(_Éntranse cantando_ Pisaré yo el polvico.)
FIN DE ESTE ENTREMES.
[Ilustración]
ENTREMES
_DE LA CÁRCEL DE SEVILLA_.[41]
_Suena adentro ruido de grillos, cárcel y presos, y dicen, sin
salir afuera:_
GARAY.
Abre aquí, Alcaide; que nos comen chinches.
SOLAPO.
Abra aquí, so Alcaide; que nos comen garrapatas.
PAISANO.
Sáquenos á mear, seor Alcaide.
_Salen Garay y Solapo y Paisano, con grillos en los pies, y
guitarras._
GARAY.
Loado sea Dios, que veo el cielo de Cristo.
SOLAPO.
Loado sea Dios, que veo el nubífero.
PAISANO.
Loado sea Dios, que veo el Sempiterno.
SOLAPO.
Seores mios, todos con guitarras, ¿qué es esto?
PAISANO.
Ya sabrá voacé que compuse sobre aquella letrilla, que dice: Cantando
reniego.
GARAY.
¿Que voacé compuso?
PAISANO.
Sí, seor.
GARAY.
Yo tambien.
PAISANO.
¿Y voacé y todo? Pues escuche voacé la mia.
(_Tañen, y canta Paisano._)
PAISANO.
Alta mar esquiva,
de tí doy querella:
siete años anduve
por fuerza en galeras,
ni comí pan tierno,
ni la carne fresca;
siempre anduve en corso,
nunca salté en tierra,
sino en una isla
llamada Cerdeña;
¡y agora en prision,
que es la mayor pena!
La mayor que siento
son celos de aquella
Beltrana la brava,
que fue la primera
que me hinchó este gusto,
y la faltriquera.
Alzóla Goróseo,
llevóla á Antequera,
y al padre ordinario
la entrega y empeña;
y alguno que canta,
«cantando reniega.»
(_Dicen todos á una._)
TODOS.
¡Bueno, víctor, bueno!
GARAY.
Agora va la mia, escuchen voacedes.
Peor es la mia,
porque es otra queja:
estoy sentenciado
á diez de galeras,
del fiscal padrastro.
Mi Dios me defienda
de los soplavivos
y la corchetea,
de los centenarios,
verdugo y la penca;
y alguno que canta,
«cantando reniega.»
TODOS.
¡Víctor, bueno, víctor!
SOLAPO.
Agora, pues, vaya la mia; escuchen voacedes.
Peor es la mia,
que es otra querella
que tienen conmigo
presos de la trena.
Cuchillos de cachas,
taladro y barrena,
el ojo avizor
todo el hombre tenga;
porque si acometen,
tengamos defensa
y mis camaradas
hagan resistencia.
Suenen los valientes
de la cárcel fuera.
Y alguno que canta,
«cantando reniega.»
_Suena ruido dentro de presos y grillos, á modo de pendencia,
y salen afuera, unos por una parte, y otros por otra, riñendo
con almaradas y cuchillos; y saldrá el Alcaide, y ellos huirán
dentro. Y quedan solos Barragan, el Paisano y el Alcaide._
ALCAIDE.
¿Qué ruido es éste? Por vida del Rey, que he de pasar alguno á la
otra cárcel, ó que ha de dormir en el cepo.
BARRAGAN.
Cuando voacé haga pasar alguno á la otra cárcel, hay aquí hombres que
no se les da ésta.
(_Da una castañeta._)
PAISANO.
Cuando voacé haga pasar alguno á la otra cárcel, hay aquí alguno que
no se le dará nada; y voto á Cristo, que ha de soterrar alguno algun
puñal, que no se le saque del cuerpo otro que Dios.
ALCAIDE.
Por vida de quien soy, que si yo puedo, que no ha de haber en mi
cárcel horro de ladrones.
PAISANO.
Seor Alcaide, que todos hurtamos, todos entendemos de la manifatura,
estender la cerra, y meter el dinero en la faltriquera, y decir: «No
hay para qué[42].»
ALCAIDE.
¿Qué es esto, Barragan? ¿Ya tomais vos las mañas del Paisano?
BARRAGAN.
Á lo menos, no dirá voacé, seor Alcaide, que no hay en la cárcel
hombre mas pacífico que yo y el señor Paisano.
ALCAIDE.
