducido por

D. DIEGO PEQUEÑO

Catedrático numerario del Instituto Agrícola de Alfonso XII

y ex Director del mismo.

[Illustration]

MADRID

IMPRENTA DE LOS HIJOS DE M. G. HERNÁNDEZ

Libertad, 16 duplicado.

1900

Es propiedad.

Queda hecho el depósito

que marca la

ley.

PRÓLOGO

Grandes é indiscutibles progresos ha realizado y continúa realizando

Italia en la elaboración de los aceites de olivas, habiendo logrado

colocarse á la cabeza de las naciones productoras de tan valiosa

mercancía. Ninguna otra ofrece tantas semejanzas climatológicas con

España para que olvidemos imitarla.

Si en todo momento puede ser útil á nuestros almazareros el conocimiento

de la fecunda labor allí realizada, de cuatro lustros á esta parte,

nunca como en las presentes circunstancias.

Nuestra riqueza olivarera, llamada á ser la primera del mundo en calidad

y cantidad, atraviesa, á la hora presente, profunda crisis por mil

causas de todos conocidas, y especialmente por la pésima elaboración de

nuestros aceites y el ningún cuidado con que se les depura y conserva.

Atentos á estas sumarísimas consideraciones, nos hemos decidido á dar á

luz el presente trabajo, que para su más perfecta inteligencia y

metódica exposición hemos dividido en tres partes.

La primera es una traducción de la interesante obrita del doctor

Alejandro Bizzarri, en la cual el autor ha logrado sintetizar, en pocas

páginas, cuanto importa conocer á los almazareros, refinadores,

almacenistas y negociantes. El nombre del Sr. Bizzarri es harto conocido

en Italia como experto elajiotécnico, para que nos detengamos á hacer su

elogio.

En la segunda parte consignamos una serie ordenada de preceptos y

conclusiones prácticas relativas á la industria oleícola, expuestos en

forma dogmática y con la necesaria claridad y sencillez á fin de que

sean comprendidos hasta del más rústico maestro molinero.

Por último, la tercera es una recopilación interesantísima de los datos

publicados por el Centro de información comercial creado recientemente

en el Ministerio de Estado.

En ella encontrarán nuestros lectores multitud de cifras relativas al

comercio de importación y exportación de los aceites; valores

alcanzados en las principales plazas comerciales; naturaleza, forma y

capacidad de los envases; derechos de aduanas, impuestos é importadores

de dicha mercancía, terminando con las tarifas de transporte por los

ferrocarriles.

No hay que hacerse ilusiones: perdido ó casi perdido el mercado de los

aceites de olivas para usos industriales por la terrible competencia que

tienen que soportar de los de semillas, palma, grasas y productos de

todo género; y perdido para siempre y totalmente para el alumbrado

público, sólo queda á los olivareros españoles un camino: elaborarlos

con esmero á fin de obtenerlos finos, aromáticos y comestibles, para

cuyo uso jamás temerán la competencia. Ninguna otra grasa vegetal ó

animal posee el conjunto de propiedades higiénicas que caracteriza los

buenos aceites de olivas. Si esto es una verdad indiscutible, ¿á qué

esperamos?

Importa, pues, no cejar un punto en el empeño ya felizmente comenzado

por algunos almazareros. Importa desterrar para siempre los vetustos é

irracionales métodos de elaboración, abandonando añejos prejuicios, para

entrar de lleno en las anchurosas vías abiertas á los progresos

elajiotécnicos.

El modesto libro que hoy ofrecemos al público acaso pueda contribuir,

aun cuando sea en pequeña escala, á inculcar en nuestros cosecheros la

idea de la urgente necesidad en que están de romper los antiguos moldes.

Con ello veríamos colmados nuestros deseos y recompensados nuestros

afanes.

DIEGO PEQUEÑO.

PRIMERA PARTE

LOS ACEITES DE OLIVAS EN ITALIA

El cultivo de la vid y la elaboración de los vinos son, á la hora

presente, objeto de asiduos y prolijos estudios, tanto por las

Estaciones enológicas como por las Sociedades agrícolas, existiendo buen

número de cosecheros los cuales, gracias á la aplicación de los

procedimientos recomendados por dichos centros, han conseguido ya

grandes y positivas ventajas comerciales.

Sabido es que el aceite de olivas, como producto industrial, constituye

una importantísima parte de la riqueza agraria de nuestro país, y en su

virtud entendemos no será baldío, ni para el almazarero ni para el

negociante, la publicación de algunos estudios nuestros acerca de la

clarificación y purificación de una mercancía cuya producción, sólo en

Toscana, se eleva á la respetable cifra de 160.000 hectolitros, por

término medio, al año.

Grandes son, en verdad, las vías abiertas á la exportación de tan

valioso artículo; pero éstas se extenderán aún mucho más en Italia el

día que elaborando con mayor esmero, ofrezcamos un producto mejor

clarificado, limpio y conservado, al propio tiempo que más

artísticamente dispuesto en buenos envases, con especial el que se

destina para el exterior.

RECOLECCIÓN DE LAS ACEITUNAS

Y REGLAS GENERALES PARA LA EXTRACCIÓN DE LOS ACEITES

Salvo raras excepciones, convendrá proceder á esta faena tan pronto como

las aceitunas estén casi maduras, cuando su piel ofrezca un color

vinoso[1]. Según el país y según los prejuicios del olivicultor, varía

la época de la recolección.

Entre nosotros convendrá efectuarla desde el 15 de Noviembre al 15 de

Diciembre, dado que el pequeño aumento de aceite que pudiera lograrse

con el retraso no compensa, en modo alguno, los riesgos que se corren de

diferirla hasta Enero y más tarde aún, cual suele suceder.

Creen algunos que las aceitunas cosechadas tarde rinden mayor cantidad

de aceite en proporción al peso de las mismas; pero de los experimentos

efectuados hasta el día resulta que el producto más considerable

obtenido en tales condiciones es sólo aparente, puesto que perdiendo el

agua de vegetación concluyen por ocupar un menor espacio, de suerte que

si un determinado número de olivas recolectadas en Noviembre rellenan,

por ejemplo, una cierta medida, el mismo número de frutos cosechados

dos ó tres meses después no llenarán la misma medida por la sencilla

razón de haber disminuído de volumen.

