Aborrezco los vicios de su alma; amo los hechizos de su cuerpo. Así yo
no puedo vivir ni sin tí, ni contigo; y yo mismo no sé lo que deseo. Yo
querria que tú fueses ó menos bella ó menos pérfida. Tantos hechizos se
aunan mal con tanta perversidad. Tu conducta escita el ódio, tu belleza
encomienda al amor. ¡Desgraciado soy! sus atractivos pueden más que sus
defectos.
Perdóname, yo te conjuro por los derechos de aquella cama que nos fué
comun, por todos los dioses (¡pudiesen frecuentemente dejarse engañar
por tí!), por tu semblante que adoro como una divinidad poderosa,
por tus ojos que han cautivado los mios: como sea, siempre serás mi
amiga. Escoje solamente si quieres que te ame por gusto ó por fuerza.
¡Ah! despleguemos cuanto antes las velas y aprovechemos los vientos
favorables; porque á pesar de mis esfuerzos, no me veria yo menos
obligado á amar.
ELEGIA DUODÉCIMA.
ARGUMENTO.
Siente que sus escritos hayan dado demasiado á conocer á su bella.
Decidme, lúgubres aves, ¿qué dia fué aquel en que no me augurásteis
sino amores desgraciados? ¿Qué astro supondré sea hostil á mis deseos?
¿Qué dioses debo acusar de hacerme la guerra? Aquella que no há mucho
se llamaba toda mia; aquella de quien fuí el primero y solo amante,
temo no poseerla sino con mil rivales.
¿Me engañé? ¿O es que mis escritos no la han hecho demasiado conocer?
Ella era toda mia; mi genio poético ha hecho de ella una cortesana. Y
yo lo he merecido: ¿tenia yo necesidad, en efecto, de preconizar su
belleza? si ella se vende hoy, la falta es mia. Por mi mediacion ella
agrada: soy yo quien le trae amantes; mis propias manos le abren la
puerta. ¿Son útiles los versos? esta es una cuestion: ciertamente ellos
me han sido siempre funestos; son los que han atraido sobre mi tesoro
las miradas de la envidia.
Cuando yo podia cantar á Thebas, Troya ó los altos hechos de César,
solo Corina encendió mi genio. ¡Ojalá las Musas hubiesen sido rebeldes
á mis primeros esfuerzos, y Febo me hubiese abandonado en medio de mi
carrera! Y sin embargo, como es costumbre tomar por testigos á los
poetas, que hubiese preferido que la medida hubiera faltado á mis
versos.
Nosotros somos los que hemos mostrado á Scyla, arrancando á su anciano
padre el cabello fatal, condenada á ver salir de sus entrañas perros
furiosos. Somos nosotros quienes hemos puesto alas á los piés, y dado
serpientes á la cabellera. A nosotros debe el victorioso pequeño hijo
de Abas el hendir los aires sobre un caballo alado. Nosotros hemos dado
á Tityo su prodigiosa grandeza, y á Cerbero sus tres bocas y su crin
de serpientes. Encélada ha recibido de nosotros mil brazos para lanzar
sus dardos, y por nosotros un jóven májico somete los héroes á sus
encantamientos. Nosotros hemos cerrado los vientos eólicos en los odres
del rey de Itaca; gracias á nosotros el indiscreto Tántalo padece sed
en el seno mismo de las aguas; Nicole se cámbia en peñasco, y una jóven
vírgen en osa; gracias á nosotros el ave de Cécrops canta el Odrysio
Itys; Júpiter se transforma en ave ó en oro; ó, convertido en toro,
hiende las ondas, llevando sobre su espinazo una vírgen tímida. ¿A qué
recordar no solo á Protea, sino aquellos dientes de donde nacieron
los Tebanos? ¿Diré que fué de los toros que vomitaban llamas? ¿ó que
lágrimas de ámbar corrieron de los ojos de tus hermanas, desgraciado
Faeton? ¿que embarcaciones han sido cambiadas en diosas del mar? ¿que
el sol retrocedió de horror, por miedo de alumbrar el horrible festín
de Atrea? ¿que los más duros peñascos fueron sensibles á los acordes de
una lira?
El vuelo del fecundo genio de los poetas no conoce límites; no se
sujeta á la fidelidad de la historia. Tambien se hubieran debido mirar
como falsas las alabanzas que daba á mi señora: vuestra credulidad es
hoy dia la causa de mi desdicha.
ELEGÍA DÉCIMOTERCIA.
ARGUMENTO.
Fiesta de Juno.