Pues sois la principal causa de la pendencia, ¿y decís eso?
PAISANO.
Calle, seor Alcaide, que no sabe nada, aunque perdone: ésta no era
pendencia, era un juguete y una manera de retozo; déme voacé, que
ésta fuera pendencia redomada, que en entendiéndolo los dos cónsules
que estamos aquí, no hubiera cirujano en Sevilla que no estuviera en
la cárcel ocupado, devanando tripas y remendando asaduras.
ALCAIDE.
¡Vean aquí éstos de la braveza, y vienen despues á parar como los
melones de invierno! Agora bien, yo quiero tener mi cárcel quieta:
dénme las manos, iré á tomar las de los otros.
BARRAGAN.
So Alcaide, advierta voacé, que yo y el seor Paisano tenemos alguna
carga desta pesadumbre; pero aclárome que, en la calle y en la
libertad, cada uno volverá por su persona.
ALCAIDE.
Digo que en el navío y cárcel, ni en cuerpo de guardia, no hay hombre
cargado, que esto lo he sido por mis pecados; que yo tambien he sido
carga de muladar.
PAISANO.
Calle, seor Alcaide, que no sabe nada; tiempla muy á lo viejo. Basta
agora la mano de amigos; pero en saliendo del purgatorio desta cárcel
al cielo de la calle, todo hombre, avizor: porque ha de haber el
punto de almarada, como barbas.
ALCAIDE.
Agora bien, esténse quietos y sosegados.
(_Váse._)
PAISANO.
¿Quién tiene bueyes, para quitar esta pesadumbre?
BARRAGAN.
En mi rancho los hay. ¡Hola, Coplilla!
_Sale Coplilla, pícaro._
COPLILLA.
¿Qué manda voacé?
BARRAGAN.
Daca el libro real, impreso con licencia de su magestad.
COPLILLA.
Véle aquí.
BARRAGAN.
¡Qué á mano le tenias, ladron! ¿Quién tiene granos que jugar?
PAISANO.
Seis granos tengo, y esos juego.
(_Pónense á jugar._)
BARRAGAN.
Alcé voacé por mano.
PAISANO.
Yo la doy.
BARRAGAN.
Ahí la gano.
PAISANO.
Váyase voacé, y deje que barahe, que quiero quitar esos encuentros.
BARRAGAN.
Alcé voacé.
PAISANO.
Sácola.
BARRAGAN.
Meto el corazon y las barbas, en saliendo suerte, de lo que fuere, ¿y
dice eso?
PAISANO.
¡Ah, sotas putas! Á la despedida.
_Sale Garay con la ropilla de Solapo, que se la ha ganado, y sale
Solapo con él._
SOLAPO.
Seor Garay, voacé tiene obligacion de jugar hasta ganarme las prendas
que me quedan; y si no, dígalo el seor Paisano, que es de los taures
de la prima.
PAISANO.
¿Voacé jugó?
GARAY.
Seor, sí.
PAISANO.
¿Ganóse?
GARAY.
Sí, seor.
PAISANO.
Pues dé la sentencia el seor Barragan, que es hombre que á todos los
hombres del mundo les puede meter la baraha en la boca.
BARRAGAN.
Á pagar de mi dinero, está obligado voacé á jugar con él hasta
dejarle en carnes como Adan.
SOLAPO.
Pues vayan las prendas que me quedan.
GARAY.
Si esto me gana, me voy á mi rancho, y me cubro la delantera con una
hoja de higuera.
_Sale el Alcaide y el Escribano._
ALCAIDE.
Paisano, aquí os vienen á notificar una sentencia; pésame, que es de
muerte.
ESCRIBANO.
Oid, hermano, lo que os quiero notificar.
PAISANO.
Barahe voacé, y quite esos encuentros.
ESCRIBANO.
¿Oye lo que le digo, hermano?
PAISANO.
Aguarde voacé; que mas me va en esto que en esotro.
ESCRIBANO.
¡Y si bien lo supiésedes! Señores, vuesas mercedes sean testigos cómo
el juez que entiende de su causa le condena á muerte.
PAISANO.
¿Á quién? ¿Á mí?
ESCRIBANO.
¡No, sino á mí!
PAISANO.
¡Digo la parte!
ESCRIBANO.