Importa además considerar que efectuando en tiempo oportuno la

recolección se evitan daños positivos, pérdidas evidentes, causadas por

las lluvias, las nieves, los vientos, los tordos y todo linaje de

merodeo; por tanto, será siempre preferible y ventajoso practicar dicha

labor durante los meses de Noviembre y Diciembre, sin diferirla hasta

los de Febrero y Marzo, según costumbre.

A lo expuesto podemos añadir que con las recolecciones tardías se causa

daño á la próxima fructificación, así como también al aceite, que

resultará siempre de inferior calidad.

Ya Catón y Columela consignaban que para conseguir buenos aceites es

menester efectuar la recolección no bien las aceitunas comienzan á

ennegrecer, así como aconsejan también elaborar lo más pronto posible

después de recolectadas.

Siempre que se pueda deberá efectuarse á mano esta operación, empleando

para ello escaleras á fin de alcanzar los frutos de las ramas

superiores, prohibiendo en absoluto el uso de las _latas_, que tanto

perjudica al árbol, ora derribando sus hojas, ora rompiendo los tiernos

tallitos destinados á fructificar al siguiente año, ora lanzando á gran

distancia los frutos.

Además, heridos éstos por los golpes del fornido vareador, se

dislaceran, fermentando con daño evidente de la bondad de los aceites

resultantes.

Es de precepto moler inmediatamente después de recolectar, y en caso de

que esto no sea posible, á causa de venir las aceitunas mojadas ó muy

húmedas del campo, se extenderán sobre zarzos de caña ó vasares de

madera agujereados, en capas que no excedan de 0,10 metros de espesor,

removiéndolas con sumo cuidado al objeto de ventilarlas para que se

desequen.

En algunos puntos se valen de termómetros colocados en el interior de

los montones de aceitunas á fin de conocer si hay aumento de

temperatura, que indicaría un principio de descomposición.

La molienda debe ser gradual y lenta, dado que, efectuada con mucha

velocidad, como suele acontecer en los molinos movidos al vapor, el

aceite resulta menos bueno, debido, según nuestra opinión, al aumento de

temperatura que sufren las _viandas_, habiendo observado, cual diremos

después, que más tarde al filtrarlo, si la temperatura excede de 12°

Reaumur, el sabor del producto así obtenido se resiente, perdiendo mucho

de su natural bondad.

Al propio tiempo es menester también no triturar los huesos en demasía,

si deseamos aceites de primera calidad.

Las presiones se efectuarán en frío, sin escalde, colocando las

_viandas_ dentro de jaulas de hierro y teniendo la precaución de

acelerar cuanto sea posible la faena á fin de impedir la funesta

oxidación de la masa.

Para el aceite superfino se usarán de preferencia prensas de palanca y

para el de remolido las hidráulicas.

Todas las máquinas, utensilios y depósitos se lavarán previamente con

solución de lejía de sosa cáustica, al 5 por 100 y después con agua

clara.

La mayor pulcritud, la más exquisita limpieza ha de reinar por todas

partes, lo mismo en los pocillos, _bombas_ ó aclaradores, adonde fluye

de las prensas el caldo, que en las vasijas receptoras y de

conservación; de lo contrario, podemos tener la evidencia de que el

aceite no tardará en perder su fragancia y grato sabor, tornándose

detestable.

El proceso de elaboración varía según la calidad de los productos que

nos propongamos conseguir, pues es claro que no podrá ser el mismo

tratándose de aceites comestibles que cuando se les destine á usos

industriales.

Comencemos por exponer algunos preceptos relativos á los primeros, que

son, después de todo, los que más nos interesan.

CARACTERES DE LOS ACEITES DE OLIVA

El extraído sólo de la pulpa, con dulce ó ligerísima presión y sin el

concurso del calor, suele denominarse _aceite virgen_, resultando un

líquido muy fluido, traslúcido, untuoso al tacto, de color variable,

desde el amarillo ambarino al amarillo verdoso; de olor al fruto fresco

de la oliva y sabor dulce y grato, si procede de aceitunas recién

cosechadas y sin exceso de madurez. Acabado de extraer aparece un tanto

opalino, pero por el reposo prolongado se torna brillante (_lampante_),

depositando una sustancia negruzca, compuesta de aceite, mucílago,

restos celulósicos y materia extractiva con indicios de nitrógeno.

El aceite de olivas es insoluble en el agua; pero el alcohol y el

éter[2] disuelven un 3 por 1.000 de su volumen; sobre el papel deja una

mancha semitrasparente que no desaparece por el calor. Esta propiedad,

que comparte con los demás aceites fijos, le distingue de los llamados

volátiles: se altera con dificultad y se conserva tanto más fácilmente

cuanto se guarde en lugar fresco y esté más depurado y limpio. Sin

embargo, por la acción prolongada del aire se enrancia, tornándose menos

fluido y adquiriendo sabor acre especial y olor desagradable.

El aceite de olivas hierve á 330°[3] bajo 0, cerca de-6° se concreta en

una masa butirosa, ofreciendo cristalización radiada. Según Pelouze, 100

partes de aceite contienen 28 de estearina y 72 de oleína. Su peso

específico á 12° C. es de 0,9192. Con la elevación de temperatura

disminuye notablemente de densidad. Así Saussure ha hallado que esta

disminución es como sigue:

Grados

centígrados. Densidades.

------------ -----------

12 0,9192

25 0,9109

50 0,8932

94 0,8625

El alcohómetro centesimal de Gay-Lussac, sumergido en el aceite de

olivas á + 15° centígrados, marca 58°,4. Su composición química, según

el mismo autor y Thenard, es la siguiente:

Carbono 77,21

Hidrógeno 13,36

Oxígeno 9,43

-------

100

-------

Se distingue el de olivas de los demás por su bondad y buen sabor,

reputándose como el primero y el mejor aceite graso conocido,

especialmente para la comida, para el alumbrado, para la fabricación de

jabones, para unto de las lanas en las fábricas de tejidos, así como

para otra multitud de necesidades de la vida, puesto que se conserva más

largo tiempo y está menos sujeto á alteraciones, porque no es secante y

por ser más higiénico y asimilable que todas las grasas conocidas.