Siendo mi mujer originaria del fértil pais de los Faliscos, hemos visto
aquellos muros en otro tiempo vencidos por tí, ilustre Camilo. Las
sacerdotisas de la casta Juno se disponian á celebrar su fiesta con
juegos solemnes y con el sacrificio de una vaquilla indígena. Poderoso
motivo para mí de detenerme; yo queria ver aquella ceremonia, aunque
no se llega al lugar en que se hace, más que por un camino montuoso y
difícil.
Es un antiguo bosque sagrado, cuya espesura le hace impenetrable al
dia; no es menester más que verle para reconocer que una divinidad
reside allí. Un altar recibia las súplicas y el incienso ofrecido
por la piedad, un altar hecho sin arte por las manos de nuestros
antepasados. Allí es de donde á los primeros acentos de la trompeta
cada año el cortejo de Juno parte y avanza por los caminos tapizados.
Conduce, en medio de los aplausos del pueblo, blancas vaquillas
alimentadas con los crasos pastos de Falisca, jóvenes becerros cuya
frente no está aun armada ni amenazante, el humilde puerco, víctima
más modesta, y el jefe del rebaño con la cabeza dura y adornada de
cuernos encorvados. Solo la cabra es odiosa á la potente diosa, despues
que en un bosque espeso descubrió la presencia de Juno, y la obligó á
detenerse en su huida. Además los niños, hoy dia aun, persiguen con sus
flechas á la cabra indiscreta, y el primero que la ha herido la obtiene
en premio de su destreza.
En todas partes por que la diosa debe pasar, tiernos muchachos y
vírgenes tímidas cubren de tapiz los verdes caminos. El oro y las
pedrerías brillan en los cabellos de las jóvenes, y una ropa magnífica
desciende hasta caer sobre sus piés donde brilla el oro. A la manera de
los griegos, sus padres, marchan vestidas de blanco, y llevan sobre
su cabeza los objetos del culto confiados á sus cuidados. El pueblo
guarda silencio durante la marcha del brillante cortejo. En fin, á
continuacion de las sacerdotisas aparece la misma diosa.
La fisonomía de este espectáculo es enteramente griega. Despues del
asesinato de Agamemnon, Haleso no pensó más que en huir del teatro del
crímen y de los ricos dominios de sus padres. Despues de arriesgadas
carreras por tierra y por mar, edificó, bajo felices auspicios, una
ciudad rodeada de altas murallas. De él han aprendido los Faliscos á
celebrar las fiestas de Juno. ¡Que ellas me sean siempre favorables!
¡que ellas lo sean siempre á su pueblo!
ELEGIA DÉCIMOCUARTA.
ARGUMENTO.
A su señora.
Yo no te prohibo, bella como eres, tener algunas debilidades; lo que yo
no quiero, es el dolor y la necesidad para mí de saberlas. No, yo no
exijo censor rígido, que seas casta y púdica; lo que yo te pido es que
procures parecerlo. No es culpable la que puede negar el hecho que se
le imputa; la confesion que hace es la que la deshonra. ¿Qué manía es
esa, de revelar cada mañana los secretos de la noche, y proclamar á la
luz del dia lo que no haces más que en la sombra?
La cortesana antes de abandonarse al primero que llega, tiene cuidado
de poner entre ella y el público una puerta bien cerrada. ¡Y tú, tú
divulgas en todas partes tus vergonzosos extravíos, orgullosa de ser
á la vez la delatora y la culpable! Sé en adelante más casta, ó al
menos imita á las mujeres púdicas. Que yo te crea honesta aunque no lo
seas. Culpable ayer, sé culpable hoy; pero no lo confieses, y no te
avergüences en público de hablar un lenguaje modesto.
Un apartado retiro provoca el desarreglo; que sea el solo teatro de
todos tus placeres, desterrado de allí el pudor. Pero desde que salgas,
no conserves nada de la cortesana, y en tu lecho queden sepultados
tus crímenes. Allí, no te ruborices de quitarle la túnica y sostener
otro muslo apoyado sobre el tuyo. Allí, recibe hasta el fondo de tu
encarnada boca una lengua amorosa, y que para tí el amor invente
mil especies de voluptuosidades. Allí ninguna tregua á los dulces
coloquios, á las palabras halagüeñas, y que tu cama cruja con los vivos
apretones del placer. Toma en seguida, con tus vestidos, la modesta
postura de una virgen tímida, y que el pudor de tu frente niegue la
lascivia de tu conducta. Engaña al público, engáñame; pero permite al
menos que yo lo ignore, y déjame gozar de mi tonta credulidad.