Oid, hermano, lo que os vengo á notificar.
PAISANO.
Veamos esta barahunda. ¿Qué buenas pascuas nos viene á notificar?
(_Lee el Escribano la sentencia en voz alta._)
ESCRIBANO.
«Fallo que por la culpa que contra Paisano resulta, le debo condenar,
y condeno, á que, de la cárcel do está, sea sacado públicamente en
un asno de albarda, y un pregonero delante que manifieste su delito;
y sea llevado por las calles acostumbradas, y de allí sea llevado
á la plaza, donde estará una horca hecha; y della será colgado del
pescuezo, donde naturalmente muera. Y nadie sea osado á quitarle sin
mi licencia. Y mando, so pena de la vida, etc.»
PAISANO.
¿Quién dió esta sentencia?
ESCRIBANO.
El juez que entiende de vuestra causa.
PAISANO.
Puédelo hacer, que es mi juez. Mas dígale voacé que sea tan honrado,
que nos veamos en el campo solos, él con su fallo y yo con una espada
de siete palmos; veamos quién mata. Estos juecicos, en tiniendo un
hombre embanastado como besugo, luego le fallan, como espada de la
maesa: «Fallo que debo de condenar, y condeno, que sea sacado por las
calles acostumbradas, en un asno de albarda... que todo lo diga.»
¡Válgate el diablo, sentencia de pepitoria! ¿no es mejor decir que
muera este hombre, y ahorrar de tanta guarnicion?
ESCRIBANO.
Por Dios, que estoy por ponello asi, visto tanta desvergüenza.
ALCAIDE.
Váyase vuesa merced, señor Escribano, y no haga caso desta gente
desalmada.
GARAY.
Señor Paisano, llámele voacé, y dígale que apela.
PAISANO.
Á él digo: ¡ah, seor Escribano! venga acá voacé.
ESCRIBANO.
¿Qué quereis, hermano?
PAISANO.
¿Cómo se va voacé, despues que queda un hombre cargado hasta las
entrañas? Ponga ahí voacé que apelo treinta veces.
ESCRIBANO.
Con una basta. ¿Y para quién diremos que apelais?
PAISANO.
Apelo para Dios, que si yo apelo para esos señores padres de la
audiencia, remediadores de los fallos, pienso que no tendré ningun
remedio.
ESCRIBANO.
Señor Alcaide, oiga vuesa merced una palabra al oido.
(_Háblale al oido, y váse._)
PAISANO.
Ea, ¿qué se quiere hablar al oido?
ALCAIDE.
Hermano, esto va muy de rota; el Escribano me ha notificado que os
suba á la enfermería, y que os ponga el hábito de la Caridad.
PAISANO.
¿Y no se puede hacer otra cosa, señor Alcaide?
ALCAIDE.
No, hermano; llamad á vuestro procurador, y decid que apelais, por
si esos señores os oyeren, que yo me holgaré en el alma.
PAISANO.
Pues, señor Alcaide, voacé me haga merced de que no se me ponga el
hábito de la Caridad que sacó el ahorcado del otro dia, que estaba
viejo y apolillado, y no me le he de poner por ninguna cosa: que ya
que haya de salir, quiero salir como hombre honrado, y no hecho un
pícaro; que antes me quedaré en la cárcel.
ALCAIDE.
Yo os daré gusto en eso.
PAISANO.
Y voacedes me harán merced de visitarme en la enfermería, y decirme
las ledanías que se suelen decir á los presos honrados; y de camino
avisarán á la Beltrana, á ver si tiene remedio esta desgracia. Me
recomiendo, reyes mios: no haya lloros, lágrimas ni barahundas, que
me voy á poner bien con el Sempiterno.
(_Vánse el Paisano y el Alcaide._)
SOLAPO.
Por Dios, seor Barragan, que si el Paisano muere, que no queda hombre
que sepa dar un antubion de noche. ¿Digo algo, seor mio?
BARRAGAN.
Por cierto, seor Solapo, que si Paisano muere, que pierde Barragan
el mayor amigo del mundo; porque era grande archivo y cubil de
flores[43] para pobretos. Oiga lo que faltará si muere: la corónica
de los jayanes, murcios, madrugones, cerdas, calabazas, águilas,
aguiluchos, levas, chanzas, descuernos, clareos, guzpátaros,
traineles[44];
y al fin, para desconsuelo
que nos aumenta el dolor,
faltará un difinidor
al trato airado y al duelo.