Nuestros aceites de Toscana, y en particular los de Lucca, se

consideran, y con justa razón, como los mejores del mundo.

En un interesante informe escrito por D. Rafael de Cesare, acerca de los

aceites comestibles italianos que concurrieron á la última Exposición de

Viena[4], se consigna que Italia es, no sólo el país más rico y

abundante en aceites de oliva, sino el que los produce de mejor calidad.

En Toscana especialmente[5] la producción olivarera alcanza tal grado de

perfeccionamiento, que casi todo el aceite que produce se destina para

la comida, teniendo el de Lucca justa y merecida fama de ser el mejor

conocido.

Consigna el mencionado informe que Italia produce, término medio,

anualmente 1.700.000[6] hectolitros de aceite, representando un valor

de 250 millones de liras[7]; pero en muchas provincias del reino

siéntese la necesidad de mejorar y perfeccionar la elaboración; ejemplo

la Sicilia, que produciendo, en un promedio, 190.000 quintales, apenas

10.000 resultan comestibles[8], y en otros puntos de Italia sólo se

elaboran aceites de industria para el alumbrado y la jabonería.

En Liguria lo preparan de un bellísimo color de paja, que conserva

perfectamente durante dos ó tres años y viaja sin alterarse, soportando

todo linaje de temperaturas. Este aceite se exporta, en su gran mayoría,

para Francia, de donde, después de refinado, nos lo vuelven á vender á

precios nada económicos por cierto.

En cambio, la provincia de Bari realiza portentosos progresos en la

producción olivarera, y sus aceites, todos comestibles, son ya buscados

por el mundo entero, pudiendo presentarse como modelo de provincia

meridional en la fabricación del aceite. Italia ofrece dos tipos bien

caracterizados de aceites buenísimos: primero, tipo de Lucca, y segundo,

tipo de Bari.

Además de estas clases típicas que pueden reputarse como superfinas,

llamados _vírgenes_ ó de primera presión, obtenidos en frío, que ofrecen

siempre el gusto al fruto de que proceden y que se destinan, ora para

condimento, ora para conservar multitud de sustancias alimenticias,

tales como las aceitunas, el bonito, sardinas y pescados de todas

clases, etc., circulan en el comercio otras especies de inferior

calidad. Entre éstas tenemos el _aceite ordinario_ de segunda

extracción, producto del remolido de las pastas con escalde; el aceite

para quemar ó para el alumbrado público, de tercera calidad; el aceite

de infierno, recogido en las alpechineras; el aceite de remolido[9] y,

por último, el que se extrae de los orujos por medio del sulfuro de

carbono (y mejor por la bencina), todos los que sólo pueden servir para

usos industriales, como la fabricación de jabones y el lubrificado de

las máquinas.

CLARIFICACIÓN

La clarificación natural de los aceites de olivas se efectúa dejándolos

reposar durante un cierto período, para dar tiempo á que vayan

depositándose en el fondo de los recipientes las sustancias que tienen

en suspensión y formando los llamados turbio ó borras. Al fluir de las

prensas se recoge en vasijas de barro cocido (_terra cotta_), vidriadas

al interior, que reciben el nombre de tinajones ó tinetas (_conchas_),

desde donde se trasvasa, al cabo de cuatro ó seis días, dándole en este

tiempo lo menos tres vueltas ó pasadas, pues se ha observado que cuanto

más pronto y mejor se separa el aceite del depósito que forma, tanto más

superior resulta. Entre nosotros úsanse unas tinajas vidriadas de forma

oval, con el vientre algo abultado, más ó menos profundas ó altas,

denominadas orzas (_orci_) ó copas, de una capacidad de tres á cuatro

hectolitros[10], las cuales estimamos preferibles á los recipientes de

mampostería, revestidos de pizarras, usados en algunos lagares y en

donde el aceite presenta mucha mayor superficie al contacto del aire, lo

que es contrario á su buena conservación.

Para efectuar el trasiego, podemos servirnos de bombas análogas á las

usadas en las bodegas de vinos.

Ciertos aceites resisten la clarificación por reposo á causa de su

grasitud y espesor, reteniendo largo tiempo los cuerpos en suspensión.

Entonces es menester filtrarlos, á fin de acelerar su depuración y

clarificación.

El filtro más común empleado en Francia, y del que podían servirse

nuestros cosecheros, consiste en una caja ó tina con doble fondo muy

grueso atravesado de agujeros cónicos[11], los cuales constituyen otros

tantos embudos que se rellenan de algodón cardado, procurando quede un

tanto fofo y uniforme, para lo que se requiere poseer cierta práctica.

El aceite pasa límpido á través de los agujeros durante el primer día,

pero á veces el filtro se entrapa y obstruye pronto, cesando de

funcionar. Obviase tal accidente recubriendo el doble fondo de una capa

de paja, á la que puede añadirse otra de carbón animal, bien lavado,

cuerpo que, según nuestras experiencias personales, conviene emplearlo

granulado y libre del polvo, que se apelmazaría, haciendo difícil la

filtración.

Operando así, el carbón quita al aceite una parte de sus impurezas al

propio tiempo que lo decolora algo, y en su virtud, cuando llega á los

algodones, filtra admirablemente á través de ellos, obteniéndose en

definitiva un líquido límpido y brillante.

La filtración es siempre mejor agitando antes el aceite, más ó menos

turbio, con 20 por 100 de agua clara, con lo cual se logra separarle una

parte del mucílago[12].

En Bari, el aparato empleado para la filtración[13] está reducido á una

caja de madera, de un metro de longitud, 0,50 de ancho y 63 centímetros

de profundidad, forrada de hoja de lata, tanto interior como

exteriormente, y sostenida por cuatro pies. Bajo el fondo de esta caja

penden de 6 á 8 vasos de la misma sustancia con agujeros, en los cuales

se coloca una capa de algodón cardado de unos tres dedos de espesor,

disponiendo encima, por la parte interna y en la boca de cada vaso, un

disco de hoja de lata con agujeros y forrado de franela.

