Amaneció en calma y cerrado de neblina muy densa. A las 9½ empezó
á aclarar, y á esta hora proseguí mi viage al remo. A las 11½
llegué al Diamante, entré en él, y lo hallé mas bajo que cuando fuí
para arriba. Arrimé á tierra, y reconocí que no me permitia navegarle,
aunque tenia dispuesto, si lo hallase crecido, de seguirlo algunos
dias.[24] A las 2 de la tarde salí de él, y proseguí mi viage hasta la
noche, que me acampé á la parte del S, habiendo varado esta tarde las
chalupas tres veces.
Por las orillas del Diamante me parece que no habitan los indios,
porque no se hallan caminos, ni veredas en ellas.
Luego que salí de la serrania, advertí el tiempo mas templado, cuya
suavidad se experimenta, al paso que se alarga la distancia de ella.