GARAY.
No queda hombre honrado en todo el mundo, en faltando el Paisano.
_Sale Torbellina y Beltrana, mujeres de la casa, con mantos
doblados y mandiles blancos, y su Procurador con ellas._
BELTRANA.
Déjame, hermana, con este ladron de Procurador; que yo le arañaré
toda la cara.
TORBELLINA.
Ténte, hermana, mal haya yo; y vamos á lo que importa.
BELTRANA.
¡Ay, hermana, que yo me tengo la culpa: que me he dejado engañar
deste ladron de Procurador; pues me ha traido engañada, diciendo que
habia de meter un escrito; y agora le mete, agora le saca; y está
el Paisano condenado á muerte! Déjame que le haga rajas entre estas
manos.
PROCURADOR.
Ténte, mujer de los diablos; que te quebraré la cabeza con estas
escribanías.
BELTRANA.
¡Ay, hermana! ¿Qué es esto? ¡Jesus, que me muero!
(_Desmáyase._)
TORBELLINA.
Téngala, señor Procurador; mire que se ha desmayado.
PROCURADOR.
Ténte, mujer de los diablos: ¿aun no basta tener el pleito á cuestas,
sino servir de rodrigon?
_Sale el Paisano, vestido de ahorcado, y una cruz en la mano, y
el Alcaide con él._
ALCAIDE.
Ea, Paisano, llamad á Dios, que os ayude en este trance.
BELTRANA.
¡Ay, sentenciado de mis ojos! ¿qué es esto?
ALCAIDE.
¡Hola! ¡hola!
(_Mucha grita dentro._)
DENTRO.
¡Hola! ¡hola!
ALCAIDE.
¿Quién ha dejado entrar aquí estas mujeres? Echaldas fuera; si no,
por vida de quien soy, que las deje presas.
BELTRANA.
¡Ay, sentenciado de mi ánima y de mi vida!
(_Llora._)
PAISANO.
¿Quién me ha traido aquí estas ayudas de costa de mal morir?
TORBELLINA.
¿Qué es esto, Paisano de mis ojos?
(_Llora._)
PAISANO.
¿Quién ha traido aquí estos teatinos infernales?
BELTRANA.
¡Ay, que se acaba ya mi regocijo!
TORBELLINA.
¡Ay, que no tendremos quien nos consuele ya en nuestras borrascas y
naufragios!
PAISANO.
Hoios, bujarras; no me esteis ladrando á las orejas.
ALCAIDE.
Salíos allá fuera noramala.
PAISANO.
Beltrana, no me digas nada. El alma te encargo, pues el cuerpo te ha
servido en tantas ocasiones; y una de tus amigas (no lo hagas tú por
el escándalo que puede haber), cuando estuviere ahorcado, me limpiará
el rostro, porque no quede feo como otros probetos. Y me traerás un
cuello almidonado y mas de la marca, y advierto, con bolo y puntas, y
todo negocio; que quiero ver, antes que deste mundo vaya, quién hace
esta denunciacion.
BELTRANA.
Aun hasta en la muerte fue limpio mi amor; yo apostaré que no ha
habido mejor ahorcado en el mundo.
TORBELLINA.
¡Oh, qué de envidiosos ha de haber!
PAISANO.
Seora Torbellina, voacé será testigo ó testiga, lo que mejor le
pareciere, cómo á esta mujer la hago heredera de todos mis bienes,
muebles y raices, de mi calabozo. Item, de cuatro ó cinco platos y
escudillas, taladro, barreno, un candelero de barro, una sarten y un
asador. Item, una manta y un jergon, servicio y pulidor.
Quien te lo quitare, hija,
la mi maldicion le caiga.
TORBELLINA.
Muy bueno ha andado el seor Paisano.
PAISANO.
Beltrana, antes que deste mundo vaya, te quiero dejar acomodada.
Solapo es mi amigo, háme pedido que te hable; es hombre que pelea y
peleará, y te defenderá. En rindiendo yo el alma, le entregarás tú el
cuerpo.
BELTRANA.
Hermano de mi vida, eso hiciera yo muy de buena gana por mandármelo
tú; pero tengo dada la palabra á otro.