Así dispuesto el aparato, se llena la caja de aceite, el cual filtra

primero por el forro del vaso, atravesando luego el algodón y saliendo

límpido y claro ó, como vulgarmente se dice, _lampante_. Un recipiente

de hoja de lata colocado debajo sirve para recogerlo, desde donde se

conduce á las vasijas definitivas. En el caso de que el aceite tarde

mucho en filtrar, se cambia el filtro poniendo otros algodones, y si

atraviesa demasiado pronto, se coloca un filtro doble.

Los Sres. Gronvelle y Jaunez han sustituído el algodón con una capa de

musgo seco de 5 á 6 centímetros de espesor, sobre el que colocan otra de

2 centímetros de paja de centeno machacada.

Un periódico de química médica de Francia recomienda preparar un filtro

con arena silícea fina, carbón vegetal y yeso, asegurando que la arena

retiene las sustancias borrosas en suspensión, el carbón decolora

ligeramente y el yeso absorbe el agua que contiene el aceite.

El Sr. Denis, de Montfort, ha ideado un aparato que consiste en una caja

de madera carbonizada interiormente, donde se dispone el filtro

compuesto de capas alternas de carbón animal ó vegetal y arena. Si se

emplea el carbón vegetal se escogerá bien cocido, limpio, granulado,

lavándolo antes para quitarle la ceniza y el polvo, y dando á la capa un

dedo de espesor; en cuanto al carbón animal, la experiencia ha

demostrado que obra más eficazmente que el vegetal. Respecto á la arena

ha de ser silícea, nunca caliza, y usarla tanto de la gruesa como de la

fina.

Hé aquí la manera de disponer esta especie de filtro: Divídese la caja

en dos compartimentos por medio de un diafragma ó falso fondo

agujereado, sobre el cual se coloca una primera capa de arena gruesa,

sobre ésta otra de carbón, de manera que entre ambas alcancen un espesor

de 0,60 milímetros por lo menos, terminando con otra capa de arena fina

de dos dedos de altura y, por último, otra de arena gruesa. Dispuesto

así el aparato, se vierte el aceite[14] y atravesando las materias

filtrantes cae depurado al compartimento inferior, de donde se extrae

mediante llaves de sangría colocadas á diferentes alturas[15].

Para lavar este filtro, cuando se ensucia ó se niega á funcionar, se le

desmonta y se echa sobre las capas filtrantes agua caliente hasta que

pase clara.

El Sr. Cossus ha ideado un aparato especial para depurar el aceite,

sirviéndose al efecto de una mezcla de tres cuartas partes de esquisto

carbonizado y una de turba.

El Sr. Wright se vale de un filtro en el que emplea tierra arcillosa,

seca y pulverizada, que somete previamente á 200°. Por nuestra parte,

usamos el caolín, de que ya nos veníamos sirviendo para decolorar y

depurar el alcohol del comercio, cuerpo aquél que también se usa para la

clarificación de los vinos. Hé aquí cómo procedemos: comenzamos por

calentar el aceite á una temperatura de 40 grados centígrados

próximamente[16]; entonces le añadimos un 5 á un 7 por 100 de caolín

lavado y pulverizado, agitando la mezcla durante una hora, al cabo de

cuyo tiempo se deja todo en reposo, procediendo después á filtrar el

aceite á través de capas de algodón cardado ó en filtros de papel,

siempre con éxito satisfactorio.

Para la filtración de pequeñas cantidades de aceite se recomienda el uso

de recipientes de hoja de lata de forma cilíndrica, terminados

inferiormente en embudo y cerrados por la parte superior con una

tapadera. Su capacidad es de 10 á 12 litros, con dos espesas telas

metálicas en el punto donde comienza el embudo. Sobre estas telas se

coloca una capa de algodón cardado bien extendido.

Dispuestos así los aparatos, se fijan á lo largo de las paredes del

local, vertiendo dentro de ellos el aceite que se desea filtrar.

Convendrá mantener la estancia á una temperatura de 12° Reaumur, pues

se ha observado que si es más elevada se resiente más tarde la bondad

del aceite, á causa de las multiplicadas partes de contacto con una

atmósfera caliente en demasía.

No estará demás advertir que el algodón comunica á veces un gusto

impropio, por cuyo motivo aconsejamos sumergirlo previamente y durante

veinticuatro horas en agua que contenga 1 por 100 de carbonato sódico,

lavarlo después y secarlo antes de servirse de él.

Operando en pequeña escala, deben preferirse los filtros de papel sin

cola, dispuestos en grandes embudos de hoja de lata con su

correspondiente tapadera, habiendo observado que, no tan sólo resulta el

aceite limpísimo, sino que no adquiere el más ligero mal gusto.

Al propio tiempo que el reposo y la filtración para la depuración de los

aceites de olivas, existen varios procedimientos químicos, de los que

pensamos ocuparnos; pero antes, bueno será consignar que un lavado con

agua sola es también un medio de depuración.

Sabido es que el agua no ejerce ninguna acción sobre los aceites de

oliva; pero no acontece lo propio con respecto al mucílago, principios

extractivos y colorantes que contiene y que puede separar en cierta

cantidad.

Y con efecto, si agitamos el aceite con agua, la mezcla se torna lechosa

á causa de la interposición de las moléculas de ambos cuerpos. Si se

deja después en reposo, no tarda en separarse el aceite que sobrenada

del agua que queda en la parte inferior, más ó menos turbia, debido á

cierta porción de mucílago, albúmina, etc., que arrastró ó disolvió,

resultando en su virtud el aceite más limpio y depurado. Medio es éste

ventajoso por lo fácil y sencillo[17].

En lugar de servirnos del agua sola, será preferible usar una solución

de tanino del comercio que contenga ½ por 100 de este cuerpo, con cuyo

procedimiento se logra separar mucho mejor y despojar los aceites de la

parte de mucílago y albúmina que los impurifican, perjudicando su bondad

y siendo un óbice para su buena conservación.

DEPURACIÓN DE LOS ACEITES

POR PROCEDIMIENTOS QUÍMICOS

Pueden dividirse en dos grupos:

1.º Depuración por medio de los ácidos; y

2.º Depuración por medio de los álcalis.