¿Por qué delante de mí, tantos billetes enviados y recibidos? ¿Por qué
tu lecho está batanado á la vez por todos lados? ¿Por qué veo sobre tus
hombros tus cabellos en un desórden que no ha causado el sueño, y sobre
tu cuello la marca de un diente? No te falta más que hacerme testigo
ocular de tu vida licenciosa. ¡Oh! si tú te cuidas poco de atender á tu
reputacion, cuídate de mí al menos. Mi alma me abandona, y me siento
morir todas las veces que tú te reconoces culpable; y en mis venas
corre una sangre helada. Entonces amo, entonces me esfuerzo en vano en
aborrecer lo que me veo forzado á amar; entonces yo quisiera morir,
pero contigo.
No haré yo ninguna averiguacion; no insistiré, desde que te vea pronta
á negar: tu denegacion solo equivaldrá á inocencia. Si no obstante
llegara yo á sorprenderte en flagrante delito, si mis ojos hubieran de
ser un dia testigos de tu vergüenza, lo que yo hubiera visto demasiado
bien, niega que lo haya visto, y mis ojos tendrán menos autoridad que
tus palabras. Así te será fácil vencer á un enemigo que no pide más
que ser vencido. Que solamente tu lengua se acuerde de decir: «No
soy culpable.» Cuando puedes tan fácilmente triunfar con estas dos
palabras, triunfa, si no por la bondad de tu causa, al menos por la
indulgencia de tu juez.
ELEGÍA DÉCIMOQUINTA.
ARGUMENTO.
Dice adios á su Musa lasciva, para seguir otra más severa.
Busca un nuevo poeta, madre de los tiernos Amores; yo no tengo más que
tocar la meta de mi carrera elegíaca. Estos cantos que he compuesto,
yo, hijo de los campos pelignos, han hecho mis delicias y mi nombradía.
Si este honor es alguna cosa, yo he heredado, del primero como del
último de mis antepasados, el título de caballero, y no lo debo al
tumulto de las armas. Mántua está envanecido de Virgilio, Verona de
Catulo: se me llamará á mí, la gloria del pueblo Peligno, de este
pueblo cuyo amor por la libertad le impuso el santo deber de combatir,
en la época en que Roma inquieta tembló delante de las armas reunidas
para su ruina. Un dia, viendo la pantanosa Sulmona encerrada en el
estrecho circuito de sus muros, el viajero exclamará: «Villa que has
sido cuna de tal poeta, tan pequeña como eres, te proclamo grande.»
Amable niño, y tú, Vénus, madre de este amable niño, arrancad de mi
campo vuestros dorados estandartes. El dios cuya frente está armada
de cuernos, Baco, agitando cerca de mí su temible tirso, me apresura
á lanzar los corceles vigorosos en una más vasta carrera. Vosotras,
delicadas elegías, y tú, Musa lijera, adios: mi obra me sobrevivirá.
FIN.
ÍNDICE DE ESTA OBRA.
Págs.
Los traductores. 7
LIBRO I.
_Elegía_ 1.ª--Argumento.--Por qué el poeta pasa
de los versos heróicos á los eróticos. 11
_Elegía_ 2.ª--Argumento.--Descríbese el triunfo
del amor. 13
_Elegía_ 3.ª--Argumento.--Se recomienda á su
querida por las excelencias de la poesía, la
pureza de sus costumbres y la fidelidad á toda
prueba que ofrece. 16
_Elegía_ 4.ª--Argumento.--Antes de cenar con
su querida le indica las señas con que podrán
manifestarse su mutuo amor á presencia del
marido. 17
_Elegía_ 5.ª--Argumento.--Alégrase de haber poseido
á su amiga. 21
_Elegía_ 6.ª--Argumento.--Imprecaciones contra
el portero que rehusaba abrirle la puerta. 22
_Elegía_ 7.ª--Argumento.--Contra sí mismo por
haberle pegado á su querida. 26
_Elegía_ 8.ª--Argumento.--Contra una alcahueta
que intentaba enseñar á la querida del poeta
las artes de la prostitucion. 30
_Elegía_ 9.ª--Argumento.--Gracioso paralelo entre
la guerra y el amor. 36
_Elegía_ 10.--Argumento.--A una jóven para
apartarla de la prostitucion. 39
_Elegía_ 11.--Argumento.--Suplica á Nape lleve
un billete amoroso á Corina. 43
_Elegía_ 12.--Argumento.--Maldice las tabletas
portadoras de la respuesta negativa de su dama. 45
_Elegía_ 13.--Argumento.--A la Aurora, para que
no acelere demasiado su marcha. 46
_Elegía_ 14.--Argumento.--A una muchacha vuelta
calva de repente. 49
_Elegía_ 15.--Argumento.--Contra los adversarios
de la poesía. 53
LIBRO II.