PAISANO.
Pues, badana, ¡aun no he salido de este mundo, y das la palabra á
otro! No te lograrás; ¿tú no ves que éste es desposorio clandestino?
ALCAIDE.
Ea, echad esas mujeres de ahí, vayan noramala.
(_Vánse las mujeres._)
PAISANO.
Seor Procurador, ¿qué haremos si este juez me quisiese ahorcar tan de
repente, sin oirme mi apelacion?
PROCURADOR.
Calle, que no hará. No tenga pena de nada dello, que nunca el derecho
quedó sin él; y pluviese á Dios que le ahorcase, que yo le haria...
PAISANO.
¿Y si me ahorcase?
PROCURADOR.
Pues, señor Paisano, déjese ahorcar; que aquí quedo yo.
PAISANO.
¡Mejor puñalada le den!
(_Cantan dentro la letanía, y responden todos._)
ALCAIDE.
Eso me parece que es lo que importa: vuestros amigos son, que os
vienen á decir las ledanías.
PAISANO.
En la muerte se echan de ver los que son amigos.
_Salgan todos los que pudieren, en órden de figurillas, con velas
encendidas en las manos, y cantando las letanías._
PAISANO.
Vénme aquí cercado de grajos gallegos.
GARAY.
Hable el seor Barragan, que es mas honrado y mas antiguo.
BARRAGAN.
Yo no haré: hable el seor Solapo.
SOLAPO.
Asi me vea en aquella calle con libertad, que no digo palabra: hable
el seor Cuatro.
CUATRO.
El Cuatro no lo hará: hable el seor Garay.
GARAY.
Garay no lo hará, no hay que decir.
PAISANO.
No es éste tiempo de rumbos ni alborotos. Hable el mas cercano
opositor á esta cátedra de la muerte, y guárdensele sus preeminencias.
SOLAPO.
Por no perder la costumbre antigua que se tiene con los presos
honrados, digo asi, que en estos luctos echará de ver voacé que lo
sienten sus camaradas. Plega á Dios lo seamos en el cielo. Y mal haya
el diablo, que dos sentencias tengo de muerte, ¿por qué no vino la
otra, para acompañar á voacé?
PAISANO.
Oh, ¡qué desgraciado ando! ¡Mal haya el diablo, que nos fuéramos
de venta en venta, echando una y otra: que fuera para mí de gran
contento ir acompañado de un par de consortes como vuesa merced!
SOLAPO.
Y ¡el corchete que prendió á voacé! Si yo salgo, no digo nada.
PAISANO.
Ese corchete es oficial ventoso, hizo su oficio; voacé me hará merced
de soterralle un puñal en las entrañas, y con esto iré muy contento
desta vida.
BARRAGAN.
So Paisano, consuélese voacé con que la justicia lo hace; que otro no
podia con voacé en el mundo. Y ésta puede dar pesadumbre á voacé y á
todo el mundo. Voacé déjelos, que no digo nada.
PAISANO.
Ninguno en socolor de amigo piense cargarme en este despidimiento.
Quiero saber si es cargo lo que dijo el seor Barragan, en decirme que
la justicia me puede dar pesadumbre.
GARAY.
No es carga lo que dijo Barragan; esto á pagar de mi honra.
PAISANO.
Esa vaya en aumento. Y pues que toma á cargo lo de los testigos, me
hará merced voacé de cortar al uno las orejas y al otro las narices,
y á los demás borrajarles las caras con una daga; y con esto iré
contento para la otra vida.
ESCARRAMÁN.
Voacé tenga la muerte como ha tenido la vida, pues ninguno se la hizo
que no se la pagase.
PAISANO.
Aun bien que voacé es testigo de lo que yo he peleado en esta vida, y
muertes que tengo á cargo; sin mancos ni perniquebrados, que éstos no
han tenido número.
ESCARRAMÁN.
Y si al bajar lloraren las personas, no las vuelva el rostro ni sea
predicador en el sitio desta desgracia, que es hijo de vecino de
Sevilla, y no ha de mostrar punto de cobardía.
PAISANO.
No hay que tratar deso, ni decir: «Madres las que teneis hijos, mirad
cómo los adotrinais y enseñais; que todo es borrachería y barahunda.»
ESCARRAMÁN.