El primero ofrece la dificultad de la completa eliminación del ácido

empleado; pero el aceite resulta bastante bueno y si es ordinario arde

con luz hermosa y brillante, sin producir humo ni dejar residuos

carbonosos á la extremidad de la mecha.

En cuanto al segundo, es verdad que á veces exige mayores gastos, y si

se destina para la comida suele adquirir cierto sabor desagradable; pero

tratándose de aceites comunes, el proceso de los álcalis me parece

digno de ser recomendado[18].

DEPURACIÓN

POR MEDIO DEL ÁCIDO NÍTRICO Y SULFÚRICO

Según refiere el catedrático F. Sestini en su Memoria acerca de la

depuración de los aceites[19] vegetales, el fabricante de Lila llamado

Leroy, en 1788, fué el inventor de un procedimiento químico relativo á

la depuración de los aceites para el alumbrado público.

Consiste en batir el aceite con ácido nítrico de 26° (agua fuerte del

comercio) durante cierto tiempo en cantidad de 3 litros de ácido por

cada 1.000 de aquél. La depuración resulta completa, elevándose la

pérdida á 4,8 por 100[20]. El aceite se torna bellísimo y excelente para

el alumbrado y el engrase de las lanas.

El Sr. Gower, químico inglés, fué uno de los primeros que se ocuparon de

la depuración de los aceites por el ácido sulfúrico, y su procedimiento,

publicado en 1790, se reduce à tomar partes iguales de aceite y de agua

acidulada con dicho ácido, pero sin indicar la fuerza ácida de esta

disolución.

Operaba colocando los dos líquidos en una vasija de madera dispuesta _ad

hoc_, en donde, á fuerza de agitarlos, conseguía una completa mezcla;

entonces pasaba esta mezcla á otro recipiente, á fin de lograr la

separación del aceite y del agua, la cual resulta cargada de sustancia

mucilaginosa, ayudando la separación por medio de un calor suave. Si el

aceite no resultaba bien depurado, repetía la faena con nueva agua

acidulada.

Thenard parece fué el primer químico que regularizó y perfeccionó el

empleo del ácido sulfúrico para depurar los aceites.

Hé aquí cómo procedía: mezclaba íntimamente, agitando durante treinta

minutos, el aceite con 1,5 á 3 por 100 de ácido sulfúrico comercial,

valiéndose para ello de un recipiente de madera en forma de tina,

forrado con plomo, en donde gira un árbol horizontal, armado de paletas

colocadas en hélice, con cuya disposición se consigue un batido enérgico

y una interposición completa del ácido con el aceite. Puesto el árbol en

movimiento, se va adicionando poco á poco y por fracciones el ácido sin

dejar de agitar; la masa toma primero un color verdoso que cambia bien

pronto en oscuro, debido á la carbonización de las partes

parenquimatosas y mucilaginosas, operada por el ácido sulfúrico, las

cuales se precipitan en el fondo bajo la forma de una masa negruzca, que

se separa totalmente á las veinticuatro horas, sobrenadando el aceite

límpido y brillante. Entonces añade, por cada hectolitro de líquido, 25

á 30 litros de agua templada (35 á 40° C.), volviendo á batir durante

diez minutos, y mejor aún, haciendo pasar por espacio de dicho tiempo

una corriente de vapor acuoso. Hecho esto, trasvasa la mezcla á grandes

vasijas, en donde la abandona por tres ó cuatro días, al fin de los que

la separación del aceite y del agua acidulada resulta completa. El

aceite sobrenada, ofreciendo la masa dos capas bien distintas, una

superior de aceite depurado y límpido y otra inferior sucia con

depósito negro carbonoso. Se separa la primera y en cuanto á la segunda

sucia, se filtra por mantas de algodón dispuestas entre dos telas

metálicas, produciendo aún bastante aceite claro. El agua ácida puede

servir para la fabricación del sulfato cúprico (caparrosa azul) ó del

sulfato amónico, etc. La pérdida se eleva de 1½ á 2½ por 100 de materia

grasa.

Dubrunfaut ha modificado el anterior procedimiento del modo siguiente:

No bien el aceite se colora de verde, le añade cal cáustica en papilla

para neutralizar el ácido sulfúrico, y cuando el sulfato cálcico formado

se deposita, decanta el aceite en un gran recipiente de madera, adonde

le agita con orujo seco reducido á polvo, en cantidad de 8 kilos de este

cuerpo por hectolitro de aceite. El batido debe durar veinte minutos;

pasados ocho días, queda perfectamente limpio, brillante y depurado en

cantidad de 2⅓ próximamente: entonces se decanta reemplazándolo con otro

tanto de aceite turbio destinado a la depuración, y así se continúa, de

igual manera, hasta que los 8 kilos de orujo hayan producido la

clarificación de unos 30 hectolitros de aceite[21].

Hanse ideado diferentes aparatos para el batido del ácido sulfúrico, así

como para la adición de la cal ó el mármol en polvo, á fin de conseguir

la completa eliminación del ácido, lo que, según Stas, sólo puede

lograrse batiendo el aceite, ya lavado con agua caliente, durante

veinticinco minutos, ó mejor con una solución de carbonato sódico que

contenga una dosis de álcali de 1/200 á 1/500 del peso del aceite

tratado.

Entre las máquinas para batir y mezclar los aceites que se quieran

purificar, una de las mejores es la descripta en el tratado de

industrias rurales de Ronna[22].

El aceite bien depurado, cuando arde en las lámparas, no debe ni

ennegrecer la mecha, ni carbonizarla, ni cubrirla en su extremidad de

una especie de pequeño hongo carbonoso, pues si tal cosa sucediera

indicaría, ó bien la presencia del ácido sulfúrico libre, ó bien un

lavado incompleto.

Además, el aceite sometido á este tratamiento no ha de quedar turbio, ni

coloreado, ni perder toda su natural viscosidad, ni escurrir cual si

fuese agua, pues que en tales casos se consume con rapidez, defecto

debido al empleo de un exceso de ácido.

Cuando el aceite que queramos depurar sea bueno y no muy turbio, no es

menester añadirle arriba de 1 á 1½ por 100 de ácido de 66°, puesto que

mayor cantidad lo volvería demasiado fluido, perdiendo una gran parte de

su potencia luminosa.