_Elegía_ 1.ª--Argumento.--Por qué en lugar de la
jigantomaquia que tenia comenzada, canta sus amores. 56
_Elegía_ 2.ª--Argumento.--Al eunuco Bagoas,
para que le procure fácil acceso junto á la
belleza confiada á su guarda. 59
_Elegía_ 3.ª--Argumento.--Al mismo que se mostraba
inflexible. 63
_Elegía_ 4.ª--Argumento.--Su inclinacion al amor;
por qué todas las bellas, sin distincion, le agradaban. 64
_Elegía_ 5.ª--Argumento.--Dirige reproches á su
señora, quien á su vista mientras fingía dormir,
habia dado á otro convidado señales inequívocas
de su amor. 67
_Elegía_ 6.ª--Argumento.--Deplora la muerte del
papagayo que habia regalado á su señora. 71
_Elegía_ 7.ª--Argumento.--A Corina: niega haber
tenido jamás ningun comercio con Cipasis. 75
_Elegía_ 8.ª--Argumento.--A Cipasis le pregunta
cómo Corina ha podido saber el secreto de sus amores. 77
_Elegía_ 9.ª--Argumento.--A Cupido: le exhorta
para que no gaste todas sus flechas contra él solo. 79
_Elegía_ 10.--Argumento.--A Grecino: se puede
muy bien, dígase como se quiera, amar á dos
mujeres á la vez. 82
_Elegía_ 11.--Argumento.--Trata de disuadir á
Corina de su proyecto de ir á las bayas de Campania. 84
_Elegía_ 12.--Argumento.--Se goza por fin de haber
obtenido los favores de Corina. 88
_Elegía_ 13.--Argumento.--A Isis: le pide proteja
la preñez de Corina. 90
_Elegía_ 14.--Argumento.--A Corina: aprovecha
su restablecimiento para exponerle más libremente
la gravedad de su falta. 92
_Elegía_ 15.--Argumento.--Al anillo que él habia
enviado como presente á su señora. 95
_Elegía_ 16.--Argumento.--A Corina induciéndola
á que vaya á su casa de campo de Sulmona. 97
_Elegía_ 17.--Argumento.--Se compadece de Corina,
demasiado engreida de su belleza. 100
_Elegía_ 18.--Argumento.--A Macer: Se justifica
de entregarse enteramente á cantos eróticos. 102
_Elegía_ 19.--Argumento.--A un hombre cuya
mujer amaba. 104
LIBRO III.
_Elegía_ 1.ª--Argumento.--La Tragedia y la _Elegía_
se disputan la posesion de Ovidio. 109
_Elegía_ 2.ª--Argumento.--Los juegos del Circo. 113
_Elegía_ 3.ª--Argumento.--A su amiga, que habia
faltado á sus juramentos. 118
_Elegía_ 4.ª--Argumento.--Exhorta á un marido
á no hacer vigilar tan severamente á su mujer. 121
_Elegía_ 5.ª--Argumento.--Sueño. 124
_Elegía_ 6.ª--Argumento.--A un rio que crecia
de repente de una manera prodigiosa, y se oponia al
paso del poeta, ansioso de llegar cerca de su señora. 127
_Elegía_ 7.ª--Argumento.--Contra él mismo por
haber caido en falta con su querida. 133
_Elegía_ 8.ª--Argumento.--A su señora que habia
preferido un amante más rico que Ovidio. 138
_Elegía_ 9.ª--Argumento.--Sobre la muerte de Tíbulo. 142
_Elegía_ 10.--Argumento.--A Céres: se lamenta de que no
le sea permitido asistir á sus misterios con su señora. 146
_Elegía_ 11.--Argumento.--Cansado en fin de los
numerosos desprecios de su señora, el poeta
hace aquí el juramento de no volver á amar. 149
_Elegía_ 12.--Argumento.--Siente que sus escritos
hayan dado demasiado á conocer á su bella. 152
_Elegía_ 13.--Argumento.--Fiesta de Juno. 155
_Elegía_ 14.--Argumento.--A su señora. 157
_Elegía_ 15.--Argumento.--Dice adios á su Musa
lasciva, para seguir otra más severa. 160