Y al verdugo que apretó tanto las cuerdas á voacé, que le hizo decir
lo que no habia hecho, si yo salgo, no digo nada.
PAISANO.
Ese verdugo, ¿me hará voacé merced de vendimialle la vida con otro
verdugo?
ESCARRAMÁN.
Eso haré yo de muy buena gana.
CUATRO.
Mucha pesadumbre me ha dado la Beltrana, que en mi presencia se arañó
la cara.
PAISANO.
Crea voacé que ha sentido la mujer en el alma esta pesadumbre que me
quiere dar la justicia, pues se arañó el retablo.
CUATRO.
Díjome que cuando voacé pasase por Gradas, volviera el rostro; que
mas preciaria verle con una soga á la garganta, que con una cadena de
oro de cuatro vueltas.
PAISANO.
Créolo yo, que ha sido mujer de gran ser, amiga del esparto:
acostábala yo con soga de esparto, llámanla sus amigas la Espartera;
y asi tiene metido el esparto en las entrañas.
CUATRO.
Y al Secretario, si yo salgo, no digo nada. Pero esto para mí y
voacé: este hombre que mató voacé ¿era hombre de cuenta?
PAISANO.
Era un probete, boquirubio. Pensó que era yo algun lanudo, fuése
derribando en segunda; ya sabe voacé qué suelo hacer con la de
ganchos: desvío y doyle, y allá va el probete, que se venia á la boca
de leon, siendo cordero.
CUATRO.
Seor Paisano, no haga de la cruz daga; que es indecencia.
PAISANO.
No habia mirado en tanto.
_Sale el Alcaide y músicos, y las mujeres._
ALCAIDE.
Albricias, Paisano; que ya os oyen esos señores.
PAISANO.
¿Ya me oyen? No son cuerdos.
BELTRANA.
Parece que no te has alegrado con la nueva tan buena.
PAISANO.
Hay causa para ello.
BELTRANA.
¿Qué causa puede ser, hígados de perro?
PAISANO.
Has de saber que me huelgo por tí, que quedabas huérfana y sola; y
pésame por estos señores, que tenian hecho ya el gasto de cera y
lutos. Y no sé con qué gana tengo de andar por la cárcel.
BELTRANA.
Ea, que no faltará otra ocasion.
PAISANO.
Seor Alcaide, tome voacé esta cruz, y póngala en el altar para otra
ocasion que se me ofrezca. Y voacedes se regocijen y alegren, y
gástese todo mi rancho.
(_Tañen, cantan y bailan._)
BELTRANA.
Pues que ya está libre
mi sentenciado,
gástese mi saya
y lo que he ganado.
Gástese mi rancho todo,
aunque me quede sin rancho,
pues mi navío y rodancho
á tan buen gusto acomodo.
Sacúdase el polvo y lodo;
y el Mellado y Garrampies
gocen de aqueste interés,
por su valor esforzado.
MÚSICOS.
Pues que ya está libre
mi sentenciado, etc.
BELTRANA.
Díganla luego á la Helipa
las nuevas desta sentencia,
y gástense en mi presencia
dos jamones y una pipa;
y beba, pues participa
deste bien tan soberano.
MÚSICOS.
Pues que ya está libre
mi sentenciado, etc.
(_Éntranse con chacota y grita, con que se da fin._)
FIN DE ESTE ENTREMES.
[Ilustración]
ENTREMES
_DEL RETABLO DE LAS MARAVILLAS_.
_Salen Chanfalla y los Chirinos._
CHANFALLA.
No se te pasen de la memoria, Chirinos, mis advertimientos,
principalmente los que te he dado para este nuevo embuste, que ha de
salir tan á luz, como el pasado del llovista.
CHIRINOS.
Chanfalla ilustre, lo que en mí fuere, tenlo como de molde: que tanta
memoria tengo, como entendimiento, á quien se junta una voluntad de
acercar á satisfacerte, que escede á las demás potencias; pero dime,
¿de qué sirve este Rabelin, que hemos tomado? ¿Nosotros dos solos no
pudiéramos salir con esta empresa?
CHANFALLA.
Habíamosle menester, como el pan de la boca, para tocar en los
espacios que tardaren en salir las figuras del retablo de las
maravillas.
CHIRINOS.