Al tratamiento con sólo el ácido sulfúrico hase sustituído el de una

mezcla de dicho ácido y alcohol. Hé aquí el _modus operandi_: para cada

quintal de aceite de olivas empléase, de ordinario, 2 kilos de una

mezcla preparada con pesos iguales de alcohol de 90° C. (40° Cartier) y

de ácido sulfúrico concentrado de 66°. Esta mezcla no produce la menor

alteración en los elementos constitutivos de los aceites, como acontece

con el empleo del ácido sulfúrico solo.

Por otra parte, su incorporación se efectúa mejor, resultando más pronta

y homogénea. Poco á poco la masa se enturbia, toma una coloración

verdosa, terminando por oscurecer. Después de uno ó dos días de reposo,

fórmase un depósito negro de pequeño volumen. Entonces se lava el aceite

con varias aguas, sirviéndose de la máquina batidora para

desembarazarlo por completo del ácido que pudiera contener.

Este procedimiento difiere del de Thenard en la disminución de la mitad

del ácido sulfúrico, que se reemplaza por un peso igual de alcohol.

Los aceites de colza, de adormideras y el de pepitas de uvas[23] se

depurarán muy bien por medio del ácido sulfúrico, resultando, sobre todo

el último, de un hermoso color amarillo pálido, cuya llama clara y

brillante iguala á la del aceite de olivas.

Hé aquí el método: mézclanse 100 partes de aceite con dos á tres de

ácido sulfúrico; se bate bien la mezcla, según queda dicho, dejándola

después reposar; acto seguido se vierte en otros depósitos, adonde se le

añade papilla de creta y agua, agitando por algún tiempo.

Con el reposo se deposita el sulfato cálcico formado y la creta en

exceso. Operando así se economiza el lavado, el cual exige diez ó doce

días y sin grandes pérdidas, dado que la creta, saturada de agua, no

absorbe nada de materia grasa.

DEPURACIÓN CON EL AMONIACO

El procedimiento de depuración con el amoniaco débese al Sr. Keyer, y

consiste en mezclar al aceite amoniaco líquido. Para ello, en un barril

que contenga 100 kilos de aceite de olivas se vierte 400 gramos de

amoniaco cáustico, previamente diluído en doble de su peso de agua

destilada ó de lluvia, por tiempos y fracciones, agitando bien durante

un cuarto de hora, al cabo de cuyo tiempo se tapa el barril dejándole en

reposo. El líquido amoniacal se separa arrastrando las impurezas y

combinándose con los ácidos libres. Trascurridos tres días, el aceite se

decanta y filtra. El residuo se pone aparte y se vende á las fábricas de

jabón.

El aceite así tratado no contiene ni siquiera indicios de acidez, al

propio tiempo que se logra separarle todo el mucílago y demás cuerpos

que perjudican su bondad.

DEPURACIÓN CON LA SOSA Ó LA POTASA

En 1849, Mr. Eward de Donai propuso el método siguiente para depurar los

aceites, incluso el de olivas[24]: Se mezclan con 1 por 100 de lejía

débil de potasa ó de sosa, agitando enérgicamente y dejando reposar

después. Pronto se forman dos ó tres capas bien distintas en el seno del

líquido, una inferior, de solución alcalina que se ha puesto lechosa, y

otra superior, de aceite despojado de su acidez y por tanto neutro, y en

la parte intermedia una emulsión que participa de la naturaleza de las

capas superior é inferior.

Se separa la solución alcalina y se adiciona otra porción de agua algo

alcalinizada, se agita y se deja reposar de nuevo. Repítese el mismo

lavado empleando agua pura hasta tanto que, reunidas en el fondo,

resulten claras ó todo lo más ligeramente opalinas. Sepárase entonces el

aceite y la pequeña cantidad de emulsión que resta, á veces, entre el

aceite y el agua; se deja reposar todo á la temperatura de 15° C.,

procediendo, acto seguido, á su filtración de la manera indicada ya.

El agua lechosa y alcalina proveniente de la depuración se trata con un

poco de ácido á fin de que desprenda el aceite que retiene emulsionado,

el cual se destina á la fabricación del jabón.

El aceite así depurado arde con llama más tranquila que el tratado por

el ácido sulfúrico, sin atacar el latón tan rápidamente como el refinado

con este último cuerpo, por cuyo motivo le prefieren siempre para la

maquinaria[25].

Por último, hase propuesto la sosa y la potasa unida á la cal para

aumentar la causticidad y también el negro animal en polvo; pero este

método se emplea de preferencia en la depuración de otros aceites

grasos, cuyo estudio no nos interesa por el momento[26].

CONSERVACIÓN DE LOS ACEITES DE OLIVA

Para la conservación de los aceites de olivas se requieren los mismos ó

mayores cuidados que los que se prodigan á los vinos. Es menester, pues,

conservarlos en locales frescos, secos, ventilados y limpios, en donde

la temperatura no varíe, lejos de todo linaje de emanaciones pestilentes

y aun olorosas, á la oscuridad, dentro de orzas ó tinajas vidriadas,

llenas y bien cerradas, evitando el removerlas y destaparlas.

Es de absoluta necesidad separar las heces ó turbios que van

depositando, operación que efectuaremos por lo menos dos veces al año,

evitando siempre con sumo cuidado el contacto del aire, á fin de impedir

la oxidación y el consiguiente enranciamiento, en particular si la

temperatura del ambiente fuese elevada.

La experiencia nos enseña que los aceites extraídos de frutos poco

maduros se conservan más largo tiempo en buen estado que aquellos que

proceden de aceitunas muy maduras ó de pastas prensadas con escalde[27].

Según Bose, el azúcar sería un excelente conservador del aceite. Para

100 litros de este líquido deberá emplearse 200 gramos de azúcar

refinada y molida en frío, con la suficiente cantidad de aceite, cuya

mezcla se añade removiendo bien para su perfecta incorporación.

ENVASES DE LOS ACEITES

PARA SU EXPORTACIÓN

En nuestra provincia el aceite de olivas se expide, por lo regular, en

botes ó en barricas de madera; medio que nos parece poco adecuado,

puesto que va allí sujeto á sufrir mermas y á que por la menor agitación

tome cierto ligero mal gusto. Entendemos, y nos permitimos recomendar,

que para expedir el aceite de olivas se usen siempre vasijas formadas de

planchas de hoja de lata, bien unidas y soldadas al exterior, en donde

no adquiere vicio alguno y se conserva buenísimo.

Estas vasijas pueden ser prismáticas y en un todo análogas á las

empleadas para el aceite de ricino que nos viene de Londres, así como

para el de almendras dulces de Brescia y de Milán, de una capacidad de

20 kilos, colocadas en número de cuatro dentro de cajas de madera con

aserrín interpuesto en las oquedades, para que queden sujetas y formando

un solo cuerpo sólido, seguro, de fácil manejo y de unos 80 kilos de

peso.

También pueden emplearse vasijas de gruesa hoja de lata de 100 kilos de

cabida forradas de duelas para su defensa, parecidas á las que nos

vienen de Hamburgo con el aceite blanco de hígado de bacalao.

En Francia se expide muchísimo en botellas de cristal. Veamos cómo

proceden. El aceite, previamente depurado por medio de la filtración, se

recibe en barricas, de las que se extrae practicando dos agujeros en uno

de sus fondos, á fin de adaptar á ellos dos llaves de sangría, bajo las

cuales se colocan las botellas que han de llenarse. Si, por efecto de la

temperatura baja, el aceite sale con lentitud, se acelera la operación

inyectando aire por la abertura superior del tonel con el auxilio del

fuelle usado en Burdeos para el trasiego de los vinos. Conviene no

llenar demasiado las botellas á fin de evitar estallen después de

tapadas, si por efecto de una elevación de temperatura el aceite llega á

dilatarse.

Las botellas varían mucho de forma y de capacidad. Por lo común son de

vidrio blanco y de cerca de un litro de cabida. También se expiden en

medias botellas de varios modelos, pero siempre de buena clase,

elegantes y bien acondicionadas, con lujosas etiquetas y perfectamente

limpias. Tapónanse con corchos de primera calidad, flexibles, dulces,

sanos, sin poros y de textura compacta, los que se cubren con bonitas

cápsulas de estaño análogas á las empleadas para los vinos de alto

precio y dispuestas con el mismo esmero.

DECOLORACIÓN DE LOS ACEITES DE OLIVAS

Los aceites de Toscana, tanto por su grato sabor al fruto fresco de la

aceituna cuanto por su fragante aroma, están justamente reputados como

los mejores del mundo, su fama es universal; esto, no obstante, casi

siempre adolecen de un color muy subido, no ofreciendo aquel matiz

amarillo pálido peculiar del selecto de Liguria, que tanta estimación

alcanza en el extranjero. Entendemos, pues, no será baldío consignar los

mejores procedimientos conocidos hasta el día para conseguir la

decoloración total ó parcial de los muy amarillos.

_Primer procedimiento._--Consiste en exponer á la acción directa de los

rayos solares, dentro de vasijas de vidrio blancas, el aceite que se

trata de decolorar. Al cabo de algunos días la operación queda

terminada. Sencillo, eficaz y económico resultaría este procedimiento si

no ofreciera el gravísimo inconveniente de enranciar los aceites, con

todas sus funestas consecuencias.

_Segundo procedimiento._--Se comienza por batir el aceite con la mitad

de su peso de agua, exponiendo después la mezcla al sol en vasijas de

vidrio blanco, bien llenas, del propio modo que en el método anterior.

El agua se separa pronto, apareciendo turbia y con capas mucilaginosas.

La operación se repite unas cuantas veces, con nuevos lavados, hasta que

las aguas salen claras y el aceite se torna límpido é incoloro.

_Tercer procedimiento._--Brunner propone el tratamiento con el éter y el

carbón, consiguiendo una decoloración casi completa. Hé aquí cómo opera:

comienza por agitarlo con agua gomosa hasta lograr una emulsión, la que

trata enseguida con carbón vegetal, reducido á pequeños fragmentos y

libre de polvo, en la proporción de dos partes de carbón por una de

aceite. La masa pastosa resultante la deseca á una temperatura que no

excede de 100° centígrados, extrayendo en frío el aceite con el éter,

para lo cual se vale de un aparato de desalojamiento. El líquido que

fluye le recoge, destilándolo después para separar el éter del aceite,

que quedará incoloro[28].

_Cuarto procedimiento._--Se bate con una cuarta parte de su peso de

solución acuosa de permanganato potásico al 2 por 100. Pocas horas

bastan para que el aceite pierda una gran parte de su materia colorante,

pero al propio tiempo adquiere un gusto tan desagradable é ingrato, que

hay que renunciar á su empleo en los usos culinarios.

_Quinto procedimiento._--Hay quien asegura que el mejor método de

decoloración de los aceites consiste en hacer pasar á través de su masa

una corriente de bióxido de nitrógeno obtenido mediante la reacción del

ácido nítrico sobre el cobre, el plomo, el zinc y mejor sobre el

mercurio, que lo produce más puro, formándose al propio tiempo nitrato

del metal empleado.

Concluido el blanqueo, se vierte el aceite dentro de una cuba de madera,

dejándolo unos días en reposo y al contacto del aire[29].

_Sexto procedimiento._--Hemos obtenido un excelente resultado con el

empleo del caolín operando sobre aceites finos comestibles, pero subidos

de color.

Hé aquí de qué modo: mézclanse 500 partes de aceite con 70 de agua, se

bate fuertemente y acto seguido se añade 50 partes de caolín

pulverizado, continuando la agitación durante una hora. Luego de bien

reposado se decanta y conserva, y resulta perfectamente limpio,

brillante y más bajo de color[30].

_Séptimo procedimiento._--Para depurar y decolorar los aceites

ordinarios con destino á la maquinaria basta un batido con acetato

básico de plomo, eliminando después este cuerpo con la adición de agua

acidulada con ácido sulfúrico y concluyendo con un lavado enérgico de

agua caliente.

_Octavo procedimiento._--Puesto el aceite en una vasija de vidrio

blanco, se introduce dentro una lámina de plomo, dejándole á la luz y á

la temperatura ordinaria; algunos prefieren exponerlo á la acción

directa de los rayos solares. Al cabo de algunos días obsérvase un

depósito blanco que aumenta mientras el aceite ofrece color.