Maravilla será si no nos apedrean por solo el Rabelin; porque tan
desventurada criaturilla no la he visto en todos los dias de mi vida.
_Sale el Rabelin._
RABELIN.
¿Háse de hacer algo en este pueblo, señor autor? Que ya me muero
porque vuestra merced vea que no me tomó á carga cerrada[45].
CHIRINOS.
Cuatro cuerpos de los vuestros no harán un tercio, cuanto mas una
carga: si no sois mas gran músico, que grande, medrados estamos.
RABELIN.
Ello dirá: que en verdad que me han escrito para entrar en una
compañía de partes, por chico que soy.
CHANFALLA.
Si os han de dar la parte á medida del cuerpo, casi será indivisible.
Chirinos, poco á poco estamos ya en el pueblo; y estos que aquí
vienen, deben de ser, como lo son sin duda, el gobernador y los
alcaldes: salgámosles al encuentro; y date un filo á la lengua en la
piedra de la adulacion[46]; pero no despuntes de aguda[47].
_Salen el gobernador, y Benito Repollo, alcalde, Juan Castrado,
regidor, y Pedro Capacho, escribano._
Beso á vuestras mercedes las manos: ¿quién de vuestras mercedes es el
gobernador de este pueblo?
GOBERNADOR.
Yo soy el gobernador: ¿qué es lo que quereis, buen hombre?
CHANFALLA.
Á tener yo dos onzas de entendimiento, hubiera echado de ver que
esa peripatética y anchurosa presencia no podia ser de otro que del
dignísimo gobernador de este honrado pueblo, que con venirlo á ser de
las Algarrobillas, lo deseche vuestra merced.
CHIRINOS.
En vida de la señora y de los señoritos, si es que el señor
gobernador los tiene.
CAPACHO.
No es casado el señor gobernador.
CHIRINOS.
Para cuando lo sea: que no se perderá nada.
GOBERNADOR.
Y bien, ¿qué es lo que quereis, hombre honrado?
CHIRINOS.
Honrados dias viva vuestra merced, que asi nos honra: en fin, la
encina da bellotas, el pero peras, la parra uvas, y el honrado honra,
sin poder hacer otra cosa.
BENITO.
Sentencia ciceronianca, sin quitar ni poner un punto.
CAPACHO.
Ciceroniana quiso decir el señor alcalde Benito Repollo.
BENITO.
Siempre quiero decir lo que es mejor, sino que las mas veces no
acierto: en fin, buen hombre, ¿qué quereis?
CHANFALLA.
Yo, señores mios, soy Montiel, el que trae el retablo de las
maravillas: hánme enviado á llamar de la córte los señores cofrades
de los hospitales; porque no hay autor de comedias en ella, y perecen
los hospitales; y con mi ida se remediará todo.
GOBERNADOR.
¿Y qué quiere decir retablo de las maravillas?
CHANFALLA.
Por las maravillosas cosas, que en él se enseñan y muestran, viene
á ser llamado retablo de las maravillas; el cual fabricó y compuso
el sabio Tontonelo, debajo de tales paralelos, rumbos, astros y
estrellas, con tales puntos, caracteres y observaciones, que ninguno
puede ver las cosas que en él se muestran, que tenga alguna raza de
confeso[48], ó no sea habido y procreado de sus padres de legítimo
matrimonio; y el que fuere contagiado de estas dos tan usadas
enfermedades, despídase de ver las cosas jamás vistas ni oidas de mi
retablo.
BENITO.
Ahora echo de ver que cada dia se ven en el mundo cosas nuevas. ¿Y
qué se llamaba Tontonelo el sabio que el retablo compuso?
CHIRINOS.
Tontonelo se llamaba, nacido en la ciudad de Tontonela: hombre de
quien hay fama que le llegaba la barba á la cintura.
BENITO.
Por la mayor parte los hombres de grandes barbas son sabiondos.
GOBERNADOR.
Señor regidor Juan Castrado, yo determino, debajo de su buen parecer,
que esta noche se despose la señora Teresa Castrada, su hija, de
quien yo soy padrino; y en regocijo de la fiesta, quiero que el
señor Montiel muestre en vuestra casa su retablo.
JUAN.
Eso tengo yo por servir al señor gobernador, con cuyo parecer me
convengo, entablo y arrimo, aunque haya otra cosa en contrario.
CHIRINOS.