El aceite así tratado contiene siempre plomo.

BLANQUEO DE LOS ACEITES GRASOS

SEGÚN EL MÉTODO PROPUESTO POR H. E. DIETERICH

En una tina de barro vidriado al interior, provista de su

correspondiente llave de sangría, se disuelve un kilo de permanganato

potásico, y agitando sin cesar se va añadiendo por tiempo y fracciones

cincuenta litros de aceite. Hecha la incorporación, se deja en reposo,

batiendo de nuevo á intervalos por espacio de dos días.

Transcurrido este tiempo, se añaden veinte litros de agua caliente y

cinco kilos de ácido clorohídrico del comercio, batiendo de nuevo toda

la mezcla con gran rapidez y energía. Al cabo de algunos días se extrae

el agua acidulada por medio de la llave dispuesta en el fondo,

añadiendo nueva dosis de agua caliente para eliminar las últimas

porciones de ácido.

A fin de separar todo lo mejor posible el aceite del agua, antes de

filtrar la solución se puede verter en un gran balón de vidrio, cuya

boca va provista de un tapón de dos agujeros, á uno de los cuales se

adapta el pico de un embudo, pico largo que debe llegar casi hasta el

fondo del balón, y en el otro agujero un tubo doblado en dos ángulos

rectos que no traspase el tapón. Se vierte agua por el embudo, con lo

cual lograremos lanzar fuera por el tubo doblado hasta la última gota de

aceite, que resultará incoloro. Este método se emplea de preferencia

para los aceites de linaza, adormideras, nabina, almendras dulces,

palma, etc., y aun para los ordinarios de olivas[31].

DE LOS ACEITES RANCIOS

Y MEDIOS DE QUITARLES ESTE DEFECTO

Cuando los aceites se elaboraron con poco esmero y á mayor abundamiento

se conservaron mal, quedando largo tiempo á la acción del oxígeno del

aire ó en contacto de los turbios, adquieren olor repugnante, sabor

acre, se espesan, aumentan de densidad, se coloran y, en una palabra, se

enrancian.

Para impedir tan perniciosos efectos es de necesidad depurar los

aceites, como hemos aconsejado, puesto que tanto la materia y

albuminoidea como el mucílago y parenquima sirven de alimento á los

fermentos, terminando por entrar en putrefacción y produciendo, según

Gerhardt, la disgregación de la molécula de aceite ó glicerido, la que

entonces se enrancia con tanta más rapidez cuanto mayor es la cantidad

de los mencionados cuerpos existentes en su seno.

Diversos han sido los medios ideados y puestos en práctica para despojar

los aceites de olivas de la funesta rancidez; entre ellos hemos de

mencionar[32] los siguientes:

1.º _La agitación con vinagre._--Por cada veinticinco partes de aceite

rancio se toman cinco de buen vinagre y se mezclan y baten bien,

repitiendo la operación tres ó cuatro veces.

2.º _El tratamiento con sal común._--Por cada cincuenta partes de aceite

rancio se le adiciona 80 de agua á 30°c. que contengan 12 de sal;

agítase bien la mezcla durante media hora, se deja depositar y se separa

el agua, repitiendo cinco ó seis veces la misma operación.

El aceite así depurado se conserva con agua salada, teniendo la

precaución de agitar de vez en cuando los dos líquidos.

3.º _La agitación con alcohol._--Este procedimiento nos ha producido

buenos resultados.

Se toman 90 litros de aceite rancio y se le mezclan 10 de alcohol

comercial de buena calidad; bátese la mezcla durante media hora, se deja

luego reposar, separando el alcohol que sobrenada, repitiendo tres veces

la misma operación. En cuanto al alcohol que arrastró los ácidos grasos,

se destila sobre 1,50 de cal apagada para emplearlo nuevamente en

sucesivas operaciones.

4.º _Con el carbonato sódico y la magnesia._--El método más racional

consiste en el empleo del carbonato sódico ó de la magnesia. Y, con

efecto, todo aceite rancio ofrece ácidos libres, que son los que le

comunican el mal olor y sabor; es menester, pues, neutralizarlos y

eliminarlos bajo la forma salina, y esto se logra tratándole por una

base.

El procedimiento mejor y más expedito consiste, pues, en el empleo del

carbonato sódico cristalizado reducido á polvo fino ó en el de la

magnesia cáustica[33], lavándolo después con agua caliente á fin de

devolverle su buen gusto y demás caracteres propios del aceite joven ó

reciente.

Para ello se toman 100 litros de aceite rancio y tres kilos de magnesia

calcinada, agitando bien la mezcla, dentro de una cuba ó tinaja

vidriada, dándole seis batidos durante veinticuatro horas y por espacio,

cada uno, de quince minutos.

Se deja reposar seis días, al cabo de los cuales se procede á la

filtración del aceite que sobrenada.

Con este procedimiento se quita casi totalmente el rancio, pero deben

consumirse presto, pues de lo contrario se enrancian de nuevo.

Resumiendo todo lo hasta aquí consignado, llegamos á las siguientes

conclusiones prácticas:

_a._ Que la recolección de las aceitunas debe efectuarse lo antes

posible y cuando están apenas maduras.

_b._ Que la molienda se haga inmediatamente después de la recolección;

que aquélla sea gradual, lenta y sin triturar mucho los huesos.

_c._ Que todos los útiles del molino se laven previamente con agua de

sosa hasta dejarlos bien limpios, del propio modo que las vasijas

destinadas á contener los aceites.

_d._ Que se acelere el descuelgue, así como la clarificación y

depuración del aceite comestible por medio de la filtración, á través de

capas de algodón si la cantidad es grande, ó mediante filtros de papel,

si fuese pequeña.

_e._ Que la depuración del aceite para el alumbrado se efectúe por el

procedimiento del ácido sulfúrico, y el destinado á unto de las máquinas

por el de la sosa.

_f._ Que el aceite comestible debe conservarse en locales frescos y en

tinajas llenas y bien tapadas.

El aceite de olivas · 第 1 / 9 段